Teletrabajo, pandemia y después. Contra las miradas conspirativas pesudo marxistas y las apologías liberales.

en El Aromo n° 111/Novedades

Marina Kabat – Razón y Revolución

Tan antiguo como el capitalismo

Hace ya varias décadas que comenzó a hablarse de teletrabajo para referirse al trabajo efectuado por el obrero en su domicilio mediante el uso de la computadora. Este fenómeno fue presentado, la mayoría de las veces, como una novedad absoluta. Sin embargo, la realización de trabajo asalariado en el domicilio del obrero es tan antiguo como el sistema social en que vivimos.

De hecho, las relaciones sociales capitalistas comienzan a formarse, antes de aparecer en las grandes fábricas londinenses, en parajes rurales británicos, donde los obreros recibían la mercadería que debían procesar para sus patrones. Este sistema fue conocido como “putting out system” o “Verlag System”. En diferentes geografías el putting out system asumió distintas modalidades, que fueron estudiadas por un conjunto de autores ávidos en desentrañar su rol en la transición del feudalismo al capitalismo. En un primer momento, el trabajador empleado bajo la modalidad del Verlag system realizaba prácticamente el conjunto del proceso productivo. Es decir, la división del trabajo era mínima. No existía aún una fragmentación sistemática del proceso de trabajo en pequeñas tareas que se asignaran en forma permanente a diversos obreros. Es decir, todavía no se había desarrollado la manufactura. El Verlag system puede considerarse una forma de cooperación simple dislocada en términos territoriales.

Con el desarrollo de grandes talleres manufactureros (talleres donde el trabajo aun es manual, pero que se organiza en base a una sistemática división de tareas) y luego en las fábricas (donde el trabajo se organiza en torno a un sistema de máquinas), la forma de realizar trabajo en domicilio de los obreros se transforma y redimensiona. La división del trabajo en los talleres manufactureros es trasladada también al trabajo a domicilio. Esta división de tareas facilita la expansión y perfeccionamiento de la forma salarial típica de la manufactura y del trabajo a domicilio: el pago a destajo.

Con el pago a destajo, el empresario ahorra recursos que, de otra forma, hubiera destinado a controlar a los obreros. Es decir, no precisa pagar capataces. A su vez, como la paga del obrero depende de la cantidad de piezas realizadas, el mismo obrero propende a ampliar su ritmo de trabajo. Aparece aquí el problema de la autoexplotación. Al mismo tiempo, en el largo plazo la tendencia es a la caída del pago a destajo.[i]

Sin embargo, el costo de traslado de piezas e insumos se multiplica con la mayor escala de producción y con la división de tareas. El trabajo domicilio tiende a concentrase geográficamente: de la dispersión de las áreas rurales al aglutinamiento en los suburbios urbanos más empobrecidos. Aparecen así los primeros problemas asociados al trabajo a domicilio: el solapamiento del espacio doméstico y laboral en pequeños espacios carente de luz y ventilación suficiente. Muchas veces distintos barrios obreros se especializan en una actividad domiciliaria particular.

Más tarde, en las fábricas el proceso de trabajo vuelve a rearticularse. Donde las actividades se mecanizan y automatizan por completo, el trabajo a domicilio desaparece. Pero, allí donde tareas subsidiarias mantienen un carácter manual y ocupan, por ende, aun mucha mano de obra, el trabajo a domicilio persiste y se transforma en el departamento exterior de estas grandes fábricas. Tareas simples, muchas veces manuales, que requerían mucha fuerza de trabajo eran ejecutadas de esta manera en los suburbios urbanos. El desarrollo de la máquina de coser produjo una revolución en este ámbito. La máquina de coser, por su naturaleza, permitía, lo que Marx, denominó un “uso artesanal de la máquina”. Es decir, el uso de esa maquinaria, por parte del obrero individual y, por ende, su incorporación al trabajo domiciliario. 

Concentración y centralización del trabajo. Ciclos históricos. 

A lo largo de la historia del capitalismo, hubo diferentes tendencias hacia la concentración y desconcentración del trabajo: estas obedecieron a los cambios técnicos y a la lucha de clases. En términos generales, el trabajo a domicilio ofrece ciertas ventajas y otras tantas desventajas desde el punto de vista patronal. Las ventajas son básicamente tres. Por un lado, el ahorro en infraestructura edificios y gastos corrientes de su operación. Por otro lado, la dispersión de los obreros lo que debilita (sin impedir) su organización y lucha. Esto último es la raíz de muchas características comúnmente asociadas con el empleo a domicilio: bajos salarios, extensas jornadas, pago por parte del obrero de gastos propios de la producción. A su vez, el trabajo domiciliario permite la explotación de trabajo femenino, infantil y de personas que no pudieran movilizarse hasta los talleres.

