¿Cómo se enfrentó el Pacto Social en los ’70?

en La Hoja Socialista 17/Novedades

Como explicábamos en el número anterior, la clase obrera argentina ya sufrió la experiencia de los Pactos Sociales, que ahora buscan reeditar Alberto y Cristina. El peronismo lo promovió en dos ocasiones. En su segundo gobierno, cuando quiso descargar la crisis sobre nuestras espaldas, con el famoso Congreso de la Productividad. Y luego, en el tercer gobierno, ya bajo el nombre de Pacto Social, para contener el ascenso revolucionario que había comenzado en 1969. Nos interesa este último, para ver cómo las organizaciones políticas de los ’70 se enfrentaron a esta medida peronista. La razón es obvia: de esa experiencia podemos sacar lecciones para nuestro presente.

Recordemos brevemente el asunto. La presidencia de Cámpora, que significó el retorno del peronismo al poder en 1973, se inauguró con el Pacto Social. La medida apostaba a un compromiso entre la burguesía nacional y los trabajadores. Se suponía que, en este ceder y recibir, ambas clases se verían beneficiadas. La realidad, sin embargo, fue distinta. La burguesía logró garantizar sus ganancias y la clase obrera sufrió la degradación de sus condiciones de vida. Sobre todo, logró despertar expectativas en los trabajadores y sirvió para que algunas organizaciones dejaran de combatir.

De la amplia variedad de partidos que comenzaron a desarrollarse a partir de 1969, dos fueron los que polarizaron al activismo. Montoneros, como representante de la llamada “izquierda peronista” y el PRT-ERP, referente de la izquierda marxista. Cada uno se posicionó de diferente manera frente al Pacto. Veamos.

Montoneros se reconocía como parte integrante del Movimiento Peronista. Consideraba que la Argentina era un capitalismo dependiente y que su desarrollo económico estaba trabado por la acción del imperialismo norteamericano. Por ello, era necesario un proceso de “Liberación Nacional”, con el cual la patria alcanzaría todo su esplendor. Esto significaba una alianza política entre los explotados y sus explotadores nacionales. Es decir, una alianza entre la pequeña y mediana producción (el universo Pyme que, como ya explicamos, está poblado de los patrones más explotadores y negreros) y los trabajadores. Justamente eso era el Peronismo.

Partiendo de estas ideas, Montoneros celebró el Pacto Social como una herramienta para la “reconstrucción nacional”, gracias a que formalizaba aquel acuerdo entre explotados y explotadores. Claro que no dejaba de realizar ciertas críticas, en particular a la representación obrera que había caído en manos de la burocracia de la CGT. Pero, si ahí en lugar de Rucci hubiera estado sentado un dirigente “honesto”, para Montoneros era un acuerdo ideal. Firmenich, máximo líder de la organización, decía por aquel entonces:

“No es que nosotros estemos en contra de la existencia de un Pacto Social sino que creemos que éste no refleja los intereses de los trabajadores y por lo tanto deberá ser modificado”

Consecuente con ello, en las fábricas donde la organización tenía presencia se intentó aplacar las luchas salariales (que están prohibidas por el Pacto) y orientarlas hacia otras demandas (seguridad, higiene, premios). Primó el criterio de no enfrentarse al gobierno.

El caso del PRT-ERP fue completamente distinto. Para este partido, la contradicción principal no era Nación versus Imperialismo, sino explotados y explotadores. Por ello, la tarea del momento era la expropiación de los patrones y la construcción del socialismo. No había allí ninguna expectativa en la burguesía nacional. Justamente por eso, el Pacto fue rechazado desde un principio, por ser una herramienta de conciliación de clases y de freno al proceso revolucionario. Correctamente, se indicaba que la burguesía buscaba congelar la conflictividad social y asegurar sus ganancias, perpetuando la explotación obrera:

“el famoso ‘Pacto Social’ no es más que un intento de las clases dominantes de mantener el actual sistema de explotación en la Argentina en base al sacrificio de los trabajadores. […] Esta es la verdadera naturaleza del pacto social. Es un intento de los patrones para adormecer la lucha de clases.”

En función de esto, el plan de lucha del PRT-ERP cubrió tres frentes. Por un lado, la denuncia al Pacto en las páginas de su prensa, en volantes y comunicados. Por otro, el impulso a los conflictos salariales en las fábricas, para romper en los hechos la medida. Finalmente, la acción directa en las calles, con movilizaciones y levantamientos contra el gobierno. Las diferencias son claras. Mientras que la “izquierda peronista” firmó la tregua y alimentó las expectativas en el gobierno peronista, la izquierda revolucionaria apostó a la independencia de clase y a la movilización. En 1975, cuando el Pacto voló por los aires y se vieron sus consecuencias con el Rodrigazo, quedó demostrado ante las masas cuál fue la política más acertada. Hay que tomar nota de ello.

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