Patria, Matria y después. Feminismo y antiimperialismo en la obra poética de Julio Huasi

en El Aromo n° 107/Novedades

Rosana López Rodríguez
Trece Rosas


“Y de sus feroces ganas de vivir surge un nuevo poeta. No de vivir en sí, porque sí, con olvido de los demás, porque sabe que la vida debe ser superada y defendida. Porque milita en el bando de los que quieren transformarla.”
Raúl González Tuñón

Mester de juglaría

Julio Ciesler nació el 20 de marzo de 1935 en Buenos Aires, en un “augusto conventillo de parque patricios”, como leemos en “Hijo del pueblo”, el primer poema de su primer libro, Sonata popular en Buenos Aires. Muy temprano en su carrera de periodista y poeta cambió su apellido de origen europeo por uno de origen quechua, cuyo significado es “casa”. Huasi es América, la casa grande, la casa de aquellos que la habitaron desde sus comienzos y la construyeron desde sus cimientos. Ese proceso de Huasi que va del origen europeo a la reivindicación del pasado americano es muy veloz.

Como los juglares que aparecen una y otra vez en su obra poética, Julio, además de artista llevó una vida trashumante. Vivió en Uruguay, donde fue director de la revista Brecha y dirigió allí la corresponsalía de Prensa Latina (la agencia informativa creada en Cuba en 1959, a cargo de Jorge Ricardo Masetti). Las palabras del poeta uruguayo Mario García nos acercan algo de su paso por el país vecino. García y Huasi se conocieron en 1959 cuando el uruguayo fue a ver una “presentación de un joven poeta argentino en la sala de El Galpón en la calle Mercedes”, de una forma que, como veremos, retrata al juglar en cuerpo y sentimiento: “Con un gran salto desde bambalinas, se colocó en medio del escenario, su cara maquillada de blanco le daba un aspecto mezcla de Chaplin y Marcel Marceau. Con voz firme, expresó: ‘Yo soy Julio Huasi, el poeta del amor’. Luego, con facilidad y de memoria fue diciendo en forma perfecta, acompañando con gestos, movimientos de manos y cuerpo, los poemas de Sonata popular en Buenos Aires.”1

De regreso en Buenos Aires, se incorporó al staff de la revista La Rosa Blindada como colaborador. En el dossier de poemas del número 4 (marzo de 1965), dedicado a los combatientes del EGP muertos en 1964 en Salta, la brigada Masetti, publicó “increíble para fusilar el olvido”. José Luis Mangieri, director de la publicación, junto con Carlos Alberto Brocato, recuerda que Huasi estaba afiliado al Partido Comunista, pero que por esa época los expulsaron a todos ellos del partido bajo acusaciones de foquismo, castrismo y maoísmo. En el número 6 de setiembre-octubre de 1965, el poeta ya forma parte del comité editorial de poesía.

A fines de los sesenta estuvo en Chile, donde se casó y tuvo una hija y un hijo. De su vida personal se conoce muy poco, todos los testimonios lo recuerdan como una persona muy reservada. En Chile fue colaborador en Punto Final, una revista que inicialmente estaba vinculada al MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y que fue nucleando variadas expresiones de la izquierda chilena. De hecho, Huasi tenía una posición política muy cercana al MIR. Luego de la destitución del gobierno de unidad popular de Salvador Allende, en 1973, Huasi volvió a Buenos Aires y formó parte de la dirección del diario El Mundo.2

Se vio forzado al exilio por razones políticas luego del golpe de estado de 1976. En Madrid, mientras vivía con dolor cada compañero muerto o desaparecido, continuó su labor como poeta y como periodista (en el diario El País y en la revista cultural/literaria Nueva Estafeta). Desde allí se vinculó con Madres de Plaza de Mayo y a partir de ese momento hasta el último de sus días fue un ferviente admirador, colaborador y militante de su causa. Tanto es así que desde que hubo regresado a Buenos Aires, se sumó a las marchas de los jueves. Todos los jueves hasta el día de su muerte.3

