Cóctel explosivo. La pandemia en Estados Unidos

en Aromo/El Aromo n° 110/Novedades

Estados Unidos encabeza el ranking de personas infectadas con COVID-19. Al cierre de esta nota, se podían contabilizar 669.706 casos confirmados y 36.773 muertes, esto es un 4% de muertos sobre el total de los contagiados. Hay tres elementos centrales para analizar la crisis norteamericana. El primero es la tardía y escasa respuesta del gobierno. El segundo, la cantidad de trabajadores sin cobertura médica, y en relación con esto, el estado calamitoso del sistema de salud. Como era de esperarse, Trump repartió responsabilidades aquí y allá, intentando evitar que la crisis lo salpique, emitió una serie de medidas de contención, pero los contagios siguen su curso y las muertes aumentan.

Nadia Bustos – Grupo de Análisis Internacional

Insuficiente

El primer caso de coronavirus en Estados Unidos se conoció el 20 de enero. Al principio, Trump apuntaba en sus declaraciones a disminuir la importancia del virus y minimizar el problema. A modo de ejemplo, en un discurso del 18 de marzo, llamó a relajarse porque “Tenemos un control tremendo” sobre la crisis.[i] Para ese entonces, el gobierno informaba que oficialmente había1362 contagiados.

Varios estudios mostraron que la implementación de la cuarentena obligatoria era una de las medidas más efectivas para aplanar la curva de contagios. Sin embargo, el gobierno estadounidense se negó implementar la cuarentena nacional, bajo la excusa de que la reglamentación era potestad estatal.

Así, el 23 de marzo, con más de 53 mil casos confirmados en todo el país, solo 9 Estados estaban cuarentena total. Tres días después, con más de 100 mil contagiados, se sumaron otros 12 estados más, una cifra insuficiente ante el avance de la pandemia. Al momento de cierre de esta nota, aún se puede encontrar un grupo de 9 estados rechazan la cuarentena obligatoria: Arkansas, Iowa, Nebraska, Oklahoma, Nebraska, Wyoming, Utah, Dakota del Norte y Dakota del Sur. Mientras en otros se propone una reapertura a partir del lunes: Texas, Minnesota, Montana, Idaho, Wisconsin y Vermont.

New York merece un capítulo aparte, ya que es el lugar con más contagios del país, con 174.489 casos y 7887 muertes.[ii] El primer caso de contagio se dio a conocer el 1 de marzo, pero recién el 16 el alcalde demócrata Bill de Blasio, ordenó el cierre de los bares, teatros y cines de la ciudad. Recién el 22 de marzo, el gobernador demócrata Andrew Cuomo prohibió la actividad de empresas no esenciales. Para ese entonces, había más de 7 mil contagiados y el sistema sanitario estaba colapsado.

El 27 de marzo se puso en marcha la medida económica de asistencia más importante desde el inicio de la crisis. La Ley CARES puso a disposición un total de 350 mil millones de USD en asistencia estatal para empresas y trabajadores. Como era de esperarse, los primeros salieron más beneficiados.

El Estado dispuso $1.200 USD a cada trabajador y 500 USD por niño. Estipuló un adicional para las prestaciones de compensación por desempleo, que son administradas por los estados. Esto significa que el gobierno agregará $600 adicionales a los beneficiarios de los planes de desempleo que dependen de cada estado. Estos planes van desde $200 USD en Mississippi hasta un máximo de $515 en Massachusetts. Esta asistencia dura cuatro meses. Es decir que, en el mejor de los casos, un desempleado obtendrá 1115 USD mensual durante cuatro meses, una cifra insuficiente si consideramos que un trabajador promedio debe costear su propio seguro de salud, alquiler y alimentación. Cabe destacar que la cifra de desempleados trepó a los 22 millones y solo en la última semana, 5.2 millones pidieron la asistencia por desempleo.[iii]

El costo total de estas dos medidas es de $550 millones: $300 millones para los pagos directos y $250 millones para el aumento de las prestaciones por desempleo. Todo el resto del dinero de la Ley CARES está dirigido al salvataje de empresas.[iv]

La ley estipula un programa de préstamos de 367 millones de USD para pequeñas empresas y 500 millones de USD en préstamos para industrias, ciudades y estados. Otras disposiciones incluyen 150 millones para fondos de estímulo estatales y 130 millones para hospitales.

