La política según la geografía. El cinismo de la izquierda frente a la crisis en Venezuela

en Comunicados RyR/Novedades

Dos caracterizaciones, dos políticas, dos consignas tiene cada partido de izquierda frente al mismo problema. Una, en Venezuela. Otra, en Argentina. Acá, los partidos del FIT y el MST apoyan a Maduro y se enfrentan a los levantamientos obreros, acusándolos de “golpistas”. Allí, sus réplicas repudian a Maduro y piden su caída. La excepción es el PO, que mantiene su “coherencia”: aquí es partidario del gobierno chavista y pide represión; y allí…también.

Pocas veces el Frente de Izquierda ha sacado comunicados públicos ante ciertas coyunturas. En este caso, el posicionamiento de los tres partidos del FIT se compone de seis puntos. El primero de ellos rechaza la “intentona golpista” impulsada por “el imperialismo y sus lacayos violando la soberanía de un país latinoamericano”. El segundo, sostiene que los impulsores de este “golpe” son los menos autorizados para hablar de democracia y derechos humanos por la violación constante de los mismos, aunque no señala que esto no debería ser ajeno a Nicolás Maduro. El tercer punto refiere a Macri, el “Señor Burns” vinculado a negocios espurios con la dictadura pero que habla de democracia en Venezuela, el peronismo de Massa, Pichetto y Urubey que apoyaron a Guaidó, y al silencio cómplice del kricherismo. El punto cuatro, al fin, se refiere a Nicolás Maduro, a quien se lo reconoce como un gobierno cívico-militar, que descargó la crisis y la represión sobre la clase obrera venezolana. El quinto punto sentencia que la oposición no es solución porque su plan es el del FMI de avance en una “política colonial”. Finalmente, el punto sexto plantea que la clase obrera aparezca con fisonomía propia, movilizándose contra los planes de ajuste y expulsando a la burocracia oficialista de los gremios, para imponer un programa obrero de emergencia para resolver los problemas más inmediatos de la clase obrera. Cierra el comunicado convocando a los trabajadores latinoamericanos a movilizarse en contra del golpe. O sea, a apoyar a las FF.AA que están reprimiendo.

Bajo el lema de “Contra la ofensiva golpista del imperialismo y la derecha en Venezuela. Por una salida política de los trabajadores” y un flyer con las caras de Macri, Bolsonaro, Macron, Trump, y Lagarde, el FIT movilizó a la cancillería el martes 29, teniendo como oradores Carlos Giordano, Christian Castillo, y Gabriel Solano, que hicieron hincapié en la lucha contra la injerencia “imperialista” en América Latina. Obviamente, solo se habla del imperialismo yanqui y nada del chino-ruso, que ya tiene tropas allí. Como se llama a combatir a quienes se levantan contra el gobierno (no importa quiénes), se está diciendo implícitamente que la salida “de los trabajadores” es con Maduro. Pero lo más importante es que, otra vez, quedó ausente el apoyo los levantamientos de las masas hambrientas en las barriadas venezolanas contra el régimen. Lo peor es que nada se dice con respecto a los 35 muertos por la represión del régimen en estas dos semanas. En vez de preocuparse por los silencios de Cristina frente al ataque a uno de sus aliados, el FIT debería preocuparse por el suyo frente a la masacre de obreros en Venezuela, que bajo Maduro ya es de 250, solamente en movilizaciones.

En cambio, los representantes de estos mismos partidos en Venezuela, tienen una posición muy distinta. En general, sí se han posicionado, aunque con limitaciones importantes, en una posición independiente, ya que se concentran en rechazar tanto a la oposición y su alianza con EE.UU., como a la dictadura de Maduro y su alianza con el eje chino-ruso. Allí, lo que podría ser un equivalente del FIT (en realidad, sería más bien un agrupamiento al estilo “Encuentro de Lanús”) es la Intersectorial de Trabajadores de Venezuela, que fue impulsada por el PSL (partido hermano de Izquierda Socialista) en soledad durante un tiempo, y a fines del año pasado se sumó Marea Socialista (que comparte con el MST la internacional Anticapitalistas en Red) y la Liga de Trabajadores por el Socialismo (que comparte con el PTS la internacional FT-CI) junto a luchadores sindicales de diferente extracción. La Intersectorial dio una conferencia el 29 de enero en la cual se posicionó frente a la crisis venezolana bajo el lema “Ni con Maduro ni con Guaidó, con los trabajadores” convocando a mantenerse en la calle y no ser vagón de cola de los bandos que se disputan la renta petrolera. Sin formar parte de este frente, Opción Obrera (que comparte con el PO el CRCI) emitió un solo comunicado con una línea similar a la del FIT, llamando a derrotar “el golpe de Trump-Pompeo y su títere Guaidó”. El PO no solo exhibe un sectarismo imperdonable en esa circunstancia, sino que además se encuentra a la derecha de la consigna del resto, llamando, en los hechos, a apoyar a Maduro. Simplemente, desconoce el elemental principio de clase.

