Contra la corriente

Del-Caño-AltamiraEl 2×1, la izquierda “revolucionaria” y la claudicación ante el democratismo burgués (o de cómo Jorge y Nicolás se acostaron con Alicia y amanecieron con Mauricio)
Eduardo Sartelli
Razón y Revolución
  1. Los hechos

El Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, núcleo de la política de Derechos Humanos más alineada con las posiciones de la izquierda revolucionaria, había organizado para el 11 de mayo una marcha a fin de protestar contra la represión que acompaña al ajuste macrista y la complicidad del kirchnerismo, tal cual lo evidencia la situación en la provincia de Santa Cruz y otros distritos. En ese contexto sale la decisión de la Corte sobre el 2×1 y ese reclamo se incorpora, naturalmente al pliego de reivindicaciones. Fue en este punto en el que apareció el kirchnerismo para aprovechar la situación y, rompiendo la unidad del EMVyJ, convocó a una marcha propia para un día antes. El Partido Obrero sale a denunciar, a través de sus figuras públicas, que dicha convocatoria es, no solo sectaria, sino una estafa política.

Hasta el sábado 5 de mayo, ningún partido de la izquierda revolucionaria había anunciado su presencia en la marcha K. Es el Partido de los Trabajadores por el Socialismo el primero en hacerlo, ese mismo día. La respuesta inicial del PO es de repudio. Dura lo que un suspiro: el domingo 6 el FIT llama a una reunión de urgencia del EMVyJ y, en lo que fue vivido por el resto de los participantes como un aparateo, impone el levantamiento de la marcha del 11 y la decisión de ir el 10 con “columna propia”.

Por otra vía, el 2×1 desarrolla otra historia. En realidad, el fallo de la Corte que acaba de ser repudiado masivamente, tiene su origen más lejano en el Papa y su política de “reconciliación”, que viene desplegando desde hace rato en todo el mundo y que arranca en Argentina cuando, entronizado, pasa de objeto de repudio del kirchnerismo a santo de veneración por Cristina y los suyos. Después de haber alentado a Carrió y a toda la oposición contra Néstor y su sucesora, el nuevo Papa pasó a recomendar el “hay que cuidar a Cristina”. El Episcopado argentino, una de cuyas facciones internas se opone fervorosamente a “su Santidad”, tomó la línea “reconciliatoria” y avanzó con ella. No se sabe si con el acuerdo de Bergoglio o con su oposición: según periodistas cercanos a la línea papal, se trataría de un efecto de las internas del Vaticano, en las que el gobierno se ve obligado a intervenir para contener la influencia del jefe de la Iglesia en Argentina. Esas influencias van desde un partido propio con base en la CTEP, hasta el control de una parte del PRO, que llevó a Mauricio a la interna contra Michetti para evitar que su principal bastión político quedara en manos de Roma (por la misma razón fue que Cristina apostó por Aníbal Fernández contra Julián Álvarez en la provincia de Buenos Aires).

Indudablemente, hubo un guiño de Macri, sino un acuerdo explícito, para la realización de este “gesto”, ya sea al Papa o a la derecha eclesiástica, una suerte de farsa de amnistía cuyo efecto real es poco y nada (34 viejos que están más cerca del arpa que de la guitarra, muchos de los cuales ya cumple arresto domiciliario, serían autorizados a morir en sus camas con la condena cumplida). Con lo escaso de las consecuencias reales del fallo, el valor simbólico es lo que cuenta: se trata de cerrar el proceso político que abrió el 2001, que Néstor aprovechó al bajar el cuadro y Cristina quiso clausurar al encumbrar a Milani y su “doctrina” de un nuevo Ejército del “proyecto”. Es decir, recuperar a las fuerzas represivas como bastión del Estado y avanzar en el control de la “calle”, despojar a las masas de la indudable libertad de manifestación y acción política que conquistaron con la caída de De la Rúa. Que el gobierno del extinto y el de Mauricio son parte de la misma política, lo demuestra el hecho de que los jueces que votaron por el 2×1 son los que puso Néstor al frente de la Corte, incluso uno de ellos fue su ministro de justicia. Es más, su principal ideólogo en estos temas, Eugenio Zaffaroni, ya había votado en el mismo sentido que el actual, por un caso similar en 2013, sin que a ningún K se le moviera un pelo. La diferente actitud del kirchnerismo y el macrismo frente al hecho se debe a las necesidades políticas inmediatas: Cristina, para no ir presa, necesita agarrarse a cualquier cosa; Mauricio, para mantener a la oposición dividida, necesita hacer gestos “para todos y todas”. Al mismo tiempo, ese “control de la calle” es coherente con la política acordada para Venezuela con Trump (condición para que “vengan las inversiones” y vayan los limones…), en la que el mismo Papa está metido en una situación incómoda y toda la política latinoamericana (incluyendo a los hasta ayer aliados de Maduro) busca una salida “elegante”.

