La excepción que confirma la regla – Marina Kabat y Blas Costes

villa_manuelitaHuelga y movilización en Rosario, septiembre de 1955

Un hecho no estudiado hasta ahora: las manifestaciones obreras de Rosario contra el golpe del 55 y su feroz represión. El caso excepcional de Rosario se explica por la existencia de un núcleo organizado que prepara la resistencia y la aquiescencia inicial de las fuerzas del orden, que eran peronistas a nivel local.

Por Marina Kabat y Blas Costes[1] (GIHCO-CEICS)

El 16 de septiembre se cumplen sesenta años del golpe militar que derrocó al gobierno de Perón, autodenominado Revolución Libertadora. Aquí presentamos el análisis de un hecho no estudiado hasta ahora: las manifestaciones obreras de Rosario contra el golpe y su feroz represión.

¿Por qué no hubo una resistencia obrera generalizada contra el golpe del 55?

Una de las preguntas recurrentes de la historia argentina es por qué, en 1955, los obreros no defendieron a Perón. Se han dado muchas respuestas, en general, poco satisfactorias: una, que los obreros obedecieron los deseos de Perón, cuya renuncia los desmovilizó. Sin embargo, Perón, tras ser apresado en 1945, pidió su retiro del ejército y solo aspiraba a mudarse al sur y casarse con una Eva Duarte que nunca hubiera llegado a transformarse en Evita. Sin la reacción de los gremios que dio lugar al 17 de octubre, ese hubiera sido su destino. ¿Por qué un movimiento similar no ocurrió en el 55?

Otra respuesta, al gusto de Gino Germani y Milcíades Peña, es que Perón había domesticado tanto al movimiento obrero que éste resultó incapaz de actuar por sí mismo. Este argumento cae cuando se observan las luchas obreras de los últimos años del peronismo, donde la clase obrera manifiesta iniciativa y capacidad para enfrentarse al régimen. Nuestra tesis es otra: hacia 1955 Perón había perdido el apoyo activo de gran parte de la clase obrera. Su represión a distintos sectores, entre ellos, a los obreros tucumanos que habían tenido un rol importante en octubre de 1945, el retroceso del nivel de vida respecto al alcanzado en los primeros años de su mandato y la ofensiva burguesa contra las condiciones laborales en sintonía con los objetivos del segundo plan quinquenal, son algunos de los factores que contribuyen a ello. Es cierto que, pese a todo, en las elecciones del 54 el peronismo mantiene su caudal electoral. Pero una cosa es votar por alguien y otra muy diferente es salir a defenderlo en la calle frente a un ataque militar. Este tipo de respuesta solo ocurrirá en Rosario y Villa Constitución ante circunstancias más favorables que en otras ciudades.

Historiadores filo peronistas, como Beba Balvé, desconocen el problema, pues creen que sí hubo una resistencia obrera inmediata a la Revolución libertadora, y citan como ejemplo el caso de Rosario y especulan con la posibilidad de que hechos similares se hubieran reproducido en otras ciudades del interior. Para Balvé, la movilización de Rosario de 1955 asume características de una insurrección que no es derrotada. Su narración de los hechos roza lo mitológico: obreros montando a caballo, con el torso desnudo y sus camisas atadas en palos, cual lanzas, se dirigen al centro; llevan bidones de nafta y queman todo a su paso. También relata cómo son reprimidos por tanques y ametralladoras en el Parque Independencia. Indica conocer el hecho por testimonios y por algunos diarios locales, pero en otro reproduce una descripción, sin precisar la fuente y dejando entrever conocimiento directo. En un tercer artículo Balvé habla de 400 muertos obreros sin precisar la fuente y sostiene que el enfrentamiento dura 7 días y se produce inmediatamente tras el inicio del golpe, el 16 de septiembre.[2]

Nosotros estudiamos los sucesos de Rosario en forma sistemática, de los que hasta ahora se conocían solo testimonios fragmentarios y algunas noticias publicadas en el extranjero en el New York Times, citadas al pasar por el historiador Daniel James. Hemos relevado los diarios locales (Democracia, La acción, La Tribuna, La Capital), así como el New York Times, cotejando esta información con los distintos testimonios disponibles. Además, para ver si el caso de Rosario se repite en otros lugares hemos relevado periódicos nacionales y otros de las principales ciudades del interior. De esta manera, nuestra investigación ha permitido sacar de la categoría de mito los hechos de Rosario de 1955 y precisar también sus características, entre ellas su aislamiento respecto a lo que ocurre en el resto del país.

