Sobre los intelectuales “populistas”. El legado teórico de Menem en el populismo

en El Aromo n° 107/Novedades

Ricardo Maldonado
Grupo de Cultura Proletaria


En apariencia son un oxímoron, pero los intelectuales peronistas, son más que un giro retórico. Existen, tienen a su disposición generosos medios que contrastan con su frugalidad para las ideas y prestan un servicio a la burguesía: enmarañar el pensamiento en una madeja de inconsistencias. Ante el muy probable retorno del peronismo al poder no es un ejercicio ocioso repasar sus principales golpes de efecto en esta tarea de sostén de la hegemonía burguesa.

El conjunto de ideas prevalecientes en una sociedad dada se expresa de dos maneras. En tiempos “normales” lo hace por la simple naturalización: “así es la vida”. Así funciona, porque está funcionando. En esos momentos los cuestionamientos al orden existente son minoritarios, y de carácter teórico y propagandístico. Pero en las sucesivas, recurrentes y crecientes crisis que la propia dinámica del capitalismo genera, la respuesta que se da para evitar llegar al tuétano de las relaciones sociales, es decir la respuesta conservadora a la crisis son las generalizaciones de los programas políticos burgueses. Por ejemplo, destacar la falta de libertades y seguridad jurídica o la falta de desarrollo e inserción mundial son dos de esas respuestas. La liberal y la desarrollista. Existe una tercera que se basa en las supuestas tareas inconclusas de la propia burguesía para constituir su nación, en las carencias de la clase explotadora para establecerse plenamente como tal: el programa de liberación nacional, muchas veces expresado por el peronismo.

Las revoluciones triunfantes en el mundo durante el siglo XX impactaron de manera paradojal en países como Argentina. El ejemplo de revoluciones realizadas atendiendo al particular atraso de las situaciones locales (sobre todo ausencia de independencia y unidad nacional) como en China o Vietnam, invirtió las causalidades. En lugar de aplicar la inteligencia a cada situación se aplicó la receta de la liberación nacional a todas. En nuestro país, esto culminó en la guerrilla urbana y rural, y en las demandas de reforma agraria, asamblea constituyente y otras tareas de la revolución burguesa. La derrota del socialismo revolucionario en el final del siglo XX fue un desgraciado final de la tensión entre un programa para una realidad y una realidad para otro programa. Desde el nacionalismo burgués al maoísmo y el trosquismo, pasando por el estalinismo, el guevarismo y todos los ismos establecidos en los primeros 70 años de ese siglo, se proponía abordar una transición, un pasaje, una etapa o una permanencia de tareas, de lo burgués no realizado a la realización del socialismo. Pero la realidad ya entonces había superado ese programa, y esos programas (mucho más hoy) están muy a la zaga de la realidad.

El aporte de Laclau (que le valió reconocimiento académico) es proponer como método olvidar la realidad a la hora de crear un programa reaccionario. Si funcionó como un lamentable obstáculo durante la segunda mitad del siglo XX ¿por qué no podría funcionar como un obstáculo deliberado en los años siguientes? No es un aporte original, él mismo rastrea el profuso uso de esta estrategia por la derecha estadounidense en la primera mitad del siglo XX. Lo que se han propuesto los defensores del populismo como entidad teórica política era reflotar su funcionalidad contra la revolución. Mientras Laclau lo buscaba en la rubia Albión, en Argentina Menem le resolvía el problema. El peronismo llegaba al gobierno y aplicaba la convertibilidad, pero lo hacía utilizando una “extensión equivalencial de las diferentes demandas”i : Siganme, salariazo y revolución productiva. Carlos Saúl comprendió que (sobre los escombros que la masacre dictatorial y la caída del Muro habían convertido al pensamiento dominante en la izquierda revolucionaria) se podía clausurar el debate sobre la realidad argentina y las tareas de la revolución. El reinante posmodernismo indicaba el camino: abolir el pensamiento científico, la seriedad teórica y las referencias objetivas. Menem le mostró a Laclau que la política burguesa del siglo XXI se desplegaría en Intratables y no en las Unidades Básicas.

