Clásico Piquetero: Un partido y un programa*

a63_clasico_leninVladimir Illich Lenin
(1870-1924)

El rasgo principal de nuestro movimiento, acentuado en los últimos tiempos, es su dispersión, su carácter artesanal, por así decirlo: los círculos locales surgen y actúan en forma casi por entero independiente de los círculos de otras localidades y -lo que es de particular importancia- de los círculos que actuaron y actúan al mismo tiempo en los mismos distritos; no se establecen tradiciones ni se mantiene la continuidad, y la literatura local refleja plenamente esa dispersión, la falta de nexo con lo que ha sido creado por la socialdemocracia rusa. El período actual, pues nos parece crítico, porque el movimiento está superando ese carácter artesanal y esa dispersión y exige con urgencia el paso a una forma superior, más unida, mejor y más organizada, por la que nos consideramos obligados a trabajar.

Se sobreentiende que en cierto período del movimiento, en sus comienzos, esa dispersión era absolutamente inevitable, que la falta de continuidad es el efecto natural de un crecimiento extraordinariamente rápido y general del movimiento después de un largo período de reflujo de la revolución. Es indudable también que la diversidad de condiciones locales, las diferencias en la situación de la clase obrera en una u otra región y, por último, puntos de vista particulares en los militantes locales existirán siempre, y esa diversidad testimonia la vitalidad de un movimiento y su sano crecimiento. Todo eso es exacto; pero, a decir verdad, la dispersión y la falta de organización no son consecuencias inevitables de esa diversidad. Mantener la continuidad de un movimiento, unificarlo, no excluye en modo alguno la diversidad; por el contrario, creará un terreno más vasto y un campo de acción más libre. A la altura a que ha llegado en la actualidad el movimiento, esa dispersión comienza a ejercer una influencia decididamente perniciosa y amenaza desviar el movimiento hacia un camino falso: un practicismo estrecho, divorciado del esclarecimiento teórico del movimiento en su totalidad, puede destruir los lazos que vinculan el socialismo con el movimiento revolucionario en Rusia, por una parte, y con el movimiento espontáneo, por la otra. […]

La conclusión lógica que debemos extraer de todo esto es la siguiente: los socialdemócratas rusos debemos unirnos y dirigir todos nuestros esfuerzos hacia la formación de un partido único y poderoso, que luche bajo la bandera de un programa socialdemócrata revolucionario, que mantenga la continuidad del movimiento y respalde sistemáticamente su organización. Esta conclusión no es nueva. Ya llegaron a ella los socialdemócratas rusos hace dos años, cuando los representantes de las más grandes organizaciones socialdemócratas de Rusia, reunidos en el congreso de la primavera de 1898, formaron el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, publicaron su Manifiesto y reconocieron a Rabóchaia Gazeta como órgano oficial del partido. […] Por eso, como miembros del partido, el problema de nuestra tarea más inmediata y directa se nos plantea así: ¿cuál es el plan de acción que debemos adoptar para lograr la más sólida restauración del partido?

Algunos camaradas (inclusive algunos grupos y organizaciones) opinan que para conseguir ese objetivo conviene reanudar la práctica de elegir las autoridades del partido y confiarles la tarea de proseguir la publicación del órgano del partido. Estimamos que este plan es erróneo o, al menos, riesgoso. Crear y consolidar el partido significa crear y consolidad la unidad de todos los socialdemócratas rusos, y tal unificación no se puede lograr por decreto, no se la puede imponer simplemente por la resolución, digamos, de una asamblea de representantes; no, hay que trabajar por ella. Es necesario, en primer lugar, elaborar una literatura común a todo el partido; común, no sólo porque debe ponerse al servicio de todo el movimiento ruso, y no sólo de regiones aisladas; examinar los problemas relativos al movimiento obrero en su conjunto y ayudar en la lucha que sostienen los proletarios concientes en lugar de dedicarse con exclusividad a los problemas locales: común, también porque debe unificar a todas las fuerzas existentes de la literatura política, a fin de reflejar todos los matices de opinión y puntos de vista que encontramos entre los socialdemócratas rusos, considerados, no como trabajadores aislados, sino como camaradas unidos por un programa y una lucha común en las filas de una organización única. Es necesario, en segundo lugar, crear una organización especialmente dedicada a establecer y mantener vinculaciones entre todos los centros del movimiento, a transmitir la regular distribución de la prensa en toda Rusia. […]

