La estafa kirchnerista en el ENM

en La Hoja Socialista 16/LHSTreceRosas/Novedades

El Encuentro Nacional de Mujeres (ENM), nació en 1986 y desde esa fecha tiene un mecanismo de funcionamiento para preparar el evento anual. Básicamente, se realizan reuniones plenarias mensuales de organización, que discuten los lineamientos generales del ENM, y reuniones de comisiones que deliberan sobre temas particulares (contenidos, seguridad, alojamiento, etc.). Este año, las compañeras de Trece Rosas estamos participando de las reuniones plenarias y de la comisión de contenidos.

Desde noviembre las plenarias se encuentran completamente estancadas, debatiendo una sola cuestión: el cambio de nombre del encuentro. Básicamente, las discusiones giran en torno a si añadirle el adjetivo de “Plurinacional” al encuentro y si incorporar en su nombre a las “disidencias”, esto es: travestis, trans, no binaries, etc. Esta discusión interminable se traslada a las comisiones, en las que cuesta mucho avanzar en términos concretos, con el consecuente atraso de toda la organización. Así, a pocos meses de celebrarse el ENM, no se ha resulto prácticamente nada.

Todas estas discusiones le deben mucho al kirchnerismo, que apuesta a utilizar al Encuentro como plataforma electoral. El primer logro en ese sentido, fue el de imponer La Plata como sede. De allí que muchas kirchneristas celebrar que “el encuentro se lo hacemos a Vidal”. La defensa de las “disidencias”, la “plurinacionalidad” y la teoría queer (lo explicamos el número pasado), es parte de la estrategia K para armar todo un aparato de propaganda afín, sin demasiado gasto y sin tener que hacer concesiones reales. Para el feminismo, eso tiene consecuencias nefastas. Veamos.

“Plurinacional” señalaría que en nuestro país habría diferentes “naciones”, sojuzgadas por una dominante. En este esquema encajarían las “comunidades de pueblos originarios” cuyas mujeres deberían ser destacadas en el colectivo (“incluidas” ya están, dado que son mujeres…) porque tendrían necesidades y reclamos específicos. Como el lector ya sabe, porque lo explicamos en el número 10, los llamados “pueblos originarios” en la Argentina no son naciones. No tienen economía propia, no tienen Estado, viven bajo relaciones capitalistas y están perfectamente integrados a la estructura social del país. Fuera de esto, a los efectos del ENM, las mujeres “originarias” tienen los mismos problemas que las mujeres “argentinas”, dado que, justamente, los problemas que allí se debaten son producto de su condición de mujer, que está por encima de su supuesta nacionalidad diferenciada. Hasta un niño de primaria sabe que “mujeres originarias”, si tuvieran alguna particularidad, es un subconjunto del conjunto “mujeres”.

Peor es aún la batalla por la inclusión de todo el espectro de las diversidades sexuales en el ENM, que lo ha convertido en un espacio vacío, del cual las mujeres van perdiendo cada vez más protagonismo. Y no se trata de una cuestión de marquesina, sino de quiénes deben dirigir las luchas, de quién es el sujeto político de esas luchas. Ya no se trata simplemente de incorporar a quienes se “sienten” mujeres sin serlo biológicamente. Ahora se trata de la incorporación de varones, lisa y llanamente, bajo la forma de “no binarie” o incluso, “maricas”. Nos roban el espacio, nos roban de la dirección de nuestras luchas. En definitiva, lo “plurinacional” y las “diversidades sexuales”, impulsadas por el kirchnerismo con fines electorales, operan fragmentando el movimiento de mujeres y destruyendo el sujeto político del feminismo. La izquierda, que debería enfrentar esta orientación, la apoya por motivos similares: ganar votos. El resultado, es que desde hace seis meses la organización del Encuentro no avanza y la tensión entre distintas fracciones se hace cada vez más insostenible. Así el movimiento de mujeres va camino a su vaciamiento.

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