Encontramos que Huasi también fue colaborador de Entre Todos (1986-1988), la publicación del Movimiento Todos por la Patria. Lo despide en esa revista Carlos Alberto “Quito” Burgos, uno de los militantes muertos en el año 89 durante el copamiento de La Tablada, remarcando que no había muchos medios donde, luego de regreso de su exilio Huasi pudiera publicar: “Puesto en listas negras por no saber dejar sus ideas a las puertas de la máquina de escribir, muchos otros medios le estuvieron vedados.”4 Se presume que Huasi se suicidó. Fue hallado muerto en su departamento el 11 de marzo de 1987. En sus últimos días trabajaba como redactor en el semanario El Periodista.

Su peculiar estilo que se distingue por la falta de mayúsculas, el uso de neologismos (muchos de ellos su marca registrada: humanería, tragibundo, etc…), la yuxtaposición y la enumeración como recursos privilegiados nos brinda una poesía sencilla y densa a la vez. Fue admirado por Juan Gelman y Julio Cortázar (como podemos ver en las cartas que hemos incorporado en el apéndice a esta edición) e incluso Nicolás Guillén lo elogió calurosamente: “Ya tiene bien ganado un hermoso futuro en el esplendente pero difícil rumbo que él mismo ha buscado: el de su pueblo. Allí no existe el mezquino maquiavelismo ni la malsana adulonería y snobismo de los pisaverdes que rondan el arte y la cultura.”, dijo el insigne cubano.

El oficio de juglar no fue solamente el que, como hemos dicho, lo llevara a recorrer el mundo. Incluso antes de poner en papel su primer libro de poemas, Huasi recorría los caminos que lo encontraban con su público. Iba por las plazas y se sumaba a los espectáculos populares recitando sus poemas. Guillén rescata esta faceta de Huasi, de quien dice que es “el único juglar de verdad que (ha) encontrado en (su) camino.”Cuando González Tuñón, hace la presentación en sociedad del joven poeta, en el prólogo a Sonata popular en Buenos Aires (1959), señala, también, esta vía de comunicación con su auditorio.

De la patria a la matria

“El arte debe ser una anticipación / y no una consecuencia”
Julio Huasi, “Estética”

Huasi fue un intelectual que luchó con la escritura porque estaba convencido de su valor para el despertar de las conciencias. Su vida y su poesía encarnaron el ideal que se había dispersado entre los artistas e intelectuales de los 60 y los 70, esos que se radicalizaron a medida que la clase obrera iba construyendo opciones revolucionarias. No vamos a discutir aquí in extenso el problema de cómo la crítica literaria burguesa y la historia de la literatura se han encargado de escindir vida (política, tanto del autor como de la sociedad en la que se despliega su arte) de producción artística. O de separar teoría (programa) de práctica y acción. Tampoco queremos abundar sobre la forma en que canonizan a aquellos que, o edulcorados o desgajados de sus verdaderos intereses, sirven para representar la falta de movimiento, el statu quo. Esta forma de leer y de canonizar autores y textos, genera caracterizaciones por las cuales una literatura que contenga un mensaje de transformación social tiene que ser un panfleto (y un panfleto tiene que ser, malo o aburrido). En suma, la clase dominante, que sentó las bases de este divorcio aboga por un arte (supuestamente) separado de la política para que sea verdadero arte. Un arte que solo sirva para entretener. Sin embargo, dado que toda manifestación estética responde a intereses de clase, lo que salta a la vista es que lo que se intenta con esa maniobra ideológica es obturar la posibilidad de un arte contrario a la hegemonía social reinante. Así, muchísimos escritores realizaron obras que sirvieron y sirven aún como herramienta de lucha política y que tienen además, todo el valor estético de la disciplina. Ya hemos examinado la obra de Roberto Santoro y de Humberto Costantini con esta misma perspectiva, así como la de González Castillo, “acusado” de escribir obras de tesis, un “pecado” propio de artistas revolucionarios.5 El epígrafe es toda su declaración de principios: como para Celaya, para Huasi, “la poesía es un arma cargada de futuro”, la expresión de una voluntad colectiva de construcción social sobre otras bases.

