Huelga de masas, partido y sindicatos – «Espontaneidad y acción», de Rosa Luxemburgo

en Aromo/El Aromo n° 108/Novedades

Las acciones de las masas, sus motivaciones inmediatas y sus implicaciones, el rol del partido revolucionario y el papel de las instituciones de la democracia burguesa, los preparativos técnicos y la violencia callejera, y sobre todo, la mirada puesta en la amplitud de la vida social en lugar de colocarla en la refomulación inacabable de las palabras y los términos. Todo esto planteaba hace más de un siglo la gran revolucionaria Rosa Luxemburgo en este texto. Problemas y debates que la situación latinoamericana ha actualizado con dramatismo en las últimas semanas.

Si hay algo que nos enseña la Revolución Rusa es, sobre todas las cosas, que la huelga de masas no se “hace” artificialmente, no se “decreta” en el aire, no se “propaga”, sino que es un fenómeno histórico que surge en determinados momentos de las mismas circunstancias sociales y con necesidad histórica. El problema no va a resolverse con abstractas especulaciones en tomo a la posibilidad o imposibilidad, a la utilidad, o al riesgo que implica la huelga de masas, sino mediante el estudio de los factores y de las circunstancias sociales que provocan la huelga de masas en la fase actual de la lucha de clases; con otras palabras: el problema no puede ser comprendido ni discutido a partir de una apreciación subjetiva de la huelga general, tomando en consideración lo que sea deseable o no, sino a partir de un examen objetivo de los orígenes de la huelga de masas desde el punto de vista de las necesidades históricas. En las regiones etéreas del análisis lógico abstracto se puede demostrar con el mismo rigor tanto la imposibilidad absoluta y la derrota indudable de la huelga de masas como su posibilidad absoluta y su segura victoria. Por esta razón, el valor de la demostración es el mismo en ambos casos, a saber: ninguno. De ahí que especialmente el temor por la “propaganda” de la huelga de masas, que ha conducido ya a la excomunión formal de los supuestos culpables de ese crimen, sea únicamente el producto de un jocoso malentendido. Es tan imposible “propagar” la huelga de masas, como medio abstracto de lucha, como propagar la “revolución”. Tanto la “revolución” como la “huelga de masas” son conceptos que solo significan en sí mismos una forma exterior de la lucha de clases, y que solo tienen sentido y contenido en relación a situaciones políticas muy bien determinadas. Querer desplegar una labor de agitación en regla en favor de la huelga de masas, como forma de la acción proletaria, querer extender esta “idea” para ganar poco a poco a la clase obrera, sería una ocupación tan ociosa, tan vana e insípida como emprender una campaña de propaganda en favor de la idea de la revolución o de la lucha en las barricadas. Si en la hora presente la huelga de masas ha pasado a ocupar el centro del vivo interés de la clase obrera alemana e internacional es porque representa una forma nueva de lucha, y como tal, el síntoma auténtico de profundos cambios internos en las relaciones entre las clases y en las condiciones de la lucha de clases.