Como contrapartida, el trabajo a domicilio genera mayores gastos en el control de la mercadería, transporte, contabilidad, por lo que, a cierta escala de producción, puede resultar más eficiente la producción centralizada. Algunas diferencias técnicas pueden actuar en este mismo sentido: en ciertos períodos las máquinas de coser domiciliarias eran movidas a pedal, mientras las empleadas en los grandes talleres contaban con suministro eléctrico, lo que generaba una ventaja productiva. El desarrollo de talleristas, que actúan como intermediarios entre las grandes fábricas y los obreros domiciliarios permite salvar gran parte de las desventajas que el trabajo a domicilio puede presentar desde el punto de vista de las grandes empresas: simplifica la cuestión logística y puede favorecer una mayor renovación técnica de la que sería posible si la fábrica contrata en forma directa al obrero individual con su propia maquinaria. Esta tercerización permite también a la empresa, hasta cierto punto, desligarse de problemas laborales.[ii]

En todo el mundo el trabajo a domicilio tiende a restringirse entre la década del 1940 y 1960. En algunos países llega a prohibirse esta práctica, mientras que en otros la lucha obrera y la legislación específica sobre el sector limitan lo que hasta entonces eran sus principales ventajas. Los salarios del trabajo a domicilio suben y las jornadas se acortan. Por ejemplo, en la Argentina, las tarifas del trabajo a domicilio se calculan sobre la base del salario diario del obrero que trabaja en fábrica con jornada de 8 horas y su producción promedio, de tal manera que un trabajador domiciliario trabajando al mismo ritmo pudiera ganar lo mismo que un obrero de fábrica con salario mensualizado. Del mismo modo, todos los derechos del obrero fabril, como aguinaldo y vacaciones se hacen extensivos al trabajador domiciliario. En estas condiciones, el trabajo a domicilio pierde muchas de sus anteriores ventajas desde el punto de vista patronal por lo que aun sin una legislación que lo prohíba, merma su importancia.

Pero, el trabajo a domicilio vuelve a expandirse desde mediados de los ’70. Ciertos cambios técnicos y su consecuente aumento de la productividad, en los países donde la producción se limita al mercado interno, llevan a un acortamiento de la temporada de trabajo. Sin trabajo estable todo el año, la contratación más precaria vía trabajo a domicilio vuelve a resultar más atractiva, especialmente en un contexto de retroceso de la lucha de clases.

Lo viejo y lo nuevo: del trabajo a domicilio al teletrabajo.

A este nuevo ciclo de expansión del trabajo a domicilio en sus campos de acción tradicionales abierto a mediados de los ‘70, en las últimas décadas se sumó el denominado teletrabajo. Este no es otra cosa que el desarrollo del trabajo a domicilio a nuevas actividades con nuevas máquinas y herramientas. Sociólogos laborales y especialistas en relaciones laborales intentaron negar tal continuidad y presentar el teletrabajo no solo como un fenómeno por completo nuevo, sino incluso, como el contrario del viejo trabajo a domicilio. De tal modo, se destacó que, frente a las viejas tareas repetitivas, descalificadas y mal pagas del antiguo trabajo a domicilio, el teletrabajo implicaría trabajadores altamente calificados ocupados en tareas creativas y con condiciones de empleo favorables.

Para entender la naturaleza del proceso de trabajo es necesario considerar los medios de producción empleados. En este punto el problema central es reconocer la naturaleza de la computadora. He aquí la cuestión más tramposa de todas: la computadora puede ser usada como una máquina o como una herramienta. En el marco de un trabajo intelectual, la computadora es una herramienta, pero no una máquina. Para un escritor, un periodista, por ejemplo, la PC es la herramienta mediante la cual el obrero realiza su trabajo: escribe busca información, etc. Pero, la tarea, sigue siendo ejecutada por el obrero y de su destreza depende el resultado del trabajo. La computadora lo auxilia a él y no al revés.

Pero, para ciertas tareas para las cuales se han desarrollado el software es posible remplazar el trabajo que anteriormente desarrollaba el obrero. En ese caso, la PC opera en el proceso productivo como una máquina. El obrero se limita a suministrar los insumos a esa máquina para que esta trabaje y realice las operaciones que antes hacía el obrero. La tarea principal la realiza la máquina, mientras que el obrero solo cumple una tarea auxiliar. Esto hizo que se multiplicaran las tareas asociadas a proveer a la máquina de sus insumos, es decir datos. La categoría laboral asociada a esta tarea, el data entry, se masifica y es una de las principales actividades en realizarse como teletrabajo.

