¿Universidad o aguantadero? UNGS, un caso testigo

en La Hoja Socialista 16/LHSBanderaRoja

Algunos números atrás explicamos el funcionamiento real de la supuesta inclusión en el campo de la educación universitaria. Comentamos que los procesos de crecimiento de la matrícula y de creación de universidades de la época K, con la estructura actual, no pasan de ser espejitos de colores. En este sentido, la Universidad Nacional General Sarmiento (UNGS) es un caso paradigmático. Vayamos a ver algunos números concretos.

En primer lugar, tomemos la evolución de la matrícula. Desde 2004 hasta 2017 (año hasta el que contamos con cifras oficiales), la cantidad de alumnos crece contantemente no habiendo un solo año en que esta baje. De esta forma, pasamos de ser 3.468 estudiantes a 12.325. Nada mal ¿no?

Pero cuando observamos la cantidad se egresados, las cifras no son tan alentadoras. En 2004 se graduaban de la UNGS 127 estudiantes. Trece años después lo hacían solamente 201. El problema no es solamente que los egresos se mantienen estancados sino que, de hecho, bajan en relación al total de la matrícula y se mantienen en la misma proporción en relación a la ingresantes. Si en 2004 se graduaba el 3,6% de los matriculados, en 2017 esa cifra había caído a 1,63%. En otras palabras, proporcionalmente se gradúan menos estudiantes.

Este dato no es una característica única de la era macrista sino que es una dinámica que ya se veía durante el kirchnerismo. Incluso en 2015, último año del kirchnerismo, la situación era más grave aún, ya que se registran solo 148 egresados. Pese al incremento exponencial de la matrícula durante más de una década, la cantidad de graduados era prácticamente igual a la de 2004, año en que recién se empezaba a reactivar la economía después de la crisis.

Como se puede ver, el kirchnerismo (y el macrismo ahora) se limitó a “llenar” la universidad, pero sin generar una perspectiva real para los que allí cursamos. Mientras un núcleo muy reducido logra finalizar sus estudios, una masa cada vez más grande se queda estancada dentro del sistema. Así la universidad queda reducida a un mero contenedor de población, en lugar de ser un centro de formación profesional e intelectual.

Hay varios elementos que explican este panorama. Uno, el más visible, es el ajuste sobre el presupuesto, que se inaugura con el gobierno de Cristina. El presupuesto por estudiante no deja de caer desde el año 2008, pasando de $13.367 en 2008 a $9.716 en 2013. Entonces, en el caso de la UNGS, el ajuste de Cambiemos no es una novedad sino una profundización de las tendencias previas. La diferencia es que el gobierno actual lo blanquea y anuncia públicamente el recorte. El otro elemento a analizar es la estructura universitaria actual. Que no se pague arancel no significa que sea gratuita. Hay una serie de gastos que hacen los estudiantes que escapan al pago o no de un arancel. Básicamente su propia reproducción como tales. Eso se agrava en la UNGS en la medida que sus estudiantes provienen de municipios (San Miguel, Malvinas Argentinas y José C. Paz) que tiene las tasas de pobreza, de trabajo en negro y de necesidades insatisfechas más altas del país. Es por esto que se impone la necesidad de un salario para los estudiantes, así como ya existe en los institutos de formación militares. Esta es una reivindicación que debemos conquistar si queremos una universidad al servicio de la sociedad, es decir, que genere profesionales formados.

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