DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA DEL PARTIDO SOCIALISTA

en Revista RyR n˚ 3

La historia del Partido Socialista ocupa gran parte de la vida del proletariado argentino, algo que suele pasarse por alto, oculto por la importancia central que el peronismo asume desde los años `40 a la actualidad y por la mejor «prensa académica» que tiene el anarquismo. Reproducimos aquí la introducción a la colección de documentos editado por el Instituto de Estudios Histórico Sociales «Prof. Juan C. Grosso», de la UNCPBA, cuya autorización nos ha sido cedida gentilmente. El libro (Documentos para la Historia del Partido Socialista, IEHS, Tandil, 1996) contiene las Actas del Centro socialista Universitario (1896-1898) y del Comité Electoral Central del Partido Socialista (1907-1912), cuya lectura es imprescindible para acceder a una mejor comprensión de una de las orientaciones dominantes en el seno de la clase obrera argentina a lo largo de buena parte del presente siglo.

Por Nicolás Iñigo Carrera (investigador del Conicet en el IEHS (UNCPBA) y director del PIMSA)

«La historia de un partido, en suma no podrá ser menos que la historia de un determinado grupo social (…) Escribir la historia de un partido no significa otra cosa que escribir la historia general de un país desde un punto de vista monográfico, para subrayar un aspecto característico. Un partido habrá tenido mayor o menor significado y peso, justamente en la medida en que su actividad particular haya pesado más o menos en la determinación de la historia de un país». Antonio Gramsci.

Un siglo atrás, el 28 y 29 de junio de 1896, se realizó en Buenos Aires el congreso del Partido Socialista en el que se aprobaron los Estatutos, Declaración de Principios y Programa Mínimo partidarios y que, por esta razón, suele ser considerado el congreso fundante de ese partido.

Presentamos aquí dos libros de actas, uno del Centro Socialista Universitario, donde se registran las reuniones celebradas entre julio de 1896 y marzo de 1898, y otro, del Comité Electoral Central del Partido Socialista de enero de 1907 a marzo de 1912, localizados en la «Biblioteca Ismael Iñigo Carrera».

Esta publicación[1] permite acceder a dos fuentes de información necesarias para el análisis del proceso de formación y organización de esa corriente política cuya relevancia en la historia nacional y en la conformación de la Argentina moderna ha sido mucho mayor de la que suele reconocerse en las distintas vertientes de la historiografía oficial, pasada y actual.

Más aún si se considera al socialismo no solamente en tanto el partido político que lleva ese nombre, sino como un vasto movimiento presente en la sociedad argentina desde las últimas décadas del siglo pasado, con base social no sólo en determinadas fracciones obreras sino también en el conjunto de los trabajadores. Es decir si se lo considera como partido, en el sentido que le da Marx cuando lo contrapone al «partido del orden»[2], abarcando al conjunto de las fracciones políticas cada una de las cuales toma el nombre de «partido» u «organización política» de la clase obrera[3].

Si partimos de considerar que la historia de un partido político no puede ser menos que la historia de un determinado grupo social, y que por tanto hacer esa historia es hacer la historia general de un país desde un punto de vista monográfico para subrayar un aspecto característico, resulta claro que esta presentación no puede menos que brindar, aunque sea sintéticamente, algunos elementos que permitan localizar los documentos presentados en su contexto histórico. Esos elementos están ordenados en tres partes, referidas a: 1ª) el desarrollo del capitalismo argentino a fines del siglo XIX en tanto constituye las condiciones de la sociedad en que surge esa corriente política; 2ª) la formación de la clase obrera argentina, en tanto no se puede escindir el análisis de un partido político del proceso de constitución de las fracciones sociales cuyos intereses expresa; y 3ª) la formación del Partido Socialista, en tanto historia de los grupos restringidos que le dan cohesión como partido, para referirnos, finalmente, específicamente al Centro Socialista Universitario y al Comité Central Electoral.

 Esto no significa investigar aquí los conjuntos de problemas referidos al surgimiento del movimiento socialista en la Argentina, tales como el hecho de su aparición temprana en un país dependiente, sus rasgos específicos, el momento preciso en que se organizó como partido político que pretende encarnar y expresar el interés de la clase obrera, del conjunto de los trabajadores y del pueblo, ni pretende tampoco incursionar en el terreno de las polémicas más conocidas a que la resolución de esos problemas ha dado lugar.

Es por eso que sólo haremos algunas referencias generales a ese proceso de génesis, en el que 1896 no sólo constituye un punto de partida, sino que es, a la vez, el punto de llegada de un proceso en el que el socialismo va conformándose como corriente política y teórica en la Argentina.

Surgido en los tramos finales del proceso de constitución de la Argentina como estado-nación, el socialismo estuvo lejos de ser una «flor exótica», como se lo ha querido caracterizar, ni tampoco, por cierto, simplemente un «partido de los consumidores» porteños, como pretende una imagen más que reduccionista.

Su aparición, como la de todo partido político, expresa, en el plano teórico, los problemas y soluciones que el interés material y la situación social de una clase o de una fracción de clase impulsa en la práctica[4]: es la expresión de los intereses de un grupo social[5]. Como cualquier otro hecho social su existencia no puede encontrar explicación en las «ideas importadas» sino en las condiciones dadas por el desarrollo del capitalismo argentino.

El capitalismo argentino a fines del siglo XIX

En el último tercio del siglo XIX, signado por la génesis y desarrollo del capital financiero, el capitalismo comienza a recorrer, como sistema mundial, una nueva fase de su desarrollo. Los grandes capitales, que tienen su asiento principalmente en Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda, Bélgica, Estados Unidos, Japón, se enfrentan por el dominio de distintos territorios económicos, buscando materias primas para sus industrias (incluyendo alimentos para su población trabajadora) y mercados para sus productos e inversiones.

En la Argentina, las nuevas condiciones de inserción en el mercado mundial potenciaron las transformaciones que se venían sucediendo a lo largo del siglo. El desarrollo del capital en Europa, con la creciente necesidad de mercados para sus productos, materias primas para la industria y alimentos para su población en aumento, conlleva el desarrollo de medios de transporte y técnicas productivas que hacen posible la vinculación de la producción -ganadera y agrícola- del litoral argentino con los mercados europeos.

Hasta ese momento, el capital mercantil había articulado en la Argentina distintos modos productivos, basados principalmente en la esclavitud y servidumbre de los indígenas americanos y africanos, hasta que a comienzos del siglo XIX comienzan a crearse las condiciones para la génesis y desarrollo del capital industrial (relación capital – trabajo asalariado), proceso en el que constituye un hito fundamental, observando el campo de las relaciones jurídicas, la abolición de las distintas formas de servidumbre y la libertad de vientres sancionadas por la Asamblea del Año XIII. En la segunda mitad del siglo el desarrollo de medios de transporte y técnicas productivas[6] hicieron posible la vinculación de la producción del litoral argentino con los mercados europeos.