En muchas actividades de oficina podría decirse que nos encontramos en una etapa transicional donde algunas tareas se han mecanizado (muchas actividades contables, por ejemplo), pero sin llegarse a mecanizar el conjunto del proceso productivo. Nos encontramos así en una etapa transicional denominada manufactura moderna.

Debemos recordar que la dinámica de la manufactura lleva no solo a especializar al obrero, sino también a su herramienta. Allí donde la tarea humana sigue siendo el factor central, los distintos programas destinados a realizar todo tipo de tareas mediante la computadora han provisto herramientas particulares para tareas específicas, ampliando la división de tareas y la productividad.  A su vez, cabe recordar que, en la mayoría de las ramas, el desarrollo de la manufactura habilita una mayor expansión del trabajo domiciliario. La fragmentación de tareas favorece el pago a destajo y, por ese medio, permite un más fácil control del trabajo realizado en el domicilio del obrero. Por tanto, no es extraño que con una mayor división del trabajo veamos ampliarse también el trabajo a domicilio, más cuando el mismo empleo de la computación abarata los costos de la comunicación y reduce el tiempo que esta insume.

De todas formas, el movimiento no es unidireccional. En la medida que aparece la mecanización como factor secundario del proceso productivo, ésta en ciertas áreas contrarresta las tendencias a la división del trabajo propia de la manufactura. Es decir, a la par que se dividen tareas otras se concentran. La simplificación de tareas de oficina volvió redundante el empleo de personas asociadas a quienes se les asignaba tareas auxiliares: el antiguo ejército de secretarias vio menguar sus números. Hoy solo puestos de alta jerarquía son complementados por un asistente, en tanto otras categorías laborales que antes disponían de personal auxiliar hoy carecen de esa figura de ayudante de oficina. El mismo obrero realiza las tareas en su propio ordenador, responde su mail y así sucesivamente. Como estas tareas pueden realizarse en mucho menor tiempo que antes, pueden incluirse entre las tareas del obrero principal, quien ya no necesita a una secretaria que tipee sus escritos, envíe su correo, etc.

La incorporación de la computadora en muchas actividades de servicios, ha tenido un impacto hasta cierto punto similar al que tuvo en su momento la máquina de coser dentro de la industria de la confección. Por una parte, la PC aparece como un nuevo factor dentro del trabajo manufacturero. Por otra parte, su pequeña dimensión y su posibilidad de propiedad individual ha permitido un uso “artesanal”, donde un obrero aislado hace uso de la herramienta en su propio domicilio. Pero, al mismo, tiempo, por su versatilidad, la computadora ha generado una multitud de otros cambios en el proceso productivo.

La computadora tal como se la emplea hoy en día, tiene otras particularidades que han facilitado también el trabajo a domicilio.  A nivel general, su uso como medio de comunicación a partir del desarrollo de internet. Sin embargo, aquí es central recordar que ese aspecto, el de la comunicación es una tarea auxiliar dentro del proceso productivo. En consecuencia, su mecanización, no determina por sí una mudanza radical en la naturaleza misma del trabajo.[iii] Aun así, esta revolución en las comunicaciones que implica la computación e internet no solo permite la ampliación del trabajo a domiciliario, sino su dispersión geográfica a una escala antes imaginada. Como vimos, en contraste con lo que ocurría en el Verlgag System en los inicios del capitalismo, el trabajo a domicilio moderno (el que estaba asociado a una producción manufacturera o fabril) se concentraba en las ciudades en los barrios aledaños a las fábricas y talleres. Con la computación esto ya no es necesario. La dislocación espacial del trabajo puede darse y efectivamente se da a escala internacional. Esto amplía en forma notoria el mercado de trabajo al cual una empresa dada puede recurrir, incrementando así la competencia entre los obreros lo que, de no mediar una organización sindical específica, tiende a debilitar las condiciones de trabajo.

A nivel particular, en ciertas industrias, la computadora y maquinaria accesoria como las impresoras, permitieron concentrar en equipos de poco tamaño y relativamente escaso valor tareas que antes requerían herramientas más costosas. Esto ha permitido, por ejemplo, el desarrollo del trabajo a domicilio en la rama gráfica en la cual las diferentes mudanzas técnicas generaron sucesivas oleadas de tendencias a la concentración y desconcentración del proceso productivo.

