Bolivia: ningún retorno al orden. Por una perspectiva socialista para la insurrección boliviana

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Finalmente llegó a su fin. El “modelo exitoso” de Evo estalló por los aires semanas después de que el «modelo liberal» de Chile, el «Socialismo Siglo XXI» y «la continuidad con cambio» de Ecuador vivan experiencias similares. El entrecomillado, es porque el modelo boliviano escondía en realidad una precarización generalizada de la vida. El grueso de los recursos boliviano provienen de la renta gasífera a través de la exportación de hidrocarburos y de minerales, que representan más del 70% de las exportaciones del país. Hasta el 2014, esto le permitió a Bolivia tener superávit comercial, pero a partir de esa fecha la balanza comercial entró en déficit, alcanzado los 900 millones de dólares en 2016, aunque para el 2018 ese número se redujo a 475 millones. Por eso, el PBI pasó de crecer 6 punto en 2013 a crecer 5 en 2014, 4,8 en 2015, 4,2 en 2016, 4,1 en 2017, y 4,2 en 2018, con un pronóstico de menos de 4 puntos para este año. Es decir, redujo su índice de crecimiento en casi un tercio. Las reservas pasaron 15.084 millones de dólares en 2014 a 7.976 al 31 de agosto del 2019, mientras que aumentó la deuda de 15,9% del PBI en 2011 al 24,5% en junio del 2019. O sea, Evo se comió la mitad de las reservas en 5 años aumentó la deuda en un 60% en 8 años La pobreza, si bien es cierto que se redujo, se mantiene muy alta, hoy es del 51%, esconde un pequeño detalle. El salario mínimo real creció 2,6% por año entre 2006 y 2015, mientras que el salario medio solo creció 0,5%. El trabajo precario, se mantuvo entre el 65 y el 70% desde el 2006, sector principalmente dedicado al comercio y la construcción informal, que quedan por fuera de dichos aumentos. Un ejemplo de esta situación es que 14 mil maestros no se jubilaron este año debido a la baja jubilación que percibirían.

¿Cómo consiguió Evo reducir la pobreza entonces? De dos formas. Una, a través del aumento de la asistencia social directa que pasó de representar el 24% del gasto social, a representar el 38%, alcanzando casi el 40% de la población. Es decir, no creo empleo genuino ni puso a esa población en una relación laboral estable. La segunda forma, fue mediante la emigración, que creció un 130% desde la década del ´90, y un 47% entre la primer década del siglo XXI y la segunda. Las remesas pasaron de ser de 357 dólares por migrante a 2.724 en esta última década, y pasó de representar el 0,4% del PBI al 4,7%. Esto representa que 400 mil personas, legales, viven fuera de Bolivia, mientras que sus remesas benefician a 728 mil personas que viven aún en el país, y dichas remesas representan 2 salarios mínimo. Es decir, el 10% de la población vive de un mecanismo externo a la economía boliviana. El modelo boliviano no era ningún modelo exitoso, sino que se basó en el expulsión de población, precarización laboral y asistencia social, mientras la renta lo permitió.

¿Cómo llegamos a esta situación? Vamos a recordar, una vez más, los hechos. En 2016 se produce un referendo consultivo para aprobar una nueva reelección de Evo Morales. Casi 3 millones de obreros, 53% del total, votaron en contra de la reelección, ya sea votando por el NO, en blanco o en nulo. Evo, apeló a la Justicia para conseguir, mediante un artilugio constitucional, la posibilidad de presentarse aduciendo que con la reforma de la Constitución solo había tenido un solo mandato, por lo cual podía presentarse a uno nuevo sin realizar modificaciones constitucionales. Luego de ese hecho, la clase obrera castigó al régimen en las elecciones judiciales del 2017, donde casi el 60% de los votos fueron nulos o inválidos. Para las elecciones realizadas el 20 de octubre de este año, Evo pasó de promediar 60% de votos en las últimas elecciones, a quedar por debajo del 50%. Todo esto a su vez en un marco de fraude, desaparición de actas, el cese de carga de datos durante casi un día, y la renuncia del Vicepresidente del Tribunal Electoral de Bolivia por desacuerdos con el conteo de votos. Es decir, primero,Evo no debería haberse presentado. Segundo, Evo fue rechazado por la clase obrera en dos elecciones anteriores a esta última. Tercero, se presentó y tuvo que apelar al fraude para mantenerse en el poder, algo que los que hablan de golpe de Estado deberían tomar nota.

