El caldo de cultivo del Coronavirus

en La Hoja Socialista 18/Novedades

Cuando observamos el mundo que recibe al coronavirus es de suponer que el virus estará contento. De alguna manera, el mundo lo recibe con los brazos abiertos. En los últimos años las reformas sociales han apuntado a golpear a los grupos más expuestos a los problemas de salud. Como ya intuirá el lector, en esos grupos estamos sobre todo los trabajadores. Veamos el asunto.

En nuestro país el gobierno ha recortado el mes pasado parte el 40% de las deudas por aportes de las pymes. Se trata de una forma de desfinanciar la seguridad social y, por tanto, nuestra salud. Esto no es nuevo, es una política de clase, de los patrones, ya sean macristas o kirchneristas, radicales o “peronistas de Perón”.

Bajo el gobierno de Néstor Kirchner, la burguesía negrera se ahorró 101 mil millones de pesos; en los dos mandatos que duró Cristina, el ahorro fue de 897 mil millones de pesos; y, durante el macrismo, fueron 2 billones de pesos. Este saqueo a nuestros bolsillos se mantiene, ya que la tasa de empleo no registrado no bajó del 34%, cifra que, estimativamente, supone casi 5 millones de obreros. Se suma a que el recorte de haberes previsionales a los jubilados y pensionados que realiza el gobierno Fernández-Fernández es de unos 5,2 mil millones de pesos (ya lo explicamos acá). Una inmensa transferencia que nos señala sin duda a quienes el capital colocó en la primera línea de fuego para cualquier enfermedad: a los trabajadores, sobre todo precarizados y pasivos.

Y esto sucede no sólo en nuestro país, porque en los últimos 50 años en todo el mundo los obreros estuvimos pagando los costos de la crisis. Veamos, por caso, el ejemplo de Estados Unidos, supuesto niño mimado del capitalismo.

Estudios recientes advirtieron sobre la grieta en el universo de los trabajadores. Por un lado, aquellos que tienen educación universitaria y, por tanto, tienden a emplearse en trabajos que pueden realizarse desde una computadora. En el polo opuesto, laburantes con un nivel educativo formal inferior, que se ubican en trabajos que requieren contacto humano y, por tanto, tienen mayores riesgos de contagio. Según estos mismos estudios:

“Muchos de los trabajos de bajos salarios disponibles son el tipo de trabajo de servicio no rutinario que no puede ser automatizado o subcontratado, cosas como limpiar una oficina, cambiar un pañal, entregar un paquete, cocinar una tortilla. Según la Oficina de Estadísticas Laborales, alrededor del 86% de los trabajadores estadounidenses están empleados en trabajos de la industria de servicios.(…) Las personas en estos trabajos no rutinarios presenciales ya enfrentan bajos salarios, pocos beneficios y horarios inciertos. Ahora, estos trabajadores se enfrentan a otro desafío. Debido a que los trabajadores en estos puestos a menudo tienen un contacto sustancial con el cliente cara a cara, se enfrentan a un riesgo elevado de exposición al coronavirus si el virus se propaga.” (Fuente: Time)

Si esto sucede en Argentina y EEUU, no es distinto en China. Allí, se estima que los trabajadores migrantes perderán 103 mil millones de euros en ingresos, como causa de la extensión del virus. De los 300 millones de chinos que viven en el campo, apenas el 30% había regresado a las fábricas para el mes de febrero.

Sin embargo el problema no se piensa ni se soluciona de la misma manera para distintas clases sociales. Mientras que a los trabajadores nos preocupa cómo resolver la caída de ingresos por las restricciones sanitarias, los burgueses se preparan para que, si el virus persiste, se puedan automatizar algunos trabajos y prescindir de más obreros. Más máquinas para hacer nuestro trabajo. Como ya explicamos en otra oportunidad, en el capitalismo la automatización no significa liberación y ocio por el ahorro del tiempo de trabajo, sino menos laburantes y más miseria.  Porque en el capitalismo las máquinas no alivianan el trabajo, que fue el sueño de la humanidad desde sus albores, sino que echan personas a la miseria.

La conclusión es muy clara: el capitalismo es el gran caldo de cultivo para la extensión de plagas, pandemias y enfermedades de todo tipo y color. Los que nos ahogamos en ese caldo somos nosotros, los laburantes.

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