Reformistas agrarios – Ezequiel Flores

en El Aromo nº 84

mst3_optFundado en 1984, el MST de Brasil es reconocido como uno de los más grandes movimientos sociales de carácter campesino. Su lucha por la reforma agraria popular implicaría la democratización de la tierra y la reorganización de la producción. Sin embargo, su estrategia apunta a transformar obreros en pequeña burguesía, impidiéndoles desarrollar una alternativa política propia.

Por Ezequiel Flores (TES-CEICS)

Fundado oficialmente en 1984, el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Terra de Brasil (MST), a pesar de su mismo nombre, es reconocido como uno de los más grandes movimientos sociales de carácter campesino. Para el año 2000, el Movimiento aglutinaba alrededor de 400 mil familias distribuidas en 500 campamentos y 1.500 asentamientos y actualmente se encuentra presente en 24 Estados de las cinco regiones del país. Aquí nos detendremos en el análisis de su programa y las alianzas políticas que desarrolla.

Origen y “mística” del MST

En 1985 se realiza el primer congreso nacional del Movimiento, con la participación de 1.500 delegados de todo el país. Retomando, de manera anacrónica, a las etnias guaraníes sometidas por la corona portuguesa en el siglo XVI y a las Ligas Campesinas de 1960, se reivindican como herederos de una mística de lucha indígena y campesina por la democratización de la tierra. En este camino, se declaran una organización autónoma e independiente de partidos y gobiernos. Sin embargo, esta supuesta herencia no se condice con el proceso real de su surgimiento. El mismo se encuentra signado por la eliminación de cuadros provenientes de algunas variantes de la izquierda por parte de la dictadura militar durante el período 1964–1985, lo que dejó libre el campo para que la Iglesia, a través de la Comisión Pastoral de Tierras (CPT) fundada en 1975, interviniera en la organización de los trabajadores agrarios, influyendo en el programa del MST. En efecto, la acción ecuménica de la CPT se expandió por Brasil a partir de 1976 y contribuyó a que la lucha por la reforma agraria no se fragmentara, conformándose así, un movimiento de carácter nacional. Esto queda claro cuando vemos que importantes fundadores del MST provenían de la CPT. Son los casos de Addão Pretto y de Joao Pedro Stédile, quién aún forma parte de la dirección nacional del Movimiento.
En ese primer Congreso, quedaron delimitados los principios programáticos de la organización, a saber: a. Construir una sociedad sin explotadores y donde el trabajo tenga supremacía sobre el capital; b. Que la tierra sea un bien de todos, al servicio de toda la sociedad; c. Garantizar trabajo a todos, con justa distribución de tierra, renta y riquezas; d. Buscar permanentemente la justicia social e igualdad de derechos económicos, políticos, sociales y culturales; e. Difundir los valores humanistas y socialistas en las relaciones sociales; f. Combatir todas las formas de discriminación social y buscar la participación igualitaria de la mujer. Los mismos, se sintetizan en las frases “ocupar es la única solución” y “la tierra para quien la trabaja”. Años después, en 1990, acuñaron el lema que sintetiza su lucha: “Ocupar, resistir y producir”.
Entender el proceso real de constitución del MST permite contextualizar las contradicciones evidentes de este programa. Mediante la presumida herencia campesina y una supuesta defensa del socialismo se busca encubrir el reformismo explícito en sus postulados: a. La idea de construir una sociedad sin explotadores sin abolir las relaciones sociales capitalistas; b. La tierra es un medio de producción que requiere de la disponibilidad de otros medios de producción para iniciar un proceso de acumulación, por tanto, su propiedad por parte de una familia trabajadora desposeída de ellos no modifica su reproducción social; c. El problema no es la distribución sino el modo de producción en sí mismo, es decir, la naturaleza social de la producción de riqueza; d. La justicia es de carácter burgués y la igualdad de derechos no implica igualdad social puesto que los mismos no suprimen las diferencias de clase; e. La explotación no es una cuestión moral, sino el producto de una relación económica concreta; f. La participación igualitaria en términos de la sociedad vigente está atada a la legalidad democrático burguesa.
Los no pocos defensores del MST podrían plantearnos que las acciones del movimiento no se atan a éstas limitaciones de carácter meramente “teórico”. Veamos entonces cómo ha accionado el MST en los últimos 20 años.

¿Reforma agraria popular?

