Editorial: Las aulas y las urnas

en El Correo Docente 22/Novedades

Martín Rodríguez
Conti-Santoro


Las paritarias se cerraron hace rato. Clausurar los conflictos salariales le permitió al gobierno poder abocarse de lleno en las elecciones. Lo mismo hicieron las provincias gobernadas por el peronismo. Mientras la burguesía piensa en perpetuarse, las condiciones de vida de la docencia siguen deteriorándose. La inflación avanza devorando la capacidad de compra del salario. En el mejor de los casos, las negociaciones nos llevaran a igualar la inflación de este año. Lo cierto es que es imposible correr detrás de la inflación. Ya lo dijimos.  Es una carrera imposible de ganar. Con el fin de mostrarle al conjunto de la docencia la imposibilidad de esta carrera, reconstruimos la evolución histórica del salario. Allí graficamos con datos concretos la perdida histórica del poder adquisitivo. En un país como la Argentina, donde la inflación es un fenómeno recurrente, el salario docente viene en caída libre hace décadas. En la década del ’30, un docente que recién se iniciaba cobraba el equivalente a dos canastas básicas totales. Hoy, la mayoría de nosotros no alcanza la canasta de pobreza del INDEC. Por eso, la recomposición histórica del salario debe ser nuestra meta.

Más allá de la discusión salarial, los problemas estructurales estallan por doquier. Todos los días salen a la luz nuevos casos explosiones, derrumbes, cloacas averiadas, falta de calefacción, aparición de ratas, etc. De norte a sur, de este a oeste, la mayoría de las escuelas sufre algún problema de estos. En Chaco, una de las provincias más pobres del país, alumnos y docentes conviven en escuelas destruidas. En CABA, el distrito más rico del país, las clases se desarrollan entre desbordes cloacales, ratas y falta de calefacción. Tal es el caso de la Escuela N°8 “Julio Argentino Roca” de Belgrano. En Bs.As, cientos de escuelas cerraron sus puertas ante la falta de calefacción. No importa la provincia, la educación de las masas obreras no le interesa a la burguesía argentina. En el medio, miles de alumnos y docentes se ven obligados a desarrollar la labor pedagógica entre materia fecal, frio y ratas. Un cuadro que pinta de cuerpo entero el estado de la educación argentina.

Mientras tanto, las direcciones sindicales peronistas/kirchneristas apuestan a la formula Fernández-Fernández. Está claro que no pretenden salir a la lucha porque es una estrategia ineficaz a la hora de sumar votos. De allí el interés de unir a todos, incluso a la Iglesia Católica, uno de los sectores que se oponen a la implementación de la ESI. Por eso, en cada una de sus intervenciones la conclusión es la misma: “hay que votar bien”. Esa fue la respuesta de Baradel y compañía cuando miles de docentes no cobramos en tiempo y forma. En Entre Ríos, durante el IV Congreso Educativo de AGMER, los principales referentes del peronismo se encargaron de repetir la misma frase una y otra vez.

La Corriente Nacional Docente Conti Santoro reafirma su independencia política respecto del peronismo y Cambiemos. Nuestros intereses no caben en sus urnas. Como gobierno, el macrismo potencia la crisis educativa de la mano de la reforma. El peronismo no tiene nada que ofrecernos. Ellos fueron los que institucionalizaron las escuelas paraestatales a través de la LEN. Si hoy la precarización laboral se instaló y naturalizó en la docencia, fue gracias al kirchnerismo. No solo eso. En Santa Cruz, el gobierno de Alicia Kirchner procesó a varios compañeros de ADOSAC. Lo mismo pasó en Mendoza, gobernada por Cambiemos, con las persecuciones a los docentes de SUTE. Unos y otros insisten en diferenciarse, pero son la misma carroña. Por eso no podemos votar a nuestros verdugos.

La burguesía argentina no tiene nada que ofrecernos. Si queremos otro horizonte, otra vida, entonces hay que empezar de inmediato. Los sectores combativos debemos volver a convocarnos en un plenario de delegados multicolores. Allí debemos discutir y proponer una alternativa independiente. No podemos adaptarnos a la agenda electoral. El capitalismo argentino se descompone a toda velocidad. En ese proceso, los trabajadores somos arrastrados a la barbarie. De seguir así, las aulas seguirán siendo aguantaderos y no espacios destinados al desarrollo cultural de la clase obrera. Por eso, nuestros intereses no caben en sus urnas.

1 Comentario

  1. «No importa la provincia, la educación de las masas obreras no le interesa a la burguesía argentina» (ni tampoco a la mayoría de los docentes).
    «El capitalismo argentino se descompone a toda velocidad. En ese proceso, los trabajadores somos arrastrados a la barbarie. De seguir así, las aulas seguirán siendo aguantaderos y no espacios destinados al desarrollo cultural de la clase obrera»: aguantaderos para los docentes, en espera de que les salga algo mejor, y si no, segual, y aguantaderos (o corrales diurnos) para los pibes, que si van más o menos seguido a la escuela al final del ciclo obtienen un certificado que MIENTE que han alcanzado los objetivos previstos en el currículo.
    Mentira de la cual son cómplices los respectivos docentes —en su rango de soldaditos—, los directivos y los funcionarios políticos puestos ahí para organizar este crimen social.
    Se enfurecerían los que cuentan moneditas para llegar a fin de mes, si supieran que los impuestos de sus consumos van a parar a una ESTAFA que asciende a centenares de miles de millones de pesos anuales, que aparte de sacarles los pesos de su bolsillo tiene el fin de mantener a sus hijos ignorantes y embrutecidos.
    «En defensa de la escuela pública»dicen las pancartas de los docentes estatales, año tras año.
    ¡Hay que ser cínico!

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