El elemento central de este pasaje es que todo aquello que giraba alrededor de las “tareas” (tareas socialistas, tareas pendientes de la revolución burguesa, etc.) y de las clases interesadas en ellas, capaces de llevarlas adelante, ahora es desplazado y todo gira alrededor de las “demandas”. Y las demandas engranan perfectamente con el pensamiento burgués, con el abandono de la objetividad y con llevar al primer plano la inmediatez y el capricho.

Para contribuir a eso la tarea del populismo es destruir algunas conexiones claves para la lucha socialista. Jorge Alemán lo dice claramente «Las reivindicaciones de la izquierda son anacrónicas porque no está bien caracterizado el capitalismo»ii pero no propone superar el anacronismo sino desentenderse de cualquier intento de caracterización. Desentenderse del capitalismo y atacar la revolución, las clases sociales, la explotación y la organización política. Pero hacerlo de manera radical, no en su función sino en su existencia misma.

Lenín en los albores del siglo XX encontró que la Rusia realmente existente le planteaba problemas distintos y oportunidades diferentes, a las que la II internacional consideraba canónicas. Los internacionalistas rusos debían pensar de manera profundamente nacional si querían contribuir a la revolución internacional con una revolución en el Imperio Ruso. Ser leninista podría resumirse en la actitud de buscar, encontrar y aceptar una oportunidad con una voluntad de hierro, en lugar de atribuirle a la realidad los defectos de que lo que no se adapta a la revolución pensada. E incluye aceptar la inquietud sobre los resultados. Como en una cirugía de urgencia, su necesidad imperiosa no garantiza el resultado exitoso, pero la hace impostergable. Esta es, quizás, una forma de ser leninista.

Como esa concepción de la revolución es inatacable, se ataca una caricatura. El duelo por la revolución que predica Alemán se refiere a una caricatura forzada, “esta voluntad colectiva, por razones de estructura, nunca está garantizada de entrada, tal como sueña el esencialismo que se define como marxista” iii Es Perón el que ofrece constantemente una concepción esencialista de la historia. Por ejemplo en el punto “superación de la lucha de clases…” de “La comunidad organizada” a la que describe así: “El fenómeno (de esa superación) así, es ordenado y lo sitúa en el tiempo una evolución necesaria que tiene más de Edad que de Motín”. No está de más decir que una de las razones por las que los socialistas no podemos afirmar que la revolución está “garantizada de entrada” es porque sabemos que enfrente hay fuerzas feroces y dispuestas a todo en defensa del orden de la explotación, como lo fueron no sólo los grupos de tareas de la dictadura sino los esbirros peronistas de la Triple A.

Lo expuesto se conecta con negar la explotación, principal combustible de la lucha revolucionaria. “El “nuevo” capitalismo «al pedirle a los sujetos que cada vez tengan más valor como mercancía, nadie da la talla y el sujeto se tiene que hacer cargo de ese no dar la talla y, por lo tanto, está siempre sintiéndose que ha fracasado» O sea que para esta «actualizada» caracterización ya no es la fuerza de trabajo la mercancía que se vende en el mercado (y que por la diferencia entre el valor entregado y el pagado se constituye la plusvalía) sino que la mercancía es un sujeto que debe fijar su propio valor. No se ofrece ninguna demostración de cómo funciona una economía y una sociedad de este tipo, pero si se puede entender hacia dónde apunta la afirmación. Se puede justificar que las reformas (laboral y previsional fundamentalmente) no son batallas cruciales, ya que allí se trata del valor y no del sujeto y su culpa. El peronismo prepara el ajuste en todos los terrenos.