Volviendo al sector servicios, es interesante observar la evolución que tuvieron algunas tareas en las que hoy se recurre al teletrabajo. La primera es el registro escrito de conversaciones, charlas, disertaciones. Esta actividad se realizaba tradicionalmente mediante la estenografía. La estenografía es un método de escritura rápida que permite escribir a la misma velocidad con la que se habla, mediante el recurso de trazos breves, abreviaturas y signos especiales. Una secretaria podía tomar nota estenográfica de una reunión o de una carta que su jefe le dictaba y luego tipearla en la máquina de escribir. En una empresa pequeña una misma secretaria cumpliría ambas funciones junto a varias más, mientras que en una empresa de mayor tamaño estas tareas serían asignadas a personas especialmente formadas y designadas a tal fin (estenógrafa, dactilógrafa, recepcionista, telefonista, etc.), lo que da cuenta, una vez más, del carácter manufacturero del trabajo de oficina. Hasta 1988 los bachilleratos nacionales de la Argentina tenían dentro de su plan de estudio la materia estenografía, la cual fue retirada, junto con el latín, a través de una modificación curricular que tuvo lugar en1989.

Por esa misma época, una empresa de electrodomésticos publicitaba su grabador doble casetera a través de una escena donde dos ejecutivos acompañados de sus respectivas secretarias tenían una reunión. Una secretaria de aspecto muy formal, rígido y algo antiguo tomaba notas estenográficas, mientras que la otra de aspecto, más joven y moderno solo apretaba play en la grabadora. Al final de la reunión, ambos jefes consultaban a sus secretarias por la copia de la reunión. La secretaria más tradicional prometía el trabajo para el día siguiente a la tarde, mientras que la joven, entregaba en el momento una casete con la copia del audio de la reunión. Efectivamente, las grabaciones de audio, hoy incorporadas al software de las computadoras, han mecanizado esa parte de la tarea, (el registro de lo conversado oralmente), eliminando directamente la tarea de estenógrafos en la práctica común de oficina. En realidad, la estenógrafa realizaba dos tareas, tomar el registro oral codificando lo que oía y dos, lo decodificaba luego transformándolo en un texto tipeado. La primera tarea se eliminó mediante la mecanización y la segunda se mantuvo en principio en su forma manual, pero se simplificó pues dejó de ser necesario el conocimiento específico de estenografía para realizarlo. Esta segunda tarea, la desgravación de audios se convirtió en una de las actividades de realización más frecuente mediante teletrabajo. La misma magnitud del trabajo que representaba se transformó en un estímulo para su mecanización. Sobre esta base se crearon diferentes programas para la transcripción de audios. Por el momento, el uso de estos programas está mayormente limitado a servicios de atención al cliente, subtitulación de contenido y catalogación de archivos de sonido, ya que todavía presentan déficits, centralmente la puntuación, reconocimiento de nombres propios o vocabulario técnico. Por esto el software aun no elimina el trabajo humano en esta tarea, ya que las transcripciones realizadas mediante estos programas deben ser revisadas por una persona que corrija el texto. Con todo, este software representa un importante avance de la mecanización, sobre todo si se considera los últimos desarrollos tendientes a resolver los problemas existentes como la creación de software específico para la transcripción de audios técnicos de ciertas especialidades, tal ocurre en la medicina.[iv] Todo este proceso constituye un buen ejemplo de cómo avanza la mecanización de las tareas de oficina, sin que la misma se haya completado por el momento.

El desarrollo de software específico sumado a la tecnología de la comunicación ha afectado radicalmente otro rubro laboral. El asociado a los antiguos encuestadores. Sea en persona o telefónicamente las encuestas eran en su mayoría realizadas en persona. Hoy la figura del encuestador se ha visto extremadamente reducida, raleada bien por encuestas automáticas realizadas en forma telefónica o bien por encuestas on line. El paradigma de la actividad se ha transformado de un modo tan radical que quien era antes el objeto de la encuesta es considerado hoy la persona que realiza el trabajo. De tal forma uno de los principales trabajos que se demandan on line es el de “completar encuestas”. Tradicionalmente, se captaba la atención o benevolencia de los encuestados mediante la promesa de distintos “obsequios” que se entregaban al finalizar la encuesta. Hoy, se mantienen los obsequios, la mayoría de las veces bajo la forma de cupones o vouchers de compra, pero también se ofrece un pago por completar las encuestas. Este trabajo, encabeza la lista de los portales que tratan de llamar la atención de amas casas ofreciéndoles trabajo remunerado desde su hogar a un click de su computadora. Efectivamente, como el encuestado autocompleta su encuesta online, realiza parte del trabajo que antes realizaba el encuestador, en ese sentido la compensación por completar la encuesta corresponde tanto al anterior “obsequio” como a parte del salario que el encuestador recibía por su tarea.