En suma, La Ley CARES, que fue votada casi por unanimidad por Republicanos y Demócratas, destina la mayor parte del dinero al salvataje de distintos capitales, mientras abandona a la población a la pandemia y la miseria creciente.

Otra de las medidas de Trump fue utilizar la Ley de Producción de Defensa para movilizar la fabricación a gran escala de artículos críticos, como barbijos y respiradores. En este contexto, la ley le sirve a Trump presionar a empresas como General Motors para producir respiradores.

En un escenario donde el aumento de la demanda mundial imposibilita el reabastecimiento de suministros es fundamental. Mucho más cuando todos están sumergidos en una carrera contra reloj para suplir los déficits que no cubrieron en los últimos años. El problema es que ningún burgués quiere hacer readecuaciones productivas que afecten la producción actual o signifiquen producir stocks de mercancías que solo se consumirán durante la crisis. Por lo tanto, reclaman al gobierno que aseguren un stock de compras en el largo plazo o asistencia económica en caso de pérdidas.

Por otra parte, el primero de abril entró en vigor la ley Families First Coronavirus Emergency Response (FFCRA) que obliga a pagar licencias por enfermedad mientras dure la pandemia. Estados Unidos es el lugar donde un cuarto de los trabajadores no tiene acceso a licencias pagas por enfermedad, especialmente todo el sector de gastronomía y hotelería, uno de los más afectados por la pandemia. Se estima que el 63% de los trabajadores de esta rama se encuentra en esta situación.

Sin embargo, la ley tiene algunas trampas. La primera es que, antes de aplicarse la licencia, al trabajador se le descontarán los días de vacaciones (pagos o no) correspondientes a ese año calendario. Una vez agotados estos días, comienza a correr el pago de la licencia. Este no es un pago total, sino dos tercios de su tarifa regular y no puede superar los 200 USD por día y un máximo de 10 semanas completas.

Por último, las empresas con menos de 50 empleados están exentas de pagar la licencia. Es decir, la ley apunta a que el trabajador se reproduzca en la miseria durante este tiempo a la vez que garantiza las ganancias patronales y la supervivencia de los capitales más pequeños.

La respuesta insuficiente del gobierno y la falta de voluntad política para imponer la cuarentena total tienen su origen en la respuesta de la burguesía norteamericana a la pandemia.

Koch Industries, representados por el grupo de lobby Americans for Prosperity (AFP), fueron los primeros en pronunciarse contra la paralización del país. Cuando algunos estados comenzaron a ordenar a las empresas no esenciales que cerraran, AFP emitió un comunicado en el que reclamaba precisamente lo contrario. Emily Seidel, directora ejecutiva de AFP señaló que «En lugar de cierres generales, el gobierno debería permitir que las empresas continúen adaptándose e innovando para producir los bienes y servicios que los estadounidenses necesitan, mientras continúan haciendo todo lo posible para proteger la salud pública»[v].

Esta posición no es extraña si tenemos encuentra que la AFP es el grupo de lobby que hace años gasta millones de dólares para presionar contra la expansión de MedicAid en los diferentes estados.

