Reformismo armado. Sobre la esencia política de Montoneros

a60_reformismoJulieta Pacheco
Grupo de investigación de la lucha de clases en los ’70 – CEICS

El 29 de mayo de 1970, con el secuestro y posterior ajusticiamiento de Aramburu, salió a la luz la organización político-militar Montoneros. En el marco de la teoría de los dos demonios siempre se la definió, junto al resto de las organizaciones armadas contemporáneas a ella, cómo guerrillera. Es decir, poniendo el eje en la estrategia armada que, en efecto, todas compartieron. Sin embargo, esta perspectiva oscurece el punto principal que las diferenciaba y que explica la naturaleza política de cada una de ellas: su programa. De este modo, tomando como punto de partida la radicalización de su práctica política, ha sido presentada como con una organización revolucionaria. La tendencia a homologar organismos disímiles bajo un mismo rotulo impide dilucidar por qué no se formó un sólido partido revolucionario en los ‘70, debilidad que explica, en parte, la derrota sufrida en aquella etapa.

En el contexto actual, esta discusión ha cobrado una enorme importancia. La fuerza de masas que ha logrado articular el kirchnerismo, sobre todo en la juventud, descansa en parte en un discurso que lo presenta como un “proyecto” que está transformando el país, heredero de Montoneros y la “gloriosa JP”. Una fuerza “revolucionaria” que enfrenta a los “monopolios”. En este sentido, al igual que lo que sucedía a principios de la década del ‘70, una fracción burguesa disputa por izquierda la dirección de las masas. En este marco resulta necesario clarificar quién es quien en la escena política. Con esta preocupación presentamos el debate entre un clásico de la historiografía, Richard Gillespie y Lucas Lanusse. Este último, publicó un libro, Montoneros. El mito de sus 12 fundadores, en el que además de discutir su origen sienta una posición, respecto a su programa, contraria a la del primero.(1)

El mito de ser revolucionario

En su obra Gillespie afirma que la organización Montoneros no logró romper con el programa peronista. Haciendo referencia a su intervención en las elecciones de 1973 sostiene que

“El FREJULI era presentado como expresión política de aquella ‘alianza de clases para hacer frente al imperialismo’ y los aspectos más radicales de su programa electoral-‘luchar contra los monopolios y todas las formas de dependencia’, ‘redistribuir la riqueza’’, ‘nacionalizar y socializar la economía’- eran tomados al pie de la letra. Los autores del documento insistían en que el liderazgo de la clase obrera dentro de la alianza era la única garantía de que el programa fuese aplicado, pero en la práctica, los Montoneros no se organizaron teniendo presente tal objetivo. Sobre todo porque, a causa de su incuestionable fe en Perón, se avinieron a la dominación de los sectores burgueses y burocráticos del peronismo.(2)”

Desde su perspectiva, recién en 1976 pueden datarse los documentos más “radicales” de Montoneros. En ellos aparecerían posiciones de izquierda revolucionaria que, en el marco de la brutal dictadura, abandonarían a principios de 1977.(3)  Si bien Gillespie, no reconstruye exhaustivamente las intervenciones concretas de Montoneros, los hechos más conocidos de dicha intervención indicarían que sus afirmaciones van por buen camino.

Veamos cuáles son los argumentos de Lanusse para afirmar que Montoneros construía un programa revolucionario. En su libro, marca un claro distanciamiento con la historiografía inaugurada por Gillespie:

“contra lo que sugieren algunas declaraciones y etiquetamientos iniciales, lo cierto es que al momento de diseñar estrategias Montoneros se inclinará por intentar conformar una tendencia revolucionaria dentro del peronismo para hegemonizarlo desde adentro.”(4)

A pesar de reconocer que el autor reconoce explícitamente no haber investigado el tema, indica que

“en un documento interno de Montoneros elaborado a comienzos de 1972, por ejemplo, se afirmaba que la vanguardia tenía como tarea organizativa fundamental la construcción de una estrategia revolucionaria del Movimiento Peronista que reemplazara a las estructuras existentes. Ello porque si bien estas últimas habían servido en el gobierno peronista, habían quedado ‘en un esquema reformista’.”