Trabajo a domicilio, teletrabajo y patriarcado

El desconocimiento de la historia de los especialistas en relaciones del trabajo les hace señalar como supuesto elemento novedoso del teletrabajo uno de los rasgos más tradicionales del trabajo a domicilio. Se ha insistido en los supuestos beneficios para grupos laborales que no podrían conseguir empleo de otro modo. De tal forma se ha defendido su extensión entre mujeres y personas con algún tipo de discapacidad física.[v]

Los argumentos para defender las supuestas ventajas del novel teletrabajo para las mujeres son los mismos que esgrimía hace más de 100 años la iglesia católica para defender el trabajo a domicilio. Para la iglesia, ese trabajo domicilio de la mujer era un mal menor frente al ingreso femenino en el mundo fabril, considerado peligroso en términos morales. Por ello, la iglesia aducía que la mujer que se empleaba a domicilio podía complementar mejor tareas familiares y laborales. Sin embargo, históricamente la evidencia ha tendido a mostrar lo contrario: las jornadas más extensas, salarios inferiores, condiciones laborales que empeoran las condiciones de vida de toda la familia: en la zona sur de la ciudad de Buenos aires, en los barrios y villas donde se concentra la actividad de costureros que trabajan a domicilio se observa un mayor número de casos de tuberculosis, mayor incidencia de casos infantiles de espectro autista, accidentes laborales/domésticos infantiles (accidente donde menores de edad son heridos por accidentes de las herramientas laborales de sus padres).

A contramano de las recomendaciones antiguas y modernas, cuando las mujeres tienen la opción suelen elegir trabajar fuera de sus domicilios. Incluso cuando esa opción no está disponible las mujeres han luchado para conseguirla participando masivamente en huelgas en demanda de la concentración del trabajo en grandes talleres.[vi]

Resulta significativo que también hoy se enuncie que el teletrabajo es beneficioso para las mujeres mientras que, como empleadas son ellas un sector que opone más resistencia a modificar condiciones laborales previas de modo de incorporar el teletrabajo.[vii] Ahora en la pandemia, por la desigual distribución de las tareas domésticas entre hombres y mujeres son estas últimas quienes más sienten la sobrecarga dada por la suma de la implementación del teletrabajo y el desarrollo de las tareas domésticas incrementadas por la permanencia continua de todos los miembros de la familia en el hogar y por el desarrollo de la enseñanza a distancia que requiere que los padres actúen como maestros auxiliares.

Tele trabajo, pandemia y el fantasma de 1984

La cuarentena despertó una multitud de miedos e imaginarios distópicos. Entre ellos destaca el temor a que la pospandemia resulte en una expansión inusitada del teletrabajo y la flexibilidad laboral. En este punto es necesario comprender que no todo trabajo puede ser dislocado y realizado en el domicilio de los obreros. Incluso, cuando esto es posible no siempre puede lograrse el mismo nivel de productividad en el trabajo a domicilio. Cabe señalar que, en Argentina, antes de decretarse la cuarentena se había recomendado a las empresas facilitar el teletrabajo de modo de disminuir la circulación de trabajadores en el transporte público. Esta recomendación tuvo poco eco en las empresas y escasas consecuencias prácticas. Esto se debió a que no para todas las empresas el teletrabajo puede resultar atractivo. Incluso, en algunos sectores como los bancos, en ese lapso inmediatamente anterior al decreto de la cuarentena fueron los trabajadores quienes solicitaron la implementación del teletrabajo y la patronal quien la rechazaba. En el mismo sentido, el recurrente reclamo patronal de que se levante la cuarentena expresa los límites actuales de las posibilidades de implementación del teletrabajo.

En segundo lugar, cabe recordar que el teletrabajo al igual que cualquier otra modalidad de trabajo a domicilio no implica necesariamente un trabajo flexible. Para simplificar, hablamos de trabajo flexible en los empleos que no se rigen por un marco legal que limite la jornada de trabajo, formas de contratación etc. Esta flexibilidad laboral bien puede existir en trabajos presenciales y, por el contrario, puede eliminarse en los trabajos domiciliarios (ya hemos mencionado la forma en que se limitó la jornada de trabajo entre costureras y otros trabajadores domiciliarios en la Argentina de inicios de los años ’40).

