¿Y dónde están las mujeres?

en Aromo/El Aromo n° 118/Novedades

Un análisis sobre la Ley de Equidad en la Representación de los Géneros en los Servicios de Comunicación sancionada el 11 de junio del 2021.

Andrea Pezzarini y Dolores Martínez González

Trece Rosas

Sesión queer

En la madrugada del 11 junio, luego de haberle dado media sanción a la ley del cupo laboral travesti-trans, la cámara de diputados trató el proyecto de ley de Equidad en la Representación de los Géneros en los Servicios de Comunicación, el cual ya contaba con media sanción. Los diputados que presiden las comisiones de Mujeres y diversidad (Mónica Macha-Frente de Todos) y Comunicaciones e Informática (Pablo Carro-Frente de Todos) realizaron el informe del dictamen.

En su intervención, la diputada Macha presentó los argumentos que hacían de este proyecto de ley una normativa imprescindible, nombró a la senadora Norma Durango (Frente de Todos) como cabeza del proyecto en la cámara alta y entre los muchos agradecimientos dedicó una mención especial a “las compañeras de LatFem que trajeron a nuestro despacho esta idea en diciembre del 2019”. Este detalle que puede pasar desapercibido es una clara pista de que esta nueva ley tiene todo, menos feminismo.

A saber, LatFem es un medio de comunicación digital que nació el 8 de marzo del 2017. Entre sus fundadoras se encuentran Florencia Alcaraz y Florencia Minici, actual asesora de comunicación de Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación. Se definen como un “periodismo desde una perspectiva feminista e interseccional. Nos reconocemos parte del movimiento Ni una menos. Nuestra mirada está puesta en las desigualdades de género, clase y raza. Y en la agenda activista del movimiento feminista local, regional y global”. Y ofrecen servicios de capacitación, asesoría y consultoría en perspectiva “feminista”.

Ahora bien, esa mirada “feminista” está fundada en todos los preceptos de la ideología queer: se trata de un medio que instala el lenguaje inclusivo, publica artículos que hablan de “transfeminismo” y aplaude todas las medidas que avanzan en el borrado de las mujeres. A este combo se suma que muchas de sus integrantes forman parte del colectivo Ni una Menos y fueron quienes avalaron, en una asamblea organizativa para el 8 de marzo del año 2019, que una persona trans agrediera a una militante abolicionista de la prostitución por formar parte de una organización feminista radical.

Pero volvamos a los papeles y examinemos la ley.

Una ley “feminista” que no nombra a las mujeres

“La presencia justa de mujeres y de personas trans trae una discusión histórica sobre los medios”, dijo Mónica Macha durante la sesión. La reciente ley es considerada una medida positiva que tiene por objeto promover la equidad en la representación de los géneros desde una perspectiva de diversidad sexual en los servicios de comunicación, cualquiera sea la plataforma utilizada. Con equidad se refiere a “la igualdad real de derechos, oportunidades y trato de las personas, sin importar su identidad de género, orientación sexual o su expresión”.

Vemos entonces que una vez más en nuestras leyes se impone la ideología queer, sustituyendo la categoría sexo (objetiva) por las de identidad y expresión de género y la de orientación sexual (subjetivas). Es decir, se trata de lograr una “igualdad entre personas” sin dar cuenta de la desigualdad estructural entre mujeres y varones que impone el patriarcado.

Si bien algunas diputadas expresaron que las mujeres tienen mayores dificultades para acceder a los medios de comunicación, o bien, mencionaron acerca de la violencia machista existente dentro del ámbito (brecha salarial, menores cargos, techo de cristal), en el dictamen discutido ningún artículo del proyecto nombra a las mujeres. Mucho menos cuál es la representación que se espera de ellas, ya sea estableciendo un cupo o paridad. En cambio, en el Artículo 4 queda bien claro que debe garantizarse una representación de personas travestis, transexuales, transgéneros e intersex en una proporción no inferior al 1 % de la totalidad de su personal. De hecho, el diputado Carro lo dice claramente, el proyecto no habla de cupo ni de paridad de mujeres, sino de “equidad en el trato de las personas”. En sus términos:

“Lo importante de este proyecto es que no habla de cupo, ni paridad, habla de EQUIDAD. Equidad, igualdad real de derechos, oportunidades, trato de las personas sin importar la identidad de género u orientación sexual. Esto quiere decir que, pareciera que a priori va a ser difícil determinar cuántas mujeres tienen que entrar en relación a hombres, pero sin embargo de lo que se trata no es sólo de ingresar mujeres a los medios de comunicación, sino que ingrese una perspectiva feminista, y este proyecto trabaja sobre este aspecto.”

¿De qué perspectiva feminista hablamos si no nombramos a las mujeres en ningún artículo de la ley? ¿Cómo lograr “equidad” si no se establece una medida concreta? ¿cómo combatir la violencia machista en el ámbito si se desconoce la razón de la desigualdad? Entonces, ¿de qué igualdad hablan? Hecha la ley, hecha la trampa.  De un plumazo se borra al sexo como si este no fuera importante. Como si sobre la diferencia sexual no se impusieran determinadas tareas y funciones.

