Relación entre la lucha política y la económica

en El Aromo n° 33

Rosa Luxemburgo
(1871-1919)

La huelga de masas, como nos lo demuestra la Revolución Rusa, es un fenómeno tan variable que refleja todas las fases de la lucha política y económica, todas las etapas y factores que intervienen en la revolución. Su adaptabilidad, su eficiencia, los factores que la originan, cambian constantemente. Súbitamente, cuando la revolución parece haber llegado a un estrecho callejón sin salida sobre el cual resulta imposible hacer ningún tipo de cálculo con alguna seguridad, le abre nuevas y amplias perspectivas. Ora cae como una gran catarata sobre todo el reino, ora se divide en una gigantesca red de angostos arroyuelos; ora brota del suelo como un fresco manantial o se pierde completamente como un río subterráneo. Las huelgas políticas y las económicas, las huelgas de masas y las parciales, las huelgas de protesta y las de lucha, las huelgas generales de determinadas ramas de la industria y las huelgas generales en determinadas ciudades, las pacíficas luchas salariales y las masacres callejeras, las peleas en las barricadas; todas se entrecruzan, corren paralelas, se encuentran, se interpenetran y se superponen; es una cambiante marea de fenómenos en incesante movimiento. Y la ley que rige el movimiento de estos fenómenos es clara: no reside en la huelga de masas misma ni en sus detalles técnicos sino en las proporciones políticas y sociales de las fuerzas de la revolución.

La huelga de masas es simplemente la forma de la lucha revolucionaria. Todo desnivel en las relaciones de las fuerzas en lucha, en el desarrollo de los partidos y en las divisiones de clase, en la posición de la contrarrevolución, inmediatamente influye sobre la actividad de la huelga de mil maneras invisibles y apenas controlables. Pero la acción misma de la huelga no se detiene un solo minuto. Solamente altera sus formas, sus dimensiones, sus efectos. Es el pulso vivo de la revolución y al mismo tiempo su motor más poderoso. En una palabra, la huelga de masas, como nos lo demuestra la Revolución Rusa, no es un método artesanal descubierto por un razonamiento sutil con el propósito de hacer más efectiva la lucha proletaria, sino el método de movimiento de la masa proletaria, la forma fenoménica de la lucha proletaria en la revolución. Podemos examinar ahora algunos aspectos generales que nos pueden ayudar a formarnos una idea correcta del problema de la huelga de masas.

