Crecientemente sobrantes. El ascenso de China y la inserción exportadora de Sudamérica

en Aromo/El Aromo n° 119/Novedades

Damián Bil

OME – CEICS

Con el arribo de los bonapartismos a la región luego de las convulsiones de las últimas décadas del siglo XX-comienzos del XXI, se impuso un “relato” para justificar el nuevo orden. Estos gobiernos señalaban, como uno de sus argumentos políticos, que impondrían un nuevo modelo productivo basado en la industria, contra las políticas “neoliberales” de los ’90, las finanzas y el capital internacional.

Cierta dinámica del empleo industrial después de los ajustes producidos por la crisis, y la batería de subsidios que se implementaron en estos países para sostener capitales industriales poco eficientes a partir de los ingresos de las exportaciones de commodities con precios en alza (como el petróleo, el gas, la soja, entre otros), dieron la impresión de que se estaba cocinando otra cosa. Pero si observamos más de cerca ciertos indicadores, notaremos que esto fue puro humo. Más aún, el avance de China en el comercio mundial de bienes y como socio de estas economías, provocará en ellos una presión a la reprimarización productiva. Veamos en detalle esta situación.

Un recorrido por la evolución exportadora 1

Revisemos la situación de las economías más importantes de América Latina en los últimos cuarenta años, y su relación con las principales economías del mundo hoy (EE.UU. y China). Para ello, tomamos los indicadores de exportación total y por grandes productos de países seleccionados de Sudamérica (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela); economías que explican en conjunto aproximadamente un 70% del PBI de la región denominada “América Latina y El Caribe”2.

Los países de Sudamérica exportaron, entre 1980 y 2000, 180.743 millones de dólares promedio al año (en valores de 2020). De ese monto, un promedio del 27% anual fue vendido a los EE.UU. (con un máximo en 1990, con 33%). Los principales proveedores de Sudamérica al país del norte fueron Ecuador (47,2% del total de sus exportaciones), Venezuela (46,9%), Colombia (36,6%) y Perú (30,2%). Por su parte, apenas un 1,2% del valor total exportado por estas economías se dirigió a China durante esa década. La Argentina, con 2,2%, fue el país de la región que más exportó a dicha nación. Como dato, entre las economías de Centroamérica, la dirección exportadora a los EE.UU. fue aún más nítida: un promedio del 44% de sus ventas externas se dirigieron a este país, y solo un 0,2% viajaron a China.

Ahora bien: desde el acuerdo de China con la OMC (en 2001), las relaciones comerciales de la región con el nuevo gigante asiático se incrementan. Entre 2000 y 2009, Sudamérica destinó el 4,1% de sus exportaciones a China, manteniendo un 25% con dirección a los EE.UU. Pero luego de la crisis 2008-09, entre 2010 y 2020, las ventas a China crecieron hasta ocupar un 13,9% del valor exportado. Lo mismo que lo despachado hacia los EE.UU. Es decir, el país asiático se transformó en el principal socio comercial junto a los EE.UU.

Si nos adentramos en los tipos de productos que se exportan desde Sudamérica, y en particular a estos socios específicos (EE.UU. y China, dos mercados relevantes en el concierto internacional), obtendremos un perfil de estas economías y una aproximación al vínculo que establecen. Podremos también comprender el efecto sobre la región que produce la inserción de China, tanto como consumidor de ciertas mercancías como proveedor de otras.