Es decir, con la excepción de Opción Obrera (PO), mientras los partidos del FIT buscan acá congraciarse con el kircherismo y dan un apoyo tácito a Maduro, en Venezuela sus partidos hermanos convocan a no apoyar a ningún bando, reconocen el carácter obrero de las movilizaciones, y la necesidad de mantenerse en las calles. Es evidente que, en Venezuela, nadie en su sano juicio daría ningún apoyo a Maduro (salvo el PO, claro), pero aquí es otra cosa, parece. Sobre todo, porque no hay que hacer enojar a Cristina, el Papa y sus secuaces…

La izquierda argentina carece ya no de perspectiva de poder, sino de la coherencia mínima que hace a un partido y una dirección. Aquí se posiciona en el campo del oficialismo venezolano, del ajuste y la represión. Total, creen, la población argentina desconoce lo que sucede allí. En Venezuela, en cambio, no pueden sostener esas mismas posiciones sin ser repudidados por los trabajadores. Resultado: se dicen dos cosas distintas sobre el mismo problema, según donde se esté. Lo más grave es que estos partidos levantan consignas aquí a sabiendas que son inviables y criminales. Con lo cual, pasamos de la incoherencia a la perfidia.

Para Marea Socialista, la salida pasa por la convocatoria a elecciones, amparándose incluso en los artículos de la Constitución de Chávez. El MST argentino, también ha apoyado esta salida, en palabras de la precandidata presidencial, Cele Fierro, sosteniendo que “Trump no es democracia, Maduro ni Guaidó tampoco” y que una salida democrática realmente sería un plebiscito para la convocatoria a elecciones libres de todos los cargos. Es decir, se ubica en el campo burgués y en el objetivo del diálogo entre el chavismo y la oposición. Para la LTS, la salida es, cuando no, la convocatoria a una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, “sin proscripción”, “con acceso generalizado a los medios de comunicación”, y que tenga la capacidad de decidir sobre todos los aspectos de la vida del país. Si la primera deriva en resolver la crisis dentro del campo de la burguesía, la segunda no se queda atrás. ¿Quién debe convocarla? ¿Maduro? ¿Guaidó? ¿Qué sucede si la misma es conquistada por la oposición como sucedió con la AN? En cambio, la intervención del PSL fue la única que planteo recuperar la consigna de “Fuera Maduro” como se impuso en el 2017, ya que, según el partido de IS, solo el “pueblo” tiene el derecho de echar al gobierno y reivindica las protestas obreras de los días 21, 22 y 23 de enero en los barrios populares de Catia, Cotiza, San Martín, Petare, y El Valle. Finalmente, elevó a la Intersectorial el pedido de  convocar a un plenario sindical independiente, autónomo, para “generar una alternativa política y sindical autónoma de los trabajadores y del pueblo venezolano, distinta a Guaidó, a los militares o al imperialismo”. Ese plenario deja afuera a más del 70% de la clase obrera que no está sindicalizada. En cualquier caso, nadie llama a ningún curso de acción inmediata, a pesar de que las masas están en la calle. Se trata simplemente de declaraciones al viento como forma de no involucrarse.

En Venezuela, la sola existencia de la Intersectorial fue un paso adelante. Que se pronuncie en contra de Maduro y Guaidó, también lo es. No obstante, lo que se necesita en este momento es un frente político, no sindical. Además, esta confluencia tiene como interlocutores a solo una porción de la clase obrera, la ocupada y sindicalizada, cuando el desempleo abierto por lo menos es de un 20%, y más del 50% de los trabajadores están en el sector informal o el cuentapropismo. Por lo tanto, se deja de lado a las barriadas como Petare o Catia, donde la clase obrera más pauperizada, que alguna vez fue bastión del chavismo, ha roto con el mismo y combate cuerpo a cuerpo contra la FAES y demás fuerzas represivas.

En ese sentido, la Intersectorial debe postularse como dirección del conjunto de la clase obrera, convocando a plenarios de trabajadores ocupados y desocupados zonales, comenzando por los barrios que se han movilizado contra el régimen, donde se elabore un plan de obtención y reparto de alimentos, medicinas, productos de higiene, todo lo que ni a Maduro ni a la oposición le interesa resolver. Esos plenarios deben ser el puntapié de un gran Encuentro Nacional de Trabajadores Ocupados y Desocupados, que permita unir la lucha de las barriadas de Caracas, con los docentes de Lara y Barquisimeto, los petroleros de Anzoátegui, docentes, trabajadores de la salud, y todos los sectores en conflicto. Más aún, debe apelar a la composición obrera de las fuerzas armadas, mediante el desarrollo de una estrategia propagandística específica para interpelar a la conciencia de esta fracción. Más de medio millón de obreros conforman el Ejército venezolano, quebrar ese vínculo implicaría un golpe letal al régimen y a su vez una ganancia de cuadros técnicos para las milicias obreras.

La Intersectorial no debe quedarse solo en una expresión de deseo, como fue la conferencia realizada, sino que debe intervenir como tal en la calle y disputarle la dirección de las masas y el Estado, a Maduro y a Guaidó, poniéndole fecha a una gran movilización obrera e independiente. A pesar de no haber llegado en las mejores condiciones para este momento, la izquierda aún tiene chances de darle una salida socialista a la crisis. Las condiciones son estas. Las chances están. El tiempo es ahora.

Razón y Revolución

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