Ni espera, ni principios activos sin viales: ¡vacunación masiva ya! Las vacunas que necesitamos distribuir durante las próximas semanas no están en Garín ni las producirá Richmond: debemos comprarlas. La vida es nuestro derecho, las vacunas también.

en Comunicados RyR/Novedades

La producción industrial capitalista no ha cambiado sus características centrales y definitorias, pero sí ha sufrido modificaciones secundarias. Los grandes consorcios capitalistas en la rama farmacéutica se centran en la integración del proceso y la apropiación de los segmentos más rentables. La integración vertical de grandes conglomerados en una misma ubicación geográfica ha dado lugar a las cadenas globales de valor que integran segmentos altamente competitivos ubicados en geografías distantes.

La lógica de este desarrollo es una profunda integración de capitales dispares, no a través del mercado sino por encargos. A lo largo de este año hemos escuchado esa integración expuesta en los nombres de las mismas vacunas Pfizer-Biotech o AstraZeneca-Oxford son las más conocidas. Además, estas empresas contratadas por encargo (señaladas con las siglas CDO, CDMO, CRO) pueden ocuparse de tareas muy complejas, desde desarrollar los productos, realizar la producción a granel (como mAbxiencie) o fases clínicas multitudinarias en distintos países. De esta manera se coloca en acción capacidades productivas sofisticadas (y parcialmente ociosa).

No se trata de la tercerización en el sentido de derivar aquellas tareas de baja productividad como conocemos que se hace tradicionalmente: la limpieza, la seguridad, etc. Se trata de una integración de segmentos de alto valor agregado y complejidad. El “fill finish” cómo se llama al llenado de los viales, requiere no sólo de precisión sino de esterilidad y de condiciones muy controladas dado que estamos hablando de productos biológicos de moléculas altamente inestables. De la misma manera que las cadenas de frío no se resuelven con una heladera común sino, en algunos casos, en ultra refrigeradores de los que hay muy pocos disponibles en el mundo.

Frente a esta situación nos encontramos con varios problemas. El primero de ellos es la falta absoluta de seriedad y comprensión de la situación del Gobierno. Como si fueran chistes, hacen anuncios en los que va la vida de miles sin la menor precisión ni seriedad. La confianza de la población en las soluciones sanitarias racionales y científicas fue sistemáticamente socavada por la sarta de mentiras que una y otra vez emitían las autoridades. A nadie se le escapa que nos pasamos todo el 2020 escuchando sobre los sólidos acuerdos que tenía el gobierno con AstraZeneca y Pfizer para finalmente encontrarnos con que teníamos que vacunarnos con otra que nunca se había mencionado. De la misma manera entre enero y febrero las autoridades aseguraban que habría 10 millones de vacunados y en el doble de tiempo no se ha llegado a vacunar un millón, y con una sola dosis apenas a la mitad de lo prometido.

El segundo problema es minimizar la complejidad de la producción algo que el Gobierno también ha estado a la cabeza insistiendo ridículamente con logros científicos internacionales que no eran tales. Parte de la complejidad de la producción es su carácter privado y patentado. Los acuerdos que se presentaron como protagonizados por el Gobierno en realidad sólo eran la apropiación publicitaria de una fracción del proceso general que se realizaba en Argentina de manera privada y particular. Este es el caso tanto la producción del principio activo por el grupo de Hugo Sigman, como los ensayos clínicos de la vacuna Pfizer en establecimientos sanitarios del país. Ocultando, sin entender, el proceso realizado en eslabones integrados se confunde a la población al simplificar una fracción del proceso total (a cargo de un capital privado contratado por otro capital privado) como el resultado de una política de Estado.

Finalmente, el tercer problema es la negación de un vector fundamental en una epidemia: el tiempo. El laboratorio Richmond firmó acuerdos con el fondo de inversión ruso propietario de la vacuna Sputnik V para su producción en el país en acuerdo con la farmacéutica India Hetero. La India una potencia farmacéutica comparada con Argentina calcula el comienzo de la producción de la Sputnik V 5 para junio, en un proceso que se viene discutiendo públicamente desde fines del año pasado, con India Gland Pharma, Hetero Biopharma, Panacea Biot, Stelis Biopharma y Virchow Biotech destinados a la producción de 850 millones de dosis y ya tiene en producción Covishield, Covaxin y Sputnik V. En cambio, en nuestro país lo que iba a ser una inversión de 70 millones de dólares para una planta nueva en el parque industrial de Garín en un proyecto a mediano plazo pareció revertirse en un milagro instantáneo. Sin embrago la afirmación “a la brevedad” relativa a la producción local, puede ser una trampa mortal.

Los 3 problemas significan 3 mecanismos diferentes de engatusar y complicar las cosas: prometer lo que no hay, ocultar las dificultades y mentir sobre él tiempo necesario y las demoras implicadas. Tomar la elaboración del principio activo como la vacuna completa o confundir el tercer trimestre con el presente sólo sirven a la enfermedad, dado que no posee el país en este momento esa producción. Estas mismas trampas son alimentadas por el FIT-U que insiste con que “las vacunas están en Garin” y que no costaría nada envasarlas localmente. Esto no es posible en el corto plazo. La segunda ola está en pleno apogeo y necesitamos las vacunas ahora.

Por eso, la demanda inmediata tiene que ser conseguir las vacunas ya. Algo que es posible comprándolas. Las vacunas oscilan entre 2 y 10 dólares, la población argentina vale a precio de mercado 450 millones de dólares. Vacunación masiva ya es exigir al Gobierno que compre ya lo que está hecho y aplique vacunas a buen ritmo, no en cámara lenta. No que sea apropie de lo que está sin terminar, ni que espere al final del invierno para aplicar una vacuna producida en nuestro país.

A la contagiosidad y letalidad del virus se le suma la inevitable llegada del frío, la criminal política de presencialidad y circulación con la que colabora el Gobierno para aumentar las muertes, y a gran parte de la izquierda que duda entre negar la necesidad de las vacunas o agitar una expropiación inoportuna e ineficaz.

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