Fútbol argentino, dinámica de lo impensado. Sobre el deporte profesional y sus dos formatos globales. (2)

en Aromo/El Aromo n° 113/Novedades

La pandemia ha dejado en evidencia muchas falsedades, la amenaza cierta de la muerte y de la total debacle económica ha restringido el lugar para el chamuyo. En el futbol, uno de sus reductos favoritos, también. Ha quedado más expuesto lo que nos dicen que es, lo que realmente es, y lo que este deporte maravilloso podría llegar a ser. Claro que no bajo estas relaciones sociales.

Ricardo Maldonado GCP (Grupo de Cultura Proletaria)

Lo impensado

Cuando Dante Panzeri tituló su libro con una de las frases más famosas del futbol, “la dinámica de lo impensado”, probablemente sospechaba que lo que le atribuía al juego, bien podría aplicarse al mundo de las instituciones del futbol profesional argentino. Su otro libro clásico, Burguesía y gansterismo en el deporte, atestigua que no era inocente en relación a ellas. Sin embargo, su afilada mirada no superaba la limitación ideológica liberal, dónde él veía incapacidades morales, se trataba de problemas estructurales y sistémicos del capitalismo.

En la nota anterior describimos el proceso en el que el futbol profesional mexicano se encuentra. Y la relación que ese proceso tiene con un negocio en constante reestructuración, de manera acelerada en el último cuarto de siglo. Ese negocio, el deportivo, tienen en Argentina una pata menor, en constante asedio por la dinámica general de la industria, y la deriva particular de la economía argentina. Aunque, para ser honestos, esa dinámica particular de la economía argentina, no expresa otra cosa que las limitaciones de esa economía para una inserción viable en el mundo. Lo mismo le sucede al futbol vernáculo, demasiado desarrollado para arreglarse con poco, demasiado débil para competir de igual a igual.

El progresismo trata desde hace años de demostrar una tesis increíble y peligrosa: que lo opuesto al capitalismo es un capitalismo empeorado. La expresión más tonta de este pensamiento es el pobrismo rampante del que se aprovecha la burguesía: el problema no es la miseria sino la estigmatización de la misma. Por lo tanto, la solución no es terminar con la pobreza sino trabajar a favor del orgullo por esa condición. Una de las usinas permanentes de esa ideología reaccionaria es el futbol con sus folclores, identidades, aguantes y pasiones. Lo que caracteriza al funcionamiento de esa usina de ideología reaccionaria es hablar muy poco del juego, y referirse demasiado a las instituciones deportivas, lo que representan, lo que significan. Y muy poco a cómo funcionan realmente.

El capitalismo es un sistema que produce miseria junto a picos de riqueza, un sistema de desigualdad irracional, cuyas propias leyes lo obligan a funcionar de manera espasmódica, con crisis periódicas. Y cuya naturaleza lo obliga a salir de ellas concentrando una riqueza creciente en convivencia con una miseria mayor. Este sistema, en el mundo deportivo, se encuentra perfectamente representado en la NBA, en un país dónde, desigualdad y acumulación crecen simultáneamente. Por un lado, lo que ganan las estrellas top ha subido de los 2,5 millones de dólares de Magic Jonhson en 1985, a los más de 40 de Stephen Curry este año[i]. Por otro lado, la propia burguesía de EEUU reconoce, a través de sus medios, que para los negros trabajadores la cosa es mala y empeora con la pandemia: “los estadounidenses negros tienen más probabilidades de trabajar en empleos en el sector de servicios, menos probabilidades de poseer un automóvil y menos probabilidades de poseer sus hogares. Por lo tanto, es más probable que estén en contacto cercano con otras personas, desde la forma en que viajan hasta el tipo de trabajo que realizan y las condiciones en las que viven”[ii] y lo mismo para cualquier pobre. Estas claras y ofensivas desigualdades obligan a repudiar al sistema que las produce, pero si el capitalismo en su versión más desarrollada produce esto, no significa que un capitalismo que no respeta ni su propia lógica sea mejor. Un capitalismo como el de Argentina es el equivalente a un hacha de verdugo desafilada, también mata, pero multiplica los sufrimientos indeciblemente. Veremos que el futbol argentino es precisamente eso.