Históricamente, Sudamérica se ha caracterizado por la exportación de bienes primarios. Entre estos productos (alimentos y animales vivos, materiales crudos, minerales) y los derivados directos (bebidas y tabaco, combustibles, aceites y grasas vegetales y animales), se explican casi las dos terceras partes de la exportación regional al mundo. Si tomamos algunos grandes capítulos de este sector, encontramos que entre 1980 y 2000 un quinto de las exportaciones de alimentos y animales vivos desde la región se dirigió hacia los EE.UU. A su vez, este país absorbió casi la mitad de la venta externa de combustibles y lubricantes (un 48,6%) desde la región, principalmente con Venezuela como principal proveedor. Mientras tanto, China compró apenas el 1,4% de los alimentos y animales; y un magro 0,1% de la exportación de combustibles y lubricantes. En consecuencia, el vecino del norte se constituyó como el socio principal de este bloque regional. No obstante, la situación se modificó en el nuevo siglo: hasta la crisis (2001-2009), EE.UU. compró el 12,8% de los alimentos y animales exportados desde Sudamérica y un 42,8% del combustible; mientras que China aumentó su participación a 1,7% y 1,3% respectivamente. De 2010 a la actualidad, EE.UU. cayó a 10,5% y 21,5%, y China adquirió un 6,3% y un 14,5%, respectivamente. Cabe aclarar que este promedio oculta que, durante los últimos tres años, China superó como principal comprador de alimentos y de combustibles en la región a los EE.UU.

En el caso de aceites y grasas animales o vegetales, al menos desde los ’80 China siempre compró más a la región que los EE.UU. Entre el comienzo de esa década y el 2000, China adquirió el 6,1% de las exportaciones sudamericanas; EE.UU. 3,3%. Pero desde 2001 la situación se agudiza: EE.UU. reduce su participación a solo el 1,6% de las ventas externas de Sudamérica, mientras que China casi duplica su participación, con el 11% de las compras de este rubro.

El apartado de materiales crudos (que incluye por caso pieles, semillas, caucho, madera, fibras textiles, minerales, entre otras) es muy indicativo de los cambios en las relaciones que tejen en el mercado mundial estos países. Hasta el año 2000, EE.UU. compró un 10,4% de las exportaciones de Sudamérica. China solo 3,5%. Luego, el signo se invierte: de 2001 a 2009, EE.UU. cayó a 8,6% y de 2010 a 2020 al 4,1%. En cambio, China incrementó su lugar en 2001-09 al 23,3% de las compras de materias primas, y luego de la crisis, de 2010 a 2020, pasó a adquirir un 47% de las exportaciones de la región.

Productos de medio/alto contenido tecnológico: químicos y maquinaria

Debemos ahora observar qué ocurre con los bienes elaborados. Seleccionamos dos grandes capítulos para analizar: químicos y maquinaria y equipo de transporte, ya que entendemos que aquí se concentran los bienes de mayor contenido tecnológico (alto y medio), según la definición de CEPAL, de toda la clasificación industrial 3.Si analizamos el caso de las exportaciones químicas, los países de Sudamérica (principalmente Argentina y Brasil) exportan diversos productos como ácidos para la industria, medicamentos, hormonas, agroquímicos, cosméticos, óxido de aluminio, hidrógeno, entre varios otros. Para la Argentina, la exportación de químicos e industrias conexas representó un 5,7% del total de exportaciones en 2002 y casi 8% en 2017. Para Brasil, esa proporción se mantuvo en torno al 4,5% en los mismos años. Parte de las ventas externas de estos productos se realizan dentro de la propia región, sobre todo para la producción argentina, que exportó entre 2002 y 2017 a los países vecinos prácticamente el 50% de sus ventas allende sus fronteras. Por su parte, Brasil lo hizo con una quinta parte de sus ventas 4.

La Argentina envió en ese mismo período un 11,5% de sus ventas a los EE.UU. y 9,4% a la zona Euro, y menos del 2% a China. Brasil tiene una matriz similar: vendió de su total de exportaciones químicas un 15% a los EE.UU., 16% a la zona Euro y un 2% a China.

No obstante, si bien el valor de las exportaciones químicas de Sudamérica se incrementó desde 1980 a 2012 en nada menos que quince veces, pasando en valores de 2020 de 2.261 millones de dólares a 33.710 millones, la participación de la región en el total mundial fue más bien escasa. Durante el período reseñado, las exportaciones de los países sudamericanos de este rubro apenas rozaron el 2% del total mundial durante el mejor año (2012), manteniendo un promedio general del 1,5%.