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Los “políticos prácticos” se dan por satisfechos, en todo caso, con esta resolución, porque vincula fundamentalmente la huelga de masas con el destino del sufragio universal; de este hecho creen poder concluir dos cosas: primera, que la huelga de masas conserva un carácter puramente defensivo; segunda, que la huelga de masas misma, subordinada al parlamentarismo, se conviene en un simple apéndice del parlamentarismo. Pero el verdadero meollo de la resolución de Jena radica en que, dada la actual situación en Alemania, un atentado por parte de la reacción gobernante al sufragio universal para las elecciones al Reichstag significaría, muy probablemente, el impulso inicial y la señal para un periodo de tormentosas luchas políticas. Entonces, por primera vez en Alemania, la huelga de masas podría ser aplicada como medio de lucha. Querer restringir y mutilar artificialmente, mediante el texto de la resolución de un congreso, la importancia social y el campo de acción histórico de la huelga de masas, como problema y como fenómeno de la lucha de clases, es dar pruebas de un espíritu tan estrecho y limitado como el que se manifiesta en la resolución del Congreso de Colonia. En la resolución del congreso de Jena, la socialdemocracia alemana ha levantado acta oficialmente de la profunda transformación lograda por la Revolución Rusa en lo que respecta a las condiciones internacionales de la lucha de clases, manifestando su capacidad de desarrollo revolucionario y de adaptación a las nuevas exigencias de la fase futura de la lucha de clases. En esto reside la importancia de la resolución de Jena. Por lo que respecta a la utilización práctica de la huelga de masas en Alemania, la historia decidirá sobre ello como lo hizo en Rusia; para la historia, la socialdemocracia y sus resoluciones constituyen un factor importante por cierto, pero, solo un factor entre muchos. Desarrollo del proceso de la huelga de masas en Rusia La huelga de masas, tal como aparece por lo general en las discusiones que se llevan a cabo actualmente en Alemania, es un fenómeno aislado muy claro, simple de concebir y de precisas delimitaciones. Se habla exclusivamente de la huelga de masas política. Se piensa en una única insurrección grandiosa del proletariado industrial, desencadenada con ocasión de un hecho político de gran importancia, sobre la base de un acuerdo recíproco entre las direcciones de los partidos y de los sindicatos, y que, dirigida ordenada y disciplinadamente, cesa en el más perfecto orden ante una consigna dada en el momento oportuno por los centros dirigentes. Deberá también determinarse previamente con toda exactitud el apoyo que hay que otorgar y los gastos y víctimas que ocasionará, en una palabra, todo el balance material de la huelga de masas. Si comparamos ese esquema teórico con la verdadera huelga de masas, tal como se presenta en Rusia desde hace cinco años, hemos de reconocer que la concepción en torno a la cual gira la discusión en Alemania no se corresponde a casi ninguna de las muchas huelgas de masas que han tenido lugar, y que, además, las huelgas de masas en Rusia presentan una multiplicidad tal de variaciones que resulta completamente imposible hablar de “la” huelga de masas, de una huelga de masas esquemática y abstracta. Todos los momentos de la huelga de masas, así como su carácter, no son solamente distintos en las diversas ciudades y regiones del imperio, sino que, sobre todo, su carácter general ha cambiado varias veces en el curso de la revolución. Las huelgas de masas han pasado en Rusia por una determinada evolución histórica, que aún continúa. Quien pretenda hablar de la huelga de masas en Rusia, deberá, ante todo, tener presente su historia. El período actual, oficial, por así decirlo, de la Revolución Rusa se considera que empieza, y con razón, con la insurrección del proletariado de San Petersburgo del 22 de enero de 1905, con la manifestación de 200.000 obreros, delante del palacio de los zares, que acabó en una terrible masacre. La sangrienta hecatombe de San Petersburgo fue, como es sabido, la señal que desencadenó la primera serie de huelgas de masas, que se extendió en pocos días por toda Rusia, llevando el llamamiento revolucionario desde San Petersburgo a todos los rincones del imperio y a las más amplias capas del proletariado. Pero la insurrección de San Petersburgo del 22 de enero fue solo el punto culminante de una huelga de masas que con anterioridad había puesto en movimiento el proletariado de la capital zarista en enero de 1905. Sin duda alguna, esa huelga de enero en San Petersburgo fue la consecuencia inmediata de la gigantesca huelga general que había