El nuevo gabinete, otra derrota de Cristina

en La Hoja Socialista 23/Novedades

Muchos creen que hubo una gran victoria de Cristina tras las PASO. Pero no es verdad. Lo primero que hay que recordar es que para muchos, Alberto no decidía nada de su gobierno y que era incapaz de llevar a cabo cualquier resistencia. De allí que muchos hablaran de “Albertítere”. Después de las elecciones, vimos a “la jefa” hablar con el presidente, armar un escándalo nacional y dinamitar su propio gobierno en una búsqueda desesperada por no hundirse frente a la debacle. Esto nos mostró que efectivamente las cosas no son como se piensan y que no es que ella habla y todos se alinean.

Si analizamos los cambios que se efectuaron en el Gabinete, vemos que lo que Cristina señala en su carta no tiene relación con lo que pasó. En ella deja bien en claro que el problema es la economía. Incluso acusa a Guzmán de conspirar en contra de su persona porque podrían haber usado mucho más del presupuesto que había enviado al Congreso y, sin embargo, gastó menos de la mitad de lo estipulado.

La idea de que hay una conspiración se refuerza con la acusación que ella hace de forma directa al vocero presidencial. La pregunta que tenemos que hacernos es: ¿por qué se agarra con él? No tiene mucho sentido eso. Pero, ¿de qué lo acusa? De estar haciendo operaciones para que todo el mundo crea que la culpa es de ella. En su escrito, Cristina asegura que no fue su culpa, que todo se debe a la realidad porque hubo dos pandemias y se manejaron mal. Le echa la culpa a Alberto, que manejó todo mal queriendo mantener un déficit del Estado a un nivel bajo, coherente con lo que pide el FMI, en vez de darle plata a la gente.

Esto desata una crisis muy notable y el resultado de ello es el cambio del gabinete. Acá tenemos una serie de problemas: quién cambia, quién entra y qué resultados tienen esos cambios. Por empezar, la carta menciona que el problema es Guzmán y va a pedir su cabeza. Pero, no lo consigue, solo obtiene la de un mayordomo, el vocero presidencial. Y consigue el reemplazo de figuras que ya estaban de salida y que “ni cortan ni pinchan” en este problema. Se quedaron los que manejan la torta en serio: Guzmán, Kulfas, Zabaleta, etc.

La cuestión clave acá es que no cambió el núcleo de lo que Cristina querían que cambiara. Esto se refleja en el nuevo gabinete. Por empezar se da un refuerzo de la Iglesia. El resultado de esto fue el ingreso de Julián Domínguez, un hombre del Papa. Por su parte, Mansur es el ingreso de los gobernadores afines al peronismo en general. Es el más afín a Alberto. A su vez, se da un proceso también simétrico en la Provincia de Buenos Aires porque inesperadamente, mientras Kicillof va a Santa Cruz, empiezan a cambiar el gabinete y entran connotados intendentes. Entre ellos, el más importante Insaurralde quien compite directamente con Axel para la gobernación.

Entonces, Cristina a costa de una enorme concesión está buscando ver si puede reclutar para las próximas elecciones a los aparatos que no se movieron en esta. Está desesperada por hacer y entregar cualquier cosa a quien sea con tal de que la debacle de noviembre no se produzca. Lo cual es bastante claro porque Cristina tiene un tiempo muy diferente al de Alberto. La idea de que la “todopoderosa” Cristina doblegó a Alberto es mentira. No logró meter a nadie del Cristinismo duro con los cambios.

La “jefa” debió entregar a La Cámpora para lograr el apoyo del aparato peronista tradicional, no kirchnerista. Esta es una jugada muy audaz que puede salir muy bien o muy mal. Ningún gobernador quería agarrar y entrar al gobierno porque nadie se quiere agarrar de alguien que se cae. Este gabinete es el resultado de un fracaso y Cristina va a una nueva derrota donde las cosas pueden ponérsele muy mal.

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