Con el resultado de las elecciones, la oposición convocó a movilizaciones, y creció la figura del líder del Comité Cívico de Santa Cruz, Luis Camacho (abogado y empresario del grupo de inversiones VIDA) que convoca a una huelga a partir del día 23 de octubre. El conflicto se nacionaliza, estallan levantamientos en antiguos bastiones del masismo como Potosí, Cochabamba, o La Paz. Entre el viernes 8 y el sábado 9 de noviembre, se amotinan los policías de todo Bolivia, excepto Pando y La Paz, aunque en esta última los miembros uniformados que custodiaban recintos oficiales se retiran de sus guardias. El sábado, Evo amenaza con utilizar las Fuerzas Armadas para apaciguar la situación, aunque horas más tarde el comandante en jefe de las FF.AA, Williams Kaliman, anunció que “nunca nos enfrentaremos contra el pueblo”, en clara respuesta al planteo represivo de Evo. Finalmente, el domingo 10, por la mañana Evo anuncia que convoca a nuevas elecciones, con un nuevo Tribunal Electoral, en las que incluso invita a participar a nuevos actores sociales, en referencia a Camacho. Casi al unísono, la misión de la OEA identificó que en el escrutinio se habían desviado datos a servidores externos, irregularidades en la confección de las actas, que van desde errores en el llenado hasta actas incendiadas, y finalmente errores en la cadena de custodia de las mismas. Horas más tarde, las Fuerzas Armadas y la policía le exigen la renuncia a Evo Morales como forma de apaciguar el país, algo que también haría la COB. La burocracia sindical, demostró ser más lúcida que la izquierda, ya que planteo que había una lucha entre compañeros de clase y que el “pueblo” le estaba pidiendo a Morales la renuncia. Finalmente, Evo junto a García Linera y Adriana Salvatierra, presidenta masista del Senado, renunciaron a sus cargos. Por estas horas, pesa una orden de detención sobre Evo Morales y se baraja la posibilidad de una salida a México como exiliado político.

Evo Morales cae entonces en un contexto de una insurrección popular, no de un golpe de Estado. Las FF.AA. se limitaron a negarse a continuar la represión que la policía ya no quería mantener. Evo Morales no se convirtió en un Maduro porque no pudo, no porque no quiso. El rol protagónico lo tuvo la intervención de las masas que superó, y por mucho, la zona de influencia de la burguesía cruceña. Los mineros de Potosí se movilizaron hacia La Paz para exigir la renuncia de Evo Morales, y fueron agredidos por militantes masistas en el camino. En La Paz, bastión obrero, también se produjeron movilizaciones contrarias a Evo Morales. Allí se movilizaron médicos del sector público, que incluso sufrieron una represión por parte de grupos ligados al MAS dejando a un herido de gravedad. En Cochabamba, trabajadores transportistas y de la Federación de Trabajadores Fabriles de del mismo departamento convocaron a movilizaciones exigiendo nuevas elecciones. En Santa Cruz, incluso, se movilizaron docentes y médicos, y uno de los muertos de allí participaba de una marcha de trabajadores transportistas. Evo no pudo derrotar ese movimiento, y terminó perdiendo el apoyo de las centrales obreras. Morales no se fue sin pelear antes, desatando una represión estatal y paraestatal que dejó seis muertos y 400 heridos. Constitucionalmente, correspondería llamar a elecciones en 90 días, aunque por el momento, Bolivia se encuentra ante un vacío de poder.

