NACIONAL: Cantidad no es calidad. La nueva jornada escolar

en ECD/El Correo Docente 34/Novedades

Por Romina De Luca

Hace poco más de una semana, el Consejo Federal de Educación aprobó la extensión de la jornada escolar del nivel primario. Ahora, las chicas y los chicos tendrán cinco horas más semanales de clase. Un anuncio que llega una vez iniciado el ciclo escolar, ese que ya estructuró buena parte de las logísticas familiares que deberán modificarse al nuevo esquema, en teoría, a partir del mes de mayo.

En su anuncio, el ministro de educación nacional, Jaime Perczyk, destacó que se agregaban el equivalente a 38 días más de clase. Sostuvo que “La apuesta de extensión de la jornada en la primaria viene a atender el problema de raíz. Los dos años de pandemia hicieron mella en los aprendizajes”. Según el ministro, las horas extra se destinarán a la enseñanza-aprendizaje de la lecto-comprensión o bien a matemáticas.

Con suerte, el segundo bimestre del año hará efectiva una decisión que afectará a más del 86% de las y los estudiantes del nivel primario, esto es: a casi todos. Además de la improvisación del anuncio existe otro problema de fondo: ese que ata mecánicamente cantidad con calidad.

Un anuncio vacío

El gobierno anticipó que serán las provincias quienes establezcan cómo esta medida se llevará a la práctica. Algo lógico para un país que, desde los años setenta, tiene a todo su nivel primario descentralizado en un cambio que empezó a inicios de los sesenta. Coherente en la teoría, el trasfondo es: provincias arréglense como puedan. Pese a ello, Nación sugirió tres alternativas.

La primera: sumar una hora de clase de lunes a viernes, adelantando el ingreso de las chicas y chicos del turno mañana y retrasando la salida de los del turno tarde. Esto haría que, en muchas provincias, el turno mañana ingrese a las 7 de la mañana mientras que el de la tarde salga a las 18. Ahorramos aquí todos los artículos que podríamos sumar sobre el “jet lag” escolar y su relación con el rendimiento, digamos simplemente que estarán muy dormidos/as y que tendrán un invierno muy duro. Por cierto, deberán revisar la frecuencia del transporte para atender a esos 4.495.310 estudiantes que hoy tenían jornada simple y viajaba a la escuela posiblemente con su familia.

La segunda posibilidad: no cambiar el horario de ingreso, pero sí retrasar la salida de los del turno mañana y tarde de lunes a viernes. El problema más obvio -además de la alteración de las rutinas familiares lo que vale también para el esquema anterior: que se van a chocar dos turnos en la misma escuela, es decir, esos 2.443.732 que asisten al turno mañana, van a tener que ocupar el mismo espacio, por una hora que esos otros 2.044.930 que asisten al turno tarde. La pandemia y su esquema de cursada en burbujas graficó muy brutalmente la realidad en materia de infraestructura escolar: las escuelas argentinas tienen aulas chicas, deterioradas y carecen de espacios alternativos. Si no se podía garantizar espacio (distancia social) para un solo turno imaginemos superponerlos, problema que alcanzará a las casi 23.000 unidades de servicio concentradas en más de 10.000 edificios escolares. Por eso, la opción que parecerá imponerse es, más bien, la tercera: incorporar un sexto día de cursada, los sábados. Pero una vez más, como se trata de reproducir lo que ocurre de lunes a viernes tendremos asistentes en el turno mañana y otros por la tarde. Esta opción además de desajustar cualquier plan familiar, recreativo o deportivo de las y los estudiantes también implicará acordar un aumento en la frecuencia del transporte para atender los traslados de millones. Tampoco se anunció el consecuente servicio de comedor, los recursos para las y los auxiliares que también deberán ampliar su jornada una hora o bien a los sábados. De igual modo, desconocemos qué ocurrirá con la mayoría de las maestras de grado que teniendo jornada simple trabajan en dos escuelas ensambladas en un cuidado tetris horario. El único anuncio es que esa hora docente se pagará un 25% más, número que no mueve el amperímetro en salarios de pobreza.

Lo cierto es que, con ese cuadro, las provincias podrán implementar esas alternativas u otras cuya imaginación depare. No extraña que aquí se abra la misma posibilidad que durante la pandemia: la paraestataalización escolar a partir del uso de espacios no escolares para esa cursada horaria nueva. Por cierto, si las o los docentes no pueden cubrir esa hora “extra” suponemos se contratarán nuevas maestras. Sin embargo, cómo dialogarán y trabajarán dos personas que, tal vez, no se crucen nunca es un verdadero misterio. Tampoco sabemos quién abrirá las escuelas porque la medida también impactará sobre las conducciones.

