El borrado de las mujeres, la ciencia cuestionada por la necedad Sobre el registro del sexo en los estudios clínicos y los tratamientos

en El Aromo n° 118/Novedades

Las acciones propias del borrado de las mujeres no son más que la exacerbación e institucionalización de algunos criterios patriarcales y machistas que afectan el conocimiento de la realidad social en general y el conocimiento científico en particular. Los trabajadores de salud, y el movimiento feminista debemos plantar la cara a los abanderados de la ignorancia.

Ricardo Maldonado – GISA (grupo de Investigación de la Salud Argentina)

Los burgueses no dudan que la salud de la mujer es un buen negocio

El tremendo esfuerzo social que en todo el mundo se viene llevando adelante contra la pandemia COVID-19 tiene un renglón particular el área de investigación. Si por un lado no queda más que admirarse de las novedosas y potentes vacunas, por otro es inevitable quedar estupefacto al anoticiarnos que esto se ha realizado con una sistemática anarquía y un desperdicio absurdo de recursos. Por ejemplo el llamado “mar de estudios inútiles[i] producido por los ensayos clínicos y las distintas intervenciones terapéuticas que “se debe a que los investigadores no configuraron sus estudios para que fueran aleatorios, y así eliminar el sesgo en los resultados, o a que la muestra del estudio era demasiado pequeña para saber si los resultados son estadísticamente significativos” Este desperdicio tiene dos fuentes de distinto origen. Por un lado, se acumulan pequeñas parcelas de datos apropiados de manera privada y particular, inservibles para conclusiones más generales. Pero otra fuente de inutilidad son los sesgos que se introducen, por ejemplo, cuando se niega una diferencia. La más importante porque afecta a la mitad de la humanidad es la que existe entre hombres y mujeres. La industria farmacéutica en su segmento de vanguardia tecnológica registra la variable sexo sin lugar a dudas, la mujer recorta un segmento de inmensas posibilidades de negocios. Dos semanas atrás Merck anunciaba uno de ellos:

“El jueves, la FDA dio su total aprobación a una combinación de Keytruda y el inhibidor de TKI Lenvima para tratar a pacientes (…) con carcinoma endometrial avanzado (…) Estos pacientes no son elegibles para cirugía curativa o radiación, lo que los convierte en una población difícil de tratar con solo un 17% de posibilidades de supervivencia después de cinco años”[ii]

Estos problemas específicos de los cuerpos de las mujeres generan divisiones específicas el terreno contable y corporativo:

“Merck se prepara para lanzar su escisión de salud femenina Organon el próximo mes (…) Los productos de Organon, mientras que era una subsidiaria de Merck, representaron aproximadamente $ 6.6 mil millones en ventas de 2020.”[iii]

El éxito financiero de esta empresa no es más que el reflejo de una profunda realidad: que la diferencia significativa entre hombre y mujer debe tenerse en cuenta para la investigación de base, los estudios clínicos y los tratamientos. Sin embargo, cómo expondremos en este artículo un profundo olvido ha perjudicado a las mujeres en relación a los temas mencionados y, tanto peor, en el momento en qué podría comenzar a resolverse se encuentra con un nuevo obstáculo: el borrado de las mujeres.

Es imprescindible ocuparse y registrar el sexo

The Lancet lo describía así el 30 de noviembre del año pasado a diez meses de declarada la pandemia y cuando comenzaban las vacunaciones:

“Muchos estudios investigan el papel de los tratamientos farmacológicos en el curso de la enfermedad por COVID-19. Las disparidades sexuales en la genética, las respuestas inmunológicas y los mecanismos hormonales pueden ser la base de las tasas de mortalidad sustancialmente más altas informadas en pacientes varones con COVID-19. Para optimizar la atención de los pacientes con COVID-19, los estudios profilácticos y terapéuticos deben incluir diseños y análisis específicos por sexo. (…) Rara vez se informan análisis que evalúan la posible interferencia del sexo con los efectos (secundarios) de la terapia farmacológica para COVID-19. (…) Los principales hallazgos de este estudio deben interpretarse en el contexto de una gran cantidad de evidencia que muestra diferencias sexuales en la supervivencia de COVID-19. El COVID-19 parece afectar más a los hombres que a las mujeres. (…) Aunque esto puede explicar en parte la mayor proporción de hombres a mujeres en los estudios incluidos, no justifica incluir más de dos veces más hombres que mujeres al evaluar el tratamiento de una nueva enfermedad con riesgos variables en todo el mundo. (…) Para causar infección, el SARS-Cov-2 se une al receptor de la enzima convertidora de angiotensina (ECA) 2 y la serina proteasa celular TMPRSS2 para cebarlo para ingresar a las células. Las hormonas sexuales afectan no solo a la ECA2 sino también a los componentes del sistema renina-angiotensina-aldosterona (RAAS) que modulan la ECA2. Además, TMPRSS2 se expresa siete veces más frecuentemente en el epitelio de la próstata que en otros tejidos humanos, y su transcripción está regulada por ligandos androgénicos y un elemento de unión al receptor de andrógenos en el promotor. (…) Los esteroides sexuales, en particular la testosterona (T), el estradiol (E2) y la progesterona (P4), influyen en el funcionamiento de las células inmunitarias al alterar las vías de señalización celular, lo que da como resultado una producción diferencial de citocinas y quimiocinas. Por lo tanto, no se espera que un enfoque de inmunoterapias de ‘talla única’ sea efectivo, y el sexo puede contribuir al éxito del tratamiento en entornos clínicos. Además de los posibles mecanismos biológicos específicos del sexo que conducen a la heterogeneidad farmacodinámica de los posibles efectos del tratamiento para las mujeres con COVID-19, las diferencias relacionadas con el sexo en la absorción, distribución, metabolismo y excreción de fármacos suelen explicarse por diferencias de peso y superficie corporal. y distribución de agua / grasa. Esto a menudo da como resultado una mayor exposición al fármaco si se administra una dosis fija independientemente del peso corporal o la composición, un mecanismo que puede contribuir a más efectos secundarios en las mujeres. Una gran cantidad de evidencia muestra que las respuestas con respecto a la farmacocinética de los medicamentos antivirales difieren entre hombres y mujeres y que las mujeres experimentan reacciones adversas a los medicamentos al tratamiento antiviral con más frecuencia que los hombres, lo que también se aplica al lopinavir / ritonavir. (…) Desafortunadamente, solo uno de nueve estudios sobre remdesivir, lopinavir / ritonavir, favipiravir o umifenovir realizó análisis post-hoc específicos por sexo. Ninguno de ellos investigó el sexo como un posible modificador del efecto y ninguno de los ECA estratificó su asignación al azar por sexo. Además, los estudios sobre estos medicamentos antivirales incluyeron en general más pacientes hombres que mujeres.”[iv]

El British Medica Journal Global Health, señalaba la contradicción entre la producción sin precedente de datos e informes y la carencia de la discriminación por sexo:

“Si bien los datos y la investigación sobre COVID-19 se están produciendo a una velocidad sin precedentes, la presentación de informes de los datos desglosados por sexo, y mucho menos por sexo y edad, sigue siendo poco común.” [v]

En la misma línea de un artículo en la misma publicación de 9 años atrás señalaba los prejuicios que afectaban a la medicina:

“También en medicina, la suposición común es que hombres y mujeres experimentan enfermedades y reaccionan al tratamiento de la misma manera. Sin embargo, cada vez hay más pruebas de lo contrario. Una revisión sistemática publicada en agosto en línea en esta revista mostró que las mujeres que fuman tienen un mayor riesgo de enfermedad coronaria que los hombres fumadores. Las mujeres fumadoras también tienen un mayor riesgo de cáncer de pulmón que los hombres fumadores. En general, en la mayoría de los tipos de cáncer, las mujeres tienen una supervivencia a 5 años más alta que los hombres. En el accidente cerebrovascular, la fibrilación auricular es un ejemplo de un factor de riesgo más importante en las mujeres que en los hombres. En general, en muchas enfermedades, las mujeres tienen más efectos secundarios del tratamiento que los hombres. (…) Ser hombre o mujer podría ser un factor determinante de la salud, la enfermedad y la respuesta al tratamiento más importante de lo que se conoce. Para averiguarlo y ayudar a los metaanalistas, The Lancet alienta a los investigadores a inscribir a más mujeres en ensayos clínicos de todas las fases y a planificar el análisis de los datos por sexo, no solo cuando se sabe que son científicamente apropiados, sino también como una cuestión de rutina.” [vi]

