Imperialismo

en La Hoja Socialista 15/LHSConceptosBásicos

La palabra “imperialismo” es muy común en la izquierda. Las asociaciones vienen rápido: Irak, Afganistán, pero también grandes empresas que fijan precio a voluntad con la ayuda de sus Estados. También pensamos en guerras y en grandes imperios mundiales. Pensamos en las colonias del siglo XIX y en el reparto del mundo. Y no falta, como se ve en este mismo número, quienes lo asocian con la situación de las Islas Malvinas.

Pero muchos marxistas, entre ellos Lenin, dieron una definición mucho más abarcativa. Para Lenin, el imperialismo era la “fase superior del capitalismo”. Una fase diferenciada, con sus propias leyes, donde la competencia entre capitalistas le cedía paso al capital monopólico y financiero. Así, el mundo se dividía entre centros del poder imperialista, colonias y “semicolonias” (países con libertad política pero “no económica”). La producción de valor le entregaba su lugar a la transferencia política de “excedente” de las colonias y semicolonias a los centros. Como si eso fuera poco, había una tendencia a que parara el desarrollo de las fuerzas productivas.

Ahora, que un revolucionario de la talla de Lenin sea autor de estas ideas, no quiere decir que nosotros tenemos que tener una fe ciega en lo que dice. En primer lugar, no hay ningún estudio que demuestre que deja de funcionar la competencia. Es más, si así fuera, no habría crisis en el capitalismo, porque como demostramos en LHS nº 5, las crisis son por caída de la tasa de ganancia. Y para eso es necesaria la competencia y el consecuente desarrollo técnico en la búsqueda de aumentar la productividad, lo que hace bajar los precios. Eso además desmiente que no avanzan las fuerzas productivas.

Pero, en segundo lugar, Lenin “politiza” la economía y la vuelve tan solo un resultado de intereses económicos inmediatos de un grupo de monopolios. Así, el problema es muy simplificado y parece un cuentito antes que una explicación seria. La realidad es que las disputas políticas y militares no anulan la competencia, sino que son parte de ella. Si un estado invade a otro, es porque consiguió una acumulación suficiente para crear un ejército de un tamaño considerable.

Este punto hay que tenerlo bien presente. El imperialismo no es, como cree el grueso de la izquierda, un ente todopoderoso que maneja a gusto al resto de las economías nacionales. Ni las burguesías imperialistas tienen ese poder, ni las burguesías “coloniales” o “semicoloniales” son inocentes del destino de sus propios capitalismos. Las miserias de la Argentina, por caso, no son producto de la “opresión extranjera” o de un carácter “semicolonial” que no existe, sino de las particularidades de su capitalismo que, como ya explicamos, es agrario, chico y tardío.

Pero si no es un fenómeno económico, ni una nueva etapa del capitalismo, entre otras explicaciones, entonces… ¿qué es el Imperialismo? ¿Existe como tal? Sí. Es el programa de los capitales más concentrados a nivel mundial. Aquellos que tienen la capacidad para construir estructuras políticas que puedan disputar el liderazgo capitalista mundial. Así se puede ver en las invasiones y presiones políticas en el mundo: ellas traen la liquidación de capitales poco competitivos y la caída de las condiciones de vida económica y política de la clase obrera.

Ahora bien, los capitales chicos de esos países pueden querer defenderse. Para eso, llaman a la clase obrera a un frente antiimperialista. Para conformarlo, la primera ofrece mejores condiciones de explotación y derechos civiles y políticos. A cambio de esto, la clase obrera pone su sangre. Y suele ponerla, porque se le juegan muchas cosas, como la vida misma. Hay, entonces, cierto acuerdo de intereses. En estos casos, estamos ante una causa nacional, en la cual la vida de todas las clases locales se encuentra en peligro. Algunos, como Trotsky, advertían que hacer esto era incorrecto porque la burguesía “traicionaba” la lucha. Pero la idea de “traición” es equivocada: la burguesía no levanta en ningún momento los intereses generales de los obreros, sino los suyos propios y algunos intereses secundarios de los trabajadores. Lo interesante es que, en medio de la crisis, la clase obrera tiene la oportunidad de quedarse con todo: ya no negociar el grado de explotación, sino dejar de ser explotada. Ese es el fundamento de la organización independiente. Ese programa también existe en este tipo de disputas y para la realidad de los trabajadores conviene que se resuelva a favor de este programa y no a favor de los intereses de las patronales, por pequeñas que éstas sean. Ese programa es el Socialismo.

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