Obviamente, la reacción “pública” ante el hecho generó una situación distinta de la imaginada y activó las diferentes actitudes: el kirchnerismo se prendió rápidamente, el macrismo comenzó una retirada ordenada, la Iglesia se desdijo y la izquierda corrió a ponerse bajo el ala de la “mayoría”. Viendo que el kirchnerismo encontraba una nueva vía de desarrollo como oposición de “izquierda” al macrismo, el gobierno se apresuró a negociar el carácter de la marcha con Estela de Carlotto y, garantizado que Macri no sería objeto de crítica desde el palco y que ningún kirchnerista de peso estaría allí, es decir, que todo se reduciría a “derechos humanos”, procedió a expropiar al kirchnerismo el contenido político que éste, a su vez, había expropiado a la izquierda. Así, lo que empezó siendo una protesta contra el sistema capitalista, su régimen y el personal político que lo encabeza, por la izquierda revolucionaria y sus aliados, pasó a transformarse en una marcha contra el gobierno dirigida por la oposición kirchnerista, para terminar, con una condena a tres jueces, en una lavada de cara del PRO y de todos los políticos burgueses, incluidos los K, que representan lo contrario de “los ‘70”. Garantizado esto, el régimen burgués se unificó en el trámite exprés de la ley que, antes de la marcha, ya establecía el fin del objeto de la misma. La historia recogerá esta “victoria” con el nombre de su autor, Federico Pinedo. Estos son los hechos.

Estos acuerdos explican la exclusión del palco del kirchnerismo a último momento, representado sólo a medias por Carlotto y por su presencia en la calle, la concurrencia del Frente Renovador, del peronismo del más variado pelaje y la juventud radical, la gente de Stolbizer, las CTA, etc., etc. Explican también la ausencia de Hebe de Bonafini y del macrismo mismo. Para que nadie mencionara a Macri, para que la plaza no provocara un efecto similar al “poné la fecha”, repudiando a la dirección del acto, era necesario que el PRO no marchara. Al mismo tiempo, para que se cumpliera el acuerdo de no mencionar a Macri era necesario que Hebe no estuviera. Si Hebe no estuvo y no repudió la marcha (por el contrario, la apoyó), fue porque Cristina se lo pidió.

  1. La interpretación

La marcha fue multitudinaria, no hay dudas. El resultado consolidó una victoria, por supuesto. Lo que cabe preguntarse es de quién es esa victoria y qué significa. Si hemos de entender el resultado, debemos ver quiénes ganaron y quiénes perdieron. El principal ganador es Macri, que logró neutralizar al kirchnerismo y evitar que el acto se transformara en un nuevo casus belli a favor de su contrincante, como lo fue, en su momento la huelga docente o la marcha de la CGT. Al mismo tiempo, aprovechó para colar lo que se viene: una política de endurecimiento penal que, sobre la base del rechazo al 2×1, va a extender las condenas reales hasta para los ladrones de gallinas. Obviamente, entre los ganadores se encuentra también el kirchnerismo, que al menos para los suyos y para un arco que se extiende ampliamente hacia la izquierda hasta disputar el público del FIT, logró aparecer al menos fugazmente, como el adalid de una causa popular contra el macrismo. Desde ayer a la noche, TN y C5N se disputaban la propiedad de la victoria para sus representantes políticos: mientras Navarro renovaba la liturgia del progresismo de los primeros años del alfonsinismo, con el “todavía cantamos incluido”, centrado en la identificación Cristina = Desaparecidos, Bonelli reunía a Victoria Donda con el abogado de los asesinos y Federico Pinedo, para que la primera defienda la importancia de la conquista, el segundo acusara a Macri de ser un “kirchnerista con buenos modales” y el tercero hiciera la síntesis, como el verdadero autor de la resistencia exitosa contra la impunidad. Macri ganó el debate estratégico; Cristina la coyuntura. El primero podrá seguir implementando, bajo la apariencia del retroceso, su política real; la segunda, podrá evaluar con tranquilidad, si se presenta o no a elecciones, teniendo en cuenta que este hecho le muestra que cuenta con un plafón político importante.

Los perdedores inmediatos son los propios afectados, obviamente. Von Wernich y la cáfila de asesinos que debería pudrirse en la cárcel, difícilmente puedan acogerse al 2×1. Pero también se pueden incluir como derrotados la izquierda revolucionaria y el conjunto de los luchadores sociales.