Al tiempo que se redefinió el lugar de la Argentina, y particularmente del Litoral, en el mercado mundial, se consolidó el proceso de delimitación del territorio dominado por la burguesía argentina, frente a las burguesías vecinas, y en relación con las luchas interimperialistas de las grandes potencias mundiales. Simultáneamente, la gran burguesía, cuyos intereses la llevan a establecer una fuerte alianza con el capital financiero a escala internacional, impuso su dominio sobre las demás fracciones burguesas del país. Delimitación e imposición que, obviamente, sólo pueden hacerse mediante el uso de la fuerza: es en relación a estos procesos que deben ser localizadas la participación argentina en la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, la guerra contra las montoneras de la segunda mitad del siglo pasado -expresión estas últimas de la resistencia a las nuevas condiciones que se imponían en la Argentina-, la conquista militar de los grandes espacios que todavía permanecían en manos de los indígenas (la Pampa, la Patagonia y el Chaco), y los enfrentamientos armados de 1880 que determinan la resolución definitiva del asiento de la Capital.

En esa expansión capitalista, la «importación» y la acumulación local de capitales fueron acompañadas por la inmigración de crecientes contingentes de población, es decir de la «importación» de trabajadores que ese capital necesitaba para existir[7]. A la vez, el crecimiento de la población y su concentración en las grandes ciudades del litoral[8], incrementó la división del trabajo en la sociedad y ramos productivos de medios de consumo necesarios (como por ejemplo el del azúcar), comenzaron a constituirse como tales ramos productivos, dejando de ser producciones de tipo artesanal que cubrían las necesidades de las áreas más inmediatas en que estaban localizadas, para pasar a ser industrias[9].

Es así cómo el proceso de desarrollo de las relaciones propias del capital se encuentra bien avanzado en la Argentina de los últimos 20 años del siglo XIX, dando un salto cualitativo cuando, con la resolución de la crisis económica de 1890, se produce un crecimiento de la actividad industrial propiamente dicha[10], en mayor grado, pero no exclusivamente, en el litoral.

Si se atiende a las relaciones sociales que se vuelven dominantes en ese momento pueden observarse dos claros indicadores del dominio del capital en la Argentina finisecular. Ricardo M. Ortiz, en su  Historia Económica de la Argentina estima, a partir de los datos brindados por el Censo de 1895, que en esa fecha existían en el país 900.000 proletarios y semiproletarios, que constituían el 54,4% de la población activa. Y ya a partir de 1870, el arrendamiento, forma específicamente capitalista, pasa a ser una modalidad importante de acceso a la tierra para la producción agrícola litoral.

En síntesis, la nueva articulación con el mercado mundial ha potenciado la expansión de las relaciones capitalistas en la Argentina, produciéndose un cambio en el tipo social de explotación dominante y el paso de la fase de dominio del capital mercantil a la de dominio del capital industrial.

La formación de la clase obrera argentina

Surgió así, pues, tanto en el campo como en las ciudades, el proletariado argentino, inserto tanto en la producción agrícola como en las manufacturas y las incipientes industrias que se estaban desarrollando en determinadas ramas de la actividad productiva, como por ejemplo, alimentos y ferrocarriles. Y se multiplicó también la masa de trabajadores no proletarios, tales como artesanos y pequeños comerciantes.

El surgimiento del proletariado, lo mismo que el de cualquier otra clase social, implica, necesariamente, la aparición de formas de organización donde se expresen los intereses de ese grupo social. Cuando la industria concentra en un mismo sitio a una masa de individuos cuyos intereses individuales están divididos por la competencia, la defensa del salario, que constituye el interés común a todos ellos frente a su patrón, los une en una idea común de resistencia, formando asociaciones que tienen como doble finalidad acabar con la competencia entre los obreros para poder hacer competencia general a los capitalistas. Si el primer objetivo de la resistencia se reducía a la defensa del salario, a medida que los capitalistas se asocian a su vez movidos por la necesidad de reprimir a los obreros, las asociaciones obreras, en un principio aisladas, forman grupos, y la defensa por los obreros de sus asociaciones frente al capital, siempre unido, acaba siendo para ellos más necesario que la defensa del salario[11]. En esta lucha, que Marx caracteriza como «verdadera guerra civil», la coalición obrera toma carácter político[12], pasándose de la defensa de los intereses económico-corporativos que hacen al «grupo profesional» (sindicato), a los del «grupo social» como intereses políticos (partido)[13].

En la Argentina, lo mismo que en cualquier sociedad capitalista, el desarrollo del capital tiene como condición necesaria la existencia de una masa de desposeídos de sus condiciones materiales de existencia, a los que la dominación del capital ha colocado en una situación común -sólo pueden obtener sus medios de vida bajo la forma del salario- constituyéndolos como clase para el capital pero creándoles intereses comunes. Es en la lucha por esos intereses comunes que la clase de los desposeídos, de los proletarios, se constituye como clase para sí, confrontando con la clase de los propietarios no sólo de condiciones de existencia sino de los mismos medios de vida de los proletarios. Pero esa lucha de clase contra clase constituye una lucha política.

Partimos, pues, de la noción teórica de que las clases sociales se constituyen en un largo proceso histórico, y que ese proceso está constituido por enfrentamientos sociales, es decir, se constituyen en procesos de enfrentamientos sociales[14]. Y esos enfrentamientos se ordenan siguiendo una estrategia, no importa el grado de desarrollo de la conciencia que se tenga de ella.

Quedó expresado más arriba, que esta presentación intenta sólo dar algunos elementos para ubicar los documentos presentados en su contexto histórico, sin pretender ahondar en los problemas referidos al surgimiento del movimiento socialista en la Argentina. Pero sí dejaremos presentado lo que, desde la perspectiva teórica enunciada, deberíamos plantearnos como problema central alrededor del cual ordenar el conjunto (sistema) de problemas acerca de la historia del socialismo en la Argentina, esto es: ¿cuál es la estrategia de la clase obrera argentina en cada momento de su historia? Entre los problemas a resolver están: ¿en qué momento de su constitución se encuentra la clase obrera en cada momento histórico determinado? ¿qué fracciones sociales dentro de los trabajadores constituyen determinadas formas de organización o siguen determinadas corrientes político-ideológicas (anarquismo, sindicalismo, socialismo, comunismo, justicialismo)? ¿qué fracciones y en qué circunstancias forman parte de determinadas alianzas conducidas por otras clases y fracciones de la sociedad, que adquieren permanencia tomando distintas formas políticas (por ejemplo, yrigoyenismo, peronismo, antiperonismo)? ¿qué fracciones y en qué circunstancias forman parte de alianzas con otras fracciones sociales que no se institucionalizan y por consiguiente sólo aparecen por momentos en el escenario político (por ejemplo, alianza de obreros y campesinos, frente popular, frente antiimperialista)?

Entre estos temas sólo intentaremos desarrollar uno, directamente vinculado al surgimiento del socialismo y la localización de los documentos presentados: ¿cuándo comienza el proceso de formación de la clase obrera en la Argentina, partiendo de la noción teórica de que las clases sociales se constituyen en los enfrentamientos sociales?

Ya dijimos que los enfrentamientos sociales que subyacen en las llamadas «guerras civiles» y «conquistas del desierto» de la segunda mitad del siglo XIX corresponden a los procesos de descomposición de los modos productivos preexistentes, con las consiguientes resistencias de unas fracciones de burguesía a ser subordinadas por otras y de artesanos, campesinos y pastores a convertirse en una población asalariada en nuevas condiciones.

La determinación del momento de génesis de la clase obrera en la Argentina, que localizamos en la década del `70 del siglo pasado[15], toma en cuenta dos hechos: la organización de las secciones locales de la Asociación Internacional de Trabajadores (que corresponde principalmente a la dirección teórica de la lucha)[16] y la huelga de los obreros tipógrafos en septiembre de 1878 (que corresponde a la dirección económica de la lucha).