Rosario: el septiembre que quiso ser un nuevo octubre

Según Juan M. Vigo, ya antes del golpe distintos dirigentes querían preparar en Rosario la resistencia. Por ello, él junto con Eduardo Artesano (ambos dirigentes provenientes del PC cercanos al peronismo) se entrevista con el Secretario gremial de la presidencia, para solicitar 300 ametralladoras “a fin de reforzar el armamento que, según se decía, estaba en poder de los obreros rosarinos”.[3] Estas armas se la habrían dado a los obreros, en el intento golpista de junio, suboficiales de la fábrica militar de armas portátiles de Capitán Bermúdez. Pero en Casa Rosada, ahora, se les dice que la situación estaba controlada y la comitiva regresa a su provincia sin las armas requeridas. Vigo pasa unos días en Rosario, pero el 19 de septiembre se dirige a su casa en Santa Fe. Por lo tanto, el principal testimonio citado para referir a la movilización de los obreros de Rosario, no estuvo en esa ciudad durante la protesta. Su relato se basa en los sucesos que su compañero, Astesano, le contó posteriormente.

Al iniciarse el golpe contra Perón, el 16 de septiembre, en Rosario el Partido Justicialista prepara una concentración para el sábado 17. Pero esta se levanta al declararse el estado de sitio, lo que demuestra que efectivamente las medidas tomadas desde arriba estaban dirigidas a desmovilizar a la clase obrera. Los días que siguen encuentran a una ciudad de Rosario que, según rezan los diarios consultados, está en calma y con total acatamiento del estado de sitio.

El día 19 vuelven las actividades sindicales puertas adentro y sale un comunicado de la C.G.T contra los levantamientos de parte de las fuerzas armadas, agradeciendo a sus afiliados por la predisposición para la lucha contra los sublevados militares. El jefe de policía de Rosario niega que se hayan sublevado los militares en la ciudad y comunica que en la misma “reina la calma”. Mientras ocurren estos hechos en Rosario, en la capital del país Perón renunciaba a su mandato, información que llegaría a la ciudad portuaria recién el día 20, en el que se dan una serie de marchas en apoyo a la Libertadora. El diario La capital habla de una ciudad tranquila y da cuenta de reuniones sindicales que informan acatamiento al estado de sitio.

A partir del 21 de septiembre Rosario se encuentra en estado de agitación. A nivel nacional asume Lonardi y Santa Fe queda a cargo del General Enrique Lugand. Continúan en el centro las marchas en apoyo a la Libertadora. El jueves 22 de septiembre por la noche comienzan las acciones por parte de los trabajadores que habitan la periferia, hecho que coincide con el ingreso a la ciudad del Regimiento 11. Los diarios rosarinos informan que grupos de manifestantes en la periferia (zona sur y zona norte) buscaban llegar al centro. Los obreros son amedrentados por los militares, quienes amenazaron con tanques y camiones para “calmar” a los agitadores.

El viernes 23, desde la mañana, se concentran numerosos manifestantes que repudian la Libertadora. Estos se encuentran en la periferia; el diario La capital resalta la zona sur, mientras La acción habla también de la norte. Tribuna dirá que esta última estuvo “controlada” por los manifestantes peronistas. Los distintos grupos que buscan llegar al centro son reprimidos por las fuerzas militares, que logran establecer “el orden’’ a través de gases lacrimógenos y apertura de fuego sobre los manifestantes. Como saldo, La capital cuenta 25 muertos y 55 heridos; La acción coincide en el número de heridos, pero solo contabiliza 15 muertos.[4] El viernes se ve paralizada la actividad laboral en casi todas las ramas (industria, comercio, administración pública). Según el New York Times, a las 4 de la tarde hubo reportes de serios conflictos en los que peronistas armados volcaron autos en la calle y pintaron consignas, montando barricadas alrededor de las calles del Parque Independencia. Según la misma fuente, se movilizaron tanques controlar la situación.[5]