Del carácter de nuestra tarea se desprende también, naturalmente, el programa que debe orientar a los órganos de prensa que publiquemos. Habrá que reservar mucho espacio a los problemas teóricos, es decir, a la teoría general de la socialdemocracia y a su aplicación a la realidad rusa. No puede ponerse en duda la urgencia de un amplio examen de estos problemas, en particular en el momento actual, y después de lo que ya dijimos, esto no requiere explicación. Se sobreentiende que es necesario vincular estrechamente los problemas de la teoría general con el conocimiento del movimiento obrero de Occidente, su historia y su situación actual. Por eso nos proponemos analizar sistemáticamente todos los problemas políticos: el Partido Obrero Socialdemócrata debe dar su opinión sobre todos los problemas que presenta la vida en todos los terrenos, sobre los problemas de política interior y exterior, y debemos esforzarnos para que cada socialdemócrata, cada obrero conciente tenga opiniones definidas sobre cada uno de los problemas fundamentales; sin tal condición no son posibles una propaganda y una agitación amplias y sistemáticas. El estudio de los problemas teóricos y políticos estará vinculado con la elaboración de un programa del partido, cuya necesidad ya fue reconocida por el congreso de 1898. […]

Pero en la revista y en el periódico es indispensable reflejar todos los aspectos del movimiento y desearíamos destacar en especial nuestra oposición a un plan que pretende que el periódico inserte en sus páginas exclusivamente aquello que de manera inmediata y directa concierne al movimiento obrero espontáneo, dejando todo lo relacionado con la teoría del socialismo, la ciencia, la política los problemas de organización del partido, etc, al órgano destinado “a los intelectuales”. Por el contrario, es indispensable vincular todos los hechos concretos y todas las manifestaciones del movimiento obrero con los problemas señalados; es indispensable difundir los problemas políticos y de organización del partido entre las más amplias masas de la clase obrera; es indispensable incluir esos problemas en la propaganda. El tipo de agitación que imperaba, casi sin excepción, entre nosotros hasta ahora -es decir, la agitación por medio de volantes locales- ya es insuficiente; es estrecha, pues sólo toca a problemas locales, sobre todo los económicos. […]

Aquí se plantea, naturalmente, el siguiente interrogante: si las publicaciones que proponemos deben servir para la unidad de todos los socialdemócratas rusos, para su cohesión en un partido único, tendrán que reflejar todos los matices de opinión, todas las particularidades locales y los métodos prácticos más variados, ¿cómo conciliar esta combinación de puntos de vista diversos con el mantenimiento de una política editorial uniforme en estas publicaciones? ¿Deben éstas ser una simple recolección de opiniones diversas, o tendrás que exhibir una orientación independiente, perfectamente definida?

En estos problemas nos decidimos por la segunda opinión, y confiamos en que un órgano con una orientación perfectamente definida pueda ser útil (como lo explicaremos más adelante) tanto para reflejar las diversas opiniones como para establecer una polémica fraternal entre los colaboradores. Nuestros puntos de vista concuerdan por completo con todas las ideas fundamentales de Marx (tal como fueron expuestas en el Manifiesto Comunista y en los programas de los socialdemócratas de Europa occidental), y somos partidarios de un desarrollo coherente de esas ideas en el espíritu de Marx y de Engels; rechazamos categóricamente esas enmiendas híbridas y oportunistas que se han puesto de moda siguiendo el fácil ejemplo de Bernstein. Consideramos que es tarea de la socialdemocracia organizar la lucha de clases del proletariado, promoverla, enunciar su ineludible objetivo final, estudiar las condiciones que determinan los métodos para realizar esa lucha. “La emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos”. Pero si bien no separamos la socialdemocracia del movimiento obrero, no debemos olvidar que la tarea de la primera es representar en toda su integridad los intereses de ese movimiento en todos los países; que de ninguna manera debe caer en una ciega veneración de tal o cual fase particular de dicho movimiento, en tal o cual época o lugar. Consideramos que es deber de la socialdemocracia apoyar a todo movimiento revolucionario contra el régimen gubernamental y social existente y que su objetivo es la conquista del poder político por la clase obrera, la expropiación de los expropiadores y el establecimiento de una sociedad socialista. Rechazamos con energía toda tentativa de debilitar o ahogar el carácter revolucionario de la socialdemocracia, que es el partido de la revolución social, implacablemente hostil a todas las clases que defienden el actual régimen social. […] Sólo ligando de manera indisoluble la lucha económica y la lucha política, sólo extendiendo la propaganda y la agitación políticas a capas cada vez más amplias de la clase obrera puede la socialdemocracia cumplir su misión. […]

