Dengue en Misiones. Otra enfermedad del capitalismo

en La Hoja Socialista 18/Novedades

El dengue pasó de ser una enfermedad erradicada en la década de 1960 a ser un problema cada vez mayor. Las epidemias que se desatan alcanzan niveles cada vez más elevados. Durante el último gran brote, en marzo de 2016, cifras oficiales confirmaron más de 10.000 infectados en todo el país, de los cuales más de la mitad eran residentes de Misiones. A pesar de todo, ese año no se postergó el inicio de clases, incluso cuando el propio gobierno esperaba un pico de dengue durante semana santa. Lo que no logró el dengue lo logró el coronavirus. Lo que deja bien en claro que, en este tipo de sociedad, nuestra vida está siempre en peligro.

Al igual que el trabajo infantil en los yerbales, moneda corriente en la provincia de Misiones, el dengue no desaparece, los infectados en la provincia en junio de 2019 ascendieron a 200, un 30% más que en 2018. A pesar de que los casos crecían, a fines de enero 2020, Oscar Alarcón Ministro de Salud descartaba la posibilidad de una epidemia. En ese momento Alarcón señaló que con un total de 21 casos confirmados «es bastante favorable para esta época del año, demostrando que el trabajo que se realizó está dando sus frutos».

No duró mucho el optimismo de Alarcón.Dos semanas después el Consejo Deliberante de Oberá declaró la Alerta Sanitaria, en el marco de una fuerte presión por los propios vecinos de la ciudad. Es que venían denunciaron públicamente la falta de reactivos y de diagnósticos reales. Poco tiempo después el Director de Epidemiología de Salud Pública, Jorge Gutiérrez, reconocía: “Vamos a tener dengue, no vamos a zafar”. Toda una confesión de la incapacidad del gobierno de contener el avance de la epidemia. Así, actualmente se registran 2 muertes, 200 casos confirmados y 5.200 casos sospechosos.

¿En qué condiciones “brota” el dengue? El mosquito que transmite la enfermedad prolifera debido a las precarias condiciones de vivienda de la clase obrera misionera: el déficit habitacional en la provincia alcanza al 44% de los hogares, el 28% de los mismos no tiene acceso a agua de red pública y solo el 19% cuenta con acceso a red cloacal. Sin cambiar estructuralmente las condiciones de vida de la población obrera no se puede erradicar al mosquito.

Eso no es todo. Cuando se enferma, la gente va a parar a un saturado y vaciado sistema de salud. Por ejemplo, en el Instituto de Previsión Social –donde se atienden docentes y estatales- no hay reactivos y un laboratorio cobra al menos $2000 por el estudio. Es decir, los docentes y otros estatales tienen que pagar $2000 para llegar a un diagnóstico.

En hospitales, la cosa no mejora, el análisis se hace de forma arbitraria, justamente para mantener baja la cifra oficial de casos confirmados. Así las cosas, un paciente puede tener dengue y no llegar nunca a saberlo. Generalmente, cuando alguien presenta los síntomas lo diagnostican como “caso posible” y lo mandan a su casa a reposar, tomar agua y, como mucho, paracetamol. En este cuadro de situación la amenaza de Coronavirus solo empeora la situación (cifras oficiales notifican 125 pacientes aislados preventivamente).

Para el gobierno, el problema central es la “conciencia ciudadana”, es decir, al mosquito lo combatimos entre todo. Sin embargo, el problema no es el mosquito sino la sociedad en que vivimos. Una sociedad que expone al grueso de su población a precarias condiciones de vida, caldo de cultivo para la proliferación de cualquier enfermedad y dónde los recursos médicos destinados a la atención de esa población son deteriorados sistemáticamente.

Los patrones priorizan sus ganancias. Nosotros, sobramos. Si los millones que la burguesía misionera junta en pala gracias al turismo, la industria forestal, el té y yerba-mate se destinaran a las necesidades de la clase obrera misionera, podríamos vivir sin enfermarnos y ser atendidos por un sistema de salud acorde a nuestras necesidades. No moriríamos por dengue y además podríamos atender una serie de problemas postergados. Es momento de pensar otro tipo de sociedad, basada en las necesidades humanas. Es eso o seguir como hasta ahora, cortando clavos, con la esperanza de que el dengue no nos alcance.

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