El 2021 que se va y el 2022 que se viene

en La Hoja Socialista 23/LHS/Novedades

Se acerca fin de año y resulta necesario realizar un balance de lo que fue este año y lo que nos espera de acá en adelante. En nuestro país, la idea de “tenemos un horizonte hacia donde vamos”, no existe. Alfonsín fue el último presidente que tuvo algún tipo de proyecto, aunque se podría caracterizar más como un globo político que algo con perspectiva cierta.

El principal problema de la Argentina es el agotamiento de su clase dirigente burguesa y la ausencia de una clase dirigente no burguesa. Acá no hay expectativas ni por arriba ni por abajo. Nos encontramos en un pantano donde no hay ningún proyecto de país.

La primera cuestión que deja este 2021 que se va es un país en un estado peligroso. Con una gravedad que quizás no se ve bien en el día a día. Estamos viviendo una especie de 2001 por goteo. Si pensamos en aquella época, el final de ese año y todo el 2002 fue un momento muy terrible. Pero, el 2003 ya alumbró con otra cosa, parecía despegar y, de hecho, en el 2004/5 se vio una pendiente muy notable que es lo que después cimentó el ascenso y la consolidación del kirchnerismo.

Ahora lo que estamos viendo es una especie de amecetamiento de la miseria y eso es preocupante. Si descontamos todo lo que dejó la pandemia, todavía no estamos ni siquiera en el segundo año de la crisis de Macri. Es decir, lo que atravesamos en el 2019 fue más importante en términos de caída de indicadores que los efectos del Covid-19.

Esto significa que venimos de 3 o 4 años muy complejos, pero también de una década de que la Argentina está estancada. En términos estrictos, del 2011 para acá. Actualmente, se está hablando de una reestructuración muy potente que rondaría los 10 puntos, pero se olvidan que es una recuperación de lo que heredamos de Mauricio que, a su vez, no fue más que un breve respiro mantenido a deuda de una situación de estancamiento que traíamos del 2011/2.

Así, todo esto va dejando un escenario económico muy complejo que probablemente se profundice el año que viene, no en términos de profundidad sino de estancamiento, es decir, que esto se alargue. Además, este panorama se proyecta fuera del campo económico porque a nivel político tampoco pasa nada. Hasta el 2023 no vamos a ver cambios. Está todo el mundo decidido a llegar a este año. Por lo tanto, no se van a tomar decisiones políticas importantes hasta el 2024. Nos quedan tres años completos para esperar algo.

Pensemos que, del lado de la burguesía, en lo que respecta a Juntos por el Cambio vemos un amontonamiento cuya única virtud es mantenerse unidos a pesar de haber perdido y de lo que puedan ganar. Ahí toda la discusión futura es qué pasa con el ala libertaria que presiona en una especie de Alsogaray en los 90, donde todo el mundo tenía que copiar eso que aprecia como lo más “dinámico”. Del otro lado de la oposición, tenemos un desgranamiento porque lo que ocurre en el Frente de Todos es que se mantiene ligado sin estar unidos. Algo semejante a un flan que si se toca se desarma.

Frente a esto, lo realmente preocupante es la fata de un proyecto alternativo. No está apareciendo una opción que sea radicalmente distinta. Entre otras cosas porque quienes deben proponer esta alternativa están en el juego del corto plazo: “no a la minería”, “no al FMI”, etc. Y no se sabe “sí a qué”. No te dicen por qué los tenés que seguir.

Así, ese pantano económico en el que estamos sumergidos se traduce en un pantano político. Y lo que todavía genera más preocupación es el pantano social. Hay una especie de nuevo equilibrio donde nos vamos acostumbrando a que esta “nueva realidad” es la realidad. Entonces, no parece que suceda demasiado cuando uno ve noticias espeluznantes como las que estamos “acostumbrados” a recibir todos los días.

Estamos tomando como realidad esta idea de que la mitad de la Argentina vive de la caridad del Estado y que esta no alcanza, que ese Estado se descompone porque se terciariza y dice “yo no puedo, hacelo vos”. El 2021 nos tiene que encontrar a los trabajadores delineando un proyecto propio y una estrategia para imponerlo.

1 Comentario

  1. Pienso en un proyecto socialista basado en la expropiación al capital y que defina medidas concretas que sean entendidos para que l clase lo pueda tomar o empezar a elaborar destruyendo los fantasmas y obviamente planteando la necesidad (ya no el deseo) de tomar el poder, delinear un nuevo Estado e indicar las medidas a tomar, demostrando que es posible. No es tarea sencilla pero es la creación colectiva el camino para generarlo

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