La dinámica dirigencial

Durante la pandemia el futbol argentino ha dejado atrás su propio relato delirante y, en parte, se sinceró. Una y otra vez la prensa, los dirigentes y los simpatizantes se han referido al futbol argentino con honestidad, como lo que realmente es: un negocio que ofrece un producto que puede brindar satisfacciones. El carácter particular de esas satisfacciones (que analizaremos en otra ocasión) no modifica un ápice el carácter del negocio. Desde que los dirigentes se dieron cuenta que los clubes de las otras asociaciones de Sudamérica comenzaban a entrenar y competir, se desesperaron por hacerlo también, a sabiendas que parte de su supervivencia depende de los ingresos (en sibilinos dólares) por los torneos internacionales. Y les preocupaba que esa desventaja deportiva se tradujera en desventaja económica a corto plazo. Por meses, el conjunto de los dirigentes de las categorías profesionales del futbol, se olvidaron completamente de los socios, a los que les cobraron por nada, de los pibes del barrio con los que se llenan la boca, pero no pisan los clubes desde marzo, de las inferiores, que tampoco juegan y hasta de los hinchas, que no ven en vivo a sus equipos, ni los verán en el corto plazo. Su única preocupación, entre tantos involucrados en el ASPO, fue el permiso para reunir a los profesionales, ponerlos en forma y disputar partidos televisados que les generaran ingresos. Al igual que en Europa, la desesperación de cada asociación y de cada club dentro de ellas, era por la vuelta lo antes posible. La razón es simple: como todos los negocios, el deportivo sufrirá reestructuraciones al final de la pandemia, y quienes se duerman podrían quedar afuera. Como ya expusimos con respecto a México, no es un tiempo de espera pasiva sino de activas reestructuraciones. La poderosísima FA inglesa se encuentra en medio de negociones para una ayuda financiera a la segunda categoría, y las subalternas, a cambio de cesiones de poder a los grandes clubes ingleses[iii]. Y estamos hablando de una segunda categoría que, en América, sólo es superada en ingresos por la primera división brasileña.

En el formato del deporte norteamericano, los torneos cerrados, los drafts, la estabilidad de los proyectos y la visión global hacia a los espectadores (que los hizo vanguardia en partidos disputados fuera del propio territorio) se privilegian para lograr un espectáculo deportivo atractivo y rentable. Se respetan estas reglas sabiendo que la competitividad es indispensable y redunda en dinero al concentrar el negocio en las grandes ligas profesionales. En el modelo europeo se mantienen los vasos comunicantes con las divisiones subalternas, tanto de jugadores (inferiores) como de equipos (ascensos). Se estructura una inmensa y poco controlada cadena de captación de niños y jóvenes, se permiten desigualdades sin límite en la conformación de los planteles. Eso trae algunos problemas y, como expusimos, se van reformulando los campeonatos. Entre estos estilos de espectáculo futbolístico internacional, el norteamericano y el europeo sudamericano, se destaca, negativamente, la versión degradada del segundo comandada por las asociaciones civiles de la AFA.

La forma más gráfica de expresarlo es exponer la dificultad que generan para escribir esta parte del artículo, si todo el negocio del futbol mundial va reformulándose paulatinamente a favor de mejorar la concentración y el rendimiento del negocio, el futbol argentino no se sabe bien para dónde quiere ir, y seguramente lo que se escriba sobre él carecerá de actualidad al poco tiempo, al ser desairado por un nuevo viraje enfebrecido de los dirigentes. El formato club favorece la alocada lotería que es la AFA, ya que se trata de aprovechar el paso por la conducción al máximo sin preocuparse por problemas patrimoniales. Eso explica mucho de la actitud dirigencial. En una estructura de ingresos que depende necesariamente de aportes de empresas globales, que consideran que publicitan sus marcas en un espectáculo interesante y prestigioso, la AFA, para sostener su equilibrio interno entre los dirigentes, dinamita todo eso. Clubes que son noticias por los abusos en sus pensiones, porque sus tribunas son el epicentro organizativo del narcomenudeo y el delito zonal, por sus deudas con proveedores, trabajadores y en gran medida con los jubilados (impositivas y previsionales) organizan un torneo a contramano del mundo. Clubes que aprovecharon la llegada de junio para rescindir los contratos con sus jugadores, esos que no son millonarios y viven al día. Mientras las ligas que son rentables tienden a no superar los 20 equipos e incluso tener 18 como la Bundesliga, la AFA creó el campeonato de 30 equipos y no logra bajar de sus 24 actuales. Mientras las ligas mas exitosas han establecido plazos mínimos de tres años para los contratos televisivos, con licitaciones y fair play financiero, la AFA firma contratos con los colosos del entretenimiento mundial, que incumple, se fractura internamente por los acuerdos televisivos directos con el exterior y modifica los reglamentos cuando le tocaría perder los puntos a algún club por acumular deudas impagas. Mientras las ligas y torneos exitosos planifican con antelación, a veces de años, la AFA evaluó que un torneo de ascenso en el que los equipos del presidente de la AFA (Barracas Central) y del presidente de la cámara de diputados (Tigre) no estaban entre los cuatro que clasificaban a la ronda final no valía la pena seguirlo, y lo anuló para comenzar de nuevo el Nacional B. Con un porcentaje similar de fechas disputadas la asociación francesa determinó que, de no poder seguir por el Covid, lo disputado valía, le otorgó el título al PSG y dejó a Lyon, semifinalista de la Champions, fuera de la próxima edición de la misma.

