«¿Qué es la flexibilidad laboral?», de Marina Kabat

en El Aromo n° 106/Novedades

La Universidad Obrera es una iniciativa de Razón y Revolución cuyo objetivo es acercar el conocimiento científico al conjunto de los trabajadores. Para lograrlo la Biblioteca de la Uni acercará mes a mes un libro que abordará temas de la historia argentina y mundial, problemas económicos, sociales y políticos contemporáneos, pinceladas del mundo en que vivimos y queremos transformar. En un formato accesible para todo aquel que quiera nutrirse de una mirada crítica de la sociedad actual. Intentamos con esto hacer una pequeña contribución para revertir la degradación educativa a la que nos somete el capitalismo, porque necesitamos conocer el mundo para poder transformarlo.

Para contribuir a esta tarea El Aromo publica la introducción de uno de los libros de muy próxima aparición en Ediciones RyR. Se trata de “¿Qué es la flexibilidad laboral?” escrito por la compañera Marina Kabat. Proponemos así conocer y debatir uno de los temas que une a toda la burguesía de un lado y que el conjunto de la clase obrera deberá enfrentar cualquiera sea el resultado electoral.

¿Qué es la flexibilidad laboral?

Podemos hablar de la flexibilidad laboral en sentido amplio o en sentido restringido. En un sentido amplio, la flexibilidad laboral es la ausencia de regulaciones de la relación obrero/patrón. En un sentido más acotado, la flexibilidad laboral es la eliminación o el debilitamiento de las leyes laborales previas. Por eso, en países que nunca tuvieron un gran desarrollo de leyes protectoras del trabajo, no aparece la flexibilidad laboral como un problema social de gran importancia como en otros.

La flexibilidad laboral no está asociada a una forma específica de organizar el trabajo. No es un requisito de la producción automatizada. Ninguna máquina viene con un manual que diga “este dispositivo debe ser manejado por un obrero precario” o “para el correcto uso de esta tecnología, sus empleados deben realizar horas extras y prescindir de vacaciones”. Tampoco está asociada a un partido político o a una corriente ideológica: flexibilizaron leyes laborales los peronistas y los radicales; los laboristas ingleses y los conservadores de Margaret Thatcher; el Partido de los Trabajadores de Lula y Dilma al igual que Bolsonaro; Macri y Cristina.

La burguesía siempre quiere la menor regulación posible de las relaciones laborales. En otras palabras, los patrones siempre quieren la máxima libertad posible para explotar a los obreros a su antojo. Por eso, la flexibilidad laboral es el sueño eterno de la burguesía. Esta clase social, compuesta por los dueños de tierras, fábricas, transportes y los demás medios de producción necesarios para el funcionamiento económico, a veces puede imponer su voluntad y desregular las condiciones laborales. Otras veces, como en los períodos de mayor poder sindical, debe resignarse y tolerar mayores normativas. Pero, siempre desea la flexibilidad laboral. Si en algún momento concede más beneficios a sus obreros, la burguesía se consuela pensando que no hay mal que dure cien años, mientras espera para volver a la carga.

La justicia no es una señora con los ojos vendados. El lado para el cual se inclina su balanza depende, en gran parte, del poder de cada uno de los contendientes. Es decir, las leyes cambian según las relaciones de fuerza entre las clases sociales. Estas relaciones de fuerza varían de acuerdo a la fortaleza o debilidad relativa de obreros y burgueses en distintos lugares y épocas históricas. Como consecuencia, las normas legales también se modifican. Las leyes son una cristalización en el terreno legal de las relaciones de fuerza entre las clases. Las normas congelan y dan estatus legal a la correlación de fuerzas predominante en un período.

Las clases sociales están en permanente enfrentamiento. Hay un antagonismo básico entre obreros y burgueses. Los obreros crean riqueza con su trabajo y solo reciben una parte de ella en forma de salarios. El resto va abultar los bolsillos de sus patrones. Los empresarios buscan ampliar la riqueza que se apropian. Para ello, disminuyen salarios, hacen que sus obreros trabajen más, o vuelven su labor más productiva por diversos medios. De esta manera, los empresarios buscan elevar la tasa de explotación, es decir, la proporción de la riqueza creada por los obreros que ellos se quedan. Por el contrario, los obreros intentan conservar una proporción mayor de la riqueza que crean y buscan aumentar sus salarios. También tratan de reducir el trabajo que realizan: descansos semanales, vacaciones, reducción de la jornada y feriados puentes, todo sirve al mismo fin. A su vez, intentan relajar la intensidad laboral. Tratan de hacer sus tareas más despacio, regulando el esfuerzo, haciendo pausas en medio de la jornada.

Este tire y afloje entre empresarios y obreros se da a todos los niveles. En forma colectiva, los obreros luchan de manera organizada por mejores leyes laborales. A nivel individual, cada operario trata de escaparse un rato antes del trabajo, se demora en el baño o estira la charla con sus compañeros al lado de la máquina de café. De igual modo, los empresarios, a través de sus organizaciones, reclaman medidas que les permitan una mayor explotación del trabajo. Presionan al gobierno, hacen publicidad y llegan a realizar manifestaciones para obtener medidas laborales que los favorezcan. Al mismo tiempo, cada empresario se empeña en su propia guerra personal contra sus obreros. Despliega todos los medios a su alcance: ejércitos de capataces monitorean el ritmo de trabajo, se instalan controles biométricos para verificar presentismo y puntualidad. Hasta se restringe el uso del baño en el trabajo. En fábricas textiles a principios del siglo XX, una luz roja se prendía cuando una obrera ocupaba el baño. Esto indicaba a sus compañeras que no podían abandonar su puesto hasta que el baño se liberara.

En la actualidad, cada tanto un empresario es denunciado por obligar a sus empleadas a usar pañales para que realicen su jornada de trabajo en forma ininterrumpida. Todo sea por obtener una cuota más de trabajo de ese asalariado que piensa más en su vejiga que en el bien de los negocios de su patrón.

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