Implicado en esa tarea de transformación, su escritura dio cuenta, inevitablemente, de un proceso de época, al cual nos referíamos en el apartado anterior. Dicho proceso podría registrarse de la siguiente manera: los dos primeros poemarios, Sonata popular… y Lírico hollín, forman parte de la primera etapa. En la segunda etapa están los textos escritos a partir de 1958-59, de Yanquería hasta Asesinaciones, obra que funciona como un pivote para el período siguiente, el último, el de la derrota, Comparancias. En la primera etapa, hay dos elementos clave que luego desaparecerán: uno es el de la pertenencia/procedencia de clase y el otro, el de la voluntad poética. Con relación al primero, el yo lírico se ubica en el campo de la clase obrera, “vengo de gigantes chimeneas”, dice. Y de una clase obrera inmigrante: “la abuelita italiana”, “el andaluz paragüero”, “mi padre era un polaco joven, / panadero e inmigrante”, la música gallega. En ese mundo hay dársenas y fábricas, hay sudor de trabajo que se rebela durante las noches. Los hermanos del poeta son los obreros, sus compañeros en lucha, los que hacen huelga, “los muchachos leales”.

El otro elemento fundante es el de la autodefinición. El poeta quiere mostrarse como tal, quiere contarnos y contarse quién es, cuál es su tarea. Nos remite a las imágenes del juglar y los poemas cantan música de guitarras o violines. En apenas cinco versos, la primera definición de su autobiografía de poeta: “Gitano, arlequín, pícaro, borracho, sentimental, / atorrante colosal, / formidable vagabundo / saltimbanqui trotamundo / Sin igual, sin igual.” El poeta es el que canta bellezas en el mundo del trabajo, “la glicina de hollín cargada”, “el silbador de las madrugadas”. La tarea del poeta que seguirá a lo largo de toda la producción de Huasi se define en esta etapa inicial; el poeta es “capaz de rebelión y de profecía”, “poesía es militancia”, dijimos que las palabras son las herramientas para la conciencia rebelde que se tensa hacia ese futuro por construir.

Si pensamos esta etapa a la luz del testimonio de Mangieri que mencionamos al comienzo, es el período en el cual Huasi estaba más cercano al PC. Incluso el poeta repasa con sublime lirismo la pegatina de la noche previa al Primero de Mayo de 1957 en “desvelado de una noche del otoño de 1957”: “[…] esos muchachos que llevan / extraños rollos entre los brazos […] (Los conozco, / son los comunistas) / Con el bamboleante farol del carro de la aurora que vendrá del río, / estallarán húmedos recién nacidos los rojos / carteles del primero de mayo”. “Lírico hollín” cierra con un extenso poema en el que se celebra la figura de Mariano Moreno, el revolucionario autor del Plan de Operaciones, a quien se encomienda para cuando llegue la próxima revolución. Se cierra con ello la etapa nacionalista, la etapa de la revolución burguesa ha llegado a su punto culminante y en otros países “crece rauda la roja paloma del mundo.”

En la segunda etapa, la patria se desdibuja, desaparece bajo la rapiña del imperialismo y los obreros ya no están en el foco de la palabra poética, ahora hay una alianza entre la clase obrera, los campesinos y los estudiantes6; los patrones pasan a ser enemigos menores, pues ya no alcanza con la huelga, “los obreros pierden la paciencia”. Si los yanquis se llevan todo, corrompen todo, el poeta militante de la violencia está dispuesto a sumarse al frente antiimperialista: “Soy la poesía, / tengo fusil azul cargado de rojas balas, / apunto y tiro y sale una canción de pólvora.” Bajo el influjo de la revolución cubana, el impulso transformador excede los límites de la nación y Chile, Uruguay, Nicaragua, Guatemala constituyen ahora la nueva casa. América debe liberarse del imperio; nuestra “américalatina dulce hogar” se desangra en miseria, en hambre “porque el cuco de washington nos dejó sin cena” y Cuba es el faro para esta nueva América de la revolución. Los poetas también eligen el camino de la lucha armada: “Ahora sólo nos falta tomar dos cosas: / los fusiles, el poder”.

