¿Por qué la prostitución no es un trabajo socialmente aceptable?

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Uno de los debates que atraviesa al feminismo actual en relación a la prostitución, es la oposición entre regulacionistas y abolicionistas. En forma rápida, el primer campo busca reglamentar el ejercicio de la actividad; el segundo, abolirlo. En el debate es común oir que la prostitución “no es trabajo”, como una forma de combatir el intento de regulación.

Se juegan varias cuestiones en el significado de esta expresión, que explican su popularidad. Sobre todo, una consideración positiva del trabajo, que sería “noble” o da “dignidad”. Cuando tales condiciones no se cumplen, suele decirse que “hay explotación”. En otro lugar explicamos que esto no es así y que el trabajo en el capitalismo va de la mano de la explotación. O sea, para algunas abolicionistas la prostitución no es trabajo porque no es “digna”.

En la vereda opuesta, las regulacionistas también reproducen la mirada burguesa del trabajo y hablen de “libertad”. La mujer es “libre” de elegir la prostitución, o no elegirla. Cuando dicen eso, hablan con el lenguaje de los patrones. ¿Por qué? Porque es cierto que nadie tiene la obligación de elegir tal o cual trabajo, pero si no queremos morir de hambre, tenemos que trabajar. Nadie nos obliga a la fuerza, pero sí nos obliga el estómago. Es la economía la que nos fuerza a trabajar.  Para las regulacionistas, en tanto la prostitución “me da de comer”, es trabajo y, por ende, cumple con las exigencias básicas de tal actividad. El problema sería que está mal vista, está “estigmatizada”. Se trata, entonces, simplemente de corregir la mirada social sobre la actividad y regularla. Por eso mismo pueden oponerse a la trata, sosteniendo que la prostituta “elige”, la trata sería un delito aberrante.

La corriente abolicionista se encuentra aquí en una contradicción, producto de su negativa a aceptar el carácter laboral de la actividad, contradicción que suele salvarse con el discurso de la “trata” y de la “explotación”, es decir, como “esclavitud”. Sin embargo, resulta sencillo demostrar lo contrario, es decir, que la prostitución no equivale a trata, incluso sin negar la existencia de esta última. Y ello no solo es así por la posibilidad de la “cooperativa” (el prostíbulo), el caballito de batalla de AMMAR, sino por buena parte de la prostitución callejera.

La prostitución es un trabajo. Es una actividad destinada a un fin, proveedora de bienes que permiten la reproducción de la vida. Negarlo no refuerza la posición abolicionista, por el contrario, la debilita. La cuestión es otra: ¿quién dijo que trabajar es “bueno” y “dignifica”?

Por otro lado, hay muchas actividades que se hacen en forma capitalista, que proveen de bienes para reproducir la vida de quien las ejerce y que pueden regularse. Mucha gente vive de la venta de paco, son sicarios, participan de redes de contrabando o del delito común y corriente. Nadie diría que habría que regular esas actividades y blanquearlas o llevarlas adelante bajo una forma “cooperativa”. Toda sociedad rechaza unos trabajos y acepta otros. Dicho de otro modo, hay trabajos socialmente aceptables y otros no.

¿Por qué la prostitución no debiera ser un trabajo socialmente aceptable? Por el efecto que tiene sobre la lucha por la liberación de la mujer. Dijimos que, en un sentido, la prostitución es un trabajo como cualquier otro. Pero en otro sentido, todo trabajo es distinto al resto. Resulta correcto decir que la prostitución no es un trabajo como cualquier otro. La prostitución es la forma más profunda de la dominación masculina. Sus efectos sobre la cultura y la sociedad la constituyen en pilar central del patriarcado.

Históricamente, las mujeres han sido sometidas bajo dos formas al varón: como productora de descendencia; como productora de placer. La madre/esposa y la amante/puta son las dos caras de la misma moneda patriarcal. La prostitución es esencialmente anti-feminista, es objetivamente, una de las fortalezas patriarcales que hay que derribar.

Por eso debemos luchar para que caiga dentro del campo de los trabajos socialmente no aceptables, no importa si da buenos ingresos, cuán buenas condiciones pueda ofrecer, ni siquiera que se ejerza bajo una forma verdaderamente voluntaria. La prostitución es enemiga del feminismo. Hay que abolirla.

1 Comentario

  1. Muy buena reflexión✊

    Sólo me pregunto si ‘la prostitución trans’, no respetando la idea de dominación masculina/patriarcal sobre los cuerpos de las mujeres, no es otro argumento que también podría usarse para invalidar nuestras posiciones…

    Gracias!!

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