Coronavirus en Chacabuco. Nos enferma el capitalismo

en Novedades

Como un espejo impensado de la realidad mundial la vida social de Chacabuco se ve repentinamente convulsionada por casos de Covid-19. Esa nueva enfermedad, ese virus que nació a miles de kilómetros de distancia y que cualquiera pretendía lejano, llegó. Ahora que esta acá, podemos ver mejor cómo lo que creíamos sólido de nuestra realidad, en verdad es cartón pintado. Ni estamos tan preparados para evitarlo, ni tenemos tantos recursos para enfrentarlo. Parece que al fin y al cabo ni el pueblo blanco de Serrat se puede escapar de la peste que este sistema engendra.

Cualquiera que se haya ido informando al respecto sabe que el Covid-19 nació lejos, en una sociedad “aparentemente” distinta a la nuestra. Ese era el elemento central de la defensa del gobierno. El ministro de salud Ginés García decía que “está lejos”, “no va a llegar”, “es cosa de chinos”. A estas alturas se hace evidente que negar los problemas no es solución sino combustible para los mismos. Más vale prevenir que curar es un dicho más útil. Tarde o temprano la realidad nos tapa de todas formas, y lo que estaba tan lejos nos golpea la puerta.

Si vemos el fondo del asunto las respuestas aparecen. Ese fondo es la situación real en la que vive la clase obrera, acá en Chacabuco, en Escobar o en Wuhan. Empecemos por casa. Viendo los últimos títulos de los periódicos locales encontramos cifras reveladoras: 12 mil bolsones de alimentos entregados en la última semana, el hospital comprando insumos básicos con plata de donaciones, trabajadores sin respaldo médico, vacunas contra la gripe escasas y mal administradas, presión judicial sobre verduleros a los que se los acusa de iniciar el contagio.

Vamos un poco más a fondo. Esta semana el Consejo escolar entrego casi 8 mil bolsones de comida y el Consejo Social más de 4 mil. Entre los dos suman más de 12 mil bolsones de comida, lo que declara abiertamente que en la ciudad un cuarto de su población no tiene para comer. Tema de análisis aparte es la tarea inmensa de docentes que se juegan la vida en trasladar y entregar esos alimentos. Por su parte el hospital compra cofias y barbijos tomando plata del Fondo Solidario (de los 5 millones que recaudo tuvo que gastar 3 en elementos básicos). Es decir, los elementos básicos de cualquier institución de salud tienen que ser adquiridos por medio de donaciones. Otro dato de la situación en salud: al día de hoy los trabajadores que tienen OCECAC no cuentan con convenio alguno con ninguna institución médica (ni sanatorio, ni hospital), es decir no tienen donde ir a atenderse ¡En medio de una pandemia! Esta semana se vacunan contra la gripe a 200 personas. Son las que están esperando la vacuna desde el 30 de abril, día en que sacaron número y esperaron a que les digan “vuelvan en otro momento”. De nuevo, el Estado exige cuidados y responsabilidad de la ciudadanía, pero no puede garantizar ni siquiera los elementos básicos de salud. Algo similar ocurrió en las extensas colas en bancos y en el correo para cobrar la IFE donde se vio, nuevamente, la precariedad económica en la que vive una porción inmensa de la población. Para cerrar la escena el Estado por medio de la justicia pide declaraciones juradas a los verduleros para analizar la procedencia de la mercancía. El estado exige, pero no garantiza.

En línea con esta idea, dos noticias interesantes aparecen sobre dos mercados de frutos. Ambos señalados como el foco de la infección de Covid-19 que luego se trasladó a Chacabuco. Una noticia es del 7 de mayo, días después del positivo en nuestra ciudad. La noticia advierte del cierre del mercado Pancochi y el de la colectividad boliviana por 72 hs por prevención. La otra noticia es del 28 de marzo, y dice que en ambos mercados se aplican controles de sanidad, pero se ve a todos los empleados sin ningún tipo adecuado de materiales de trabajo. El estado burgués ve esta situación desde que se inicia la pandemia, y la avala haciendo la vista gorda.

Los trabajadores de esos mercados están en negro, no cuenta con garantías económicas y tiene que presentarse a trabajar sabiendo el riesgo que corre. Se comentó incluso que para no perder su puesto algunos trabajadores concurrían con síntomas de posible Covid-19. Ese es el látigo invisible del capitalismo golpeando la espalda de nuestra clase. El trabajo asalariado enferma. Este es el punto central del problema. El problema del coronavirus es un problema de clases.

Nadie puede dudar a esta altura que en Wuhan y en Chacabuco la “gente” contrae Covid-19 y muere de capitalismo. Porque lo que tenemos en común con esa ciudad a miles de kilómetros de distancia es el imperio de la explotación capitalista como orden central de la sociedad. Y con esto va de suyo lo descripto aquí. Pauperización de la vida, crisis del sistema de salud: combo mortal.

Si el municipio no cuenta con los fondos suficientes para responder a la emergencia sanitaria del conjunto de la población, deben hacerse cargo provincia y nación. Esto no es un problema local, es un problema nacional. Hay tareas inmediatas que deben encararse. Por un lado, test masivos para toda la población. Por otro lado, hay que hacer fumigaciones masivas y periódicas.

Ya mismo debe comenzar la construcción de hospitales de campaña, con equipamiento en cantidad suficiente para encarar lo que se viene, fundamentalmente respiradores y camas para garantizar el aislamiento. La única solución racional a la pandemia, es la centralización de todo el sistema de salud controlada por los trabajadores, poniendo a disposición de las necesidades humanas toda la industria farmacéutica, la producción de equipamiento sanitario, el sistema de clínicas privadas y toda la red hotelera. La vida de todos nosotros está en juego, y no podemos dejarla en manos de quienes ya se han declarado incompetentes.

Etiquetas:

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

*

Últimas novedades de Novedades

Ir a Arriba