Nación, nacionalismo y Socialismo

en La Hoja Socialista 15/LHSEscenasDelFuturo

Hay un hogar que, a diferencia de aquel en cual nacemos, no parece que pudiéramos abandonar nunca. Nos da un sentido de pertenencia y a la vez nos separa de otros. No pocas veces su defensa llevó a profundas guerras y masacres. Es que más de uno está dispuesto a morir por ese hogar. Se trata, ni más ni menos, que de las naciones.

En efecto, los países son la forma principal en la que se clasifica a las personas a lo largo del planeta. Todas pertenecen a uno, y eso se supone que le da derechos y obligaciones. Por eso mismo, porque ordenan la vida, es que frecuentemente creemos que son eternos. Es decir, que existieron siempre y siempre van a existir. Pero esto es falso. Y es bueno que así sea porque, más allá de lo que se suele pensar (y pensamos así porque la burguesía así lo quiere), las naciones no son nada bueno para los trabajadores. Sencillamente, porque son creación y responden a los intereses de los patrones. Veamos en detalle.

Ya lo explicamos en otros números, pero siempre es bueno insistir. La nación es una construcción histórica de la burguesía. Es la forma en que se organiza socialmente un territorio. Los límites, esos que estudiamos de chicos en la escuela, delimitan un espacio físico del que la burguesía nacional es dueña.

Para decirlo sencillamente: entre esas fronteras la burguesía se arroga del derecho de explotar a sus obreros. Podríamos decir que es su coto de caza que viene a asegurar su principal interés: la explotación. Ya se va haciendo uno la idea de por qué a los trabajadores el tema de la nación no debiera preocuparnos demasiado.

Como si esto fuera poco, la burguesía también puede utilizar la nación para garantizar su dominación, para convencernos. En la nación conviven “ciudadanos”, esos sujetos que se supone son iguales para las leyes. Claro, algunos son más iguales que otros y llevan la buena vida, mientras otros somos menos iguales y, con suerte, sobrevivimos. Lo explicamos en otro lugar, la ciudadanía es la forma en la que se ocultan las diferencias de clase.

Con el nacionalismo los patrones refuerzan la ilusión de la ciudadanía y dividen a la clase obrera. Le hacen creer a uno que un trabajador boliviano es su enemigo, que vino aquí a quitarle su trabajo. Del mismo modo, el patrón boliviano que tiene un taller textil clandestino aquí, convence a su compatriota de que no lo está explotando, sino que le dio una oportunidad y que todos tiran para el mismo lado en territorio ajeno.

Resumiendo, la nación es el espacio donde la burguesía reclama para sí el derecho a explotar. El nacionalismo nos convence de que todo eso es bueno, y que también la nación es nuestra. ¿Qué sucede con todo esto en el Socialismo?

Lo primero que hay que decir es que la lucha por el Socialismo la tenemos que dar en nuestro propio país. Los trabajadores argentinos tenemos que saldar cuentas con los patrones argentinos. La lucha es nacional por la forma en que se desarrolla. Pero no tenemos que olvidar que es internacional por su contenido. No apostamos a terminar con la explotación en la Argentina, sino en todo el mundo, hermanándonos con todos nuestros compañeros de clase.

Claro que no podemos realizar la tarea en todo el mundo al mismo tiempo. El tiempo dirá dónde comienza y dónde culmina. Si empezáramos por la Argentina rápidamente tendríamos que pensar en extender la lucha a Brasil y a todo el continente. Solos, estamos condenados a perder. Ahí está Cuba para mostrarlo. Pero agudicemos un poco más la imaginación, y pensemos que sucedería con las naciones en el Socialismo.

Como usted ya sabe, el Socialismo es una sociedad que no se basa en la explotación, donde no hay clases explotadoras ni explotadas. Por eso Marx decía que era la forma en la que la humanidad de conjunto se liberaba, porque se eliminaban las clases. De este modo, todos pasamos a ser iguales realmente.

En este contexto, las naciones pierden sentido como espacio de organización social, porque desaparece el elemento necesario para organizarlo. Lo más importante, es que dejamos de ver al resto de las personas como un enemigo por el simple hecho de haber nacido en otra parte del globo. Cesan, por tanto, la xenofobia, la segregación y el enorme drama actual de los refugiados (y los miles de muertos anuales que no lo logran).

Al mismo tiempo, la desaparición del territorio nacional abre la puerta a una economía más racional. Ya no hace falta que todos los países produzcan todo lo necesario, sino que se habilita a una verdadera y eficiente distribución internacional del trabajo. La extinta Argentina aportará, por caso, productos agropecuarios. El finado Chile hará lo suyo con el cobre. Y así podríamos seguir. No habría que sostener producciones ineficientes en todos lados como ahora, porque la irracionalidad de los limites nacionales así lo disponen. Lo importante es que aprovecharíamos cada espacio en función de sus recursos, realizando una producción más eficiente. Un ejemplo más de por qué el Socialismo es la única solución a todos nuestros problemas.


Para seguir leyendo

Si quiere entender un poco más la relación entre nación y burguesía, entrele a: “La cuestión nacional”, http://bit.ly/2KteV6j

¿Por qué el Socialismo es el reino de la igualdad? Lo explicamos en: “Igualdad, libertad y Socialismo”, http://bit.ly/2VCdyDw

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