Mundo Obrero. ¿Qué es el teletrabajo?

en La Hoja Socialista 19/Novedades

Con la cuarentena, el teletrabajo o home office se instaló en el centro del debate. Hay opiniones de todo tipo y color, para todos los gustos. De un lado, unos prometen un mundo de feliz, en el que median dos pasos de la cama al trabajo, siempre desde la comodidad de los hogares propios. Del otro lado, el sueño se convierte en pesadilla y el teletrabajo aparece como una esclavitud en el que el grillete encadena al trabajador a un monitor. En el fondo, las dos miradas se equivocan acerca de qué es realmente el teletrabajo.

Lo primero que hay que decir, contra todo el sentido común, es que acá no hay nada nuevo. Solo hubo un cambio de nombre. El trabajo a domicilio es tan viejo como el capitalismo mismo. De hecho, aparece antes de la Revolución Industrial, cuando los empresarios le encargar a los pobladores rurales que trabajen con sus mercaderías. Luego, con el desarrollo de grandes talleres y fábricas, en las ciudades se forman barrios enteros de obreros que trabajan a domicilio para estos establecimientos. Siempre que el patrón puede, desarma el proceso productivo y lo lleva al hogar del obrero para ahorrar costos de instalaciones y debilitar la organización sindical.

El teletrabajo no es más que la aplicación del trabajo a domicilio a nuevas actividades mediante el uso de la computadora. La cuarentena parece haberlo generalizado como recurso ante una situación excepcional. Su campo de acción privilegiado está en las actividades de oficina y en sectores como el diseño gráfico o la programación. Mediante una PC y una conexión a internet, el empleado puede convertir el living de su casa, en una oficina.

Sin embargo, el teletrabajo no puede expandirse a cualquier actividad. Eso es algo que también puso sobre la mesa la cuarentena, a través del llanto de los patrones que exigen “volver a producir” y flexibilizar el aislamiento. Claro, para que arriesguemos nosotros la salud, no ellos.

Incluso, allí donde el teletrabajo es posible no siempre es deseable para el burgués. En trabajos simples, fragmentarios y fácilmente controlables como el de data entry la actividad puede ser fácilmente trasladada al domicilio del obrero y controlada por el pago a destajo (según cuántos datos cargás, cuánto cobrás). En tareas más complejas, esto no siempre es posible y el empresario puede preferir reunir a los trabajadores donde pueda controlarlos mejor.

Además, gran parte de las ventajas que el trabajo a domicilio ofrece al empresario se esfuman cuando los trabajadores se organizan. En esos casos, los obreros pueden demandar y conseguir condiciones laborales equivalentes a las del resto de los trabajadores y el pago de los insumos de trabajo por parte de la patronal.

Una de las actividades que no puede desarrollarse mediante el teletrabajo es la enseñanza de masas. No hablamos aquí de clases individuales o posgrados. La actividad educativa es una tarea no mecanizada y con escasa división de tareas. Las computadoras solo actúan en este caso como herramientas auxiliares del trabajo humano y no como máquinas que lo remplazan. Su productividad depende de cuántos estudiantes pueden ser instruidos por un docente. En este punto, la enseñanza presencial reviste una gigantesca ventaja sobre la enseñanza a distancia. Además, en términos cualitativos, la multiplicidad de interacciones que se producen en forma simultánea en una clase presencial por el momento no pueden reproducirse en encuentros online.

Por eso, cualquier enseñanza a distancia demanda más tiempo de trabajo y obtiene un resultado más pobre, más allá del esfuerzo realizado. Por eso, el pasaje permanente a una enseñanza de masas a distancia es hoy inviable. Entonces, en vez de especular sobre escenarios inciertos de la pospandemia, deberíamos enfocarnos en los problemas concretos de hoy. Lo que hay que preguntarse es ¿Qué regulaciones laborales podemos establecer durante la emergencia para que el costo de la menor productividad del teletrabajo educativo no lo pague el docente con su salud física y mental?

El teletrabajo, ya lo explicamos, no es algo nuevo. Es tan viejo como la explotación capitalista. Para los trabajadores, ese es el fondo del asunto: no hay nada nuevo, es la continuación de nuestra miseria cotidiana. Lo que tenemos que poner en discusión, es la explotación capitalista. Esa que se devora nuestra vida.

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