Si se intenta seguir su desarrollo se puede plantear, en principio, que en la primera dirección (lucha teórica) el hito siguiente es la organización de los actos y movilizaciones de protesta por la matanza de Chicago, el 1º de mayo de 1890 en Buenos Aires, Rosario, Chivilcoy y Bahía Blanca (hecho en el que ya se hacen observables elementos de la dirección política de la lucha). En la otra dirección (lucha económica), los hitos (es decir los momentos en que se van produciendo cambios de calidad en el enfrentamiento) son la huelga de los talleres ferroviarios de 1896, que abarca, aunque sin ser declarada como huelga general, a la totalidad de la rama; la huelga general de los panaderos de Buenos Aires en 1901 (primera huelga general declarada por rama); la huelga general de Rosario en 1901 (primera huelga general en una localidad); la sucesión de huelgas parciales que comienzan en el puerto de Buenos Aires, se extienden a los puertos de Rosario, Bahía Blanca, Zárate, etc, al Mercado Central de Frutos, y que deviene huelga general a nivel nacional en noviembre de 1902 por la intervención de tropas de ejército en Buenos Aires y la sanción de la ley de Residencia; y finalmente la huelga general nacional del 1º y 2 de diciembre de 1904 en repudio a la acción del gobierno y de la policía rosarina contra los obreros que manifestaban por la muerte de un compañero en un enfrentamiento con la policía. Esta última es la primera huelga general en la Argentina, es decir el primer enfrentamiento del conjunto de los obreros contra el conjunto de los patrones y el gobierno del estado, o sea contra el régimen social vigente.

Es en ese proceso en que, desde la perspectiva que asumimos, ha emergido la clase obrera.

Con la huelga de 1878 comienza, pues, en su escalón más bajo, la lucha de los obreros contra el despotismo del capital, manifestado en este caso por el intento de rebajar su salario y prolongar la jornada de trabajo. Los obreros de esa industria se unen para defenderse de los «abusos» de sus patrones, pero el desarrollo ‑no en forma lineal‑ de esta dirección de la lucha de los obreros conduce al enfrentamiento del conjunto de los obreros contra la clase de los capitalistas. Este proceso de luchas, después de una interrupción a comienzos de la década siguiente, alcanza su punto más alto en la llamada «Semana Trágica» de enero de 1919 y se prolonga hasta la década siguiente[17].

En este período distintas fracciones de la clase obrera y otros trabajadores, tanto las organizadas en el sindicalismo como en el Partido Socialista, llevan a cabo acciones políticas que les permiten comenzar a penetrar en el sistema institucional. Pero no se observan acciones, ni de parte de estas fracciones ni de aquellas cuya expresión ideológica es el anarquismo, que expresen que se ha constituido una estrategia real de disputa del poder a las clases dominantes, ausencia claramente notable en la «Semana de enero» de 1919, donde el movimiento de protesta no se organiza políticamente para disputar el poder. Este rasgo que caracteriza a la lucha de la clase obrera argentina en ese período se manifiesta en el predominio de las concepciones anarquistas y sindicalistas, para las que el pasaje de la huelga general a la revolución social se daba por sí mismo, espontáneamente.

     Por otra parte, en este período, la huelga general y la movilización se constituyen en formas de lucha. Y, en relación al sistema institucional, se produce la génesis y formación de las organizaciones sindicales hasta llegar a la constitución de la FORA (IX Congreso), momento en que logran, dentro del período, el máximo grado de unificación los cuadros sindicales obreros.

Este período termina a mediados de la década del ’20, luego de que con el acceso al gobierno en 1916 de las fracciones de burguesía organizadas en la Unión Cívica Radical, algunas fracciones obreras encuentren mejores condiciones para negociar los términos en que venden su fuerza de trabajo, pero, a la vez, comience un proceso de creciente aislamiento de la clase obrera como totalidad[18]. Es en ese período, que se extiende desde la década de 1870 hasta mediados de los años ’20, en que se localiza la organización del Partido Socialista y los documentos aquí publicados.

Génesis y formación del Partido Socialista

Hasta aquí nos hemos referido al surgimiento del proletariado en la Argentina, tanto en su condición de atributo del capital como en su constitución como clase social. El análisis de la formación del Partido Socialista hace necesario referirse a otro aspecto: el de la «historia de grupos restringidos de intelectuales»[19], aspecto de la vida de un partido, que constituye «el elemento de cohesión principal (…) que transforma en potente y eficiente a un conjunto de fuerzas que abandonadas a sí mismas contarían cero o poco más»[20]. Cabe recordar que el concepto de «intelectual» aquí hace referencia a una función social, independiente de la inserción ocupacional; en la formación del Partido Socialista en la Argentina esta función fue cumplida principalmente, como veremos más adelante, por obreros y profesionales.

Ya hemos hecho referencia a la existencia de secciones de la Asociación Internacional de Trabajadores, en Buenos Aires en los primeros años de la década de 1870 y en Córdoba en 1874[21]. Estas secciones argentinas seguían la orientación de Marx, dentro de la Internacional. Esta fue una característica del socialismo argentino: si bien corrientes del socialismo utópico, como las de Saint-Simon y Cabet, no sólo influyeron en pensadores liberales como Echeverría y Alberdi, sino que tuvieron representantes en, por ejemplo, Alejo Peyret y Bartolomé Victory y Suárez, las agrupaciones socialistas no anarquistas vinculadas al movimiento obrero adhirieron, desde su inicio, a la teoría del socialismo científico enunciada por Carlos Marx y Federico Engels. Esta característica se prolongó en la fundación del partido, tanto entre los que asumían esa teoría rechazando el revisionismo como entre los que partían de esa teoría proponiendo revisarla. En 1890 Germán Ave Lallemant señala, en el primer editorial de El Obrero: «…Venimos a presentarnos en la arena de la lucha de los partidos políticos en esta república, como campeones del proletariado que acaba de desprenderse de la masa no poseedora, para formar el núcleo de una nueva clase, que inspirada por la sublime doctrina del socialismo científico moderno, cuyos teoremas fundamentales son: la concepción materialista de la historia y la revelación del misterio de la producción capitalista por medio de la supervalía -los grandes descubrimientos de nuestro inmortal Carlos Marx- acaba de tomar posición frente al orden social existente»[22]. Juan B. Justo[23], que consideraba a «Marx, el teórico más grande del socialismo»[24], escribe en el primer editorial de La Vanguardia, el 7 de abril de 1894: «Venimos a difundir las doctrinas económicas creadas por Adam Smith, Ricardo y Marx, a presentar las cosas como son, y a preparar entre nosotros la gran transformación social que se acerca»[25]. El rasgo señalado, explica que sea precisamente en la Argentina donde se realiza la primera traducción castellana de El Capital, cuyo Libro Primero, «El proceso de producción del capital», fue publicado primero en fascículos, para su mejor difusión, en 1897, y como libro en 1898. Esta traducción fue hecha por Justo. También en 1898, Justo, después de afirmar que «(…) Marx, con la activa colaboración de Engels pudo llegar (…), a la grandiosa concepción histórica que constituye el fundamento de sus obras»[26], traduce el Prólogo de Marx a la Contribución a la Crítica de la Economía Política para tomarlo como explícito punto de partida teórico de su análisis, en su explicación del desarrollo de la historia argentina en términos de lucha de clases. Lo mismo hace años más tarde en «El socialismo argentino». Es por eso que se aproxima más al disparate que a una lectura forzada, la interpretación realizada desde posiciones antimarxistas según la cual Justo tradujo El Capital para poder refutarlo[27].