Equipo que pierde por goleada, sí se toca: hay que cambiar todo

El negocio del espectáculo deportivo ha dejado atrás el particularismo y el regionalismo hace varias décadas. Es un negocio que se sustenta en varias fuentes de ingresos: socios y entradas, venta de productos asociados al club, sponsors, saldo de la compraventa de jugadores. La AFA va destruyendo esos pilares económicos, pero no en beneficio del juego y el deporte (ya vimos que ni siquiera han expresado preocupación por eso en estos meses) sino de intereses que además de miserables como todos los del capital, son torpes y mezquinos. El resultado es que a pesar de la publicidad oficialista de YPF (“en este suelo crecen jugadores que no crecen en otros suelos”) los jugadores argentinos en el exterior expresan la decadencia de los clubes argentinos.

“Hasta 2014, había más argentinos que brasileños en la Serie A. De 2014 a 2018, lo mismo ocurría con la Liga Premier. Ahora, incluso en España, donde un idioma compartido siempre ha facilitado el asentamiento de los jugadores argentinos, Brasil está en alza. En 2018, había 39 argentinos jugando en La Liga, y 21 brasileños. Esta temporada, la brecha se ha reducido sustancialmente: 25 argentinos y 20 brasileños.” Y las compras al primer nivel decrecen, en parte porque “En un mercado que evoluciona rápidamente, los clubes favorecerán instintivamente al jugador del que saben más; no pueden juzgar lo que no pueden ver. La caída de Argentina es un fracaso no de talento sino de organización.[iv]” Un torneo desmesurado no mejora nada y empeora todo, y eso es solo uno de los logros de la dirigencia deportiva burguesa argentina. Ahora, la tremebunda devaluación peronista pondrá a todo jugador, ya no talentoso sino discretamente rendidor, al alcance de cualquier club de segunda categoría del exterior. El roce con buenos jugadores y la competitividad, que fueron los insumos con los que se nutrieron los logros del futbol argentino, seguirán siendo destruidos por una dirigencia que no sólo es burguesa, sino torpe y corrupta.

Esta estructura deportiva no tiene salida dentro del capitalismo porque globalmente no tiene ni dirigentes ni instituciones a la altura de los negocios de los que pretenden participar. Incluso los colosos domésticos se irán destruyendo a si mismos en el interior de la decadencia. No tienen sentido defender nada de lo que hay. Pero si hay todavía algo que valga la pena, si el deporte sigue siendo apasionante, si el juego sigue brindando satisfacción, si la incertidumbre sigue atrapando los corazones de los hinchas, si eso merece ser salvado, entonces no será con estas relaciones sociales, sino con otras, donde las ganancias y la desigualdad, la destrucción de muchos para elegir unos pocos, y la utilización de esas instituciones como trampolín de los intereses más miserables, sean abolidos. El juego y el deporte sólo pueden ser rescatados, para el disfrute de todos, por unas nuevas relaciones sociales, por el socialismo.


[i] https://www.nbamaniacs.com/jugadores-mejor-pagados-de-la-nba/

[ii] https://www.nytimes.com/2020/04/14/opinion/sunday/coronavirus-racism-african-americans.html?searchResultPosition=29

[iii] https://www.soccerex.com/insight/articles/2020/efl-rescue-package-talks-create-questions

[iv] https://www.nytimes.com/es/2020/10/08/espanol/deportes/argentina-una-de-las-grandes-canteras-del-futbol-esta-a-la-baja.html

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