El Rodrigazo y las Coordinadoras Inter-Fabriles

en La Hoja Socialista 16/LHSHistoriaArgentina

Como explicamos en otra nota de este mismo número, Cristina instaló en la campaña electoral de este año el tema del “Pacto Social”. Lo que no explicó, sin embargo, es en que terminó esa aventura, cuando la implementó el tercer gobierno peronista. En la nota a la que nos referimos, explicamos la naturaleza de ese pacto. Aquí, por el contrario, mostraremos como acabó todo.

Estamos en el año 1975. Con Perón ya finado, el gobierno lo ejerce su viuda, Isabel. Es el último año de vigencia del Pacto. Para entonces, el deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores era muy agudo. De febrero de 1974 a febrero de 1975 el costo de vida aumentó cerca del 60%. El Pacto no congeló nada, salvo los salarios. El movimiento obrero comenzaba a activarse y deliberar. Se aproximan las negociaciones paritarias después de dos años de estar clausuradas. Las cupulas sindicales estaban entre la espada y la pared. Debían colaborar con el gobierno, pero la presión entre las bases crecía y su posición estaba amenazada.

Los empresarios exigían incorporar cláusulas de productividad a los convenios, para forzar a los trabajadores a ritmos más intensos, al mismo tiempo que pedían terminar con el congelamiento de precios. Buscaban salvar su ganancia. El gobierno, por su parte, anunciaba que no habría aumentos superiores al 38%, notablemente por debajo de la inflación.

Los hechos se precipitaron en junio. El nuevo Ministro de Economía, Celestino Rodrigo “sinceró” la economía y vinieron los tarifazos: 60% en gas, 70% en luz entre 50% y 175% en combustibles y transporte. Mientras que los productos de la canasta básica se dispararon casi un 70%. Eso fue el llamado Rodrigazo.

Las bases obreras eran un hervidero, había una importante predisposición a la lucha. La izquierda revolucionaria empezaba a cosechar su siembra. Quienes no bajaron los brazos frente al gobierno peronista, se vieron fortalecidos pues ocurrió lo que pronosticaban: los platos rotos los iban a pagar los trabajadores. Numerosos cuerpos de delegados y comisiones internas fueron influenciados por la izquierda. De allí que Balbín, líder de la UCR, acuñara la famosa frase acerca de la “guerrilla fabril” como el principal problema del país.

En los gremios se produjo una fractura horizontal. En la cúpula las conducciones retenían sus puestos, pero las bases no le respondían. Por debajo, la solidaridad se estrechaba y empezaban a surgir coordinaciones zonales entre las fábricas que compartían un mismo espacio.

La burocracia, fiel al gobierno, se movilizó hacia fines de junio para mostrar su apoyo y pedirle a Isabel que acepte las paritarias por arriba del techo. Pero nada de eso sucedió. El gobierno suspendió las negociaciones e impuso un aumento del 50% por decreto. Ese mismo día, 28 de junio, tenía lugar el primer Plenario de la Coordinadora de Gremios, Comisiones Internas y Cuerpos de Delegados en Lucha de Capital Federal y Gran Buenos Aires. Un punto de reagrupamiento importantísimo del clasismo y de la izquierda. Lo más avanzado del activismo fabril discutía un plan de lucha y un programa. Los reclamos se elevaban a un nivel político. Ya no se trataba solo de aumento salarial, sino de la anulación completa del Rodrigazo y la renuncia de sus creadores.

La Coordinadora de Zona Norte votó una movilización al corazón del poder político, Plaza de Mayo, para el 3 de julio, paralizando el cordón fabril. La burocracia ya no podía contener la situación y se vio obligada a decretar el primer paro general contra un gobierno peronista el 7 y 8 de julio. Eliminó, sin embargo, las consignas políticas. El plan de lucha acabó con un triunfo. Isabel se vio obligada a aceptar las paritarias sin techo. Su gabinete renunció en pleno, incluidos López Rega y Celestino Rodrigo. Los protagonistas de la jornada fueron la izquierda y el clasismo que frustró los planes del gobierno y la burguesía. Sin embargo, el golpe vino a cumplir con la tarea inconclusa: el asesinato de obreros y luchadores, la destrucción de la izquierda, para imponer el salvataje de la Argentina capitalista. Miseria y muerte, es la única forma en que cierra este tipo de sociedad.

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