El poeta establece una línea histórica de rebelión contra el imperialismo que va de Tupac Amaru a los tupamaros y estos, alzados en armas contra los yanquis, son los herederos de los que lucharon contra otro imperio, los godos. El pasado europeo de la clase obrera inmigrante de la primera etapa cambia de eje, pues ahora el tema importante que nos vincula a Europa es la opresión imperialista como constante histórica. Estamos en las puertas de la última etapa.

La marca predominante de esta última etapa es la imposibilidad de lograr la liberación de la matria latinoamericana, que se debate en el campo de la derrota. Asesinaciones (1981) se abre con una dedicatoria a “todos los hermanos”, muertos y desaparecidos, artistas que lucharon por la liberación y la revolución: Haroldo Conti, Miguel Ángel Bustos, Roque Dalton, Víctor Jara, Roberto Santoro, Rodolfo Walsh, Francisco Urondo… Matria mía azul (1985)7 lo dedica a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, a los treinta mil desaparecidos y a Julio Cortázar. En esta etapa, el yo lírico viaja por el anhelo de futuro haciendo uso de un lirismo cruel: las imágenes del fracaso son devastadoras: “échenme encima lo que sea pero no me tapen los ojos, / clávenme los párpados al cielo, las pupilas ilusas descubiertas, / quiero ver el futuro, quiero ver el futuro, no me / cierren los postigos del alba, las celosías del amor”. Los títulos de los poemas también son elocuentes: “ausencias”, “pérdidas”, “me lo esfumaron a jaime barrios un martes once”, “jirones”. Sin embargo, el poeta no se rinde. Muchos poemas cierran con consignas propias de la continuidad revolucionaria: “venceremos”, “patria o muerte”, y un balance: “nunca estuvo más oscuro que antes de atacar”. El poeta clama inútilmente a un Dios que no habita este sufrimiento terrenal, en el cual los treinta mil desaparecidos son treinta mil Cristos.

(…)

Por un feminismo socialista

Este prólogo podría haber elegido otro eje para hacer girar en torno suyo una obra rica, compleja y multifacética. Eligió, de hecho, el peor, para el artista y la prologuista. Para el artista, porque lo retrata anclado en algo que hoy lo desmerece innecesariamente. Para la prologuista, porque la obliga a la arbitrariedad de una elección que se impone necesariamente.

Innecesariamente, porque Huasi vivió una época en la que la dimensión que elegimos explorar estaba todavía en categoría de terra incognita. Es decir, en la que las palabras socialismo y feminismo no habían chocado con la violencia que lo harían después y, como si se tratara de un experimento en un acelerador de partículas, los restos resultantes de la colisión iban a revelar la existencia de nuevas y sorprendentes cualidades de la materia. Hasta fines los ’60, época en la que Huasi tiene ya un carácter forjado y definido, ambas palabras se mezclaban o no se mezclaban, pero todo militante de izquierda, todo varón militante de izquierda, sabía que la mujer necesitaba, quería, peleaba por otro lugar en la sociedad. En la presente y en la futura. De allí que todo varón militante de izquierda se considerara a sí mismo “feminista” en el sentido de aceptar esa demanda, aunque no necesariamente aceptara el nombre de aquello que reconocía como parte de la revolución. En Huasi, esa perspectiva está.