Las revistas de distintas especialidades, como el British Journal of Anaesteshia reclamaban que se contemple en los estudios e investigaciones el sexo y el género:

“El sexo y el género son determinantes clave de la salud y se cruzan entre sí para afectar los patrones de enfermedades y lesiones. El sexo y el género, por lo tanto, requieren consideración en el diseño, análisis y reporte de la investigación en anestesia y medicina perioperatoria.”[vii]

Otra revista de la misma especialidad insiste con la relevancia de estas discriminaciones este año:

“El sexo (una determinación biológica) y el género (una construcción social) no son términos intercambiables y ambos afectan el manejo perioperatorio y la seguridad del paciente. Las diferencias de sexo y género en los fenotipos clínicos de las enfermedades crónicas y los factores de riesgo de morbilidad y mortalidad perioperatoria son relevantes para la evaluación y optimización preoperatorias . Las diferencias fisiológicas relacionadas con el sexo, así como la farmacocinética y la farmacodinamia de los fármacos anestésicos pueden influir en el plan de anestesia, el tratamiento del dolor, la recuperación posoperatoria y los efectos adversos., satisfacción del paciente y resultados.” [viii]

El Journal of the American College of Cardiology lo planteaba en estos términos en 2015:

“En los últimos años, los Institutos Nacionales de Salud (NIH) han reactivado el enfoque en la importancia del rigor y la reproducibilidad en la investigación, que incluye cegamiento, aleatorización, replicación, tamaño de muestra adecuado y la importancia del sexo como variable biológica en resultados experimentales de estudios preclínicos, clínicos y de salud poblacional. Según los NIH, tanto el sexo (características biológicas) como el género (actitudes y comportamientos culturales) “juegan un papel en cómo los procesos de salud y enfermedad difieren entre los individuos, y la consideración de estos factores en los estudios de investigación informa el desarrollo y la prueba de métodos preventivos y terapéuticos intervenciones en ambos sexos «.” [ix]

También el trabajo aparecido en Biomoléculas y terapéutica de Seúl, en 2018:

“La incidencia y la mortalidad de varios cánceres están asociadas con disparidades específicas por sexo. Las diferencias de sexo en la epidemiología del cáncer son uno de los hallazgos más significativos. Los hombres son más propensos a morir de cáncer, particularmente de neoplasias hematológicas. La diferencia de sexo en la incidencia de cáncer se atribuye a la regulación a nivel genético / molecular y a hormonas sexuales como el estrógeno. A nivel genético / molecular, el polimorfismo genético y las enzimas alteradas que involucran el metabolismo de los fármacos generan diferencias en la incidencia de cáncer entre hombres y mujeres. Las hormonas sexuales modulan la expresión génica en varios cánceres. Las diferencias genéticas u hormonales entre hombres y mujeres determinan el efecto de la quimioterapia. (…) La quimioterapia se ha utilizado sin tener en cuenta las diferencias de sexo, lo que ha dado lugar a una disparidad de eficacia y toxicidad entre los sexos. Con base en la acumulación de evidencia que respalda las diferencias sexuales en la quimioterapia, todos los ensayos clínicos sobre el cáncer deben incorporar las diferencias sexuales para comprender mejor las diferencias biológicas entre hombres y mujeres.”[x]

El British Medical Journal, en 2018, reclamaba tener especial cuidado en la distinción entre sexo y género, señalando que el primero es una variable biológica, y el género una construida socialmente. Por lo tanto, si “ambas” interactúan con el proceso de salud y enfermedad es porque son distintas:

“El sexo y el género son impulsores fundamentales de la salud. Si bien no se excluyen mutuamente, los términos sexo y género a menudo (incorrectamente) se usan indistintamente. El sexo es una variable biológica que define a los humanos (y otras especies) como masculinos y femeninos (o intersexuales) de acuerdo con sus órganos y funciones reproductivas, según la asignación cromosómica. El término diferencias de sexo debe utilizarse para describir las diferencias biológicas o fisiológicas relacionadas con el sexo entre hombres y mujeres. En comparación, el género es una variable construida socialmente que se refiere a los roles, comportamientos, actividades y atributos que una sociedad determinada, en un momento dado, considera apropiados para hombres y mujeres. En la actualidad, no existe consenso sobre la medición del género, ya que la identidad, los roles y las normas de género varían considerablemente entre los entornos y el tiempo. No obstante, se están desarrollando métodos para medir el género y reconocen que el género opera en un continuo y puede cambiar con el tiempo. A la luz de lo anterior, se podría argumentar que el conocimiento tanto del sexo al nacer como de la identidad de género debería ser reportado en la investigación en salud.”[xi]

The Lancet Global Health, insiste:

“El punto de partida mínimo para analizar la contribución del sexo y el género a la pandemia de COVID-19, es identificar oportunidades para reducir las inequidades en salud, requiere datos desagregados por sexo, que puedan analizarse para comprender y explicar las desigualdades de género.”[xii]

JAMA, Journal of American Medical Asociation, recuerda que nos referimos a una verdad antigua y necesaria, que pretende ser olvidada:

“Aunque la observación de que los hombres y las mujeres son diferentes es posiblemente tan antigua como la vida humana, las mujeres han sido incluidas en los ensayos clínicos durante solo unas pocas décadas. Las mujeres tienen una fisiología única y su experiencia de la enfermedad, y las respuestas a las intervenciones terapéuticas a menudo son significativamente diferentes de las de los hombres. (…)Esto es sorprendente dado el creciente interés en la medicina de precisión, que debería comenzar con la atención a las diferencias sexuales en la medicina.” [xiii]

El British Medical Journal se explayaba 5 años atrás en la necesidad de abordar la cuestión del sexo también por las enfermedades no transmisibles, asumiendo el sesgo implicado en que la mayoría de los estudios se hayan realizado históricamente en hombres:

“Actualmente, la mayor carga de muerte y discapacidad entre las mujeres se atribuye a las enfermedades no transmisibles (ENT), sobre todo las enfermedades cardiovasculares, los cánceres, las enfermedades respiratorias, la diabetes, la demencia, la depresión y los trastornos musculoesqueléticos. Por lo tanto, para mejorar la salud de las mujeres de la manera más eficiente, es necesario asignar recursos adecuados a la prevención, el manejo y el tratamiento de las ENT en las mujeres. (…) Históricamente, la mayoría de las investigaciones médicas se realizaron en hombres y se asumió que los resultados de dichos estudios eran igualmente aplicables a las mujeres. Por lo tanto, las diferencias de sexo y las disparidades de género en la salud y la enfermedad han sido desconocidas o ignoradas durante mucho tiempo. Dado que el número de mujeres en los estudios está aumentando, ha surgido evidencia de diferencias clínicamente significativas entre hombres y mujeres en todas las áreas de salud y enfermedad. La evaluación sistemática de tales diferencias entre hombres y mujeres podría mejorar la comprensión de las enfermedades, así como informar a los profesionales de la salud y a los encargados de formular políticas sobre la optimización de las estrategias preventivas para reducir la carga mundial de morbilidad de manera más eficiente en mujeres y hombres. (…)  Las diferencias de sexo y las disparidades de género en la aparición, el tratamiento y los resultados de las enfermedades crónicas no han sido reconocidas durante mucho tiempo. La investigación de salud en las enfermedades cardiovasculares, por ejemplo, alguna vez se llevó a cabo predominantemente en hombres y se asumió que las prácticas médicas basadas en los hallazgos de la investigación que involucraban solo a hombres eran igualmente relevantes para las mujeres” [xiv]

Un cuarto de siglo atrás afirmaba el Journal of de Medical Cáncer Institute:

“La investigación de salud en las enfermedades cardiovasculares, por ejemplo, alguna vez se llevó a cabo predominantemente en hombres y se asumió que las prácticas médicas basadas en los hallazgos de la investigación que involucraban solo a hombres eran igualmente relevantes para las mujeres.” [xv]

