Conceptos básicos. Sociedad

en La Hoja Socialista 21/Novedades

Hoy en día, cuando la pandemia viene a recordarnos que en la vida social no podemos hacer lo que nos venga en gana, conviene repasar y dejar claro qué es y que no es una sociedad. Lo que sigue es una explicación que probablemente no le vaya a gustar a Milei y a Espert, pero a pesar de estos personajes, la vida en sociedad funciona así.

¿Qué es una sociedad? Empecemos mejor por lo que no es. Una sociedad no es la sumatoria de personas. Ni siquiera si esa sumatoria reúne a gente con algunas características comunes. No. Una sociedad es mucho más que una suma. Es, antes que nada, ese conjunto de personas unidas por relaciones. Por relaciones sociales. De modo que el mismo número de personas, incluso, las mismas exactas personas, unidas por relaciones diferentes, da por resultado sociedades diferentes.

Esto no significa que toda la realidad de una sociedad sean las relaciones y no las personas. Eso sería absurdo, porque arrojaría como conclusión que una sociedad humana no se basa en seres humanos. No. Una sociedad es un conjunto de seres humanos organizados según una serie de relaciones, relaciones sociales. No hay, en sentido estricto, sociedades de una persona (como Robinson Crusoe). Los seres humanos no pueden sobrevivir solos, son seres necesariamente sociales.

Si hay algo que significa vivir en sociedad, es que nadie es libre, entendiendo libertad como ejercicio de la voluntad sin límites. No. Si eso es libertad, nadie es libre. La esencia de vivir en sociedad consiste en que uno no hace “lo que le pinta”. Vivir en sociedad significa aceptar límites, los límites que son fijados por esas relaciones en las que cada uno entra con otros seres humanos.

De todos modos, la vida en sociedad no es una simple cárcel. Porque que no se puedan hacer ciertas cosas no quiere decir que no se pueda hacer nada. Algunas sí y otras no. Pero, lo que debe quedar claro es que si no se prohibieran determinado tipo de acciones, la sociedad no podría existir. Ese conjunto de prohibiciones es lo que permite lo no prohibido. En otras palabras, la sociedad prohíbe un conjunto de acciones para permitir otras. La libertad requiere, entonces, de no libertad.

Ahora bien: ¿quién determina cuáles son esas obligaciones y libertades? Esas restricciones y libertades tienen dos orígenes generales distintos. El primero tiene que ver con las posibilidades que ofrece la realidad a una sociedad determinada. O lo que los marxistas llamamos fuerzas productivas. El segundo es el resultado de la acción humana en torno a los intereses relacionados con las fuerzas productivas. El reino de las relaciones sociales y las clases sociales.

¿Qué son las fuerzas productivas? El conjunto de las potencias productivas humanas disponibles en un momento dado de la historia. Incluye tanto los conocimientos productivos (la ciencia, la tecnología) y los elementos materiales en los que ellos se corporizan (las herramientas) como las condiciones de producción (la tierra, por ejemplo) y los portadores activos de dichas potencias (la población).

Cuanto más desarrollada es una sociedad mayor es la magnitud de las fuerzas productivas de la que dispone. Y por lo tanto, mayor es el rango de posibilidades de acción que se puede permitir. Por ejemplo, en las sociedades que identificamos como de la “era de las cavernas” no podían darse el lujo de tener personas que hacen “coaching ontológico”, por ejemplo. Porque una sociedad en la que todo el mundo tiene que estar pensando todo el tiempo qué va a comer, difícilmente pueda tener delincuentes de ese calibre. Para darse tales “gustos”, es necesario que la humanidad tenga xuna capacidad productiva tan elevada que le permita gastar energías en alimentar personas cuya actividad no “produce” nada esencial. De modo que buena parte de lo que se puede o no se puede hacer simplemente lo dicta la realidad material de una sociedad: el grado de desarrollo de las fuerzas productivas.

Sin embargo, lo posible y lo imposible no está determinado sólo por el nivel de las fuerzas productivas sino también por los intereses de las clases que resultan de esas relaciones sociales. Lo que pueda o no pueda hacerse dependerá de los intereses de la clase dominante. Un ejemplo. Vivimos en una sociedad capitalista donde sobran los alimentos y sin embargo los muertos de hambre se cuentan por millones. Sería fácil solucionar el asunto dándole lo que sobra a los que necesitan. Sin embargo, no se puede. ¿Por qué? Porque el alimento es propiedad privada, de modo que sus dueños no van a entregar sus propiedades a cambio de nada. Pero los hambrientos no tienen nada, porque si no, no lo serían. Resultado: la muerte por hambre. De modo que las relaciones sociales son otro límite a la acción posible.

Como lo que quieren los que se benefician de esas relaciones sociales dominantes es explotar a los dominados, las prohibiciones principales son aquellas que impiden a estos últimos sacudirse la dominación o, incluso, hacerla más soportable. Por esa razón, toda sociedad de clase está atravesada por una lucha violenta y permanente, una guerra civil más o menos abierta o más o menos larvada, eso que llamamos, otra vez, lucha de clases. Resumiendo, una sociedad (de clases) es una totalidad humana estructurada por relaciones sociales de producción, dividida por ellas en clases, una de las cuales domina y explota a la otra a los efectos de garantizarse el disfrute de las mayores potencialidades humanas que hace posible el nivel general de las fuerzas productivas alcanzadas. Lo que cada individuo puede o no hacer depende del nivel general de las fuerzas productivas de su sociedad y del lugar que ocupe en las relaciones sociales. En una próxima entrega vamos a explicar que toda sociedad es un edificio social, con una estructura y una superestructura, y luego nos vamos a detener en un tipo particular de sociedad, la capitalista.

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