La mayor desocupación de los últimos 30 años – Por Nicolás Villanova

8532320500_58169dc11f_oA propósito de la falsedad de las estadísticas sobre desempleo

El INDEC publicó las cifras de desempleo del tercer trimestre de este año. Según sus estimaciones, se trataría tan solo de un 5,9%, o sea, la tasa más baja de los últimos 28 años. Sin embargo, ocurre todo lo contrario. Durante la última década, el desempleo fue mayor que bajo el menemismo y el alfonsinismo.

Nicolás Villanova (OES-CEICS)

El INDEC publicó las cifras de desempleo del tercer trimestre de 2015. Según sus cálculos, la tasa de desocupación sería de tan solo el 5,9%, es decir, el porcentaje más bajo de los últimos 28 años. Sin embargo, este dato encubre a una masa gigantesca de población que se emplea en ocupaciones superfluas o que se encuentra sin trabajo y que no es registrada como tal por el organismo oficial de estadísticas. En este artículo analizamos las “trampas” que oculta esta cifra. Como veremos, al contrario de lo que dice el gobierno nacional, la última década se caracteriza por tener el mayor desempleo de los últimos 30 años. Todo un síntoma de la decadencia del kirchnerismo en particular y de la descomposición del capitalismo argentino en general.

Cada vez menos “activos”

La tasa de desempleo se calcula sobre la base de la población económicamente activa (PEA). Esta última, a su vez, se estima sumando la cantidad de personas ocupadas y desocupadas sobre el total de la población. No obstante, la definición PEA resulta engañosa. Por un lado, no registra a un conjunto de desocupados por considerarlos “inactivos” (personas sin empleo que se cansaron de buscar trabajo, amas de casa obreras que no buscan empleo, jóvenes pobres sin trabajo y otros tantos). Por otro lado, sobreestima la población activa que aporta su trabajo al registrar a los “patrones” que viven exclusivamente del trabajo ajeno y que asisten a su establecimiento probablemente para controlar el proceso de trabajo.

Más allá de estos problemas, el INDEC encubre una situación de incremento del desempleo aún cuando utiliza sus propios criterios de medición. En este sentido, la evolución de la PEA durante la última década muestra una tendencia ascendente en dos momentos: por un lado, hasta el año 2006; y, por otro, un pico en el año 2012. Posteriormente, desciende hasta llegar al tercer trimestre de 2015 con un escueto 44,8%, o sea, casi dos puntos menos que el tercer trimestre de 2012. Es más, esta última cifra constituye el porcentaje más bajo de la PEA en toda la década, lo que evidencia una merma en el porcentaje de personas ocupadas o desocupadas que buscan empleo. En efecto, si proyectamos la diferencia al conjunto de la población urbana la disminución de la PEA del segundo trimestre de 2015 respecto del tercero del año 2012 se estima en más de 400 mil personas.

Por su parte, la tasa de empleo (el total de ocupados sobre el total de la población), si bien aumenta en el tercer trimestre de 2015 respecto del trimestre anterior, muestra un porcentaje por debajo de los años previos (ver gráfico 1). Evidentemente, el empleo cayó pero dicha disminución no se manifiesta como un aumento del desempleo en la PEA, al menos bajo la forma según la cual lo registra el INDEC. Probablemente, esto se explique por el pasaje de población activa a la “inactiva”, aunque desconocemos si se trata de un aumento de jubilaciones (que bien podrían ser anticipadas, o sea, desempleo encubierto), o bien de una manipulación deliberada. Si esto último fuera cierto, se podría estar registrando como “inactivos” a personas que buscan trabajo y no lo encuentran, lo que redundaría en una merma en la población activa y, simultáneamente, una disminución de los desocupados.