Cada punto de la teoría revolucionaria es reconvertido en un callejón sin salida. Si se caracterizaba desde el siglo XIX que las crisis del capital no son de escasez sino de sobreproducción, caída de la tasa de ganancia y necesidad de destruir excesos, ahora se presenta como “una nueva relación entre la falta y el exceso, una nueva relación entre el carácter insaciable del deseo humano y el exceso de goceiv El exceso es goce, la miseria es deseo y desaparece el núcleo central del capitalismo: la apropiación privada de la producción de riqueza social relanzada constantemente en la competencia. Esas crisis pasa a ser interpretada como el efecto de una voluntad ajena a las mismas e indemne a sus efectos “se habla muchísimo de crisis, pero a la crisis, en realidad, la soportan los sujetos, los pueblos, las familias, no el capital. El capital está cada vez más fortalecido y siempre encuentra nuevos canales de reproducción social” v De manera que EL Capital es una amenaza fantasmagórica no encarnada en capitales (y capitalistas) reales, sin crisis ni quebrantos, y sin políticas para enfrentarlas, porque son completamente favorecidos por ellas.

Si se afirmaba que los poseedores de los medios de producción (clase de los burgueses) expulsan de esa posesión a masas crecientes que sólo tienen para vender en el mercado su fuerza de trabajo (clase de los obreros) ahora se propone abolir las clases y tratar con figuras de la subjetividad. Al trabajador precarizado se le llama “empresario de sí mismo” y se le adjudica gestionar su propia vida como “una empresa de rendimiento” y no se trata de los “entrepeneurs” sino que “cuando uno va, por ejemplo, a las villas, visita las favelas o visita los poblados de los excluidos, hay empresarios de si mismos. Es decir ha habido una metamorfosis de la pobrezavi Toma pa vos!

“No sólo se fabrican sujetos que deben ser empresarios de sí, sino que también se fabrican deudoresvii Lo que era el compromiso de la venta futura de su fuerza de trabajo obligado por su precariedad económica (cuyo criollísimo antecedente es el conchabo en los obrajes e ingenios que incluían la deuda en el almacén del propio patrón) ahora es una “forma de subjetivar al sujeto” No se trata de una miseria que obliga a endeudarse sino de una forma de subjetivación.

Pero quizás dónde la perversión llega más lejos es en esta definición “La pobreza ya no puede ser entendida como Marx, es decir, como la no satisfacción de las necesidades materiales, sino que en la pobreza hay relación con el plus de gozar, en la pobreza hay tráfico de armas, marcas, drogas. Es decir, aun no estando satisfechas las necesidades materiales básicas, el goce despliega todas sus fuerzasviii No es que faltan recursos es que se usan para el goce, y psicoanalistas que miden el goce con un simple golpe de vista, afirman que hay mucho, y que hay más que antes.

Todo se aclara cuando se expresa quienes es el sujeto de tanto forzamiento. “Al conflicto irresoluble entre los poderes oligárquicos-financieros y sus corporaciones por un lado, y, por otro, con los trabajadores explotados, los excluidos de distinto signo y las vidas desnudas y sin amparo que son atacadas en lo más intimo de su ser” ix eso genera reacciones “cada vez que un país se esfuerza por salir de los estragos del neoliberalismo…” x No son los trabajadores sino “el país” (lo que incluye en lugar predominante a la burguesía) el que constituye el polo populista. De un lado “poderes oligárquicos-financieros” y de otro “el país”. El programa de liberación nacional burgués reformulado en términos vagos y viscosos.

Aunque esa viscosidad muestra su dureza escondida cuando se refiere a las alternativas revolucionarias que podrían intentar construirse por fuera del peronismo. Retomando la afirmación de J. P. Feinmann en defensa del orden ante la muerte de Mariano Ferreyra (“ese cadáver es tuyo” le espetaba a Altamira) la teoría de los dos demonios renace en la versión más miserable. La que acusa al socialismo de promover el “círculo de terror sacrificial propio del modo de ser revolucionarioxi

El encadenamiento de frases es delirante pero lo podemos seguir: El capitalismo ya no explota el trabajo, su botín es la subjetividad. Los trabajadores no padecen por lo tanto explotación. Son figuras de la subjetividad y se vuelven ellos mismos auto explotados y deudores. Las crisis son exteriores al capital y producto de un plan macabro. Lo que es el objeto a defender de la voracidad imperialista es el país (o sea sus burgueses) y quienes se oponen a este estado de cosas buscan el exterminio, por lo tanto son parcialmente responsables del mismo.