En este sentido, señala Lanusse, para Montoneros

“la tarea para la vanguardia, en consecuencia, consistía en ‘el encuadramiento revolucionario de las masas, que responda totalmente a los intereses históricos de la clase obrera y le permita dictar políticas a las demás clases o sectores.’”.(5)

Lanusse insiste en que existirían “numerosos indicios que refuerzan la idea de una estrategia tendencista por parte de Montoneros”.(6)  Estos indicios los encuentra en un documento de 1971, en el cual Montoneros afirma que “la guerra que habían emprendido era total porque suponía la destrucción del Estado capitalista y de su ejército, como previos a la toma del poder del pueblo”. Estas declaraciones, señala Lanusse, “desmienten parcialmente [la] tesis” de que los montoneros al hablar de socialismo nacional “no entendían un proyecto demasiado radical”.(7)  El autor incluso va más allá:

“A comienzos de 1972, es nuevamente un documento interno el que pone las cosas más claras. El mismo afirmaba que los objetivos eran la liberación nacional y la construcción del socialismo, para explicar a continuación que la liberación nacional significaba librarse del dominio imperialista y socialismo significaba ‘la supresión de la propiedad privada de los medios de producción’ […] El mismo texto expresaba más adelante: ‘La realización de la Patria Libre, Justa y Soberana sólo es posible con la construcción del socialismo, que es el sistema que permite la socialización de los medios de producción […] partiendo de una dirección y planificación estatal de la economía’.”(8)

Montoneros ¿es o se hace?

En primer lugar, debemos señalar la debilidad metodológica con la que trabaja Lanusse, en tanto cita mal el principal documento del que desprende sus conclusiones. El documento 1-1972 al que hace referencia Lanusse se trata de Línea político militar, Documento interno, citado por el autor a través de la compilación de Roberto Baschetti.(9)  Sin embargo, cuando buscamos el documento en la compilación señalada, nos encontramos que el mismo está fechado en 1971. Podríamos pensar que el error se encuentra en la cita al pie de página, sin embargo al dirigirnos al listado de fuentes utilizadas, el error se repite. También, podríamos pensar que existen dos documentos con el mismo nombre, pero elaborados en diferentes años. Sin embargo, no sólo coinciden las páginas que cita Lanusse, sino que también lo hace la transcripción de las citas, por lo que nos encontramos frente a un único documento.(10)  En consecuencia, la confusión no surge de un error de escritura, sino de una lamentable falta de rigurosidad.

Sin embargo, la cosa empeora. Según Lanusse, las citas seleccionadas mostrarían el carácter revolucionario de Montoneros. Lo cierto es que el autor escoge el material de manera tendenciosa. En el mismo artículo publicado en la revista Cristianismo y Revolución, donde Montoneros declaraba la necesidad de la destrucción del Estado capitalista, también se asumían como peronistas, seguidores de la doctrina “definida por su creador, el General Perón, como profundamente nacional, humanista y cristiana, respetuosa de la persona humana sobre todas las cosas.”(11)  También, en el mismo documento, Montoneros afirmaba que la operación de Aramburu

“es el primer hecho militar realizado por una organización revolucionaria que implica por sí solo definirse políticamente. Ya, asaltar un banco o tomar un destacamento militar no define políticamente a nadie.”(12)

Asimismo, en un comunicado anterior, publicado en esta revista, Montoneros se asumía como el brazo armado del movimiento peronista(13)  y señalaba, en otro artículo: “nos hemos identificado como peronistas y montoneros” (14) , por lo tanto

“no creemos que las luchas populares comiencen con nosotros, sino que nos sentimos parte de la última síntesis de un proceso histórico que arranca 160 años atrás, y que con sus avances y retrocesos da una salto definitivo hacia adelante a partir del 17 de Octubre de 1945.”(15)

Nacionalistas y reformistas. Lo primero, porque se sienten parte del proceso que comienza en 1810, es decir, de la nación, del dominio burgués y del desarrollo del capitalismo. Lo segundo, porque su modelo no es ninguna revolución proletaria, sino un gobierno burgués reformista. Ni Rusia, ni Cuba, ni China: Perón. La debilidad metodológica de Lanusse le impide superar las posiciones de Gillespie. Queda claro que Lanusse decidió tomar un sentido de las fuentes para afirmar de manera contundente que Montoneros expresaba un programa revolucionario.