Una extensión inútil

En el acápite anterior mencionamos algunos de los obstáculos más obvios de la medida. Sin recursos, sin logística, sin planificación el anuncio está destinado al fracaso. Cierto es que, más allá de cómo se implementará, se busca ganar simpatías por una doble vía: el sentido común que liga cantidad con calidad y el poner sobre la mesa una sentida e insatisfecha demanda obrera como es la doble jornada escolar. En lo que refiere a este último punto, no es un dato menor si consideramos sobre quiénes recaen estas logísticas escolares: las mujeres madres y también las docentes mujeres quienes constituyen la mayoría del personal docente del nivel primario. Los hogares con jefatura femenina presentan una pobreza infantil por ingresos mayor al del promedio nacional. La feminización de la pobreza, la mayor responsabilidad en las tareas de cuidado impuestas por el patriarcado para ellas, la ausencia de una red de licencias para atender a niñas y niños -lo que afecta a uno de cada dos trabajadores dados los niveles de informalidad- son algunas de los ítems que se deberían atender al debatir medidas para mejorar la educación. Porque la jornada simple también presiona sobre el tiempo de las mujeres que son quienes asumen las tareas de cuidado el resto del día. En efecto, en el marco de la sociedad actual, la jornada simple reproduce esa espiral de pobreza para las mujeres quienes abocadas a las responsabilidades familiares resienten su participación laboral porque la informalidad y el salario bajo es la contracara de compatibilizar la vida con esta escuela simple turno de sus hijas e hijos. Para dar un ejemplo que hemos desarrollado en otro lugar hasta el trabajo altamente calificado reproduce esta lógica: en el ámbito de la ciencia y técnica solo hay una mujer en los escalafones superiores de la investigación por cada tres hombres mientras que en la categoría inicial se registraban tres mujeres cada dos varones. Al igual que en el resto de los sectores, la ausencia de lactarios y guarderías es la regla. En los límites de la sociedad actual, la jornada completa provista por el Estado o la serie de recursos para reconocer (y remunerar) tareas de cuidado facilitarían la vida. Otra deuda pendiente.

Dicho esto, no podemos obviar que el principal déficit del anuncio es la suposición de que más horas y días de clase mágicamente resuelven problemas. Desde los noventa para acá presenciamos distintas medidas de corte similar y los resultados dejan mucho que desear. En efecto, la extensión del calendario escolar traducido en más días de clase y en el alargamiento de la jornada (jornada ampliada o extendida), el aumento de la obligatoriedad escolar (primero de tres años -la sala de 5 obligatoria y dos años de la secundaria en el EGB3- luego de todo el secundario y dos años del nivel inicial) acompañaron leyes como la Ley Federal, primero, y la Ley de Educación Nacional después. Si algo caracteriza al sistema educativo argentino es esa extensión formal con penosos resultados. Hoy la escuela no logra ni retener a todos en su interior, en una secundaria que expulsa a seis de cada diez que la empezaron, ni dota a las y los estudiantes de pericias básicas. De la escuela primaria, uno de cada cuatro estudiantes solo tiene un nivel básico en lengua y 42 de cada 100 están en el mismo rango, pero para matemáticas. Es decir, su nivel de lectura es lineal y sencillo; no les alcanza para construir significados globales en todo tipo de textos. ¿Qué significa esto para matemáticas? Que, en el mejor de los casos, solo resuelven problemas sencillos. En general, esos déficits se encubren con la promoción acompañada, con la fusión de contenidos en áreas, con la estructura de previas por parciales (y luego por sencillos trabajos prácticos), todas medidas que se extendieron durante la pandemia. Este fenómeno persiste desde los noventa con lo cual difícilmente podemos echarle la culpa del cuadro al COVID, aunque la gestión de la pandemia empeore el diagnóstico.

Se entiende en una sociedad que se descompone, la escuela es apenas una mala guardería social: no resuelve el problema de la jornada laboral de las mujeres, brinda alimentos de pésima calidad a niñas, niños y adolescentes que tal vez hagan allí su única comida, no permite el desarrollo de otras habilidades -deportivas, recreativas, artísticas- por fuera del enciclopedismo revisado en clave “progre” dada la ausencia total de recursos para hacer cualquier cosa. No permite experimentar habida cuenta la ausencia de laboratorios, bibliotecas e insumos. No prepara para el mundo digital y tecnológico habida cuenta la ausencia de computadoras, de wifi y de formación sistemática para docentes. No forma para el trabajo, dada la ausencia de formación práctica y de orientación vocacional. Tampoco facilita la atención temprana de la salud (el lector de años recordará las salitas en las escuelas), interviene de manera tardía y fragmentada frente a conflictos asociados con violencia y abuso familiar/sexual dada la falta de equipos de orientación o gabinetes en las escuelas; no incluye ni integra cuando faltan recursos para asistir a aquellos que son incorporados a la modalidad común de educación. Y todo esto, además, por dos pesos: salarios docentes de miseria e infraestructura al borde del colapso.

Conviene encontrar al responsable. Y sí, tenemos un culpable: la burguesía que fagocita esta sociedad y su personal político. También tiene víctimas: las y los estudiantes, sus familias junto a la docencia de todo el país.

Para salir del abismo necesitamos un plan. Una sociedad que planifique sobre la base del interés común la escuela que precisamos para salir del pozo. Seguir haciendo lo mismo -más días, más horas de una educación carente de recursos- no nos dará un resultado distinto. Más bien, provocará lo contrario: nadie quiere permanecer en un lugar que entiende inútil o sinsentido. Necesitamos una educación más densa, que ocupe el tiempo de forma socialmente eficiente, que garantice la incorporación genuina de conocimientos científicos pedagógicamente organizados para nuestras chicas y chicos, que forme para la vida con todo lo que ella implica incluyendo el trabajo en el marco de una nueva organización social. En definitiva, una escuela para el pleno desarrollo de capacidades de cada quien. Para combatir las “soluciones mágicas” más que nunca necesitamos un Congreso Educativo protagonizado por todos los actores relevantes de la comunidad escolar: docentes, familias, estudiantes, equipos asesores, técnicos.

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