Coronavirus: las medidas del gobierno y la crisis económica

en La Hoja Socialista 18/Novedades

El coronavirus no hizo otra cosa que profundizar la crisis mundial. Con el crecimiento chino, se había contrarrestado la caída la ganancia capitalista. Ocurría que China tenía millones de chinos para explotar. Sin embargo, comenzó a encontrarse con el mismo límite que tuvieron Corea o Japón: esa población se va agotando poco a poco. Así, su economía se va estancando y el gobierno chino busca patear la crisis para adelante con endeudamiento interno y burbujas como la inmobiliaria. Sin nadie que reemplace a China pronto, reaparece el fantasma de la depresión económica.

El mundo entonces empieza a tomar medidas proteccionistas y de estímulo fiscal. Algunos gobiernos –como Merkel en Alemania o Macron en Francia- abandonan la austeridad. Sin embargo, en este contexto de crisis y recesión, el dinero se va a volcar al atesoramiento y no a la inversión. Si este escenario se cumple, aquellos que minimizaron la situación van a ser rechazados: será el caso de Trump, Johnson, o Bolsonaro. Pero además, los capitalistas de todo el mundo van a presionar para recuperar sus ganancias, atacando las condiciones de vida de los trabajadores.

Argentina no es la excepción. Con la emergencia sanitaria, el gobierno dispuso varias medidas para salvar capitales: ayuda a los sectores más afectados, eximición del pago de aportes patronales, refuerzo del seguro de desempleo, reactivación del plan Procrear y del Ahora12 (sobre todo, para productos de Pymes), créditos baratos a pequeñas empresas, alimenticias, empresas de insumos de limpieza y médicos, inversiones en obras públicas, entre otros. También estableció un programa de precios máximos por 30 días para insumos fundamentales. Finalmente, se espera que haya reintegros de impuestos para el sector exportador.

A la clase obrera más empobrecida y precarizada, en cambio, intentó compensarla con bonos de emergencia insuficientes y aprovisionamiento de los comedores. Mientras tanto, para buena parte de la clase obrera no queda más que ir a trabajar. Varios no tienen otra opción y tienen que salir a buscar el mango para sobrevivir, exponiéndose al virus y a ser detenidos. Otros son “exceptuados” por producir algo “esencial”. Eso sí, numerosas empresas que no lo hacen –como Pepsico, Felfort o Mondelez, que producen snacks y golosinas – consiguieron el apoyo del gobierno para seguir funcionando. La UIA, por su parte, consiguió varias compensaciones: prórrogas para el pago de impuestos, rebaja de aportes, subsidio para el pago de salarios, financiamiento blando y, sobre todo, suspensión de paritarias.

¿De cuánta plata estamos hablando? De unos 600 mil millones de pesos, un 2% del PBI, plata que alcanzaría para patear dos meses. Con estas medidas -que ya habían tomado los K, aunque con más recursos a disposición-, el gobierno parece aprovechar la crisis. Por un lado, salva a los capitales. Por el otro, se puede despegar del asunto del pago de la deuda y el FMI.

Si controla la situación, Alberto se gana su espacio propio, despegándose de Cristina. El FMI incluso parece responder favorablemente: recomendó a los acreedores que hicieran una quita sustantiva y dieran plazos más amplios para Argentina. El Banco Mundial ya dispuso de un préstamo de U$S 300 millones para gastos sociales. Contra todo pronóstico, la crisis del Coronavirus le dará pronto al gobierno el chivo expiatorio para ajustar mientras rescata al capital.

Pero la salida –financiada con emisión, es decir, dándole a la máquina de imprimir billetes- se va a chocar con la inflación en un mediano plazo. Las tarifas y el dólar están atrasados. La depresión del comercio mundial y la falta de divisas presionan. Para colmo, el precio del petróleo crudo se desplomó en un  50% y Vaca Muerta –producción no convencional- lo lamenta más que nadie. Pronto va a reclamar más subsidios, presionando aún más el déficit fiscal. En este marco, la magnitud de una posible explosión inflacionaria va a estar atada a la profundidad de la recesión, que se ve en la caída del PBI.

Sin dólares del campo o deuda, el gobierno debería ir a un default y una devaluación. Con eso, podría ajustar de forma brutal la economía, deprimiendo los salarios, saneando la economía e imponiendo nuevas condiciones de vida a la baja. Total, ahora se le puede echar la culpa no solo a Mauricio, sino también al virus. Con un país parado al igual que el mundo, al gobierno le conviene echar recursos al mercado, y hacer explotar la crisis ahora. En este posible escenario, descargando un ajuste en toda la regla, podrían hasta renegociar los pagos y presentarse como los que contuvieron la crisis, aunque en los hechos, se la hayan hecho pagar a la clase obrera.

Contra estas salidas, debemos poner de pie organizaciones obreras que propongan y avancen en la reorganización de la vida social: el Socialismo.

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