La reforma agraria popular consistiría en un modelo de desarrollo opuesto al agronegocio y el latifundio, que implicaría la democratización de la tierra y la reorganización de la producción para priorizar la producción de alimentos sanos para el mercado interno, la justa distribución de los ingresos, el respeto por el medio ambiente, el desarrollo de agroindustrias, frenar el éxodo rural1 y garantizar condiciones de educación, vivienda y empleo adecuadas. El acceso a la tierra sería el elemento indispensable para lograrlo y las ocupaciones de tierras privadas es el método predilecto2.
El paso siguiente a la ocupación de terrenos privados es la creación de asentamientos. Este mecanismo, que desde el MST se presentaba como una estrategia autónoma, se ha convertido en una política de Estado que excede ampliamente a la base social movilizada por esta organización. Los asentamientos se instalan donde antes existía una propiedad calificada como improductiva. Luego de “expropiarle” la tierra al propietario, el Estado lo indemniza con Títulos de Deuda emitidos por el Tesoro Nacional. Sin litigio, el proceso de “expropiación” lleva por lo menos 10 meses. Luego, con las familias registradas se inicia un proyecto de asentamiento en dicho lugar. Hoy, sobre una superficie de 88 millones de ha, se contabilizan 9.255 asentamientos. Las familias asentadas suman un total de 969.691. De las mismas, 395.957 perciben el programa Bolsa Familia. Los asentados firman un Contrato de Concesión que les garantiza la posesión provisoria de la tierra y el acceso a créditos gubernamentales. Luego del pago de 20 cuotas anuales, los asentados compran el título de propiedad. Simultáneamente, deben ponerla en producción. Para ello recurren a los microcréditos que implementa el Estado mediante “ciclos de préstamo”. En el primer ciclo, “de instalación”, se prestan hasta USD$4.596 por asentado. En el segundo ciclo, “inclusión productiva”, hasta USD$3.939 por asentado. En el tercer ciclo, “estructuración productiva”, hasta USD$8.207 por asentado como inversión para la producción3. Así, entre 2003 y 2010 se han entregado 35.383 créditos por un total de UDS$723.000 a 81.437 familias, destinados a mejoras comunitarias y adquisición de tierras. Por otra parte, existen líneas especiales de créditos para cooperativas y asociaciones. Estos son los casos de los programas Tierra Fuerte y Sol de Tierra.
En principio, las familias asentadas no son propietarias de la tierra sino hasta después de comprarlas luego de 20 años. Atado a esto, tanto las familias asentadas como las cooperativas y asociaciones formadas (hoy el movimiento cuenta con 100 cooperativas, 96 agroindustrias y 1.900 asociaciones) dependen del crédito estatal para producir. Detrás de estas “conquistas de la reforma agraria”, se esconde la pretensión estatal de contener a una masa de población sobrante para el capital en los espacios rurales, en base a actividades de subsistencia. Adaptándose a estas condiciones, la reforma agraria popular del MST pretende transformar obreros en pequeña burguesía y, para ello, los créditos juegan un papel fundamental.

Amigos son los amigos

Las relaciones políticas entre el MST y el PT se remontan a 1989, cuando comienzan a formar parte de las campañas electorales del Partido y sus militantes empiezan a ocupar cargos públicos en las gestiones estaduales del PT. Ya en la década de 1990, 16 diputados del PT contaron con el apoyo del MST e incluso algunos de sus militantes fueron diputados por el Partido. A modo de ejemplo, podemos nombrar a Addão Pretto, electo diputado por el PT en seis ocasiones consecutivas, cuatro de ellas en calidad de Diputado Federal. Otro ejemplo, más reciente, sería el actual Diputado del PT por Bahía, Valmir Assunção.
La asunción de Lula como presidente en enero del 2003 contó con el apoyo del Movimiento y fue vista como la llegada de un amego de los sem terra al poder. Ligado a esto, miembros del Movimiento pasaron a ser funcionarios de su gestión. En el 2005, ante las denuncias de corrupción hechas por la oposición, el MST llamó a defender al gobierno de una amenaza destituyente. Un año más tarde, su apoyo se vuelve a manifestar en el plano electoral contribuyendo a la victoria de Lula por segunda vuelta.
Discursivamente, el Movimiento le recrimina al PT mantener una política neoliberal y de apuesta al agronegocio, contraria a la reforma agraria. Sin embargo, lo caracteriza como un mal menor, frente a un mal mayor representado por el Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB). La asunción de Dilma Rouseff también contó con el apoyo del MST. Esto demuestra que, a pesar de su declarado autonomismo, la alianza política con el PT tiene un carácter orgánico. Es por ello que, frente a las más recientes movilizaciones opositoras, el MST ha salido, una vez más, a sostener al gobierno de Dilma frente a la amenaza desestabilizadora (ver artículo de Nicolás Grimaldi en este mismo número).4
Similar a lo que sucede en Argentina, la falsa identidad campesina sirve a los intereses de la burguesía, fragmentando a la clase obrera.5 El reformismo explícito en el programa y las acciones del MST entregan a los trabajadores rurales brasileños al PT, impidiéndoles desarrollar una alternativa política propia. Para romper con esto, resulta vital el desarrollo de una organización política que apele a la condición obrera de estos trabajadores y desarrolle un programa con independencia de clase.

Notas

1Según datos del IBGE, entre 1940 y 2010 la población rural paso del 68% del total poblacional al 15%.
2Entre 1995 y 2005 ocurrieron 320 ocupaciones/año La Constitución en Brasil, aprobada por el Congreso Nacional en año 1988, garantiza, en los artículos 184 y 186 la expropiación de tierras que no cumplen con su función social.
3Ver http://goo.gl/8xe5cI.
4Ver http://goo.gl/3f8QXI.
5Véase Muñoz, Roberto: “Utopía Kampesina. El programa de las organizaciones campesinistas y su relación con el gobierno.”, en El Aromo nº74, sept.-oct. 2013.

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