Otra de las cámaras burguesas que se pronunció en contra de parar el país es la Cámara de Comercio. La Cámara también tuvo como preocupación central la extensión de las licencias pagas, por este motivo la ley CARES y la FFCRA salieron como leyes de emergencia que solo estarán vigentes mientras dure la pandemia.[vi]

La Federación Nacional de Retail también se pronunció en contra de que los minoristas que cierren para evitar la propagación del coronavirus. Pidieron que exima a las grandes tiendas, supermercados y mayoristas de las medidas, como también que los negocios de mascotas, estaciones de servicio y ferreterías se incluyan dentro de los negocios de primera necesidad.[vii]

La Asociación Nacional de Manufacturas también reclamó que no se ponga a toda la industria en cuarentena. Jay Timmons, presidente y CEO de la Asociación Nacional de Fabricantes (NAM) declaró que “Nuestras vidas pueden ser socialmente distantes, pero la vida continúa. Y eso significa que los fabricantes deben seguir haciendo posible la vida diaria de todos los estadounidenses”[viii]

Por otra parte, las compañías constructoras también hicieron lobby para que se siga trabajando con normalidad. Para ello, están trabajando para que se declare a la industria como esencial.[ix]

Sumado a esto, la rama vinculada a la venta de pasajes en cruceros que quejó cuando el gobierno emitió una advertencia a los ciudadanos con problemas médicos para que no realicen ese tipo de turismo.[x]

El accionar del gobierno muestra hasta qué punto cedió en todas estas demandas. Actualmente, el grupo de trabajo de Trump para la pandemia no se concentra en cómo paliar el avance, sino como volver a reactivar la economía post cuarentena. Como siempre, la ganancia por encima de la vida.

El sistema de salud

El sistema de salud es otra de las aristas de la crisis norteamericana. El primer elemento para tener en cuenta es que no existe la salud pública, el empleador no está obligado a ofrecer un servicio de salud a sus trabajadores y cada uno debe hacerse cargo de su propio seguro médico. Según la oficina del Censo, en 2018 había 27.9 millones de personas menores de 65 años no tenían seguro, una cifra que aumentó en casi 500.000 desde 2017. De los 27.9 millones sin seguro, 4 millones son niños. Este total no incluye a los inmigrantes indocumentados, por lo que habría que sumar un aproximado de 11 millones más. Es decir, que la cifra total estaría alcanzando los 37.9 millones de personas sin cobertura médica, casi el 11% de la población norteamericana.[xi]

Atentos a este problema histórico, el Estado ofrece seguros más económicos para los sectores más vulnerables. A nivel estatal funciona Medicaid para los sectores de más bajos ingresos, los criterios de asignación varían en cada Estado y dependen de la caja disponible.

A nivel federal funciona el programa Medicare, el cual cubre a los mayores de 65 y personas con discapacidad. El programa cuenta con 4 modalidades de cobertura: La parte A cubre gastos de internación. La prima es de este seguro es de 465 USD y algunos trabajadores lo tienen cubierto por los aportes durante los años de trabajo. El Plan B incluye el Plan A, pero se le agrega el costo de la atención médica, medicamentos, ambulancias y salud mental. Para acceder a esto hay que pagar un mínimo de 144 USD mensuales y no implica una cobertura total, sino el ingreso a un sistema de copagos y coseguros, dependiendo de la prestación.[xii]

Algunas personas deciden comprar un tipo de cobertura suplementaria, llamado un plan Medigap, para rellenar los huecos en los planes A y B. Estas pólizas de seguro son vendidas y administradas por empresas privadas.

Por fuera de estos programas, hay seguros de medicina privada que ofrecen coberturas más completas, pero claro, con costos más elevados.

Con este panorama, es lógico que muchos trabajadores no cuenten ni siquiera con la cobertura básica. Acá, más que nunca, la salud a la cuestión de clase: las capas más pauperizadas de la clase obrera no tienen acceso a la salud o lo hacen de forma parcial. Si son atendidos sin seguro médico, deberán endeudarse para pagar fortunas por esa atención. Mientras tanto, los que disponen de dinero acceden a servicios superiores, completos y de calidad. En Estados Unidos la salud es un negocio rentable que sirve al conjunto de la burguesía, y la pandemia no es argumento suficiente para que esto cambie.