El sábado 24, según La capital, vuelven a salir manifestantes desde la periferia hacia el centro, en apoyo a Perón. Solo un grupo logra llegar, pero se le corta el paso y es reprimido. El diario da cuenta de 3 muertos y 11 heridos. Según La acción el número de muertos del sábado superaría al del viernes. En la zona norte, en el barrio Lisandro de la Torre, formado en su mayoría por trabajadores del ferrocarril, del agua y la electricidad, políticos peronistas se reúnen con vecinos y organizan manifestaciones hacia el centro. Según la descripción del diario, políticos del gobierno depuesto “se lanzaron a agitar a la barriada para lanzarlos en manifestaciones hacia el centro de la ciudad”.[6] En el operativo represivo se allanan y toman dos unidades básicas peronistas correspondientes al barrio Alberdi, una de ellas cercana a los talleres ferroviarios. Los manifestantes se vuelven a reunir en la zona norte el mismo sábado al mediodía, siendo otra vez amedrentados por los militares. En la zona de Barrio Parque (lindante con Parque Independencia), un grupo de personas busca levantar las vías del ferrocarril, recibiendo la misma respuesta por parte de los golpistas. Durante todo el día se van a repetir acciones similares, todas con el mismo resultado.

Los militares refuerzan tropas, se hacen nidos de ametralladoras en varios puntos de la ciudad y se movilizan dotaciones de infantería. Se utiliza la Sociedad Rural (cercana a la zona de Parque Independencia donde se habían reportado barricadas e intentos de levantamiento de vías) como lugar de concentración militar. Los aviones del ejército sobrevuelan desde el mediodía la ciudad con orden de abrir fuego. El diario La capital da cuenta de ataques aéreos para “calmar” a los manifestantes. No hubo ni trenes, ni colectivos el día sábado. En las emisoras de radio locales un desfile de líderes sindicales se dirige a sus bases pidiendo el retorno al trabajo. La Unión Ferroviaria y la Unión Tranviarios Automotor piden a sus afiliados que regresen a sus obligaciones. En el sindicato de metalúrgicos, el dirigente Jesús Lobato llama a la cordura.

Esta información concuerda con la que aparece en el New York Times que señala la existencia de serias luchas callejeras en Rosario. Un chequeo incompleto de registros hospitalarios daría un saldo de 15 muertos y más de 50 heridos de gravedad. Se envió el Cuarto Regimiento de Caseros para reprimir. Militares ocuparon locales peronistas desalojando de allí a alborotadores tras desarmarlos (imaginamos que se refiere a los locales allanados en el Barrio de Alberdi, según la crónica del diario La acción). Desde la una de la tarde aviones empezaron a patrullar Rosario en forma constante, con la orden de disparar contra cualquier manifestación. En el gran taller ferroviario de la ciudad hubo un paro no declarado al que luego se sumaron los obreros de frigoríficos y los molineros. Las tropas mantenían el control del centro, pero en los suburbios los trenes que llegaban desde Buenos Aires eran detenidos y se les separaba la locomotora. Lugand, a cargo del ejército, ordenó disparar a todo el que estuviera en la calle después de las 8 de la noche. Patrullas motorizadas con tanques recorrían la ciudad. Más tarde Lugand modificó la amenaza, al informar que todo grupo de más de dos personas seria inmediatamente detenido. [7]

El domingo 25 se mantiene la represión por tierra y por aire, pero ahora parece contenerse a la población en sus barrios. Las manifestaciones que intentan llegar al centro controlado por las fuerzas militares son repelidas de forma extremadamente violenta. A la mañana son atacados tranvías. Las fuerzas represivas informan que hay tiradores emboscados en algunos edificios. Llegan a Rosario el ministro del Ejército, General Bengoa, con altos jefes militares, quienes se contactan con el comando del 1er cuerpo de ejército y guarnición de Rosario y también con miembros de la delegación de la central obrera de esta ciudad. Después de deliberar junto a estos representantes del poder, la C.G.T comunica que compromete todos sus esfuerzos para que sus dirigentes sean respetados por todos los trabajadores de los gremios. La C.G.T pone en claro, también, que ningún miembro de la comisión directiva, ni sus delegados han dispuesto el paro. El plenario llevado adelante por la central obrera resuelve, entre otras cosas, que los trabajadores vuelvan a sus tareas y que se libere a los obreros detenidos. En consonancia la Unión Ferroviaria y Unión Tranviarios Automotor piden a sus afiliados que retornen al trabajo, mientras que la Unión de Obreros Metalúrgicos, a través de su dirigente Jesús Lobato, llama a la cordura a sus trabajadores.