Faltaría un eslabón, saber que acción proponen estos pensadores. Rota la relación con el mundo real queda una teoría sin vehículo, ni lazos, ni expresión institucional. Nora Merlín resuelve este problema. Además de las redes sociales, de los medios periodísticos que se les ofrecen generosamente y de las cátedras y facultades creadas para difundirlos también «proliferaron en estos últimos años las más creativas formas de participación: murgas, centros culturales, comedores, radios y modos de comunicación alternativa, que se convirtieron en urgencias. (…) Hubo una decisión compartida de dar una batalla desigual contra el poder real corporativo, contando SOLAMENTE con los cuerpos, los lazos sociales, la inteligencia colectiva y la potencia surgida por el común deseo de volver» xii A la inexistencia o imposibilidad de la explotación, las clases sociales, la revolución o la represión burguesa, ahora le sigue la desaparición del conjunto del poder político e institucional peronista, el borramiento del cogobierno de estos últimos tres años y de la prolija ejecución del ajuste y la represión por los gobernadores “populistas”. Lo que hay son “los cuerpos”

Frente a este amontonamiento de frases inconsistentes pero con un fin notorio, los socialistas defendemos categóricamente las ideas atacadas y su vigencia, incluso proponemos la superación colectiva de las debilidades en la elaboración del programa socialista, pero no renegando de él a favor de la burguesía, sino avanzando hacia ese objetivo mediante todo lo que la teoría populista niega: el conocimiento de la realidad y la construcción de una organización para luchar por ese programa.


Notas

i Alemán, Jorge. Horizontes neoliberales de la subjetividad. Grama Ediciones, 2016, Olivos. Pag. 20

ii https://radiocaput.com/jorge-aleman-el-capitalismo-actual-se-ha-apropiado-de-la-vida/

iii Alemán, Jorge. Horizontes neoliberales de la subjetividad. Grama Ediciones, 2016, Olivos. Pag. 24

iv Alemán, Jorge. Horizontes neoliberales de la subjetividad. Grama Ediciones, 2016, Olivos. Pag. 34

v  Jorge Alemán, Subjetividades, política y procesos emancipatorios en Latinoamérica [Conferencia], Oficios Terrestres (N.° 34), pp. 65-73, enero-junio 2016.

vi Alemán, Jorge. Horizontes neoliberales de la subjetividad. Grama Ediciones, 2016, Olivos. Pag. 33

vii Alemán, Jorge. Horizontes neoliberales de la subjetividad. Grama Ediciones, 2016, Olivos. Pag. 35

viii Alemán, Jorge. Horizontes neoliberales de la subjetividad. Grama Ediciones, 2016, Olivos. Pag. 34. O también ya no se trata de que uno explote al otro sino de que uno se explote a sí mismo; ya no se trata de que la pobreza sea la no satisfacción de las necesidades materiales, sino de que en el corazón de la pobreza más terrible exista el goce.” Jorge Alemán, Subjetividades, política y procesos emancipatorios en Latinoamérica [Conferencia], Oficios Terrestres (N.° 34), pp. 65-73, enero-junio 2016.

ix Alemán, Jorge. Horizontes neoliberales de la subjetividad. Grama Ediciones, 2016, Olivos. Pag. 38

x Alemán, Jorge. Horizontes neoliberales de la subjetividad. Grama Ediciones, 2016, Olivos. Pag. 39

xi https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-287315-2015-12-01.html

xii https://lateclaenerevista.com/elecciones-los-afectos-y-el-campo-popular-por-nora-merlin/

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