RÍO NEGRO La ineptitud del gobierno y el retorno a la Fase 1

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Ayer, la gobernadora Arabela Carreras anunció que 14 jurisdicciones de la provincia vuelven a Fase 1, frente al aumento exponencial de casos de COVID-19. Ellas son: General Roca, Allen, Campo Grande, Catriel, Cervantes, Cipolletti, Chichinales, Cinco Saltos, Contralmirante Cordero, Fernández Oro, General Enrique Godoy, Ingeniero Huergo, Mainqué, Villa Regina, Las Perlas y Peñas Blancas. La vuelta a Fase 1 se prolongará por 14 días. Al día de la fecha, hay 1545 casos positivos activos en toda la provincia. Las localidades más comprometidas son Bariloche con 390 casos, General Roca con 282, Cipolletti con 233, General Conesa con 98 y Villa Regina con 90.

El sistema de salud está a punto de colapsar. Carreras misma lo reconoció en la conferencia de prensa, donde explicó que “la situación es muy seria. Estamos al límite de las posibilidades del sistema de salud (…) Llegó el momento de detener el movimiento”. Tuvo que pasar todo este tiempo de inacción, hasta que el colapso llegó al sistema de salud rionegrino, para que se reconozca la gravedad de lo que estamos sufirendo. Ahora la disponibilidad de camas de terapia intensiva está al límite. Según el Ministro de Salud, Fabián Zgaib, el número de camas de terapia intensiva se triplicó desde el inicio de la pandemia. Lo curioso de esta situación es que, según el ministro, el principal problema es el recurso humano. Pero, frente a esto, no hay ninguna política concreta para solucionar el problema. Como ya explicamos en otra oportunidad, esto es es el resultado de la ausencia de elementos de protección en cantidad y calidad. A ello se suma que no hay una política para cubrir los casos de los médicos o enfermeros que están infectados o permanecen con licencia por riesgos de salud. Tampoco se contempló en ningún momento un aumento real en el salario del sector de la salud. Los miserables 20 mil pesos que se iban a pagar en cuatro cuotas nunca fueron abonados. Tampoco se puso en marcha un plan para que todo el personal precarizado pase a planta permanente, ni se concretó una política de “médicos de reserva” para suplir las bajas del sector.

De abril a agosto, hubo 338 trabajadores de la salud contagiados de Covid-19 en Río Negro. A las bajas en el recurso humano indispensable para detener la pandemia, se sumaron, en paralelo, 150 trabajadores sólo de clínicas y sanatorios privados de Río Negro que pidieron asistencia psicológica. En promedio, desde que comenzó la pandemia, todos los días un empleado de una clínica o sanatorio demandó ayuda para salir del estado de estrés laboral en el que se encontraba. Lo alarmante es que, de esos 338 infectados, 178 pertenecen a Bariloche, localidad que no está entre las 14 apuntadas por el gobierno.

En cuanto al sector público, la cantidad de bajas por razones psicológicas no fue informada por Salud, que así oculta la realidad de lo que está sucediendo con los trabajadores indispensables. Lo que sí se informó es que el 7% del total de casos activos de Covid-19 en la provincia son de trabajadores de la salud. Si lo comparamos con el 13% que se llegó a tener la provincia, el dato resulta en una mejora. Sin embargo, no lo es. La cifra menor es el resultado lógico del aumento exponencial de nuevos casos en el total de la población. Las cifras de contagios en el sector de salud siguen acelerándose. Hace dos semanas, el promedio de nuevos positivos entre los trabajadores de la salud, era de 4 por día. Hoy, el promedio asciende a 6 contagios diarios.

La responsabilidad de esta situación recae en la principal mandataria de la provincia, la gobernadora Arabela Carreras, de Juntos Somos Río Negro. La ineptitud del gobierno se traduce por un lado, en la flexibilización de la cuarentena y, por otro, en la impericia para llevar a cabo de manera eficiente los protocolos de higiene y control para que la pandemia no se extienda entre la población. Ahora pretenden que en 14 días la situación mejore mágicamente, cuando en todos estos meses no pusieron en práctica ninguna política concreta para evitar el aumento de los contagios.

Esta situación no es nueva, ya venimos explicando hace tiempo que esto iba a suceder. En su momento, la gremial de sanidad de la provincia denunció, previo a la cuarentena, la pésima gestión de Carreras. Es que la improvisación e ineptitud de la gobernadora se vieron en las primeras semanas de la cuarentena. A la cantidad de contagios se sumó el retraso en la llegada de los insumos y elementos de higiene necesarios. Carreras se desentendió del asunto y demoró en gestionar su provisión. Es decir, la ineficacia e improvisación del gobierno cuando se decretó la pandemia retrasó la llegada y entrega de los insumos indispensables como barbijos y alcohol en gel para los trabajadores de la salud. Esto provocó que las localidades más grandes de la provincia, como Gral Roca y Bariloche se sitúen como las principales localidades del país en casos de Covid-19.

El desastroso sistema sanitario rionegrino no es una novedad. La pandemia simplemente lo expuso y evidenció que los gobiernos municipales y provincial no están a la altura de las circunstancias. A ellos no les interesa la vida de la clase obrera. Si para muestra basta un botón, tenemos el caso de la intendenta kirchnerista de Gral Roca, María Emilia Soria, quien mostró su “preocupación” por la medida, porque considera que las actividades no esenciales deben permanecer flexibilizadas.

Los políticos que llevan adelante los destinos de la provincia, del tinte político que sea, están preocupados por las ganancias de los patrones y así mandan a los laburantes al matadero todos los días. Mientras las ganancias de la burguesía estén aseguradas, la vida de la clase obrera no les importa.

La provincia de Río Negro encabeza la lista de contagiados a nivel nacional, si tenemos en cuenta la cantidad de población. Esta situación es producto de las políticas de improvisación del gobierno provincial y de los gobiernos locales. Arabela Carreras parece haber tomado las palabras del Ministro de Salud y Desarrollo Social de nación, Ginés González García, a rajatabla, para replicarlas en la realidad a la provincia: no hay ninguna posibilidad de que exista coronavirus en Argentina. Esas palabras se hicieron carne en la provincia de Río Negro y acá tenemos los resultados.

Nos encontramos, por lo tanto, frente a un escenario catastrófico. A la cantidad de infectados se suma la flexibilización de las actividades comerciales, la falta de control sobre la población y la ausencia de elementos básicos de higiene en los propios hospitales. El control de la crisis sanitaria no puede quedar en manos de los patrones y de los gobiernos de turno, porque ya han demostrado su fracaso. Ellos nos hundieron en la miseria y ahora pretenden enviarnos al matadero. Nada tienen para ofrecerle a la clase obrera, solo miseria y muerte. Es hora de que los trabajadores de Río Negro tomemos el asunto en nuestras manos. La tarea del momento debe ser la defensa irrestricta de la cuarentena. Pero, para que este retorno a Fase 1 no termine en un fracaso, hay que atender a las necesidades más urgentes de la clase obrera desocupada o subocupada, compañeros precarizados que la pandemia visualiza todos los días y que se juegan la vida para llevar un plato de comida a sus casas. Necesitamos de manera urgente un subsidio a la desocupación, para afrontar este período de cuarentena. A su vez, el sistema de salud debe centralizarse ya en manos de los trabajadores, para que este pueda estar al servicio de las necesidades de la clase obrera y no de la ganancia capitalista. La salud por sobre la ganancia debe ser la prioridad.

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