Pero las mujeres aparecemos sin ser nombradas. En el capítulo III se establece un régimen de promoción para los servicios de comunicación de gestión privada. Este régimen consiste en otorgarle preferencia en la asignación de la publicidad oficial a aquellos medios de comunicación que cumplan con 4 de los 7 requisitos dispuestos. Con estos requisitos se busca que acrediten progresos en la equidad en la representación de los “géneros”. De este modo, en el artículo 7, el punto E establece: “Disposición de salas de lactancia y/o de centros de cuidado infantil”. Al parecer no es necesario especificar cuál es la representación de las mujeres en los medios, aunque sí es importante reforzar el lugar que ocupamos en la sociedad: hacernos cargo de la reproducción social de la vida y de las tareas de cuidado.

Disidencias parciales

Si bien el dictamen se presentó sin modificaciones al proyecto original, no todo fue tan consensuado como parece. Las fuerzas opositoras presentaron sus disidencias parciales. ¿Estarán relacionadas a la ausencia de las mujeres?

Integrantes de Juntos por el Cambio, presentaron una Disidencia Parcial al Dictamen final. Si bien diputados/as acordaron con el “espíritu” de la ley, sostuvieron que posee deficiencias que harán imposible la aplicabilidad de la misma. Uno de sus argumentos fue que, a lo largo del mismo, no se advertía con claridad si al referirse a “los géneros”, lo hacía considerando la categoría varón-mujer, o si, por el contrario, se estaban considerando otros “géneros” (varón trans, mujer trans, no binarios y otros). Para las diputadas, esta falta de claridad en el término “géneros” en plural “no es un dato menor, dado que existe una discusión en la teoría y en la doctrina respecto del alcance del término”. De este modo, concluyen que presenta poca claridad en dos aspectos: a qué colectivo se pretende incluir y en qué proporción.

No obstante, este cuestionamiento adolece de feminismo. Es que, si la intención es criticar la confusión en la utilización de la categoría “géneros”, debe plantearse que ser mujer o varón es una cuestión de sexo, y que esa es la categoría adecuada si lo que se busca es la conquista de derechos sexuados.

Otro de los argumentos, es que el lenguaje inclusivo esté entre los requisitos para que los medios de comunicación privados accedan al régimen de promoción antes mencionado. No obstante, esta crítica tampoco parte desde una perspectiva feminista, sino desde una posición de que no se condicione la libertad de expresión en los medios.

Si bien ambas críticas (poca claridad en la utilización de los términos y que el lenguaje inclusivo aparezca entre los requisitos para acceder al régimen de promoción) se presentan en el escrito presentado como Disidencia Parcial, el meollo de la cuestión fue que, en realidad, las diputadas estaban más preocupadas por la “libertad de prensa” que por los derechos de las mujeres basados en el sexo.

¿Sensatez o sentimientos?

La sanción de esta ley es una muestra más de que en la Argentina no se regula la vida social a partir de la realidad concreta, sino que se legisla a partir de sentimientos sin medir las consecuencias que este accionar tiene. La ley establece claramente beneficios para las personas trans y travestis y, aunque se diga que tiene como objetivo lograr que “haya más mujeres en los medios”, no hay un solo artículo en el que aparezca la palabra MUJER.

¿Cómo es posible que una ley que en ningún momento tiene en cuenta a las mujeres pueda pasar como una ley feminista? La respuesta es que la ideología queer se ha convertido en el caballo de Troya del feminismo. El famoso “transfeminismo” nos impone una agenda ajena, que no tiene por objetivo la igualdad de las mujeres, sino que establece que un conjunto de individuos tiene derecho a modificar elementos de la vida social que considera lesivos hacia sus intereses. Pero las leyes no pueden basarse en sentimientos o percepciones subjetivas de la realidad. Las mujeres no somos identidades ni autopercepciones, somos una realidad biológica e histórico-social, y tener en claro esto ha sido una clave de nuestra lucha.

En menos de dos semanas quienes dirigen nuestro país, en nombre de respetar la autopercepción y los sentimientos de un colectivo, han decidido borrar a más de la mitad de la población argentina. Primero, a través de una medida que dispone eliminar el sexo del CUIL. Luego, sancionando una ley de Equidad en la Representación de los Géneros en los Servicios de Comunicación en la que solo aparecemos sin ser nombradas cuando hay que referirse a nuestras funciones específicas: lactancia y tareas de cuidado.

Las mujeres no podemos seguir permitiendo esta avanzada. Regular la vida social a partir de sentimientos individuales tiene consecuencias concretas que nos afectan. Si queremos más representación en los medios debemos luchar por una ley que empiece por nombrarnos.

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