En el caso de maquinaria, instrumentos y equipo de transporte encontramos un volumen de exportaciones mayor, que dan la apariencia de una inserción distinta; pero su contenido de fondo es similar al caso previo. En estos capítulos, los países más importantes de la región exportan motores, turbinas, bombas de líquidos, equipamiento industrial, electrodomésticos, maquinaria agrícola, equipo medicinal y accesorios de ortopedia, camiones, automóviles, aeronaves (en el caso de Brasil), entre varios otros. En Argentina, la sección de Material de transporte representó un 6,7% del total exportado en 2002 y casi 11% en 2017; mientras que máquinas y aparatos y materiales eléctricos alcanzaron una participación del 3,7% y 2,4% en ambos años. Es decir, un agregado entre ambas de 10,4% y 13,4% en 2002 y 2017. En Brasil, el agregado de estas categorías representó un cuarto de sus exportaciones totales en 2002, y 17% para 2017. En esta actividad, la especialización regional es mucho más marcada que la anterior. La comercialización dentro del Mercosur representa casi un 64% de las ventas externas de este rubro para la Argentina en el período 2002-2017, y un 42% para Brasil. En ese lapso, Argentina vendió un 6% de estos productos a los EE.UU., y el mismo porcentaje a la zona Euro. Solo un 0,3% de las exportaciones del sector fueron absorbidas por China. En el caso de Brasil, los EE.UU. compraron un 32,7% y Europa 15%. China 2,9%. Como observamos, merced a la constitución del Mercosur, donde los bienes industriales que se comercian son mayormente de estos rubros, la exportación creció y los mismos parecieron tener una inserción creciente. En valores absolutos (de 2020), hasta la década de 1990 Sudamérica exportaba 6.700 millones de dólares de estos productos. De 2000 a la actualidad, el promedio aumentó a 26.275 millones por año, con un pico en 2008 de casi 57 mil millones. O sea, un incremento del valor en cuatro veces. No obstante, al igual que en el caso previo, la participación de la región en el mundo es más bien menguante. Desde 1980 aporta 0,8% promedio anual, con un tope del 1% entre 2006 y 2008. Es relevante señalar en este aspecto que, mientras los países de Sudamérica se estancan o incluso pierden posiciones en mercados estratégicos, asciende la estrella de China. En el caso de maquinaria y equipos de transporte, mientras que en la década de 1980 China ocupó apenas el 0,3% de las compras externas del rubro en el importante mercado de EE.UU., de 2010 a la actualidad provee un cuarto de las mismas.

Hacia el Asia

Como observamos, no hay ninguna nueva inserción de Sudamérica en este período. Por caso, la matriz exportadora de los principales países se mantiene relativamente similar a lo largo del período. En el caso de Argentina, se componía en 1995 de un 48% de bienes agropecuarios, un 15% de servicios, 10% minerales, y 16% de los bienes analizados en el apartado previo (químicos, maquinaria, electrónicos y equipo de transporte). Para 2015, prácticamente la misma composición: 50% de agropecuarios, 19% de servicios, 3% de minerales y 19% de los bienes señalados. En Brasil, para 1995: 34% bienes agropecuarios, 11,7% de servicios, y 24% de los estudiados aquí; en 2015: 37% agropecuarios, 15% de servicios, 20% de químicos-maquinaria-electrónicos-equipo de transporte. Pero su participación en el mundo disminuye. En cambio, incrementa su peso relativo en bienes primarios: mientras que en 1980 Sudamérica proveía el 7,6% de los productos agropecuarios al mercado mundial, en la segunda mitad de la década de 2010 su peso era del 11%. Es decir, la tendencia es a la primarización de estas economías y no a su “diversificación” o complejización en términos internacionales.