En el marco de la pandemia se ha extendido el teletrabajo sin que se ampliaran las normas legales que lo regulan (una excepción en la Argentina es el convenio firmado por los trabajadores judiciales). Ese teletrabajo se amplió a esferas donde el mismo es poco eficiente (el caso extremo, como veremos en el próximo acápite es el de la educación). Por tal motivo, se requiere un mayor esfuerzo laboral para logar el mismo objetivo, esa es una de las razones de la extensión de la jornada laboral que presenciamos hoy en día. Pero, esto se produce al mismo tiempo que se amplían las tareas domésticas que deben realizar los trabajadores, especialmente aquellos con menores a cargo y, en menor medida, aquellos responsables por adultos mayores. El cierre de las escuelas implica que los niños quedan toda la jornada a cargo de sus padres, quienes no solo deben cuidarlos sino también colaborar en su proceso de enseñanza en una magnitud inconcebible en períodos normales.

De tal forma, la jornada laboral, el trabajo que realiza el obrero es permanentemente interrumpido por la necesidad de efectuar estas otras tareas domésticas. Además, el grado de concentración en la tarea disminuye, aun trabajando el obrero se vuelve menos productivos. De tal forma, la jornada de trabajo se extiende, pero no la magnitud del trabajo que el obrero ha realizado para la empresa. La jornada de trabajo tiene más poros, más momentos improductivos (momentos en que el obrero no genera plusvalor). Pese a la percepción del obrero, la intensidad del trabajo asalariado disminuye, (por lo que para obtener el mismo resultado la jornada se prolonga).

Ahora bien, desde un punto de vista empresario esta prolongación de la jornada es indiferente (salvo que creamos que los empresarios son seres malvados que buscan que el obrero trabaje más horas solo para verlo sufrir). Al empresario la extensión de la jornada laboral solo le reporta beneficios si se crea más plusvalor. En ciertas circunstancias, como las actuales, esta extensión puede resultarles incluso contraproducente (cuando pese a la extensión de la jornada el obrero en su domicilio no logra realizar el trabajo que antes realizaba en la oficina en una jornada más corta). Por esto es que resulta improbable una generalización del teletrabajo a todas las áreas de la vida económica en la pospandemia.

Teletrabajo y educación

Antes de la pandemia la educación virtual estaba limitada centralmente a procesos de aprendizaje individuales (clases online de idiomas, por ejemplo) o a cursos de posgrado, en su mayoría maestrías. Previo a la cuarentena ocasionada por la expansión del COVID, el campo de la enseñanza virtual de masas era prácticamente inexistente[viii] y resulta muy poco probable que este se extienda una vez que la emergencia sea superada.

Para entender las limitaciones de la educación a distancia comencemos por analizar las características del proceso de trabajo involucrado. La educación de masas funciona en base a la cooperación simple en el nivel inicial y primario (con una división del trabajo apenas emprionaria) y como una manufactura muy rudimentaria y escasamente desarrollada en el nivel secundario y universitario.

Tanto el nivel inicial como el primario se basan en el trabajo simultáneo de muchos docentes que realizan esencialmente las mismas tareas. No hay entre ellos una división manufacturera del trabajo porque, aunque puedan dividirse las tareas, (cada maestro enseña a un grado distinto), esta no es una asignación permanente, vitalicia del obrero. Maestras que trabajan un año en segundo grado, al año siguiente pueden pasar a 4° o 7°. Tanto los docentes curriculares como el personal de gabinete pedagógico introducen un elemento manufacturero, es decir de división permanente del trabajo. Pero, tal como está estructurado el sistema educativo, al menos en Argentina, estos constituyen un elemento accesorio del sistema educativo, a tal punto que estas figuras docentes tienen escasa o nula incidencia en la promoción de los niños de un nivel a otro, no tienen una presencia igualitaria a nivel nacional y sus intereses suelen ser injustamente descuidados por las entidades gremiales. Las principales tareas del personal directivo se relacionan con funciones de supervisión o con tareas administrativas, en ambos casos no contradictorias con esta naturaleza de cooperación simple del régimen de trabajo en las escuelas primarias. Podría decirse que priman las tareas administrativas y burocráticas y que incluso las tareas de supervisión están escasamente desarrolladas. Si bien en la letra las potestades del personal directivo pueden ser más amplias en la realidad su capacidad para imponer a los docentes cambios en su forma de realizar el trabajo es extremadamente limitada. Esto se debe a lo poco que ha avanzado la modificación del régimen de trabajo, donde el conocimiento de los obreros es central y de ahí el poder que estos conservan. En la medida que el personal directivo desarrollara funciones estrictamente pedagógicas diferenciadas al del resto personal docente esto implicaría la introducción de otro componente de índole manufacturero en el proceso de trabajo. Pero, por el momento, estas tareas en la mayoría de las escuelas aparecen ocasionalmente como elementos subordinados a las tareas de índole burocrática que se le exigen de hecho al personal directivo.

