El psicoanálisis zombie (1) Lo están matando, pero camina y puede comer cerebros

en Aromo/El Aromo n° 116/Novedades

Cristina se ha convertido en Pacman que se detiene en su carrera alocada por comerle funcionarios a Alberto. Sin embargo, no es la imagen que más le conviene a la jefa y el peronismo trabaja incansablemente, ya que ocultarlo es imposible, por ofrecer interpretaciones variadas y laterales. Algunas de estas provienen de un campo que nada tendría que decir, al respecto: el psicoanálisis. O, mejor dicho, el psicoanálisis peronista.

Ricardo Maldonado GCP (Grupo de Cultura Proletaria)

Es un lugar común de los psicoanalistas, al menos en este país, que se debe realizar una tarea ardua de defensa del psicoanálisis. Esta tarea es requerida por la constante amenaza de esta disciplina por una conspiración medicalizadora de los laboratorios y las neurociencias. Extrañamente, la fervorosa lucha se libra en una jerga enrevesada que renuncia a ser entendida antes de ser escrita.

Sin embargo, la disciplina no tiene peores enemigos que estos psicoanalistas preocupados por tan desigual batalla. En primer lugar, porque para librarla han considerado necesario renunciar a lo que dicen defender. El psicoanálisis disciplina nacida de la ilustración apuntaba a dos objetivos, simultáneos y diferentes. Desde el punto de vista social a echar luz al mecanismo que provocaba sufrimiento en el sujeto pero que eludía (y cuestionaba) el conocimiento disponible sobre el funcionamiento orgánico. En segundo lugar, aliviar en alguna medida ese sufrimiento individual aceptando que quien sufría no podía comprender las causas del mismo, pero que podía implicarse en un dispositivo para hacerlo menos penoso.

La primera de las tareas implica un “para todos”, es decir criterios universales, por ejemplo, que todos los seres humanos desconocen, y les es imposible conocer, elementos determinantes de algunas de sus conductas, muchas de las cuales son las causantes de su malestar. Ese “para todos” construido de manera inductiva estaba íntimamente relacionado, obviamente, con la singularidad de la manifestación en cada individuo. Allí, en el individuo se accedía a un despliegue único, e inclusive único cada vez, de las formaciones del elemento inaccesible llamado inconsciente, que se encuentra en todos los seres humanos. Y ninguno podía negar esa atribución universal, de que, si es humano, está dividido, tiene una esfera psíquica inconsciente.

El camino para la intervención sobre la expresión accesible del malestar, el síntoma, era un dispositivo personalísimo en el que el sujeto que sufre se dispone a hablar de lo que le venga a la cabeza. Todo el dispositivo se hallaba sostenido desde el mismo inicio del psicoanálisis en un mecanismo llamado transferencia. El concepto, tratando de eludir las polémicas internas del gremio, se refiere a lo que el sujeto transfiere al psicoanalista, algo que éste debe soportar. Y así como Freud y sus seguidores negaban la existencia de un inconsciente colectivo también lo hacían consecuentemente de una transferencia masiva, social o general.

Todo este largo preludio es para dejar en claro que toda interpretación de los mecanismos singulares puestos en juego por un sujeto realizada fuera de ese mecanismo no sólo es inválida, sino que es el fin del mismo psicoanálisis. La utilización de un dispositivo, en el que solo hay uno en juego, para intentar explicar (justificar) cómo funciona el conjunto social, es, indudablemente, el final de una práctica que nació negándose a hacerlo. Esa negativa fue su marca de nacimiento.

La práctica psicoanalítica se ve socavada si se reniega de lo que Freud explícitamente señala como método inaceptable, en La interpretación de los sueños, las claves interpretativas. Esas que permiten interpretar sin la anuencia del analizado, sin su implicación, de manera mecánica, por correspondencia. Esto que ahora se usan a diestra y siniestra. Podemos recordar la torpe asimilación, en la página de Psicología de Página 12, del voto a Cambiemos con un “masocrismo anal”, que no fue cuestionado por los colegas del autor, sino por los redactores del suplemento Soy por el carácter discriminatorio hacia la comunidad gay. Si esto fuera posible quedaría en un lugar absurdo el propio dispositivo freudiano que se presenta, entonces, como una chantada innecesaria. Qué sentido tendría someterse a sesiones periódicas e individuales, asociando y suponiendo necesaria la intervención de un analista, si ese analista podría, fácilmente y económicamente, obtener iguales conclusiones solo por la lectura de una declaración en el diario, o de un mensaje en su contestador.