En CNS Spectrum de la Universidad de Cambridge, del año 2013 el artículo “Farmacocinética y farmacodinamia de los psicofármacos: efecto del sexo” lo remarcaba

“Los datos sobre los efectos específicos del sexo sobre la farmacocinética, así como sobre la tolerabilidad, seguridad y eficacia de los medicamentos psicotrópicos son aún escasos, principalmente porque solo recientemente los temas relacionados con el sexo han atraído un cierto grado de interés dentro del dominio farmacológico. (…) Se han informado diferencias relacionadas con el sexo para varios parámetros que influyen en la farmacocinética, como la acidez gástrica, la motilidad intestinal, el peso y la composición corporal, el volumen sanguíneo, las enzimas hepáticas (principalmente el citocromo P450) o la excreción renal, que pueden alterar los niveles plasmáticos del fármaco. Las peculiaridades relacionadas con el sexo también pueden explicar una sensibilidad diferente de hombres y mujeres a los efectos secundarios y la toxicidad de los psicofármacos. Además, se han descrito algunas diferencias en la respuesta a los fármacos, principalmente a los antipsicóticos y antidepresivos. Sin embargo, son necesarios más estudios para explorar más a fondo el impacto del sexo en la farmacocinética y farmacodinamia de los psicotrópicos, con el fin de llegar a la prescripción más adecuada y personalizada para cada paciente.”

Y el Manual de Farmacología Experimental del 2012:

“En los últimos años, ha quedado claro que las mujeres y los hombres pueden diferir en la respuesta a los medicamentos. Además, existe un reconocimiento cada vez mayor sobre el papel de las hormonas sexuales en la farmacocinética y la farmacodinamia como mecanismo que explica las diferencias sexuales en los efectos de los fármacos. (…). Por tanto, una farmacoterapia basada en la evidencia en la mujer es auspiciosa para la salud de la mujer.”[xvi]

Oscureciendo dónde es necesario aclarar

Pero la Revista Internacional de Investigación Ambiental y Salud Pública, al alertar sobre la necesidad de tener en cuenta las diferencias inmunológicas introduce confusión entre los dos criterios en la que el sexo, hombres y mujeres, se mezcla con el género, identidades no binarias, en una confusión conceptual contraproducente:

“En consecuencia, la pandemia no solo puede conducir a diferencias en la susceptibilidad y manifestación de la enfermedad entre hombres, mujeres y personas con identidades no binarias, sino que también exacerba el acceso desigual al tratamiento y las vulnerabilidades a largo plazo.” [xvii]

En esta dinámica de indistinción y confusión el Journal of de Medical Cáncer Institute realiza una advertencia intrigante:

“La hipótesis de que los efectos de género podrían ser separables de los efectos sexuales es intrigante y creativa, pero tal vez las primeras exploraciones de esta idea deberían centrarse en muestras de población, ya que los estudios de riesgo de recurrencia que condicionan a tener un primer evento son notoriamente poco confiables con respecto a la inferencia causal. Por esta razón (y muchas otras), recomendamos precaución antes de aconsejar a los pacientes post-SCA que adopten atributos más masculinos.”[xviii]

Una guía para el trabajo científico y la salud

Un lustro atrás JAMA publicaba un artículo que detallaba las cuestiones:

“Prácticamente todos los informes de investigación clínica incluyen características demográficas básicas sobre los participantes del estudio, como la edad y cuántos participantes eran hombres o mujeres. Algunos artículos de investigación se refieren a esta última variable como sexo, otros se refieren a ella como género. Como uno de los primeros datos reportados, la importancia de incluir el sexo parece indiscutible. Pero, ¿qué implica realmente la categoría sexo-género y cómo debería informarse? Con la evidencia emergente de que tanto el sexo como el género tienen un efecto, por ejemplo, en cómo un individuo selecciona, responde, metaboliza y se adhiere a un régimen de medicamentos en particular, existe un imperativo ético y científico de informar a quién se aplican los resultados de la investigación. Este punto de vista explica los contextos en los que el sexo y el género son relevantes y ofrece sugerencias para mejorar la notificación de esta característica. Dos preguntas frecuentes que hacen los investigadores clínicos son (1) ¿Se debe informar el sexo o el género de los participantes del estudio? y (2) ¿Cuál es el término correcto para designar hombres y mujeres o hombres y mujeres? Las respuestas dependen de si se están estudiando factores biológicos o psicosociales. El sexo y el género no se excluyen mutuamente. Están integralmente relacionados e influyen en la salud de diferentes maneras. Según los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y los Institutos Canadienses de Investigación en Salud (CIHR), sexo se considera un componente biológico, definido a través del complemento genético de los cromosomas, incluidas las diferencias celulares y moleculares. El cariotipo al nacer es casi igual para 46XX y 46XY. El sexo se refleja fisiológicamente en las gónadas, las hormonas sexuales, los genitales externos y los órganos reproductores internos. Los términos masculino y femenino deben usarse al describir el sexo de los participantes humanos u otros factores biológicos o fisiológicos relacionados con el sexo. Las descripciones de las diferencias entre hombres y mujeres deben referirse cuidadosamente a «diferencias de sexo» en lugar de «diferencias de género».

El género comprende los factores y elecciones sociales, ambientales, culturales y de comportamiento que influyen en la identidad y la salud de una persona. El género incluye la identidad de género (cómo los individuos y los grupos se perciben y se presentan a sí mismos), las normas de género (reglas tácitas en la familia, el lugar de trabajo, la cultura institucional o global que influyen en las actitudes y comportamientos individuales) y las relaciones de género (las relaciones de poder entre individuos de diferentes identidades de género)”

Pero proseguía

“En la actualidad, no existen herramientas validadas y consensuadas para evaluar el género. Se ha propuesto un enfoque de dos pasos para el cuestionamiento, mediante el cual a los participantes se les pregunta tanto su sexo asignado al nacer como su identidad de género actual.”

Es necesario señalar que, a pesar de que el trabajo señala que “sexo se considera un componente biológico, definido a través del complemento genético de los cromosomas, incluidas las diferencias celulares y moleculares” a renglón seguido propone preguntar por el “sexo asignado al nacer”

Dicho de otra manera mientras toda la evidencia empírica y la investigación acumulada debería inclinar a la consignación precisa del sexo biológico para avanzar en una medicina de precisión y, sobre todo, en mejores resultados para la mitad de la población mundial compuesta por mujeres, asoma insidiosamente en el interior de esta misma necesidad la idea de que el sexo es asignado, y por lo tanto -obviamente- no sería algo propio del organismo sino una determinación social impuesta. El trabajo prosigue luego señalando un margen de error debido a lo pequeño del porcentaje y a lo costoso y complejo de resolverlo:

Las pautas de género y equidad de género en la investigación (SAGER) refuerzan que los autores deben proporcionar una explicación en la sección de métodos si el sexo de los participantes de la investigación humana se definió en base a un autoinforme o se asignó después de un examen externo o interno de las características corporales o mediante pruebas genéticas u otros medios. Cuando el sexo se basa en el autoinforme, será incorrecto en un porcentaje muy pequeño de personas porque algunas personas no tendrán 46XX o 46XY. Sin embargo, en la mayoría de los estudios de investigación, no es posible realizar una evaluación genética detallada para determinar la composición genética de todos los participantes. Los autores que informan los resultados de los ensayos clínicos deben analizar e informar los datos por separado para los participantes masculinos y femeninos del estudio.”

Y finalmente destaca la importancia de consignar las variables de sexo aún en aquellos estudios que en principio no se espera que estos sean relevantes dado que la propia investigación y el cruce con otros estudios podría demostrar lo contrario.

