Después de las urnas

en La Hoja Socialista 23/Novedades

Estos últimos días, se habló mucho sobre los resultados de las últimas elecciones, pero en general se hace una lectura errónea. Lo que nosotros estamos viendo es un clima general de descomposición. Por eso, lo primero que necesitamos hacer es trazar algunas líneas históricas que nos ayuden a comprender cómo llegamos hasta acá.

La Argentina desde 2012/2013 está en una crisis económica casi ininterrumpida. Esto lleva además a una caída salarial impresionante. Este año tenemos el peor salario privado en blanco desde el 2007. Esta crisis se llevó puesto a dos gobiernos: el segundo mandato de Cristina y la presidencia de Macri. Está por verse si a Alberto también…

Como primer panorama podemos ver que nuestro país tiene una crisis orgánica. Una crisis en su estructura económica muy poderosa que se va comiendo todos los gobiernos y el país. Está empujando a la población a niveles de miseria aún mayores. Sobre esta situación, tenemos un segundo panorama: el problema de la conformación política. Tenemos una explosión del peronismo en fragmentos parciales (los gobernadores, los intendentes, la CGT, los movimientos sociales, etc.) Una cantidad de piezas dispersas unificadas por un personal político. El pegamento que unía todos esos fragmentos durante estos años fue el kirchnerismo.

A este escenario se agrega el fracaso del macrismo, quien en su momento parecía una coalición que podía dar un cauce institucional a la crisis. Y la mejor expresión de esto, no es tanto la elección que pierde Macri con el 40% sino el hecho de que, en estos últimos años, aparece la figura de Larreta contraria a Mauricio, porque este ya está quemado.

Frente a esto, lo que se arma es otra coalición peronista para 2019. Pero ya las condiciones son otras porque “la jefa” reconoce que ya no tiene caudal propio. Tiene que juntar a todo el mundo para ganarle a Macri. Esta es la estructura argentina, la debacle, y esa es la política argentina que precede a esta crisis.

Entonces, a una economía que empuja cada vez más a la gente a la miseria, se le suma una estructura partidaria que no puede solidificarse ni contener a esas masas. Además, tenemos un problema ideológico porque la gente ya no vota por convicción. Si uno mira los votos desde el 2003 para acá, podemos advertir que son muy economicistas sobre todo en los barrios. Hay plata, hay voto. No hay plata, no hay voto.

Las instituciones no están funcionando porque no pueden contener este conjunto de variables que se entrecruzan dando lugar a una especie de tormenta perfecta. Esto deriva en lo que vemos en las elecciones: un repudio, no completamente generalizado, pero sí creciente de la población sobre el conjunto del personal político. Que parece dirigirse hacia un rechazo del régimen, aunque todavía estamos lejos porque no hay una acción directa fuerte.

Ante ese rechazo generalizado del personal político, la gente intenta individualizar, buscar un culpable para salir adelante. El enojo se individualiza y en este punto los representantes políticos buscan echarle la culpa al otro. Por ejemplo, Cristina dice: “perdió Alberto”. “Voy a poner plata en el bolsillo de la gente” (darle a la maquinita). Que la gente vaya a votar. Pero, en realidad, la perdedora ideológica es ella. Lo que se vio cuando Cristina amenazó al presidente, es que ella no tiene nada. Alberto se quedó con los gobernadores, con la mayoría de los intendentes, los movimientos sociales, etc.

Los Fernández fueron una coalición incompatible desde el principio. Lo que está trabando una solución para que Cristina se vaya a la oposición, por ejemplo, es que primero no tiene nada, pero además técnicamente no lo puede hacer porque a ella le importan las causas. Si ella se va, pierde los fueros. Si pierde los fueros, queda a un paso de los barrotes.

Ahora, frente a esta crisis fenomenal que estamos viviendo, la izquierda piensa en las instituciones en lugar de empujar el proceso. Su respuesta ante la situación que está viviendo el país es: “votanos en noviembre”. Mientras tanto, la crisis sigue su curso, los políticos patronales intentan cerrarla y nuestra vida se vuelve un poco más miserable a cada día. Los trabajadores necesitamos organizarnos para imponer nuestra propia salida, una que permita poner en pie una Argentina socialista, aquí y ahora.

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