La movilización obrera contra Evo Morales, tampoco es nueva. En Bolivia se han producido movilizaciones obreras durante los últimos cinco años: docentes y trabajadores de la salud por salario y condiciones laborales, obreros de la construcción contra despidos, una enorme lucha contra la expulsión de trabajadores de la Empresa Pública Nacional Textil, que obligó a la COB a convocar a una huelga general en 2016 desatando una represión con 10 heridos y más de 150 detenidos en Cochabamba, protestas de estudiantes y médicos en 2017 contra el aumento de la jornada laboral y la búsqueda por aumentar la responsabilidad penal de los profesionales de la salud, siendo reprimidos por la policía. En 2017, la COB enfrentó en las calles la búsqueda por limitar el derecho a huelga de los trabajadores de la salud impulsada por la defensoría del pueblo. Sin ir más lejos, en septiembre de este año, maestros y trabajadores de la salud reclamaron por las condiciones laborales, iniciando incluso huelga de hambre. A esto habría que sumarle la violenta represión en el TIPNIS en el año 2011 y la represión del gasolinazo en el 2010. Se entiende el poco empeño de la COB por defender a Evo Morales durante los 20 días de protestas para terminar pidiéndole la renuncia el último domingo. Se entiende también, porque el grueso de los sectores que protegen a Evo en Cochabamba son los productores cocacoleros.

El troskismo argentino, junto al progresismo, han convocado a movilizar para repudiar el golpe, o sea, exigir la represión del movimiento y reponer a Evo. El Comité Ejecutivo del Partido Obrero “oficial” emitió un comunicado sosteniendo que se trataba de un golpe de Estado, apoyado por el imperialismo yankee y el Grupo de Lima, para “asestarle un revés a las movilizaciones y rebeliones que protagonizan los pueblos latinoamericanos contra los planes de austeridad de los distintos gobiernos”. Olvidan, que dicha tarea la estaba comenzando Evo, la llevó adelante también Correa, y la está realizando Maduro, tres gobierno a los que el PO se niega a denunciar. Respecto a la renuncia de Evo Morales, la ve como una “capitulación” porque “prefirió renunciar en vez de apelar a la movilización de las masas obreras y campesinas, porque eso amenazaba los intereses capitalistas para los cuales el propio Evo gobernó a lo largo de sus sucesivos mandatos”. Sesenta años de historia para solo balancear que Evo es un cobarde. Por eso, como Evo “no luchó”, el PO convoca a luchar por él para que “derrotar el golpe en Bolivia y por el triunfo de las rebeliones populares en Chile, Ecuador y en todo el continente”. O sea, en un mismo renglón, llama al triunfo del mismo proceso, la acción directa de las masas contra el régimen, en un país (Chile y Ecuador) y a su derrota en otro (Bolivia).

La Tendencia, a través de Jorge Altamira, también habló de una capitulación de Evo, quien no quiso movilizar a sus “bastiones” campesinos e indígenas en centros urbanos. Más allá de la imposibilidad de que existan indígenas y campesinos urbanos, Altamira y la Tendencia desconocen el descenso electoral de Evo Morales aún en estas elecciones, la derrota en el referendo, y que los trabajadores urbanos y hasta la propia COB le pidieron su renuncia. El apoyo de Altamira a Evo va más allá que la del PO “oficial” porque plantea que su capitulación cancela que él mismo pueda volver a presentarse a elecciones, siendo más explícito en su defensa.

El PO oficial y la Tendencia proponen prácticamente lo mismo: que la clase obrera se movilice, pero para pedir la vuelta de Evo. En los hechos, no está pidiendo soviets, sino la formación de grupos paramilitares en defensa del gobierno saliente. Se podrá decir que los soviets en febrero eran organismos de doble poder que apoyaban a Kerensky. Sí, pero habían surgido de una revolución contra el gobierno anterior y amenazaban a quien lo sucedió, que solo obtenía ese apoyo popular por un quid pro quo. Es decir, eran elementos insurreccionales que tomaban los problemas en sus manos, no grupos que perseguían a los huelguistas para devolver el poder al Estado.

El PTS, en una nota de muy poco contenido, llamó a rechazar el golpe de la derecha, la policía y las FF.AA. Es decir, para el PTS ni siquiera es necesario explicar el apoyo, ya que es algo que debe darse casi por obvio. Curiosamente destaca que «Alberto Fernández, luego de hablar con Macri telefónicamente, publicó una serie de tuits donde aseguró que ‘en Bolivia se ha consumado un golpe de Estado producto del accionar conjunto de civiles violentos, el personal policial autoacuartelado y la pasividad del ejército». O sea, lo reivindica. ¿Será un guiño para un futuro no tan distante?