El lunes 26 se declara zona militar a Villa Constitución, ciudad que dista 57 kilómetros de Rosario. La medida es repudiada por parte de los obreros, quienes deciden llevar adelante actos callejeros. Desde el día del golpe los obreros de Villa Constitución realizaban un paro. El diario La capital explica la situación a partir del rechazo por parte de los trabajadores de volver a sus labores. El martes 27, los diarios afirman que hay calma completa. El toque de queda fue levantado en todo el país, excepto en Rosario y se normaliza la actividad en Villa Constitución.

¿Dónde están, quiénes son los muchachos de Perón?

“Rosario pasó a ser una especie de Capital política del peronismo. Por muchos meses conservé un volante donde los habitantes de una sufrida barriada obrera “Villa Manuelita” desafiaban al mundo con más o menos estas palabras: ‘Los Estados Unidos, Rusia, Inglaterra, reconocen a Lonardi. Villa Manuelita reconoce a Perón’”

J. D. Perón

“Hoy me hacía acordar mi hijo que cuando todos los países reconocían a la dictadura que sobrevino luego del derrocamiento del general Perón, había un eslogan, … todo el mundo reconoció al gobierno decían, no quiero ni nombrarlo, ‘menos villa Manuelita’. Villa Manuelita era el único que no lo había reconocido, era el símbolo de la resistencia”.

Cristina Fernández de Kirchner, 31 de julio de 2014

Si bien hay grupos armados y se montan barricadas en ciertos lugares, la actitud de la mayoría de las masas es otra y la protesta asume las características de una demostración pacífica. Es decir, se procura una reedición del 17 de octubre, una manifestación donde la gente ante la represión se dispersa, para luego volver a agruparse. Como señala Vigo: “En suma durante dos días el pueblo fue dueño de la ciudad. Todo estaba en sus manos. Pero no hizo otra cosa que recorrer las calles, cambiar tiros con los comandos gorilas y vivar a Perón.”[8] No se observa un combate callejero propiamente dicho, a excepción de la zona de Parque Independencia donde hay registro de barricadas. Si en un momento la policía parece desbordada es porque no se decide actuar y en gran medida simpatiza y fraterniza con los manifestantes, como el mismo Vigo reconoce. Por ello, deben traerse regimientos de otras provincias para reprimir.

En conjunto la protesta no parece poder caracterizarse como insurreccional, aunque hay elementos que expresan claramente esa tendencia. Si bien el relato de Balvé habla de incendios, estos no aparecen reflejados en los diarios relevados. Es cierto que hay sectores puntuales que se han procurado algún tipo de armamento, incluso con cierta antelación al golpe. Pero, se trata de grupos particulares, en principio localizados en el barrio Independencia o francotiradores desperdigados por la ciudad. A su vez, la dirección de este sector más decidido aparece, al menos en parte, en manos de una fracción originada en un desprendimiento del Partido Comunista. Algunos de los gremios involucrados son los mismos que con su movilización frenaron en 1950 el envío de tropas a Corea que Perón había decidido.

Hay un fuerte contraste entre los relatos cuasi mitológicos del hecho y la información que puede verificarse. Beatriz Balvé repite la visión que el mismo peronismo construyó de sí: destaca la espontaneidad y el protagonismo de los sectores más sumergidos de la clase obrera, los descamisados, que, según ella, se dirigirían al centro con su torso desnudo. Si bien reconoce las movilizaciones de otras zonas y la presencia de dirigentes, resalta como hito Villa Manuelita donde, según testimonios, trabajadoras se opusieron a que se retirara un cartel que decía “Todos los gobiernos reconocen a Lonardi, Villa Manuelita no lo reconoce”, que en otras versiones es una bandera armada con guardapolvos que reza “Los yanquis, los rusos y las potencias reconocen a la Libertadora, Villa Manuelita no”, frase que después aparecería distintas pintadas callejeras. En algunas versiones las mujeres desarman a los soldados y les devuelven las armas cuando salen de la villa. La versión de Perón es igualmente mítica: los únicos volantes anónimos a los que hemos encontrado referencias se distribuyeron en Rosario llamando al paro.