“Otra razón para reportar datos por sexo, género o ambos es facilitar el metanálisis. Cuando no existen diferencias, e incluso cuando los estudios no tienen el poder estadístico suficiente, los datos brutos deben presentarse para permitir el metanálisis por sexo, género o ambos y pueden informar los cálculos del tamaño de la muestra para estudios futuros. Una tercera razón es reducir el desperdicio en la investigación. Repetir un ensayo porque los estudios anteriores relevantes no desagregaron a los participantes del estudio e informaron los resultados por sexo, por género o ambos, no es ético. Siguiendo esta lógica, todas las tablas y figuras en la sección de resultados de un manuscrito deben identificar claramente la magnitud del efecto según sexo, género o ambos.”[xix]

El borrado de las mujeres, la ciencia cuestionada por la necedad

Desde el punto de vista de los tratamientos, de la investigación clínica, de la farmacodinamia y farmacocinética es evidente la necesidad de distinguir el sexo en todos los estudios. En los últimos años desde hace un cuarto de siglo artículos de distintas publicaciones científicas relacionadas con la salud insiste en esto. tienen que vencer un prejuicio instalado por el machismo y el patriarcado que las investigaciones sobre el cuerpo biológico de los hombres serían automáticamente válidas para las mujeres, negando el mismo acto las diferencias entre ambos.

Este movimiento de profundización y precisión en el mundo de la ciencia tiene dos vectores que empujan a favor por un lado como mencionamos al comienzo las mujeres son la mitad de la humanidad y por lo tanto sus problemas específicos un mercado que los burgueses del sector salud no están dispuestos a desaprovechar. Por otro la investigación científica se encuentra en manos casi en su totalidad de trabajadores asalariados y conformada cada vez en mayor número por mujeres que no pueden desentenderse de la cuestión, por razones de sexo y de clase.

El hecho de que algunos intereses económicos, el rigor científico y la presencia creciente de la mujer en proletariado científico empujen al reconocimiento y valoración del sexo en los trabajos e investigaciones sobre la salud es auspicioso. Pero no nos permite ser optimistas porque, paralelamente y en sentido opuesto, se desarrolla el incesante trabajo del borrado de las mujeres. Poco a poco, mientras se intenta incluir la diferencia de sexo en trabajos específicos que antes no la consignaban, esa diferencia va desapareciendo de otros registros que históricamente las tenían en cuenta. A contrapelo de lo necesario el embrutecedor gobierno de los Fernández celebra el borrado de las mujeres en los registros estatales como el CUIT o el CUIL, o el DNI. Disolviéndolos en elecciones voluntarias con absoluta independencia de sexo biológico de cada persona.


[i] https://www.saludyfarmacos.org/boletin-farmacos/boletines/feb202106/16_muy/

[ii] https://endpts.com/merck-eisai-notch-full-approval-for-keytruda-tki-inhibitor-combo-in-advanced-endometrial-cancer/

[iii] https://endpts.com/merck-lays-out-vision-for-womens-health-spinout-organon-with-some-special-plans-for-its-9b-windfall/

[iv] https://www.thelancet.com/journals/eclinm/article/PIIS2589-5370(20)30396-5/fulltext

[v] https://gh.bmj.com/content/5/10/e003848?ijkey=36222de4b5737da301596c5790283a75cfa40a55&keytype2=tf_ipsecsha

[vi] https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(11)61795-9/fulltext

[vii] https://bjanaesthesia.org/article/S0007-0912(19)30937-7/fulltext

[viii] https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S1521689620301300

[ix] https://www.jacc.org/doi/full/10.1016/j.jacc.2015.11.029?keytype2=tf_ipsecsha&ijkey=2280340790ebe5625204347e9fdcfa0ac2a0b85e

[x] https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29949843/

[xi] https://gh.bmj.com/content/3/4/e001038?ijkey=ecf65fabab0350085c6177852229969c0b308994&keytype2=tf_ipsecsha

[xii] https://www.thelancet.com/journals/langlo/article/PIIS2214-109X(21)00170-4/fulltext

[xiii] https://jamanetwork.com/journals/jama/article-abstract/2577141

[xiv] https://gh.bmj.com/content/1/3/e000080?ijkey=3d5f089875b2d210839d78deff12a91ed393702d&keytype2=tf_ipsecsha

[xv] https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/8632492/

[xvi] https://link.springer.com/chapter/10.1007%2F978-3-642-30726-3_5

[xvii] https://www.mdpi.com/1660-4601/17/10/3715/htm

[xviii] https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0735109716345466

[xix] https://jamanetwork.com/journals/jama/fullarticle/2577142

Etiquetas:

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

*

Últimas novedades de El Aromo n° 118

Ir a Arriba