En contraste con la escuela primaria, los colegios secundarios tienen un perfil manufacturero bien definido, aunque con poco desarrollo en profundidad. La enseñanza secundaria se basa en la división manufacturera del trabajo: cada docente se especializa en forma vitalicia en el área de conocimiento que enseña: cada una de las distintas materias del secundario. A su vez, una serie de tareas que en el nivel primario son realizadas por los docentes de grado (toma de asistencia, contacto con las familias de los estudiantes, etc.), son removidas y asignadas a otra categoría laboral específica: el preceptor. Estamos frente a un esquema manufacturero clásico. Sin embargo, el régimen manufacturero de trabajo tiene en este ámbito un escaso desarrollo en profundidad. Hay división vitalicia del trabajo, pero esa fragmentación de las tareas es muy acotada. El campo de acción de un docente de una materia particular o de un preceptor sigue siendo enorme. La cantidad de tareas diferentes involucradas, innumerable. Este escaso desarrollo en profundidad de la división de tareas es lo que torna poco viable un sistema de pago a destajo en la docencia.

En todos los niveles educativos del sistema educativo formal la educación reviste un carácter manual. Incluso si se emplean computadoras, estas aparecen como herramientas auxiliares del trabajo humano (y nunca como máquinas). Recordemos que mientras la herramienta es conducida por el hombre y auxilia a este en la ejecución del trabajo, la máquina realiza ella misma el trabajo, actúa en forma directa sobre la materia prima y el obrero actúa solo como su auxiliar, suministrándole materia prima, regulando su velocidad, etc. Por el momento, la mecanización de las actividades de enseñanza se encuentra muy limitada: puedo darle a un niño un celular con una aplicación para que jugando repase las tablas de multiplicación, o cierto vocabulario de un idioma. Pero, esto no remplaza la labor del docente en la construcción del concepto de multiplicación ni la enseñanza del idioma. El software apenas actúa como un complemento de la enseñanza docente y, en general, está destinado a auxiliar al niño en la tarea de estudio en su casa, en las funciones más simples y repetitivas del aprendizaje.

En la medida en que no puede por el momento introducirse una mayor división del trabajo docente, y menos aún una mecanización, la productividad del mismo, en términos cuantitativos, depende de cuántos estudiantes pueden ser instruidos en forma simultánea por un mismo docente. En este punto la enseñanza presencial reviste una gigantesca ventaja sobre la enseñanza a distancia.

La multiplicidad de interacciones que se producen en forma simultánea en una clase presencial, por el momento no pueden reproducirse en encuentros sincrónicos online. Por eso, cualquier enseñanza a distancia demanda más tiempo de trabajo docente. El problema se agrava exponencialmente a medida que aumenta el número de estudiantes. Este problema presente en todos los niveles educativos se agrava en el nivel inicial y primaria, donde el aprendizaje a distancia solo es posible si al trabajo del docente se añade en el hogar el trabajo de un padre que viene a cumplir la función de auxiliar docente y colabora desde la explicación hasta en lograr la atención y disciplina mínima necesaria del infante.

La educación a distancia de masas no es redituable a nivel del sistema educativo, (resulta más barato y eficiente tener a los niños y docentes aprendiendo en las escuelas). Tampoco es eficiente desde un punto de vista social (la actuación de los padres como auxiliares docentes para sostener la educación a distancia genera un gasto suplementario de fuerza de trabajo social). A consecuencia de esto, en este momento debido a la emergencia, docentes y padres están desplegando una gigantesca magnitud de trabajo social para intentar sostener el proceso educativo a distancia. En términos sociales eso se justifica por la necesidad de continuar el proceso educativo de nuevas generaciones en medio de la emergencia sanitaria, pero sería imposible de sostener por períodos prolongados. Carecería de sentido desde una óptica social general y también desde una perspectiva burguesa: ¿quién querría volver el trabajo docente menos productivo y por ende más caro?