Tanto Oddone como Corbière y Ratzer, entre otros, han hecho referencia a las organizaciones y periódicos socialistas surgidos, casi siempre en Buenos Aires pero también en algunas localidades del interior del país, desde los primeros años de la década de 1870 hasta 1890[28].

Entre los más importantes se encuentra el club Vorwärts, fundado por socialistas alemanes en diciembre de 1881, que estuvo representado en el Congreso de París de 1889, fundador de la Segunda Internacional[29]. Fue decisión del Congreso de París realizar una manifestación internacional el 1º de mayo de 1890 reclamando «de los poderes públicos que reduzcan legalmente a ocho horas la jornada de trabajo»[30]. En la Argentina, como ya dijimos, esta manifestación se realizó en Buenos Aires, Rosario, Chivilcoy y Bahía Blanca, con la adhesión de agrupaciones socialistas (tanto marxistas como anarquistas) y mazzinistas y de sindicatos obreros de Buenos Aires, La Plata, Esquina, 25 de mayo, Chivilcoy, Lobos, Pergamino, Capilla, Rosario y Santa Fe.

En esa manifestación, primera celebración del Día de los Trabajadores, se decidió la formación de una Federación de Trabajadores y la publicación de un periódico. «El Obrero», órgano de la Federación, fue editado por Germán Ave Lallemant entre diciembre de 1890 y febrero de 1891, y desde entonces hasta el Nº 88, en septiembre de 1892, fue editado por la Federación de Trabajadores[31]. Este periódico de orientación internacionalista proletaria marxista mostró la preocupación del incipiente movimiento socialista por la realidad argentina en los temas de los artículos, e incluso en la realización de una encuesta acerca de la caracterización de la industria y las condiciones de trabajo y de vida de los proletarios.

No vamos a extendernos sobre las publicaciones y organizaciones socialistas que se fundaron no sólo en la ciudad de Buenos Aires sino también en localidades de la provincia de Buenos Aires y del interior del país, entre las cuales la Agrupación Socialista[32], fundada en 1892 sobre la base de la Sección Varia de la Federación Obrera de 1891, fue durante muchos años, con el nombre de Centro Socialista Obrero, el «centro de irradiación del socialismo de la capital»[33]. Tuvo como órgano a La Vanguardia cuya fundación fue decidida en agosto de 1893 por Juan B. Justo, Esteban Jiménez, Augusto Kühn e Isidro Salomó y cuyo primer número se publicó en abril de 1894.

En abril de 1894 se funda el «Partido Socialista Obrero Internacional», sobre la base de la Agrupación Socialista, el grupo Les Egaux y el Fascio dei Lavoratori, con el apoyo de La Vanguardia, y a los que poco después se sumaron Vorwärts y el Centro Socialista Universitario. En la convención partidaria de octubre de 1895 cambia su nombre por el de Partido Socialista Obrero Argentino, con el que participa por primera vez en elecciones, en marzo de 1896; la lista que presenta, lo mismo que la integración de los primeros órganos directivos[34], permite avanzar en el sentido de conocer de qué fracciones sociales se reclutaba este núcleo inicial del Partido Socialista: obreros manuales y profesionales[35].

Se llega así al Congreso del 28 y 29 de junio de 1896, del que participaron además de 19 agrupaciones socialistas -entre ellas 4 de la provincia de Buenos Aires y las de Paraná (Entre Ríos), Rosario (Santa Fe), Tucumán[36] y Córdoba[37]-, 16 organizaciones gremiales invitadas, principalmente de artesanos o de obreros de manufactura.

El Centro Socialista Universitario

Entre los Centros que participan de este Congreso, y que también había participado de la Convención de 1895, se cuenta el Centro Socialista Universitario, cuyas Actas desde julio de 1896 a marzo de 1898 publicamos en este volumen.

El Centro Socialista Universitario había sido fundado «persiguiendo los fines del socialismo científico»[38], a partir de una reunión organizada el 7 de diciembre de 1894 por un grupo de estudiantes, en su mayoría de Medicina, que adherían al Partido Socialista Obrero Internacional. Se reunían en el local del Centro Socialista Obrero y la comisión provisoria fue formada por José Ingenieros[39], Angel M. Giménez[40], B. Firpo, J. Anselmo y J. Isleño. La primera Comisión Directiva estuvo formada por Ingenieros como secretario, y A. Giménez, A. Ferrari, R. Rodríguez, D. Guglialmelli y B. Firpo como vocales.

En el libro que aquí publicamos, cuyas actas llevan un sello que dice «Centro Socialista Universitario – Ciencia y Trabajo – Buenos Aires», aparecen como miembros, entre otros, además de los nombrados, Alejandro Molas, Steinbrun, Burghi, Juan B.Justo, Meyer González, A. Bunge, B. Maldonado, José A.Lebrón, Nicanor de Sarmiento, M. Kliman, Anselmo, Carlos Vella, N. Guaglianone, Enrique Dickmann, Eladio Idalgo, C. Horoux, Isauro Ceballos, Marcos Brunstein, Rafael Correas, M. Peñaloza, Vizcaya.

Estas actas brindan información referida, entre otros temas, a los problemas de organización partidaria y la relación entre el Centro y el Partido, en particular con motivo del intento de disolución del Centro el 15 de enero de 1898 y el conflicto que se suscitó con Giménez. También con referencia a la expulsión o suspensión de José Ingenieros del Partido en 1896 y su reincorporación en 1897.

El Comité Central Electoral

Ya hemos dicho que no es el objetivo de esta presentación hacer la historia de los primeros años del Partido Socialista. Sólo señalaremos que en el período en el que se inscriben los documentos aquí publicados ese partido pasó de incluir un total de 19 agrupaciones (10 en la Capital Federal y 9 en las provincias) en 1896 a un total de 60 agrupaciones (21 en la Capital Federal y 39 en las provincias) en 1912 y logró un triunfo electoral en la 4ª circunscripción de la Capital, convirtiéndose Alfredo L. Palacios en el primer diputado socialista de América (1904)[41]. Pero la presencia del Partido Socialista no se limitó a la lucha electoral. Miembros del Partido participaron en la lucha sindical, y contribuyeron a formar la Unión General de Trabajadores (UGT) en 1902 y la Confederación Obrera Regional Argentina (CORA) en 1909, aunque en 1906 muchos de los obreros vinculados al partido se escindieron de él, siguiendo la corriente sindicalista. También participaron, desde su posición política, en las luchas de los trabajadores a que hicimos referencia anteriormente. A pesar de que la orientación partidaria dominante fue mantener la lucha dentro de la legalidad vigente, La Vanguardia fue clausurada varias veces (1902, 1904) y fue destruida su imprenta y local en 1910, como también lo había sido, por poner un solo ejemplo de los varios ocurridos fuera de la Capital, la Casa del Pueblo de Ingeniero White (Bahía Blanca) en 1907.