Las diferencias entre Freud y estos seguidores suyos a los que nos referimos, no son solo de estatura intelectual sino, fundamentalmente, de momento histórico. Freud introdujo los tratamientos psicoanalíticos dentro del conjunto de los no muy productivos tratamientos para los problemas de la salud mental creado un dispositivo novedoso y bastante eficiente. Lo hizo dentro de un restringido círculo que iba ganando adhesiones, participantes y espacio en el mundo académico, de la cultura y de la salud. Freud fue un conquistador o un evangelizador con su disciplina, puede usarse la figura que se desee, pero no cabe duda de que algo inexistente hasta 1890 fue ganando territorios, gracias tanto a su prédica como su capacidad organizativa. Ese desarrollo llega a su cúspide entre las décadas del 50 y el 70 en el que una importante masa de intelectuales y profesionales lo practican y lo demandan. Durante ese periodo esta práctica fue realizada fundamentalmente por profesionales liberales, pactando tratamientos individuales en consultorios particulares.  Es sobre el final del período que se abre un importante debate sobre las condiciones en que el dispositivo creado por Freud podía desarrollarse en instituciones de salud, sobre todo de salud pública. Este debate incluía (para abreviar) una pregunta que llegaba del campo social (cómo hacerlo accesible a las masas miserables) y se contraponía con una condición propia del dispositivo (que debía quedar explícitamente claro para quien solicitaba el tratamiento que no había ningún tipo de amor por parte del profesional). El dinero fungía de elemento clave en esta determinación, definiendo que era por plata y no por amor que se lo escuchaba. Así el paciente se evitaba parte los efectos negativos en el tratamiento, producidos por el amor.

La transferencia estaba en la base del funcionamiento del dispositivo psicoanalítico. Pero también está en la base de los problemas que tiene que resolver la teoría psicoanalítica. En la medida en que la proletarización creciente de las capas profesionales (sobre todo las de la salud) y la miseria en aumento de la masa trabajadora (que no deja provocar el aumento de los malestares psíquicos) hacían del dispositivo clásico algo restringido y cada vez más lejano.

La creciente masa de profesionales egresados de las facultades de psicología va a colisionar con el empobrecimiento creciente de la población. Ya no conquistando nuevos espacios sociales como el maestro de Viena, ni siquiera pudiendo defender los que se tenían. El abandono de la transferencia es seguido otro abandono de los principios freudianos. La negativa a hacer del psicoanálisis una visión del mundo es abandonada para comenzar a postular una mirada sobre las relaciones sociales con las herramientas elaboradas para el uno por uno. La fuerza que impulsa esta segunda debacle es la expectativa de volver a un pasado en el que había un prestigio y dinero para compartir. Volver a ser profesionales liberales en lugar de monotributistas empobrecidos, a cambio de entregar los elementos disruptivos y servir al poder.

Si el propio dispositivo tiene límites para practicarse en esta situación social y si la situación social restringe los espacios para estos dispositivos, el primer reflejo de esta defensa desesperada de una forma de vida, la de los psicoanalistas, es abandonar la transferencia (la elaboración de lo sucedido en cada caso, la singularidad) y el rechazo a las cosmovisiones, para transformar al psicoanálisis en una sociología oscura.

Esta nueva disciplina se ofrece al poder burgués en un intento triste de recuperar un territorio que se va escurriendo. Produce, abusando de lo mismo que estamos cuestionando, una imagen incestuosa esta pasión por el retorno a un pasado cálido y generoso. Pero eso es sólo una imagen, en realidad es una gastada estrategia que tuvo su mayor exponente en la filosofía del nazi Martín Heidegger. El futuro hay que buscarlo en el pasado. Y ofreciendo una ideología de la vuelta al pasado se ofrece al capitalismo algo que éste necesita, porque carece de futuro. Este psicoanálisis zombie (porque ya está muerto, aunque camina y pretende comernos el cerebro) le brinda a la burguesía una manera glamorosa de ocultar sus miserias, le ofrece a la burguesía una manera seudo ilustrada de justificar el individualismo más básico, le ofrece a la burguesía una manera incuestionable, por oscura y delirante, de trocar las cosas en su contrario. Veamos dos ejemplos, ambos opinando sobre Verbitsky diciendo que se vacunó sin que le correspóndiera y forzando la renuncia de Ginés González García.

La psicoanalista militante de la Izquierda lacaniana de Jorge Alemán, Nora Merlín, 19 de febrero publicó:

Favorazo de Verbisky a Larreta y Quirós. Ay lo que puede la neurosis!!