En consecuencia, en la educación, como en otros campos de actividad, la política correcta es la que acepta las posibilidades que nos brinda la tecnología para proseguir la vida social con el menor riesgo hacia nuestra salud, pero regulando su uso para que el mismo no implique un aumento de la explotación obrera: derecho a la desconexión, pago patronal de internet y herramientas necesarias, redefinición a la baja de tareas máximas a realizar son algunas de las herramientas legales que podemos emplear.

El futuro no está inscripto en ningún chip de computadora. Como siempre, el resultado dependerá de la lucha de clases. Por eso debemos pensar el camino que nos coloque en mejores condiciones para enfrentar esa lucha. Abdicar del uso de la tecnología, tirando el niño con el agua sucia no va a servirnos de nada. Debemos usarla para sostener nuestras alianzas históricas, para reforzar la unidad de la clase obrera y, en el campo educativo para sostener el vínculo con nuestros alumnos, defender su educación y reforzar la alianza histórica de los docentes con los estudiantes y sus familias. En el camino, debemos avanzar en una legislación que regule las condiciones del teletrabajo y de las demandas patronales de trabajo a distancia en los trabajos presenciales (problema que antecede en mucho a la cuarentena). Sólo así podremos enfrentar con éxito este sistema que transforma constantemente las más valiosas creaciones de la ciencia y técnica humana en armas para la explotación del hombre.


[i]El pago a destajo es solo una forma transmutada de pago por tiempo. La base del cálculo es la cantidad de tiempo que lleva la realización de cada pieza. Pero al obrero trabajar más rápido para ganar más, incentivado por el destajo, termina realizando más piezas en el mismo tiempo y, por ende, reduciendo su valor individual.

[ii] Esto depende de cada coyuntura histórica y marco legal particular, por ejemplo, en la Argentina la fábrica dadora de trabajo a domicilio mantiene una responsabilidad legal solidaria respecto del obrero que ejecuta el trabajo.

[iii] Esto es lo mismo que ocurre con trabajos de plataforma. El delivery de comida no ha cambiado su naturaleza, el trabajo es realizado principalmente por jóvenes que andando en bicicleta transportan la mercadería desde el comercio productor al consumidor. La única modificación se asocia a una tarea periférica, la forma cómo le es comunicado el pedido. Lo mismo puede decirse del servicio de transporte, con el pasaje del de taxi a uber. La tarea central sigue siendo la misma: conducir el auto, en eso solo hay un pequeño cambio ya que el conductor no elige la ruta, sino que debe seguir la que manda el aplicativo. A su vez, la forma en que se procesa la demanda del cliente permite empalmar más trabajos sucesivos sin el desperdicio de tiempo laboral que implicaba que un taxista recorriera la ciudad en búsqueda de sus potenciales clientes. Aquí nos referimos en exclusiva al componente técnico del trabajo. Las condiciones laborales en que ese trabajo se realiza no están determinadas por su forma técnica (no hay nada que impida a las empresas de plataforma reconocer a sus trabajadores como empleados en relación de dependencia), sino de la lucha de clases. 

[iv]Ver: https://bit.ly/3bxPQ2o y https://invoxmedical.com/

[v] Por ejemplo, Balbinder, Martin, and Paula Maciel. «Teletrabajo para la Inclusión Laboral de Personas con Discapacidad.» Anuario electrónico de estudios en Comunicación Social» Disertaciones» 2.1 (2009): 208-237. Salazar, Cristian, Oliver Rojas, and Pablo Contreras. «Teletrabajo y discapacidad en chile: perspectivas y desafíos.» Para estos casos en el trabajo a domiciloio tradicional ver: ILO (1995) “Home work”, Report V. 1 in International Labour Conference, 82nd Session, Geneva.

[vi]Marina Kabat y Pascucci, S. , 2011. El trabajo a domicilio como empleo precario. Alcances y límites de la legislación que intentó regularlo en la Argentina. Temas and Matices10(19), pp.119-143.Marina Kabat, trabajo a domiclio RyR 11. Kabat, Marina. «From structural breakage to political reintegration of the working class: Relative surplus population layers in Argentina and their involvement in the piquetero movement.» Capital & Class 38.2 (2014): 365-384.

[vii]Madero SM, Flores R. Predictores de la disposición de trabajadores mexicanos a aceptar el teletrabajo. Investigación y Ciencia. 2009; (43):46-52.         

[viii] Una excepción parcial en Argentina es el programa adultos 200 y el programa oportunidades, ninguno de lso dos exitoso: https://razonyrevolucion.org/el-programa-oportunidades-y-la-farsa-educativa/

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