El problema no termina allí. El gobierno estadounidense estimó en 2005 que, en caso de una pandemia grave, como la gripe de 1918, más de 740.000 personas necesitarían respiradores para sobrevivir. Sin embargo, para ese entonces, solo había disponibles alrededor de 200.000 respiradores en el país. Esto es, casi un respirador cada 1635 habitantes. El dato fue reconfirmado nuevamente en 2017, en un nuevo estudio realizado en Texas, en el cual se denunciaba que el suministro estatal de respiradores sería insuficiente.[xiii]

El sistema de salud estadounidense evidenció sus problemas apenas inició el brote. No había suficientes kits para testear la presencia de virus, tampoco lugar físico donde poner en cuarentena o controlar a todos estos pacientes.

El primer problema fue que, a nivel nacional, no había suficientes camas de hospital para poner en cuarentena y tratar a los pacientes infectados. En condiciones normales, los principales centros médicos suelen estar llenos, porque los prestadores tratan de reducir al mínimo el número de camas y ahorrar gastos.

El segundo problema fueron los faltantes de suministros, en particular de barbijos y batas para proteger al personal de salud. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) advirtieron que debían usarse barbijos N95 cada vez que se ve a un paciente sospechoso de tener coronavirus. Sin embargo, ante el avance de los faltantes, la agencia cambió la retórica y recomendó utilizarlos en procedimientos que puedan causar tos en el paciente.

Uno de los problemas por los faltantes reside en que el sistema de abastecimiento de suministros está basado en una cadena just in time, para ahorrar costos. Esto significa que los suministros llegan a los hospitales cuando se están acabando los inventarios, evitando la necesidad de almacenaje. Algo que funciona en condiciones normales, pero puede ser fatal en un contexto de pandemia.

Un tercer problema son los hogares de ancianos, los cuales albergan a una población de 2 millones de personas en todo el territorio. El gobierno no tiene cifras oficiales sobre la cantidad de muertos e infectados en estos lugares, sin embargo, una encuesta de Journal of the American Medical Association en 2008 mostró que un poco más de la mitad de los hogares carecía de un plan para hacer frente a una pandemia. Según el estudio, solo alrededor de la mitad había almacenado suministros como guantes, alcohol, mascarillas quirúrgicas y medicamentos antivirales.

Sumado a esto, también faltan tests para realizar los estudios y su procesamiento. Se estima que los grandes laboratorios pueden procesar hasta 20 mil pruebas por día, mientras que, los laboratorios más pequeños (hospitales y clínicas) procesan un número mucho menor.

Dada la alta demanda de estos tests, se estima que hay una demora de hasta 6 días para procesar la muestra.[xiv] Hasta el 9 de marzo, Estados Unidos había realizado un aproximado de 8500 pruebas de COVID-19. Esto es 26 pruebas por cada millón de personas.[xv] Un número muy bajo si realmente se buscaba dimensionar el avance de la pandemia. El número aumentó con el paso de los días, hasta alcanzar un estimado de 2 millones de pruebas en abril. Decimos estimado porque no hay cifras oficiales.

El problema de los testeos es central, no solo para controlar el avance de la pandemia. En muchos lugares se denunciaron muertes por COVID en pacientes que no fueron testeados y, por lo tanto, no fueron contados en las cifras oficiales de muertos. Es decir, que las cifras oficiales de contagiados y muertos son solo la punta del iceberg de un problema mayor.

El segundo problema vinculado es que, al tener el sistema de salud descentralizado y privatizado en su totalidad, es difícil obtener estadísticas sobre la población afectada y los tratamientos. De esta manera, desconocemos cuál es el rango etario o sexo más afectado por el virus. Algo que en países como Alemania, Francia e Italia tienen cuantificado y analizado desde los inicios del brote.

Para atender el avance de la pandemia no hace falta solamente aislamiento, equipamiento, protección y testeo de casos. También es necesario la conformación de equipos que rastreen los posibles contactos de los contagiados y realicen los testeos correspondientes. Es decir, más dinero y estructura sanitaria. Esto no puede lograrlo un Estado con el sistema de salud en las condiciones antes vistas. Así las cosas, la pandemia avanza a pasos agigantados y no hay miras de contenerla.     