En buena medida, este fenómeno se debe a la aparición del Sudeste asiático y, en particular, al ascenso de China. Esto se remonta a los años ’70, en el contexto de la crisis que se abre en ese momento a partir de la caída de la tasa de ganancia del capital. Debido a transformaciones en la organización del trabajo, el avance de la robotización, la automatización y la posibilidad de fragmentar los procesos productivos, se habilita la posibilidad de explotar mano de obra con menor calificación y, por ende, más barata. En esa circunstancia, el capital busca reducir costos dirigiéndose a regiones donde puede explotar a esta población. A partir de ese momento, esta región comienza a ganar lugares en el comercio internacional. En ese recorrido, el mundo vinculado a la economía atlántica surgida en el período de la Revolución Industrial, se desestructura. El ascenso del capitalismo asiático reconfigura la situación: en las últimas cuatro décadas, erigiéndose el área del Pacífico como central: primero Japón, luego Corea, Taiwán, y finalmente China se incorporan motorizando esta dinámica. La crisis de los ’70, con la caída de la rentabilidad, obliga al capital europeo y al norteamericano a buscar formas de relanzarse. Ello supone un ataque a las condiciones de vida de la clase obrera, el aumentar la tasa de explotación y provocar la destrucción de capital sobrante. Ante la imposibilidad de la burguesía de los países clásicos de realizar esta tarea en la medida necesaria, la solución que encuentra es dirigirse a lugares donde una mano de obra más débil, bajo condiciones de fuerte control y disciplina estatal, se puede explotar con mayor facilidad. En la búsqueda de destruir capital sobrante para drenar el mercado, el sector más concentrado toma como objeto de la misma a las fracciones más débiles: los de América Latina, los del sur de Europa, etc. Mientras tanto, en Asia-Pacífico se conforman estructuras capitalistas poderosas, donde la centralización del poder político puede guiar el proyecto y planificarlo. La inserción de China es el elemento más representativo de este proceso. Para América Latina, esto significa que su lugar en la vieja “división internacional del trabajo” se trastoca. Los países de la región se convierten en estructuras con capitales inútiles. Por ello, la población en América Latina no encuentra empleo productivo en la industria. Solo quedan los empleos que surgen como subsidiarios de las actividades de commodities (gas, cobre, soja, petróleo, etc.), y la asistencia estatal.

De esta manera, América Latina se transforma en un bolsón creciente de población sobrante para el capital. Así, queda liberada al limitado impulso de las mercancías primarias, y a lo que pueden agregar sus acotados mercados internos. Por eso lo que domina en la región, en las últimas décadas, es el ajuste, la expansión de la desocupación, la descomposición social y la violencia creciente, con períodos donde algún alza coyuntural de precios de materias primas disfraza por un momento esta trayectoria. La aparición de China como proveedor mundial de mercancías profundiza este devenir, ya que provee bienes manufacturados de diferente complejidad al mundo, desplazando parte de la acotada exportación manufacturera de los países de nuestra región. A su vez, China adquiere bienes primarios de América Latina pero muy poco de manufacturados.

En estas condiciones, la región se convierte crecientemente en un reservorio de población sobrante. Las fracciones burguesas de estos países, preocupadas por sobrevivir con las migajas de la disputa China – EE.UU., no tienen ninguna salida progresiva. La única salida para estas naciones es reconstruir la estructura productiva de manera completa. Es fundamental desplazar a esta burguesía agotada y concentrar los medios productivos bajo un estado obrero que planifique la asignación racional de recursos para acceder a renglones de alto contenido tecnológico. La consigna de los Estados Unidos Socialistas de América Latina se erige como una necesidad frente a la degradación histórica de nuestras condiciones de vida.

Notas

  1. A partir de aquí, utilizaremos información disponible en la base UNComtrade, de la ONU, a menos que se indique lo contrario.
  2. A partir de información del Banco Mundial.
  3. Ver Schteingart, Daniel: “Contenido tecnológico de las exportaciones argentinas (1996-2011): ¿cambio estructural entre la convertibilidad y la posconvertibilidad?”, Realidad Económica, n° 274, marzo de 2013.
  4. En base a datos de Sistema de Consulta de Comercio Exterior Argentino (INDEC) y Comex Stat (IBGE, Brasil).

1 Comentario

  1. Excelente anàlisis. Una pregunta, los paìses con los que se suele comparar a la Argentina y que tiene un nivel de vida muy superior, Australia y Canadà, tambièn son principalmente exportadores de materias primas ?

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