Al revisar sus mismas fuentes, seguimos sin dilucidar cuáles eran los objetivos políticos de Montoneros, en tanto se declaran abiertamente peronistas y, a la vez, afirman que luchan por la destrucción del Estado capitalista. La única forma de resolver esta contradicción es contrastarlos con lo que efectivamente la organización hizo. En este sentido, un acercamiento a los acontecimientos más conocidos de dicha organización nos llevan a pensar que construyó un programa diferente al planteado por Lanusse: su alineamiento con Perón en la campaña del “Luche y Vuelve” para las elecciones de 1973 o la participación de acciones en conjunto con fracciones del ejército considerados nacionalistas, como lo fue el “Operativo Dorrego”. Perón venía a liquidar la revolución y a sus organizaciones. Ellos mismos lo habían sufrido en carne propia en Ezeiza. Sin embargo, continuaron con su estrategia. ¿Por qué? Muy sencillo: no estaban dispuestos a abandonar su programa burgués. También, en los años posteriores a la muerte de Perón, en las diferentes publicaciones y documentos, observamos la idealización de la figura del líder, a pesar del quiebre que había significado la expulsión del acto en Plaza de Mayo, en 1974, y la reacción de Perón ante el asesinato de Rucci.

En definitiva, sólo contrastando las formulaciones políticas de Montoneros con las acciones concretas que realizaron podremos avanzar en el conocimiento de la etapa estudiada y resolver el rol que desarrolló Montoneros en un proceso donde la crisis política exigía la resolución de la disputa sobre el carácter reformista o revolucionario que asumiría la lucha. Con este recorrido queda claro que no alcanza con analizar los fenómenos discursivos de un movimiento político para comprender su naturaleza. Lo que se dice tiene que corroborarse con lo que se hace.

Notas:
(1) Gillespie, Richard: Soldados de Perón. Los Montoneros, Grijalbo, Buenos Aires, 1998. Lanusse, Lucas: Montoneros. El mito de sus 12 fundadores, Vergara, Buenos Aires, 2007.
(2) Gillespie, Richard: op. cit., p. 208.
(3) Ídem, p. 367 y 390. Los documentos citados por el autor son: Partido Montonero: Hacia una nueva política para la conquista del poder por los trabajadores y el pueblo peronista, Bs. As., agosto de 1976. Versión modificada de un original más extenso publicado en El Montonero, n° 11, 24 de abril de 1976 y MPM: “8 puntos de Roma”, abril 1977.
(4) Lanusse, op. cit., p., 258-259.
(5) Ídem, pág. 259. Las citas introducidas por Lanusse corresponden al documento Línea político militar. Documento interno, Baschetti, Roberto (comp.) Documentos 19730-1973. De la guerrilla peronista al gobierno popular, Ediciones de la campana, Buenos Aires, 1995 págs.  249-270.
(6) Lanusse, op. cit., pág. 259.
(7) Ídem, pág. 269. El documento citado por Lanusse corresponde a “El llanto del enemigo”, en Cristianismo y Revolución n° 28, abril de 1971, pág.  47.
(8) Lanusse, op. cit., pág. 269. El documento citado por Lanusse corresponde a Línea político militar, op. cit.
(9) Baschetti, Roberto (comp.) Documentos 19730-1973. De la guerrilla peronista al gobierno popular, Ediciones de la campana, Buenos Aires, 1995, p. 249, 270.
(10) La transcripción de las citas corresponden a las páginas 249-250, 256, 262 y 268, en Baschetti, op. cit.
(11) “El llanto del enemigo”, en Cristianismo y Revolución n° 28, abril de 1971, págs.  70-73.
(12) Ídem.
(13) “Montoneros: la toma de La Calera”, en Cristianismo y Revolución n° 25, septiembre de 1970, pág. 57-58.
(14) “Hablan los Montoneros”, en Cristianismo y Revolución n° 26, noviembre-diciembre de 1970, págs. 11-14.
(15) Ídem.

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