Menem lo hizo (Néstor y Cristina también)

No obstante, los criterios con los cuales el INDEC mide la tasa de desempleo son engañosos. Sólo registra como desocupados a las personas que no tienen trabajo pero lo buscan activamente, al menos durante un mes previo a la realización de la encuesta. De este modo, no contabiliza como desempleados a los beneficiarios de planes de empleo (desocupados asistidos por el Estado), a los desalentados (cansados de buscar trabajo dejan de hacerlo y son considerados “inactivos”); los jóvenes pobres que no buscan ni tienen trabajo (fuerza de trabajo en potencia pero en desuso) y a la fuerza de trabajo subutilizada que alterna momentos de desempleo (personas que trabajan 12 horas o menos por semana).[i] Al sumar todas estas capas, la evolución del desempleo muestra una tendencia ascendente desde la década de 1980 hasta la actualidad. Incluso, el promedio del desempleo en toda la era “K” supera el porcentaje de desocupación registrada durante la década menemista (ver gráfico 2).

Hasta aquí hemos contabilizado a los puestos de trabajo, ya sean ocupados o desocupados. En efecto, la unidad “puesto de trabajo” es la que se utiliza para medir cualquier indicador del mercado laboral. No obstante, hay un elemento más a tener en cuenta, a saber, la cantidad de asalariados ocupados en empleos de media jornada o a tiempo parcial. En este sentido, la caída de la actividad y la destrucción de empleo bajo el capitalismo se manifiestan en un aumento de la cantidad de asalariados que se ocupan en trabajos precarios o superfluos. Por ejemplo, la participación de asalariados en ocupaciones con jornadas semanales de hasta 19 horas constituye un promedio del 16% en la última década. Y, con jornadas de medio tiempo, es decir entre 20 y 30 horas semanales, el porcentaje promedio es del 20%. Incluso, la evolución de los asalariados con jornadas de más de 40 horas muestra una tendencia dispar: se incrementa hasta el año 2008 y luego decrece hasta la actualidad (ver gráfico 3).

Como vemos, a la destrucción de puestos laborales y la incapacidad del capitalismo en absorber fuerza de trabajo se suma la tendencia a la inserción de obreros en ocupaciones de media jornada. Estamos en presencia entonces de una destrucción de empleo en Argentina más allá del indicador que se tome para su medición.

Una tendencia a la destrucción de empleo

Como hemos visto, cualesquiera sean los datos que se tomen, en la Argentina de hoy el empleo no crece, la actividad se encuentra estancada y se destruyen puestos de trabajo día a día. A su vez, la elevada participación de asalariados en jornadas de medio tiempo abona en el sentido de la creación de empleo superfluo o desocupación encubierta. Algún distraído podría suponer que la disminución de asalariados en jornadas por encima de las 40 horas semanales se debe a un intento por contrarrestar la tasa de explotación, aunque más no sea la extracción de plusvalía absoluta. Sin embargo, la existencia de un creciente desempleo y subocupación anula esta posibilidad.

Otro aspecto que abona en el sentido de la destrucción de empleo y el pasaje de población “activa” a la “inactiva” son los despidos bajo la forma de retiros o jubilaciones anticipadas. La crisis en diversas ramas de la economía se manifiesta no solo con las suspensiones de obreros (como sucede en las automotrices por ejemplo) sino en la expulsión directa de trabajadores bajo la forma de retiros anticipados. Se trata de aquella población que aún en edad de trabajar es jubilada de su empleo en momentos de crisis como el actual, situación que redunda en una reducción del costo laboral para la empresa.

A su vez, la antesala a la suspensión o el despido suele ser la merma en la realización de horas extras o disminución en los días de trabajo. Entonces, tanto la destrucción de puestos de trabajo como la caída de la participación de asalariados en ocupaciones con jornada completa son dos caras de una misma moneda, a saber, la manifestación del crecimiento del desempleo y la expansión de una población cada vez mayor cuyo tiempo de trabajo se constituye como superfluo e innecesario para la reproducción del capitalismo en Argentina.


[i]Para una explicación más detallada sobre la metodología de medición de desempleo, ver: Villanova, Nicolás: “¿Cuántos desocupados hay?”, en El Aromo, n° 85, julio/agosto de 2015.

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