  1. Es absurdo pensar la huelga de masas como un acto, una acción aislada. La huelga de masas es en realidad el índice, la idea rectora de todo un periodo de la lucha de clases que dura años, tal vez décadas. Entre las innumerables huelgas de masas, muy variadas, que tuvieron lugar en Rusia durante los últimos cuatro años, pocas se adaptaban al esquema de que la huelga de masas es un movimiento puramente político, que comienza y termina según un plan preparado de antemano, un acto breve y único de una sola variante, y de una variante secundaria: la huelga puramente de protesta. […]
  2. Sin embargo, si tomamos en consideración la variante menos importante de la huelga, la de protesta, en lugar de la huelga de lucha -que hoy constituye en Rusia la forma real de expresión de la acción proletaria- vemos con mayor claridad que es imposible separar los factores económicos de los políticos. Aquí también la realidad se desvía del esquema teórico, y resulta totalmente falso el planteo pedantesco de que la huelga de masas puramente política deriva lógicamente de la huelga general sindical como su etapa superior y más madura, pero al mismo tiempo se diferencia de ella.
[…]El progreso del movimiento de conjunto no se expresa en la omisión de la etapa inicial sino mucho más en la rapidez con que se recorren todas las etapas hasta la manifestación política y en el punto hasta el cual llega la huelga. Pero el movimiento de conjunto no avanza de la lucha económica a la política ni viceversa. Toda gran acción política de masas, después de alcanzar su pináculo político, se multiplica en un montón de luchas económicas. Y eso no sólo se aplica a cada una de las grandes huelgas de masas sino también a la revolución de conjunto. Con la extensión, clarificación y mayor complejidad de la lucha política, la lucha económica no sólo no retrocede, sino que se extiende, se organiza v se ve involucrada en igual proporción. Entre ambas se da la más completa acción recíproca. Cada nueva arremetida y cada nueva victoria de la lucha política se transforman en un poderoso estímulo a la lucha económica, extendiendo al mismo tiempo sus posibilidades externas e intensificando el anhelo interior de los trabajadores por mejorar su posición y su deseo de lucha. Cuando se retira la marea burbujeante de la acción política, deja tras de sí un fructífero depósito en el cual florecen millares de brotes de lucha económica. Y al revés. La situación de los obreros de lucha económica incesante con el capitalismo mantiene viva su energía en todos los interregnos políticos. Constituye, por así decirlo, la permanente fuente de reservas de las clases proletarias, que renueva continuamente la fuerza de la lucha política. Al mismo tiempo conduce, en todas las oportunidades, la infatigable y permanente energía para la lucha económica de los trabajadores, aquí y allá, a agudos conflictos aislados, que detonan la explosión de conflictos políticos a gran escala. En una palabra: la lucha económica actúa como el transmisor de un centro político a otro; la lucha política es el fertilizante del sucio de la lucha económica. Causa y efecto se intercambian continuamente sus lugares. Por lo tanto, en el periodo de la huelga de masas el factor político y el económico, ya sea ampliamente mezclados, completamente separados o excluyéndose mutuamente (como los quiere el esquema teórico) constituyen simplemente los dos aspectos entrelazados de la lucha proletaria de clases en Rusia. Y su unidad la constituye precisamente la huelga de masas. La sofisticada teoría propone hacer una inteligente y lógica disección de la huelga de masas con el propósito de llegar a la “huelga de masas puramente política”. Esta disección, como cualquier otra, no permitirá percibir el fenómeno en su esencia viva; simplemente lo matará.

[…]Ya hemos visto el mecanismo interno de la huelga de masas en Rusia, que depende de la incesante acción recíproca entre las luchas políticas y las económicas. Pero esta acción recíproca se ve condicionada durante el periodo revolucionario. Sólo en la atmósfera cargada de la etapa revolucionaria cada pequeño conflicto parcial entre el capital y el trabajo puede transformarse en una explosión general.

[…]Pero, si bien la dirección de la huelga de masas en el sentido de decidir su estallido y calcular y aceptar sus costos es una cuestión que atañe al periodo revolucionario mismo, en un sentido totalmente diferente pasa a ser la obligación de la socialdemocracia y sus organismos dirigentes. En vez de romperse la cabeza con el aspecto técnico y los mecanismos de la huelga de masas, los socialdemócratas están llamados a asumir la dirección política de la huelga en el periodo revolucionario. Proveer de línea y dirección a la lucha; disponer las tácticas a utilizar en cada fase y cada momento de la lucha política de modo tal que toda la fuerza disponible del proletariado, ya soliviantado y activo, encuentre expresión en el plan de batalla del partido; cuidar de que las tácticas que resuelvan aplicar los socialdemócratas sean resueltas e inteligentes y nunca caigan por debajo del nivel exigido por la real relación de fuerzas, sino que lo superen; ésa es la tarea más importante de la organización dirigente en una etapa de huelgas de masas. Esta dirección se va convirtiendo, en cierta medida, en dirección técnica. Una táctica coherente, resuelta, progresiva por parte de los socialdemócratas produce en las masas un sentimiento de seguridad, confianza en sí mismas y deseos de luchar; una láctica vacilante, débil, basada en la subestimación del proletariado paraliza y confunde a las masas. En el primer caso la huelga de masas irrumpe “por sí misma” y “oportunamente”; en el segundo, resultan estériles todas las convocatorias de los organismos dirigentes. La Revolución Rusa1 brinda contundentes ejemplos de ambas situaciones.


Notas

* Extractos del capítulo IV de Huelga de masas, partido y sindicatos escrito en 1906, extraído de www.marxist.org

1 Se refiere a la revolución de 1905 [N.del E].

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