Izquierda Socialista planteó que “siempre hemos denunciado que el gobierno de Evo Morales, tras un discurso de falso socialismo, en realidad siempre benefició a las grandes multinacionales y los empresarios bolivianos. Esto es lo que generó el gran descontento del pueblo boliviano y lo que facilitó el golpe de la derecha y los militares. Pese a las diferencias que tenemos con Morales y su gobierno, no avalamos el golpe y llamamos a los trabajadores y la juventud de Argentina y Latinoamérica a repudiar el accionar de la derecha y los militares sumándonos a todas las acciones en solidaridad con el pueblo boliviano”.

Es decir, reconoce que la “derecha” se monta sobre el descontento obrero, o sea que reconoce el carácter obrero de las movilizaciones, pero en vez de llamar a su triunfo llama a su derrota. Muchas vueltas para terminar llamando a apoyar a Morales. El MST y el MAS propusieron Asamblea Constituyente como salida, mostrando que tienen un profundo desconocimiento de lo que está pasando. Lo del MAS fue curioso porque plantearon que “Rechazamos la renuncia de Evo Morales y Linera. Al golpismo se lo enfrenta luchando en las calles, organizándose y tomando los centros de trabajo”. Es decir, fue el más explícito en su apoyo a Evo planteando abiertamente que tiene que continuar en el gobierno. Todos los partidos trotskistas, confluyeron en una movilización junto con el kirchnerismo y en una marcha a la embajada boliviana este lunes. Siguen con el frente K, con los que ahora van a tomar a su cargo el gobierno nacional. Hacen una marcha para apoyar un burgués, pero se niegan a marchar por los trabajadores venezolanos.

La izquierda en Argentina pide que cada uno se vaya a sus casas o que se movilicen, pero para que vuelva Evo. En definitiva, todo el arco de izquierda se alineó en el frente con Alberto Fernández, Lula y el Grupo de Puebla,al que se suma gente del PRO, como Daniel Lipovetsky. O sea, en el campo burgués.

Lejos de una derrota, la clase obrera muestra que ha comenzado a tomar la ofensiva y corresponde ponerse al frente. En lugar de llamar a los compañeros a irse a sus casas, a movilizarse para pedir la vuelta de Evo o llamar a las FF.AA. a que repriman hay que impulsar el proceso, desarrollar mecanismos de poder de la clase obrera y disputar su dirección. No hay que consentir ninguna salida electoral. Gane quien gane, se enfrentará con las masas en las calles, por lo cual no estamos ante un triunfo de la burguesía, sino frente ante una incipiente ruptura de la clase obrera con el régimen. Asuma Camacho, Mesa, o algún nuevo personal político masista, tendrán que llevar adelante la represión del movimiento obrero, tarea que Evo quiso y no pudo llevar adelante. Está claro Camacho expresa un componente racista y xenófobo, totalmente despreciable. De llegar al poder, no escatimará en las intenciones por reprimir a la clase obrera. Por ese motivo, es necesario que la clase obrera se organice en asambleas barriales, en fábricas, en zonas rurales, con fines de organizar una Asamblea Nacional de Trabajadores para discutir una salida clasista a la crisis. Solo de esa forma se puede poner en pie un organismo de doble poder que le dispute la hegemonía a la burguesía. La mayoría de la izquierda latinoamericana se ha adaptado al nacionalismo y se transformó en una pieza más de una de las alianzas burguesas del continente. Esos partidos son ya un instrumento inútil, adocenado. Hay que poner en pie una nueva izquierda socialista y revolucionaria. Porque la clase obrera ha demostrado estar de pie.

¡Fuera Evo, Camacho y Mesa!
¡Por una ANT en Bolivia!
¡Por el triunfo de la insurrección obrera en Bolivia!¡Que se vayan todos en América Latina!
¡Por un Congreso de la nueva izquierda revolucionaria en América Latina!

Razón y Revolución

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