Como dijimos, la participación electoral constituyó uno de los ejes, aunque nunca el único, de la actividad partidaria. Es por eso que el libro de actas del Comité Electoral Central constituye un importante documento para el estudio de la historia partidaria.

Ese Comité fue creado como órgano permanente del Partido Socialista por una resolución del VII Congreso, celebrado en Junín el 18 de julio de 1906. Tenía a su cargo todo lo referido a la actividad electoral partidaria y sus miembros eran designados por el Comité Ejecutivo, que le dio su estatuto donde le asignaba las siguientes funciones:

«1º El Comité Electoral tiene a su cargo todo lo que se refiere a la propaganda y a la acción electoral del Partido y procede en todo de acuerdo con el Comité Ejecutivo.

2º El Comité Central Electoral funciona de un modo permanente y de acuerdo con las normas siguientes:

a) Acción Electoral. Verifica la pureza de los padrones electorales, difunde en los Centros circunscripcionales las nociones teóricas y prácticas de la acción electoral, instaura procesos por delitos electorales, nombra fiscales del Partido, fomenta y gestiona la naturalización de los extranjeros, evacua consultas pertinentes dirigidas por los Centros, etc.

b) Propaganda Electoral. Organiza conferencias, redacta manifiestos, tiene a su cargo la impresión y distribución de las boletas electorales, y tiene la representación del Partido en todas aquellas cuestiones que se relacionen con la propaganda y acción electorales»[42].

Aunque, según señala Oddone, el Comité Electoral Central funcionó desde el 19 de junio de 1906, la primera acta del libro que presentamos corresponde al 14 de enero del año siguiente. El libro contiene las actas hasta 1912, incluyendo un período cuya importancia señala el mismo Oddone: «Principalmente en el período 1908-1910, la actuación del Comité Electoral merecería consignarse en todos su detalles, ya que intervino en casi todos los actos políticos del Partido, desde la organización de la propaganda eleccionaria hasta la dirección de los procesos electorales»[43].

Dado que la lucha electoral constituía uno de los principales ejes de la actividad partidaria, lo que se refleja en los llamados «a todas las agrupaciones socialistas, invitándolas a concurrir a todas las luchas electorales ya sean comunales, legislativas o Municipales» y en las frecuentes referencias a actividades de «agitación pro ciudadanía» y otras destinadas a fomentar la ciudadanización, el Comité Electoral Central ocupaba un lugar principal en la organización de la actividad partidaria. Es por eso que el libro contiene no sólo las actas del Comité Electoral Central sino también las de algunas asambleas donde se eligieron los candidatos a diputados por la Capital, actas de sesiones de asambleas locales e incluso resoluciones acerca de la formación de nuevos centros socialistas.

La importancia que se le daba se refleja también en la decisión del Comité Ejecutivo del Partido en agosto de 1907, cuando acusa recibo del informe semestral enviado por el Comité Electoral y comunica que se ha resuelto que todos los saldos mensuales de la Caja Central del Partido pasaran a ese Comité Electoral Central; lo mismo que en el pedido de Alfredo Palacios, hecho en enero de 1907, de que los 100 pesos de su dieta que entrega al Partido pasen a este Comité.

Entre los aspectos de la vida interna y organización partidarias acerca de los cuales este Libro brinda información pueden destacarse, por ejemplo, los referidos a la importancia de la actividad en la Capital Federal y en la provincia de Buenos Aires, donde existen no sólo centros sino también subcomités electorales en La Plata, Avellaneda (que registra la mayor actividad), San Pedro, Pergamino, Tigre, Bahía Blanca, Tres Arroyos, San Nicolás, Junín, Quilmes y Lanús. También hay referencias a la actividad partidaria en otras ciudades donde hay centros socialistas y subcomités electorales, como Tucumán, Santiago del Estero, Posadas (Misiones), Gualeguaychú y Concepción del Uruguay (Entre Ríos), y con dificultades en Rosario (Santa Fe) y Monte Caseros (Corrientes).

También contiene información acerca de la participación de las mujeres en las campañas electorales (a pesar de no haber conquistado todavía el derecho de votar) con entrega de material de propaganda electoral al Centro Socialista Femenino, las relaciones entre el Partido y los Centros Socialistas (por ejemplo el de Quilmes en 1909), las formas de trabajo (como la elaboración de planillas de estadística en abril de 1907), e incluso sobre el nombre del Partido (consulta al Comité Ejecutivo sobre la conveniencia de usar en los documentos de propaganda, junto con el de «Partido Socialista Argentino» las palabras «Sección Argentina de la Internacional Obrera» en agosto de 1907). Y también se encuentran los alineamientos partidarios en relación a temas internacionales (en contra de la paz armada en 1908)[44] o generales (en favor del divorcio en 1907).

En lo que hace a las personas que participaron de la vida partidaria en ese período, hay referencias a la actividad no sólo de los principales dirigentes sino de muchos militantes y organizadores (como por ejemplo Marcelino Folgar, secretario del Comité) y en particular los oradores, tarea fundamental para la propagación de las ideas en aquélla época[45], así como otros colaboradores en las tareas de propaganda como el poeta Almafuerte[46] y el pintor Alonso[47].

Las Actas también contienen información acerca de la relación del Partido Socialista con otros partidos, sobre todo en relación a la lucha electoral y los juicios de tachas[48]; en particular en relación a las elecciones presidenciales de 1910, con los Udaondistas y la Unión Cívica (en 1909)[49] y con la Unión Cívica y la Unión Nacional (en 1910)[50]. Y también a conflictos internos al partido que se canalizan en votos a candidatos de la Unión Nacional.

Pero no sólo hay referencias a la vida partidaria. También pueden encontrarse referencias a la vida política -sobre todo electoral- del país a comienzos de siglo, incluyendo una evaluación de la situación general del país y del estado de ánimo de pueblo en abril de 1908 y descripciones de lo que era la política local, por ejemplo en Quilmes en 1909.

También aparecen en estas páginas referencias a hechos que conmovieron al país, como la huelga de inquilinos de 1907 y la declaración del estado de sitio en 1909, después de la muerte del jefe de policía Cnel. Falcón[51]. Pero resulta notable, quizás explicable por tratarse de un Comité abocado a las tareas electorales, la ausencia de toda referencia a hechos importantes como la huelga general del 1º al 9 de mayo de 1909, conocida como la Semana Roja, o los ataques realizados por policías y bandas de civiles armados contra diarios y locales obreros en mayo de 1910[52].

Como puede verse en el Libro de Actas, el Comité casi no sesionó en 1910. Desde marzo hasta noviembre, en los meses que siguen a la elección presidencial de Sáenz Peña, se interrumpen las anotaciones en el libro de actas y después de noviembre no hay actas hasta mayo de 1911, en que el Comité vuelve a sesionar regularmente. Aunque en el Acta del 24 de noviembre de 1910 consta un reclamo dirigido al secretario de actas porque no las lleva al día, no hay duda de que, después de la elección presidencial, pero sin duda mucho más como consecuencia de los hechos que hemos referido ocurridos a partir de mayo de 1910, las sesiones del Comité Central Electoral deben haber sido más irregulares.

A partir de 1912, después de la promulgación de la ley de sufragio universal, libre y obligatorio promovida por el presidente Sáenz Peña, el desarrollo electoral del Partido Socialista le permitió incorporar dos diputados (Palacios y Justo) en 1912, otros dos (Repetto y E. Dickmann) y un senador (Del Valle Iberlucea) en 1913, y a partir de 1914 ganar la mayoría o la minoría por la Capital Federal.