Otro psicoanalista k desplegó su elucidación del hecho como pasaje al acto:

“El acto sin sentido, llamado “Vacunatorio VIP”: En dos artículos (…) a mi entender muestran, lo que insisto en llamar un pasaje al acto no advertido. ¿Por qué ? Es un acto que no incluye su “sentido”, ni ningún otro sentido previo. (…) En su otra cara muestra lo más insoportable: un acto que tumba prestigios, carreras, ministros eficientes no fue obra de una planificación, ni siquiera de la “viveza”

Neurosis y pasaje al acto, conceptos surgidos y aplicados en la clínica, son utilizados por psicoanalistas para ocultar un acto deliberado en el marco de una interna política feroz. Esta acción, que se puede interpretar políticamente sin mayores problemas (Ginés es uno más en la lista de Vanoli, Nielsen, Raverta, Bielsa por nombrar las más notorias bajas del elenco albertista liquidados por la jefa) les resulta insoportable y elijen velarlo en beneficio de su propia ideología. Hasta aquí ella cumple, la ideología, su función de velo. Pero ellos a su vez contribuyen a ese ocultamiento aportando una explicación (en realidad dos y contrapuestas) tan forzadas como necesarias para no caer en cuenta de lo que está sucediendo ante sus ojos, para negar que se roban vacunas para vacunar a Duhalde y su familia.  Esa apuesta a interpretar sin el marco adecuado no protege al peronismo como pretenden, sino que destruye al psicoanálisis (algo que al resto de los psicoanalistas no les importa porque callan ante esto, pero les preocupan conspiraciones internacionales contra ellos)

En la segunda parte seguimos con otro paso en la destrucción del psicoanálisis para sostener las relaciones capitalistas en Argentina: el uso y abuso del otro, pero ese, es otro tema.

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3 Comentarios

  1. Me resultó muy interesante el planteo de la nota, aunque con diferencias en el análisis de la relación de fuerzas al interior del peronismo y considero que falta la explicación entorno al problema ético (sobre el llamado «vacunatorio vip» y entonces, sobre la política de la fuerza gobernante representante de un sector de clase… etc). Entiendo que se centra en las «formas políticas de utilización del lenguaje psicoanalítico» y sus efectos prácticos… Ahora sí, una cuestión que me desconcierta y creo merece una resolución práctica: El lenguaje utilizado y su organización, solo es asequible para iniciados. Cómo se conjuga con el «Grupo de Cultura Proletaria», pues este discurso no tiene posibilidades de incluirse en las prácticas culturales proletarias, o bien, las prácticas proletarias (y otros sectores sociales por debajo del rango social proletario) están muy alejadas de la posibilidad de inclusión y comprensión de este análisis…? Largo problema…

  2. MIRA NO ENTENDI NI MEDIO, VUELVO A LEER, PERO PENSE MIL VECES, ESTE TEMA…. POR QUE ES UN PROCEDER MUY RARO…….A QUIEN BENEFICIA?….. A MI ME TIENE SIN CUIDADO EL TEMA PSICOANALITICO…NUNCA ME GUSTO IR A HABLAR Y QUE ME ESCUCHEN….. PERO LO QUE VEO…. QUE POR SALVAR POLITICOS O POLITICAS. ESTAN POR METER LA IDEA DE UN CAPITALISMO PARTICIPATIVO Y SIGA PANCHO POR LA VIA… NO CAMBIA NADA….. LOS QUE MANDAN SE ARREGLAN EN LA CUSPIDE Y LOS DE ABAJO AGUANTAN O REVIENTAN

  3. CON EL MAYOR RESPETO, ENTIENDO QUE, NI EL PSICOANALISIS NI LA ETICA ,SOLUCIONAN EL PROBLEMA QUE SE ESTA PLANTEANDO EN EL SISTEMA CAPITALISTA, HASTA EN EL G20 SE ESTAN CUESTIONANDO LA SITUACION MUNDIAL ACTUAL….. ESTA FORMA DE PENSAR EN LOS POLITICOS, SE DA POR QUERER A RAJATABLA PERMANECER EN EL SISTEMA CAPITALISTA, CUANDO EN LAS CUSPIDES DEL PROPIO SISTEMA ESTAN PENSANDO EN COMO REEMPLAZARLOS . AQUI HAY UN PROBLEMA POLITICO QUE RESOLVER, O LA CLASE TRABAJADORA TOMA LAS RIENDAS O LA BURGUESIA SE ACOMODA Y PSICOANALITICAMENTE CREA UN NUEVO FACTOR DE PODER CON LOS HUMANOS QUE QUEDEN Y CON LOS NUEVOS ROBOT QUE HASTA TIENEN SENSIBILIDAD PARA ATRAER A LAS MASAS ENTRANDO EN UNA NUEVA REVOLUCION INDUSTRIAL , SIN TENER EN CUENTA EL PROBLEMA SOCIAL, CADA UNO EN SU LUGAR SIN MOLESTAR …DEPENDE DE LO QUE EL PUEBLO ELIJA….QUIZA SEA MUY MATERIALISTA….. PERO EL AMOR ES OTRA COSA

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