Aunque orientamos nuestra tarea en la literatura social desde el punto de vista de una posición bien definida, de ninguna manera intentamos presentar nuestra opinión sobre distintas cuestiones, como la opinión de todos los socialdemócratas rusos; y tampoco se nos ocurre negar las divergencias existentes, disimularlas o borrarlas. Por el contario, queremos que nuestras publicaciones sean órganos de discusión de todos los problemas, por parte de todos los socialdemócratas rusos que sostengan puntos de vista de los más diversos matices. No sólo no rechazamos la polémica entre camaradas en las páginas de nuestros órganos, sino que, por el contrario, estamos dispuestos a otorgarle el mayor espacio. Es de desear, más aún, es indispensable una polémica franca ante todos los socialdemócratas rusos y ante todos los obreros concientes, para esclarecer a fondo las divergencias existentes, para discutir los problemas en litigio en todos sus aspectos, para combatir los extremos en que caen, inevitablemente, los representantes de diferentes opiniones, de diferentes regiones o de diferentes “especialidades” del movimiento revolucionario.

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Hemos oído expresar a los camaradas que actúan en Rusia la opinión de que ahora no existe una necesidad especial de redactar un programa; de que lo que urge actualmente es desarrollar y robustecer las organizaciones locales, mejorar la labor de agitación y la distribución de materiales; de que convendría aplazar la elaboración del programa para cuando el movimiento tenga una base más firme; de que, en los momentos actuales, el programa podría carecer de fundamento.

No compartimos esa opinión. Es indudable que, como ha dicho Marx, “cada paso del movimiento real vale más que una docena de programas”, pero ni Marx ni ningún otro dirigente teórico o práctico de la socialdemocracia han negado la enorme importancia de un programa para la actividad cohesionada y consecuente de un partido político. Los socialdemócratas rusos han dejado ya atrás el período de máximo encarnizamiento en la polémica con los socialistas de otras tendencias y con los no socialistas reacios a comprender a la socialdemocracia rusa; también han dejado atrás las fases iniciales del movimiento, cuando el trabajo lo llevaban a cabo, en forma dispersa, pequeñas organizaciones locales. La vida nos impone la necesidad de unirnos, de crear una literatura común, de publicar periódicos obreros rusos.

La respuesta que con tanto apremio exigen todas esas cuestiones sólo podremos obtenerla si el problema del programa figura en la polémica, si las dos partes polemizantes exponen concretamente sus opiniones programáticas. Como es natural, la elaboración de un programa general del partido no debe poner fin, ni mucho menos a toda polémica, pero sí deberá dejar sentadas las ideas fundamentales acerca del carácter, los objetivos y las tareas de nuestro movimiento, ideas que deberán servir de bandera a un partido combatiente, unido y cohesionado pese a las divergencias particulares que se produzcan entre sus miembros en torno a cuestiones de detalle.

*Extractos tomados de “Proyecto de declaración de Iskra y de Zariá”, en Obras Completas, Cartago, Buenos Aires, 1961, t. IV, págs.327-337 y “Proyecto de programa de nuestro partido”, en ibídem, pág. 333.

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