En esta nueva etapa, el Comité Electoral Central no tiene ya la importancia del momento que hemos descripto[53] y, de hecho no hay más actas asentadas en el Libro. Weinstein[54], tomando como indicador el envío de un representante al Congreso Internacional Socialista reunido en Copenhague en 1910, señala que en ese momento se produce el cierre de lo que denomina el «período de formación» del Partido Socialista. Los resultados electorales a que hemos hecho referencia y la incorporación creciente de diputados y senadores socialistas al Congreso Nacional y de representantes socialistas a diferentes Concejos Deliberantes, así como su participación en las Constituyentes de provincias como Córdoba, apuntan en el mismo sentido. Esto ya había sido señalado por Jacinto Oddone, en el Prólogo a su Historia del Socialismo Argentino, tomando como hito que cierra el primer período de la historia del Partido Socialista (segundo período si se consideran los años previos al Congreso de 1896) a la sanción de la ley Sáenz Peña. Y también se llega al mismo resultado si se toman en cuenta algunos de los planteos que preceden al congreso partidario de fines de 1909, en los que se enfatiza, entre otros puntos, la necesidad de fijar normas explícitas para la pertenencia al Partido, para ocupar cargos, y la relación entre Comité Ejecutivo, Centros y afiliados[55].

El lapso en el que se localizan los documentos aquí presentados se corresponde, pues, con un período en la historia del Partido Socialista que se inicia alrededor de mediados de la década de 1890 y finaliza a comienzos de la década del ’10. Se cierra ese período de formación tanto si se considera la situación al interior de la sociedad argentina, donde las fracciones sociales que se organizan en ese partido comienzan a acceder al sistema institucional, como en la relación hacia fuera de la Argentina, con las fracciones sociales organizadas en el movimiento socialista internacional, y en relación a la estructura organizativa misma del partido.

El socialismo a 100 años de su organización

Dijimos que en 1910-12 se cierra un período en la historia del Partido Socialista y se inicia otro, caracterizado por un mayor grado de penetración en el sistema institucional político por parte de las fracciones sociales que lo constituyen. A su vez, si se atiende al conjunto de la clase obrera, de la que esas fracciones son parte, este período se inscribe dentro de uno más amplio, que se prolonga hasta mediados de la década de 1920.

El intento por localizar los documentos que presentamos, nos conduce, pues, nuevamente al problema de la periodización de la historia de la clase obrera argentina, y éste al de la pertinencia de la publicación de estos documentos hoy. Esta pertinencia resulta obvia para quién se aboque a la investigación del período, por el interés histórico que los documentos tienen como fuente de información. Pero, a la vez, como ocurre con todo hecho histórico-social, ese conocimiento adquiere nuevo interés desde nuestra realidad actual.

En una primera mirada los últimos años del siglo XIX y los primeros del siglo XX, aparecen presentando algunos rasgos semejantes a los del final de este siglo: la «nueva» inserción del país en el mercado mundial, la llamada «economía libre», la sucesión de gobiernos surgidos de procesos electorales, el liberalismo como ideología dominante. Obviamente, y en la medida en que en la historia no existen retornos al pasado -aunque sí pueda haber restauraciones transitorias- estas semejanzas sólo remiten a la superficie de los fenómenos.

En una primera aproximación, a lo largo de algo más de 100 años, podemos señalar dos grandes ciclos de alrededor de cincuenta años cada uno en la historia de la clase obrera argentina (y, en ese sentido, del movimiento socialista), cada uno de los cuales llega a su punto culminante poco antes de finalizar. El primero se extiende desde su surgimiento hasta aproximadamente la mitad de la década del veinte, y tiene su momento culminante en 1919; el segundo se extiende desde los primeros años de la década del 30 hasta la década de 1970, y tiene como hitos fundamentales (obviamente bajo distintas formas) 1936, 1945, 1969 y 1975. Si se atiende al proceso de la formación económica de la sociedad argentina, queda planteada la vinculación de estos ciclos con distintos momentos en el proceso de génesis, formación, desarrollo y crisis del dominio del capital industrial (entendido como relación social, es decir la relación entre el capital y el trabajo asalariado). El primero se correspondería con los momentos de génesis y formación; el segundo con su desarrollo y crisis[56].

Hoy estaríamos recorriendo un tercer ciclo. Y ¿cuáles son los rasgos principales con que se presenta el comienzo de este nuevo ciclo? Para decirlo muy sintéticamente, una disposición de fuerzas objetiva en la que se incrementa la riqueza social de que se apropia la fracción financiera de la gran burguesía, que ha logrado imponer su hegemonía al conjunto de su clase, frente a un incremento de los pobres, de los expropiados. Se ha impuesto una forma de organización de la sociedad caracterizada por la centralización de riqueza en un polo y la extensión del pauperismo en el otro, en medio de un incremento del rentismo y del parasitismo. No en vano el siglo XX ha sido señalado como el siglo de pasaje de la dominación del capital en general a la dominación del capital financiero a nivel mundial.

¿Y cuál es la situación de la clase obrera y de los trabajadores en general? En la Argentina, como en todos los países donde el capitalismo se encuentra desarrollado, la clase obrera mantiene el lugar central en la actividad productiva y en la estructura económica de la sociedad, pero a lo largo de los últimos 20 años han cambiado las condiciones en que se encuentra, pauperizada, repelida de los espacios sociales que ocupaba, con un peso mucho mayor de la parte de ella que constituye el ejército industrial de reserva, con un incremento de la miseria consolidada.

Dijimos que en el transcurso del siglo XX se va realizando el dominio del capital financiero. Pero, por eso mismo, es el siglo en que esta forma de organización social comienza su proceso de descomposición: mientras crece el parasitismo de unos pocos, una masa creciente de la población no puede obtener sus medios de vida, no puede vivir.

A fines del siglo pasado, cuando en Argentina se afirman las relaciones salariales -es decir el capital en general- y el capitalismo recorre una fase de expansión en extensión que convierten al país en un punto de atracción de población, las condiciones en que se desarrolla la vida de los trabajadores conducen a la organización del movimiento socialista.

Hoy, la descomposición del capitalismo hace que la superación de esta forma de organización social se convierta en una necesidad vital para masas crecientes de la población, a las que sólo la superación del capitalismo puede crearles las condiciones para existir.

                                                   Nicolás Iñigo Carrera

                                                                                                                  abril de 1996


Notas

[1] Las actas se reproducen completas, con la sola corrección y actualización de la ortografía. Esta corrección alcanza también a los nombres que suelen aparecer escritos de diferentes maneras y cuya grafía unificamos; por ejemplo, en las Actas del Centro Socialista Universitario, José Ingenieros aparece escrito también como Ingegnieros o Inggenieros; Angel M. Giménez aparece también como Jiménez o Giménes; Steimbrum aparece como Seinbrun, Steinbrun, Steimbrün; Lebrón figura también como Lebron; Dickman figura también como Dikman y Klimann como Kliman.

[2] «(…) todas las clases y todos los partidos se habían unido en un partido del orden frente a la clase proletaria, como partido de la anarquía, del socialismo, del comunismo» (Marx, C.: El dieciocho brumario de Luis Bonaparte).