Ellos y nosotros

Trump organizó un nuevo comité de crisis para ver cómo reactivar la economía lo antes posible. El problema central para él es garantizar que las ganancias patronales continúen a pesar de la pandemia.

Un segundo problema por resolver son las elecciones. Trump es el único candidato republicano y única ficha para garantizar la reelección. El manejo de la crisis del COVID-19 hizo que su imagen caiga frente al candidato demócrata Joe Biden, pero aun así, los republicanos cerraron filas en torno al presidente. Entre los demócratas, Sanders y Biden venían disputándose los delegados la semana pasada, en que Sanders decidió bajarse al darse cuenta de que ya no podía superar el número de su contrincante.

Así las cosas, los partidos buscan que las elecciones sean inmunes al virus y se garantice la participación electoral. Florida e Illinois tuvieron una baja participación, por lo que se buscará impulsar la votación por correo. Los Republicanos elaboraron un proyecto que contempla 140 millones de financiamiento, mientras que los demócratas quieren 4 mil millones para las elecciones.

En este contexto, la pandemia continúa y también acelera la crisis política. Republicanos y Demócratas coinciden en la necesidad de reactivar la economía y realizar las elecciones. A pesar del desborde sanitario, no hay personal político que le pueda hacer frente y plantee una propuesta alternativa.

La crisis norteamericana no nace con el virus, sino que éste la pone en evidencia y muestra su peor cara. Especialmente en la perversión de un sistema de salud que no le importa la vida humana; en el avasallamiento de los derechos más básicos de la clase obrera, como las licencias pagas; en la precariedad y vulnerabilidad de una gran porción de los trabajadores que morirán en manos de la desidia del capital. La pandemia muestra una vez más que el capitalismo no tiene nada para ofrecernos y es hora de toma el problema en nuestras manos. Son ellos o nosotros.


[i]https://cnnespanol.cnn.com/2020/03/18/opinion-la-transformacion-de-trump-por-el-coronavirus/

[ii]https://www.theguardian.com/world/ng-interactive/2020/apr/08/coronavirus-map-of-the-us-latest-cases-state-by-state

[iii] Wall Street Journal, 17/04/2020

[iv]https://www.washingtonpost.com/us-policy/2020/03/27/congress-coronavirus-house-vote/

[v]https://theintercept.com/2020/03/26/americans-for-prosperity-cdc-coronavirus/

[vi]https://mondovisione.com/media-and-resources/news/us-chamber-creates-task-forces-to-help-businesses-mitigate-impact-of-coronavir/

[vii]https://www.cnbc.com/2020/03/19/coronavirus-national-retail-federation-asks-trump-for-clarity.html

[viii]https://talkbusiness.net/2020/03/manufacturers-to-benefit-from-covid-19-relief-act-meeting-demand-for-products-in-wake-of-pandemic/

[ix]https://www.wsj.com/articles/construction-companies-lobby-to-keep-working-as-coronavirus-spreads-11585308782

[x]https://www.politico.com/newsletters/politico-influence/2020/03/12/chamber-urges-congress-not-to-mandate-paid-sick-leave-786042

[xi]https://www.census.gov/library/visualizations/interactive/uninsured-rate-2008-2018.html

[xii]https://www.medicare.gov/your-medicare-costs/part-b-costs

[xiii]https://www.washingtonpost.com/business/economy/the-us-health-system-is-showing-why-its-not-ready-for-a-coronavirus-pandemic/2020/03/04/7c307bb4-5d61-11ea-b29b-9db42f7803a7_story.html

[xiv]https://www.npr.org/sections/health-shots/2020/03/28/822869504/why-it-takes-so-long-to-get-most-covid-19-test-results, https://www.npr.org/sections/coronavirus-live-updates/2020/03/27/822483151/it-s-like-something-s-right-in-your-grasp-hospitals-struggle-to-test-for-virus

[xv]https://www.worldometers.info/coronavirus/covid-19-testing/

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