Al relevar los diarios aparece en primer plano el rol de los obreros del barrio Lisandro de la Torre (ferroviarios, de la luz y el agua) y los militares se ven necesitados de ocupar locales sindicales de la UOM. Los ferroviarios figuran como los primeros en realizar el paro y ocupan un puesto de vanguardia en varios sentidos. Esta participación de los obreros mejor pagos, con cierto grado de organización y con cierta vinculación con la izquierda es algo que la mitología peronista ha pasado por alto. Es más, una de las versiones del supuesto cartel/bandera de Villa Manuelita tiene una connotación anticomunista. La protesta tampoco dura una semana (arranca el 22 a la noche y se extiende hasta el 25 de septiembre). Asume la forma de paro con movilización, los enfrentamientos callejeros son marginales (al igual que los francotiradores aislados). Otras medidas como el ataque a tranvías o trenes corresponde a formas de acción orientadas al cumplimiento del paro, no a la toma de centros neurálgicos de poder. Esto no resta heroísmo a las acciones realizadas, pero modifica el carácter político de las mismas. Por otra parte, gran parte de los muchachos peronistas que se manifiestan en Rosario no son los descamisados que retrata Balvé en forma tan pintoresca, sino obreros organizados de los principales gremios de la ciudad. En el mismo sentido puede leerse el desarrollo de la protesta en Villa Constitución que había sido declarada ciudad en 1950 y que ya se estaba convirtiendo en un importante polo industrial. Allí el paro tiene mayor duración que en Rosario.

Fuera de la zona de influencia de Rosario, estos hechos no se reproducen: en el resto del país no encontramos registros de paro ni de manifestaciones importantes de peronistas. El caso excepcional de Rosario se explica por la existencia de un núcleo organizado que prepara la resistencia y la aquiescencia inicial de las fuerzas del orden que eran peronistas a nivel local. Este último factor también marca probablemente uno de los límites de la protesta: parte de la ausencia de medidas ofensivas más decididas puede explicarse, quizás, por la espera de que la situación la resolviese en gran parte el mismo ejército. En cambio, los elementos más avanzados de la protesta se nos aparecen como el embrión de una nueva etapa: una en la cual la clase obrera refuerza su tendencia insurreccional y donde la izquierda recupera su protagonismo en el seno de la clase obrera. No por nada Crisitina, prefiere recordar la resistencia de Villa Manuelita y no la de los trabajadores ferroviarios del Barrio Lisandro de la Torre ni la de los obreros de Villa Constitución.

Notas

[1]Con colaboración de Rocío Fernández y Yésica Kirstein en la búsqueda de fuentes.

[2]Ver, respectivamente: Balvé, Beba y Beatriz, Balvé: El ’69. Huelga política de masas: rosariazo, cordobazo, rosariazo. Razon y Revolucion-CICSO, 2005; Balvé, Beba: “Septiembre de 1955. La guerra civil”, publicado online, 10/9/2005, en: http://goo.gl/sLMneR; Balvé, Beba: “Acerca de tres insurrecciones proletarias de la Argentina contemporánea”, en Razón y Revolución, nº 19, 2009.

[3]Juan M. Vigo: La vida por Perón, memorias de un combatiente de la resistencia, Peña Lillo editor , SRL, 1973, p. 134

[4]La Capital, 25/9/1955; La acción, 24/9/55.

[5]New York Times, 24/9/1955

[6]La acción, 25/9/1955.

[7]New York Times, 25/9/1955.

[8]Vigo, op. cit. p. 84.

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2 Responses

  1. Iván Piermatei dice:

    La fábrica militar no estaba (y no está) ubicada en Capitán Bermúdez, sino en la ciudad que le sigue, Fray Luis Beltrán.
    En barrio Alberdi nunca hubo talleres ferroviarios. Quizás se confundan con la venida del mismo nombre.
    Acá en Rosario, al barrio Lisandro de la Torre casi nadie lo conoce con ese nombre. Todos lo llamamos barrio Arroyito.

  2. marina dice:

    Sí, al mencionar el Barrio Lisandro de la Torre nos referíamos al barrio Arroyito. Vamos a chequear las demás referencias para ver de donde surge la confusión, gracias por el comentario.

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