Necesariamente, porque no puede aceptarse hoy esa perspectiva como la correspondiente a la promesa que el socialismo tiene para nosotras. Por eso, esta prologuista no puede dejar pasar este problema, incluso a riesgo de desmerecer una obra que si algo tiene es merecimiento. Porque no cambia nada si a la maternidad expropiada que se llama patria se le contrapone su recuperación en matria. Porque siempre se trata de ese sobrevuelo permanente, de ese girar eterno en torno a la maternidad. La maravilla de la maternidad transformada en la pesadilla de la maternidad. No se trata solo de la reducción de la mujer a una carrier social, es decir, de aquella cuya única función y único sentido válido para la sociedad es el portar en su vientre a las generaciones futuras. Se trata, sobre todo, de la privatización de esa función social, incluso cuando hablamos de socialismo.

En efecto, el feminismo maternalista, el feminismo de la diferencia, que es de lo que hablamos cuando mentamos feminismo en la cabeza de todo varón de izquierda, con su reivindicación esencial de la maternidad, construye ese proceso de privatización de la reproducción humana. Y, por lo tanto, reconstruye la dominación que pretende destruir. Cuando el socialismo nos ofrece eso bajo una forma de socialización externa del fenómeno de la maternidad (guarderías, comedores escolares, etc.) simplemente hace colectivas funciones individuales. Socializar la maternidad significa otra cosa, significa socializar el conjunto de la reproducción humana. No alcanza con poner guarderías para hacer más llevadera para las mujeres la tarea de maternar. Se trata de que esa tarea sea asumida socialmente y, por lo tanto, desgenerificada. Dicho de otra manera, el socialismo no tiene patria…, ni matria.

A nadie se le escapa, entonces, que este prólogo arbitra un diálogo arbitrario. Y que el debate, más que con el poeta, es con el feminismo que queremos construir. Un feminismo socialista, es decir, aquel que concibe la reproducción humana como lo que es, una tarea social. Que la obra de Huasi lo haga posible, demuestra, si hacía falta, el carácter necesario de su lectura.


Notas

1García, Mario: “Recuerdos sobre Julio Huasi”, en http://mariogarciapoeta.blogspot.com/2009/04/recuerdos-sobre-julio-huasi.html

2En la revista El Caudillo, n°8, de enero de 1974, una publicación oficialista cuyo mentor era José López Rega, que era portavoz de la derecha peronista y de la Triple A, se caracteriza políticamente al diario y a los intelectuales que lo llevan adelante de la siguiente manera: “Ahora lo dominan el abogado entrerriano Manuel Gaggero, tristemente célebre por defender a los trotskistas, junto a una trilogía bastante indeseable, Julio Huasi, poetastro zurdo que tuvo que huir de Chile; Etore Pierri, un tupamaro claudicante y Andresito Alsina Bea, el ‘Rolando Rivas’ de los trotskos, que también es uruguayo y estuvo preso por participar en el asesinato de Sallustro.” En http://www.elortiba.org/old/huasi.html

3La biblioteca de la Universidad de Madres de Plaza de Mayo lleva su nombre.

4Burgos, Carlos: “Adiós a Julio Huasi”, en http://www.elortiba.org/old/huasi.html

5Véanse nuestros estudios preliminares “El preceptor. Roberto Santoro, el poeta imprescindible (1939-1977)” en Santoro, Roberto: Obra poética completa, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2013; “El hilo de la vida. Humberto Costantini, narrativa y revolución” en Costantini, Humberto: Cuentos completos, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2010; “Bandera de dignidad. La función política del arte en Humberto Costantini” en Costantini, Humberto: Poesía y teatro. Obra completa, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2012; “El criticón. José González Castillo, el teatro como arma” en González Castillo, José: Los invertidos y otras obras, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2011.

6“Yo Soy Juan De la Chimenea, / Yo Soy Jorge El Estudiante, / Yo Soy Pedro El Campesino.”, en “Panfleto titiritero”.

7La primera edición de Matria mía azul es de 1983. La segunda, donde se incluye la dedicatoria a Cortázar, de 1985.

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