estallado poco antes, en diciembre de 1904, en el Cáucaso (Bakú), y que mantuvo a Rusia a la expectativa durante mucho tiempo. Los acontecimientos de diciembre acaecidos en Bakú, fueron, por su parte, solo un último y poderoso eco de las grandes huelgas que, semejantes a periódicos temblores de tierra, sacudieron, entre 1903 y 1904, todo el sur de Rusia, y cuyo prólogo fue la huelga de Batumi, en el Cáucaso, en mayo de 1902. Y en la cadena de erupciones revolucionarias actuales, esta primera serie de huelgas está alejada, a fin de cuentas, solo en cinco o seis años de la huelga general de los obreros textiles de San Petersburgo en 1896-97; y si bien parece que algunos años de aparente tranquilidad y de severa reacción separan al movimiento de entonces de la revolución de hoy, basta con conocer un poco la evolución política interna del proletariado ruso hasta el actual estado de su conciencia de clase y de su energía revolucionaria, para remontar la historia del actual periodo de las luchas de masas a las huelgas generales de San Petersburgo. Estas revisten una gran importancia para nuestro problema, ya que contienen en germen todos los elementos principales de las huelgas de masas ulteriores. En primer lugar, la huelga general de 1896 en San Petersburgo aparece como una lucha reivindicativa parcial, con objetivos puramente económicos. Sus causas fueron las condiciones insoportables de trabajo de los hilanderos y los tejedores de San Petersburgo: jornadas de trabajo de trece, catorce y quince horas, miserables salarios a destajo, y un muestrario completo de las más infames vejaciones patronales. No obstante, los obreros textiles soportaron durante mucho tiempo esta situación, hasta que un incidente, mínimo en apariencia, provocó el desbordamiento. En mayo de 1896, se celebró la coronación –que había sido postergada durante dos años por miedo a los revolucionarios– del actual zar Nicolás II, y con este motivo, los empresarios de San Petersburgo manifestaron su celo patriótico imponiéndole a sus obreros tres días de vacaciones forzosas, pero, cosa notable, negándose a pagar los jornales de esos días. Los obreros textiles, exasperados por esa medida, se pusieron en movimiento. Después de una asamblea en el jardín de Ekaterinov, en el que participaron alrededor de trescientos de los obreros más preparados, se decidió ir a la huelga y se formularon además las reivindicaciones siguientes: 1) pago de los salarios correspondientes a los días de la coronación; 2) jornada de trabajo de diez horas y media; 3) aumento de los jornales a destajo. Esto ocurría el 24 de mayo. Una semana después todas las fábricas de tejidos y todas las hilanderías estaban cerradas y 40.000 obreros declaraban la huelga general. Hoy, este acontecimiento, comparado con las vastas huelgas de la revolución, puede parecer una insignificancia, pero, dentro del clima de estancamiento político que caracterizaba a la Rusia de entonces, una huelga general era algo inaudito, era en sí toda una revolución en pequeño. A continuación se desató la represión más brutal; alrededor de un millón de obreros fueron detenidos y enviados a sus lugares de origen, la huelga general fue aplastada. Así podemos observar todas las características fundamentales de las futuras huelgas de masas. El motivo inmediato del movimiento fue completamente casual y hasta secundario, su irrupción fue espontánea; pero, por la forma en que se produjo el movimiento se manifestaron los frutos de una agitación de varios años por parte de la socialdemocracia; en el curso de la huelga general fueron los agitadores socialdemócratas los que estuvieron a la cabeza del movimiento, dirigiéndolo y llevando a cabo una intensa propaganda revolucionaria. Además: la huelga era, vista desde fuera, una simple lucha económica salarial, y solo la actitud del gobierno, así como la agitación de la socialdemocracia, hicieron de ella un fenómeno político de primera categoría. Y finalmente: la huelga fue aplastada, los obreros sufrieron una “derrota”, pero, ya en enero del siguiente año, en 1897, los obreros de la industria textil de San Petersburgo repetían una vez más la huelga general y lograban esta vez un extraordinario éxito: la instauración por vía legal de la jornada de once horas y media en toda Rusia. Pero hubo un resultado aún más importante: desde aquella primera huelga general de 1896, que fue emprendida sin asomo siquiera de organización obrera y de fondos de huelga, comienza poco a poco en la Rusia propiamente dicha una intensa lucha sindical que se extiende muy pronto desde San Petersburgo hacia el resto del país, y abre perspectivas totalmente nuevas a la propaganda y a la organización de la socialdemocracia.