[3] En el mismo sentido, la afirmación de Gramsci de que «En el mundo moderno se puede observar que en muchos países los partidos orgánicos y fundamentales, por necesidades de la lucha o por otras razones, se han dividido en fracciones, cada una de las cuales asume el nombre de «partido» y aun, de partido independiente». (Gramsci, Antonio: La política y el estado moderno.)

[4] Marx, Carlos: El 18 Brumario de Luis Bonaparte.

[5] Gramsci, Antonio: La política y el estado moderno.

[6] Por ejemplo, la construcción de ferrocarriles (2.000 km entre 1876 y 1889), el alambrado de campos, el mestizaje de animales, la construcción de los puertos de Buenos Aires, Rosario y La Plata, el crecimiento del área sembrada (de 580.000 has. en 1872 a 2.500.000 has. en 1888), la instalación de frigoríficos.

[7] El saldo inmigratorio neto en el último quinto del siglo XIX es de 1.191.122 entre 1881 y 1899. (Ortiz, R.: Historia Económica de la Argentina).

[8] En 1895 vivían en la Zona Este (Capital, Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes) casi dos tercios de la población del país: el 63,5%, mientras que en el Centro vivía el 15,2%, en el Oeste el 9,1%, en el Norte el 9,2% y en los Territorios Nacionales el 3%. (Ortiz, Roberto: op.cit.).

[9] Tanto el Litoral como el Norte -asiento este último de la industria azucarera- son, en 1895, las dos zonas que absorben población del resto del país.

[10] Dorfman, Adolfo: Historia de la industria argentina.

[11] Marx, Carlos; Miseria de la filosofía.

[12] «(…) las condiciones económicas, transformaron primero a la masa de la población en trabajadores. La dominación del capital ha creado a esta masa una situación común, intereses comunes. Así, pues, esta masa es ya una clase con respecto al capital, pero aún no es una clase para sí. En la lucha, (…) esta masa se une, se constituye como clase para sí. Los intereses que defiende se convierten en intereses de clase. Pero la lucha de clase contra clase es una lucha política» Marx, Carlos: Miseria de la filosofía.

[13] Gramsci, Antonio: La política y el estado moderno.

[14] Marx, Carlos: La ideología alemana.

[15] Los intentos anteriores de formar organizaciones que integraban trabajadores directos, como la Sociedad Tipográfica Bonaerense en 1857, son más bien expresión de un resabio de un modo productivo anterior que de condiciones impuestas por el desarrollo del capitalismo y es por eso que no tienen vinculación con ninguna huelga.

[16] Las tres direcciones concertadas de la lucha de la clase obrera (económica, política y teórica) están usadas en el sentido que le da Engels en el Prólogo a la Guerra de Campesinos en Alemania.

[17] Las últimas huelgas generales de este período son: 1º) la que se realiza entre el 17 y 21 de junio de 1923, última huelga general con movilización, convocada por la Unión Sindical Argentina y la Federación Obrera Regional Argentina (V Congreso) en repudio al asesinato de Kurt Wilkens; 2º) las huelgas generales (con adhesión parcial) en 1924, contra la ley de jubilaciones, y en 1927, para tratar de evitar la ejecución de Sacco y Vanzetti en Estados Unidos. (Ver Marotta, Sebastián: El movimiento sindical argentino, Buenos Aires, Editorial Calomino, 1970. Iscaro, Rubens: Historia del Movimiento SindicalArgentino, Buenos Aires, Editorial Fundamentos, 1973).

[18] El desarrollo de este intento de periodización de la historia de la clase obrera argentina entre 1878 y 1945, realizado teniendo como dimensión el enfrentamiento social, atendiendo a los grados de unidad y enfrentamiento y a las alianzas que establece puede verse en Iñigo Carrera, Nicolás: «La huelga general de masas de enero de 1936: un hecho borrado de la historia de la clase obrera argentina», en Anuario del Instituto de Estudios Histórico Sociales, Nº9; Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional del Centro, Tandil, 1994.

[19] En el sentido que le da Gramsci, Antonio; Notas sobre Maquiavelo, sobre política y sobre el estado moderno, México, Juan Pablos Editor, 1986; p.46.

[20] Gramsci, Antonio; op.cit., p.48.

[21] Ratzer, José: Los marxistas argentinos del 90, Córdoba, Ediciones Pasado y Presente, 1969.

[22] Primer editorial de El Obrero 12/12/90; citado por Oddone, Historia del Socialismo Argentino, Buenos Aires, Talleres Gráficos «La Vanguardia», 1934; p.217.

[23] Sobre el aporte de Justo al análisis científico de la sociedad argentina ver Tieffenberg, David; Juan B. Justo en la historia y la política argentina, Buenos Aires, Ediciones Teoría y Práctica, 1988.

[24] El socialismo, 1902; reproducido en Justo, Juan B.: La realización del socialismo, Buenos Aires, Editorial La Vanguardia, 1947, p. 175.

[25] Justo, Juan B.: La realización del socialismo, op.cit, p. 25.

[26] Conferencia «La teoría científica de la historia y la política argentina», reproducida en La realización del socialismo, op.cit, p. 157.

[27] Pan, Luis: Juan B. Justo y su tiempo; Buenos Aires, Planeta, 1991.

[28] Oddone, Jacinto: Historia del Socialismo Argentino, Buenos Aires, Talleres Gráficos «La Vanguardia», 1934. Corbière, Emilio J., Juan B. Justo y la cuestión nacional, en Revista Todo es Historia, Nº 69, junio de 1972. Corbière, Emilio J., Socialistas y anarquistas. 1880-1910, en Polémica Nº 42, CEAL, 1971. Ratzer, José: op. cit. El trabajo de Oddone constituye, además de una historia de los orígenes del socialismo en la Argentina, un verdadero archivo documental.

[29] Fue su representante Guillermo Liebknecht. También asistió a ese Congreso, representando a otro grupo socialista de la Argentina, Alejo Peyret.

[30] Citado en Oddone, J: op.cit., p. 123.

[31] Oddone, J.: op,cit., p. 217.

[32] La Agrupación Socialista se llamó también Partido Obrero y en 1894 pasó a llamarse Centro Socialista Obrero. Augusto Kühn, que la integraba, la considera «el plantel de lo que hoy es el árbol frondoso del Partido Socialista en nuestro país» (Los comienzos de la lucha proletaria y socialista en Buenos Aires, en Almanaque del Trabajo para el año 1918, p. 138).

[33] Oddone, J.: op.cit., p. 201.

[34] Ver Oddone, J.: op.cit.

[35] La primera lista de candidatos a diputados nacionales estuvo formada, como decía la boleta electoral, por Juan B. Justo (médico), Juan Schaefer (zapatero), Adrián Patroni (pintor), Germán Ave Lallemant (ingeniero) y Gabriel Abad (foguista).

[36] Cuyo delegado fue Roberto J. Payró.

[37] Representada por Leopoldo Lugones y Angel M. Giménez.

[38] La Vanguardia: 15 de diciembre de 1894, citada por Oddone, J.: op.cit., p. 203.

[39] Ingenieros, nacido en Buenos Aires, era hijo de Salvador Ingegnieros, periodista italiano militante de partidos de izquierda, y en esa época firmaba todavía Ingegnieros. En el momento de la fundación del Centro Socialista Universitario estaba en los primeros años de sus estudios de Medicina, que había comenzado en 1893.