La izquierda revolucionaria, tanto dentro como fuera del FIT (PO, PTS, IS, IR), perdió, y no solo porque su presencia pasó por completo desapercibida en el acto. La izquierda tenía un acto propio ya armado y con una parte importante del movimiento de derechos humanos a su favor. Porque, recordemos, no fueron los organismos de DDHH en el EMVyJ los que decidieron bajarse del 11. Lo hicieron presionados por el FIT. Fue el FIT el que obligó al resto a marchar el 10. Es más, tenía la lógica de los hechos a su favor. No se trataba de una marcha surgida desde la derecha a la que había que ir a disputar el programa, para lo cual bastaba con la presencia de los piqueteros en el acto (como con la marcha por la inseguridad convocada por Blumberg). No se trataba de una concentración de contenido obrero contra el gobierno, a la que hay que ir para presionar a sus líderes para que pongan fecha y dejen de patear la pelota para adelante (como la de la CGT que terminó en el primer paro nacional contra Macri). Tampoco era una convocatoria litúrgica que obliga a ir a todo el mundo y en el que todo el problema es cómo diferenciarse sin dejar de estar (como el 24 de marzo). No: la izquierda que no se juntó para el 1º de Mayo, se unió para juntarse, primero con el kirchnerismo y, por último, con el macrismo, en una muestra de “civilidad”. Todo esto gratuitamente, porque tenía su marcha propia ya armada, cuya magnitud no podía ser muy diferente de la del Día del trabajador, incluso probablemente más.

¿Qué se perdió con la caída del acto propio? Primero, la posibilidad de diferenciarse. De mostrar que constituye una alternativa. Hoy, cuando se menciona a la izquierda en el acto, es simplemente para demostrar la “unidad” profunda del “pueblo”. Para decir que esa izquierda es “responsable” y que constituye, ella también, un pilar del sistema “democrático”. Segundo: dejó a muchos compañeros dispuestos a batallar contra el 2×1, sí, pero no solo contra eso, en manos de las direcciones burguesas. Se negó a darles a esos compañeros una dirección independiente en la lucha. Los entregó. Tercero: contribuyó a la confusión general que termina reforzando la imaginería liberal de la democracia burguesa. Los compañeros saben que los asistentes a la marcha creen, en general, que la “democracia” es algo distinto de la “dictadura”; que el Proceso militar fue algo cualitativamente distinto de cualquier gobierno burgués; que el personal político del Proceso (los “milicos”) son los verdaderos “culpables” de lo que pasó y que, si bien algunos civiles y empresarios se beneficiaron, los políticos de la “democracia”, en particular, los del campo “nacional y popular” son otra cosa. Para repudiar esa concepción, para luchar contra esa ideología, para luchar políticamente contra la conciencia burguesa de la realidad, hacía falta una tribuna. La izquierda la tenía. Se bajó para ir a escuchar un documento lavado al extremo, en el que ni siquiera se menciona al gobierno. Es más: se bajó para escuchar a Carlotto afirmar que la ley conseguida, la ley Pinedo, daba “grandes esperanzas”. Cuarto: con sus bandazos de último momento, demostró que carece de la firmeza necesaria para sostener una estrategia propia. Quinto: bajó las consignas de la marcha del 11, que incluían el repudio al gobierno, al kirchnerismo y una defensa de los luchadores de Santa Cruz contra el ajuste kirchno-macrista. En el mismo momento en que en Santa Cruz, Alicia y Frigerio se ponían de acuerdo para desalojar a los ocupantes de los edificios públicos, su propio partido marchaba con el régimen burgués a la cabeza en Buenos Aires.

  1. ¿Estamos solos?

Durante estos días muchos militantes de los partidos de izquierda aquí aludidos, en un acto de histeria colectiva, síntoma del malestar que los aquejaban, se dedicaron a insultarnos en todos los idiomas. Porque argumentos contra el hecho visible de que iban a marchar con el kirchnerismo, no tenían. El que el macrismo expropiara políticamente al kirchnerismo, vino a darles un argumento a posteriori: fue una marcha de toda la ciudadanía, no del mundo K. Parecen no darse cuenta de que, entonces, el resultado es peor: antes iban atrás de las ilusiones pequeñoburguesas que se encolumnan en el kirchnerismo. Ahora terminaron agrupados detrás del régimen político burgués, junto con Donda, Massa, Stolbizer, Macri, el Papa, etc., etc. Que Nora Cortiñas hablara en el acto, no cambia absolutamente nada en todo esto, al contrario, lo refuerza. Y todo eso gratuitamente, porque la izquierda tenía en sus manos otra posibilidad.

Durante estos días, también, muchos compañeros nos acercaron su solidaridad y nos confesaron sus acuerdos con nuestra posición, más allá de que nos acompañaran o no en nuestras actividades. Puede que el conjunto de las nomenclaturas de lo que dice llamarse izquierda vaya por otro camino. Pero está claro que, así como van, terminan, tarde o temprano, otra vez en el peronismo o en la impotencia. Nosotros vamos por otro lado. La realidad dirá.

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