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Tomar la iniciativa y la dirección no consiste, aquí tampoco, en dar órdenes arbitrariamente, sino en adaptarse lo más hábilmente posible a la situación, y en mantener el más estrecho contacto con la moral de las masas. El elemento espontáneo, según hemos visto ya, desempeñó un gran papel en todas las huelgas de masas en Rusia, ya sea como elemento impulsor, ya sea como freno. Pero esto es así, no porque en Rusia la socialdemocracia sea aún joven y débil, sino por el hecho de que cada acción particular es el resultado de una infinidad tal de factores económicos, políticos, sociales, generales y locales, materiales y psicológicos, que ninguno de ellos puede definirse ni calcularse como un ejemplo aritmético, cuando el proletariado, con la socialdemocracia a la cabeza, desempeñe el papel dirigente en la revolución, esta no es una maniobra del proletariado a campo abierto, sino una lucha en el seno de convulsiones del desgajamiento y desplazamiento incesante de todos los fundamentos sociales. En resumen, si el elemento espontáneo desempeñó un papel tan importante en las huelgas de masas en Rusia, no es porque el proletariado ruso carezca de la “suficiente preparación”, sino porque las revoluciones no se aprenden en la escuela. Por otra parte, vemos cómo en Rusia esta revolución que le hace tan difícil a la socialdemocracia conquistar la dirección de la huelga, poniéndole en la mano o quitándole la batuta de la dirección, cómo esta misma revolución resuelve por sí misma todas las dificultades, que el esquema teórico de la discusión en Alemania considera como la preparación principal de la “dirección”: la cuestión del “aprovisionamiento”, de los “costos”, de los “sacrificios”. Naturalmente que no los resuelve de la misma forma en que pueden ser solucionados, lápiz en mano, durante el curso de una apacible conferencia secreta, mantenida por las supremas instancias del movimiento obrero. El “solucionar” todos estos problemas consiste en que la revolución mueve a masas populares tan enormes que todo intento de cálculo y previsión de los costos de su movimiento, como se establecen previamente los costos de un proceso civil, se presenta como una empresa sin esperanzas. Es cierto que también las organizaciones dirigentes de Rusia trataron de apoyar con todas sus fuerzas a las víctimas directas de la lucha. Así, por ejemplo, las valerosas victimas del gigantesco cierre de fábricas en San Petersburgo, debido a la campaña por la jornada de las ocho horas, recibieron apoyo durante semanas enteras. Pero, todas esas medidas son como una gota de agua en el mar en el enorme balance de la revolución. En el momento en que comienza en serio un verdadero periodo de huelgas de masas, todos los “cálculos de costos” equivalen a la pretensión de querer dejar el océano sin agua con un vaso. Pues es realmente un verdadero océano de terribles privaciones y sufrimientos el precio que tiene que pagar la masa proletaria por cada revolución. Y la solución que le ofrece un período revolucionario a esta dificultad, aparentemente insuperable, es que desencadena, al mismo tiempo, tal cantidad de idealismo en las masas, que se hacen insensibles a los más agudos sufrimientos. No se puede hacer ni la revolución ni la huelga de masas con la psicología de un sindicalista que se niega a dejar de trabajar el Primero de Mayo, si no se le garantiza por adelantado una determinada ayuda para el caso en que sea despedido. Pero, justamente en la tormenta del periodo revolucionario, el proletariado se transforma de solícito padre de familia, que exigía un apoyo, en un “romántico de la revolución”, para que hasta el bien supremo; la vida, con mayor razón el bienestar material, apenas tiene valor en comparación con los ideales de lucha. Pero, si la dirección de la huelga de masas, en lo que se refiere al momento de su surgimiento y al cálculo y pago de sus costos, es algo que incumbe al mismo periodo revolucionario, desde otro punto de vista, la dirección de la huelga de masas recae sobre la socialdemocracia y sus organismos ejecutivos. En lugar de romperse la cabeza con la parte técnica, con el mecanismo de la huelga de masas, la socialdemocracia está llamada a hacerse cargo de la dirección política aún en medio de un periodo revolucionario. La consigna, señalar la orientación de la lucha, fijar la táctica de la lucha política de tal forma que en cada fase y en cada momento se movilice toda la fuerza actual, activa y desencadenada del proletariado, para que se manifieste en la actitud combativa del partido, en que la táctica de la socialdemocracia, por su decisión y agudeza, no se encuentre nunca por debajo del nivel de las relaciones de fuerza existentes, sino que, al contrario, se sitúe por encima de este nivel; esta es la tarea más importante de la “dirección” en el periodo de las huelgas de masas. Y esa dirección se transforma por sí misma, en cierta medida, en dirección técnica. Una táctica consecuente, decidida y de vanguardia por parte de la socialdemocracia despierta en las masas un sentimiento de seguridad, de confianza en sí mismas, elevando además el espíritu combativo; una táctica vacilante, débil, basada en la subestimación del proletariado, paraliza y confunde a las masas. En el primer caso, las huelgas de masas se desencadenan “solas” y siempre “a tiempo”; en el segundo, incluso fracasan los llamamientos directos de la dirección a la huelga de masas.

Rosa Luxemburgo
1871-1919

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