[40] También estudiante de Medicina.

[41] También participó de elecciones provinciales y municipales en varias ciudades. A pesar del fraude electoral que constituía la regla en las provincias, fueron electos concejales Agustín Reynes (rematador) en San Nicolás en 1903, José Fernández (obrero curtidor) en Avellaneda en 1906, Jacinto Coza (obrero municipal) en Posadas (Territorio Nacional de Misiones) en 1906.

[42] Citado en Oddone, J.: op.cit., p. 207.

[43] Oddone, J.: op.cit., p. 207.

[44] La oposición a la «paz armada» se relaciona tanto con la situación mundial, principalmente entre las potencias imperialistas europeas, como con la situación entre la Argentina y sus países vecinos. Figueroa Alcorta había aprobado una compra de material bélico; los socialistas respondieron con una manifestación (11 de octubre de 1908) a la que invitaron a delegados de los sindicatos de Chile, Uruguay, Brasil, Paraguay y Bolivia (Weinstein, Donald F.: Juan B. Justo y su época, Buenos Aires, Ediciones Fundación Juan B. Justo, 1978).

[45] Juan B. Justo, Mario Bravo (que en 1913 fue electo diputado nacional y en 1932 senador; poeta y defensor de presos políticos y sociales sin importar su adscripción partidaria), Alfredo L. Palacios (como ya dijimos primer diputado socialista de América en 1904 y nuevamente en 1912, senador nacional en 1932), Luis E. Recabarren (que después fundará el Partido Socialista y el Partido Comunista en Chile), Enrique Dickmann (electo diputado nacional en 1913 y varias veces después, en la década de 1950 encabezó el Partido Socialista de la Revolución Nacional, aliado del peronismo en el gobierno), Enrique del Valle Iberlucea (elegido en 1913 primer senador socialista y al que la Cámara quita sus fueros parlamentarios en 1921 por su adhesión pública a la Revolución Rusa), Segundo Iñigo Carrera, Víctor Kuen, José M. Lemos, Alejandro Mantecón (h), Manuel Meyer González, J.J. Oliveros, Antonio De Tomaso (que después abandonó el socialismo, encabezó el Partido Socialista Independiente y, durante la Década Infame, fue ministro del gobierno del General Agustín P. Justo), Vicente Rosáenz, V. de Armas, P. Goñi, Francisco Cúneo, Luis M. Valiente Noailles, Martín Casaretto (autor, muchos años después, de una historia del movimiento obrero argentino).

[46] Ver actas del 4 de octubre y del 2 de noviembre de 1909.

[47] Ver acta del 15 de febrero de 1910.

[48] Estos juicios se hacían para borrar del padrón a quiénes se habían inscripto indebidamente, por no cumplir alguno de los requisitos fijados por la ley.

[49] Guillermo Udaondo era el presidente del partido Republicano (mitristas) al que la muerte de Emilio Mitre dejó sin candidato para las elecciones presidenciales de 1910. Ante la dificultad para reorganizarse a nivel nacional, un grupo de amigos de Udaondo lanza su candidatura presidencial, en junio de 1909. El partido Republicano se disuelve y los promotores de la candidatura de Udaondo forman la Unión Cívica, en agosto 1909, con apoyo de un comité de la industria y el comercio y de la producción nacional. Pero no puede extender su influencia más que a la Capital y provincia de Buenos Aires por lo que después de su derrota en las elecciones de senador de la Capital en marzo de 1910, denuncia fraude y se abstiene en las elecciones presidenciales del mismo mes y año. (Ver Historia de la Argentina Contemporánea, Vol I. p. 126 y sig.).

[50] La Unión Nacional es la fuerza política formada en junio de 1909 para propiciar la candidatura de Roque Sáenz Peña y que contó con el apoyo de los gobernadores y del presidente Figueroa Alcorta. Triunfa ampliamente en las elecciones de senador por la Capital del 6 de marzo de 1910 y, ya sin rivales, por la abstención de la Unión Cívica Radical y la Unión Cívica, se impone en las de presidente y diputados del 13 de marzo de 1910. (Ver Historia de la Argentina Contemporánea, Vol I. p. 126 y sig.).

[51] El 1º de mayo de 1909 una provocación comienza un feroz ataque, encabezado por el jefe de policía Ramón Falcón, contra el acto anarquista realizado en Plaza Lorea, que deja 8 obreros muertos y 40 heridos. Enterada la manifestación socialista, cuya fotografía ilustra la tapa de este libro, que termina concentrándose en Plaza Colón, rodeada por la policía, el orador por el Comité Ejecutivo, propone la huelga general como repudio de la masacre y reclamo de castigo a los responsables, incluyendo al jefe de policía. La huelga se prolongó hasta el 8 de mayo (la llamada Semana Roja), en medio de las represalias gubernamentales, como clausura de locales obreros y partidarios, patrullaje armado de la ciudad, que no impidió la realización de mitines en los que hay nuevos muertos y muchos detenidos. Finalmente la huelga es levantada con la apertura de los locales y liberación de los presos, pero Falcón permanece como jefe de policía. El 14 de noviembre de 1909 resulta muerto Falcón, por una bomba arrojada por el joven obrero anarquista Simón Radowitsky como represalia por las acciones de la policía durante la Semana Roja. El gobierno impone el estado de sitio en todo el país y «desata una brutal reacción contra el movimiento sindical obrero, anarquista y socialista …» (Marotta, Sebastián: El movimiento sindical argentino, p. 389) deteniendo y deportando a numerosos militantes obreros de distintas tendencias, clausurando locales obreros y cerrando periódicos. Sobre la Semana Roja pueden consultarse además de las ya citadas obras de Oddone y Marotta, Fryedenberg, Julio y Ruffo, Miguel: La Semana Roja de 1909, Bs. As., CEAL, 1992.

[52] Frente a la huelga declarada a partir del 18 de mayo de 1910 por la Federación Obrera Regional Argentina y la Confederación Obrera Regional Argentina, contra la ley de residencia se produjeron ataques de bandas de pitucos y policías contra los periódicos La Protesta (anarquista), La Batalla y Acción Socialista (sindicalista), incendiando y destruyendo sus instalaciones. De nada sirvió la oposición del Partido Socialista a la huelga: los incendiarios asaltaron y destruyeron las oficinas y máquinas de La Vanguardia y robaron su biblioteca. Después se dirigieron al local de México 2070 (sede de la CORA, del Centro Socialista de la 10ª y de varios sindicatos) donde encontraron resistencia a balazos y huyeron, para volver más tarde, amparados por la policía, y destruirlo. Enterados de la resistencia que les esperaba en los barrios obreros de La Boca y Barracas desistieron de su propósito de atacarlos. Hechos similares ocurrieron en La Plata y Rosario. (Ver Marotta, Sebastián; op. cit.). El congreso partidario realizado en 1910 debió celebrarse en la ciudad de Montevideo. (ver Oddone, J.: op. cit.).

[53] Ver Oddone, J.: op. cit.

[54] Weinstein, D. F.: Juan B. Justo y su época, op. cit.

[55] Ver La Vanguardia, septiembre y octubre de 1909.

[56] A la vez, habría que vincular estos ciclos con los que pueden observarse a nivel del sistema capitalista mundial, y que, en principio, recorren lapsos similares.

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