3J: Ni una muerta más

en Novedades/Trece Rosas

Compañeras, una vez más nos encontramos en las plazas de todo el país para gritar que no queremos más violencia patriarcal y machista en nuestras vidas. Desde esa histórica concentración del 2015 frente al Congreso, en la que millones de mujeres nos reunimos para exigirle al gobierno de Cristina Kirchner que no íbamos a tolerar una muerta más, los 3 de junio han pasado a ser una fecha estable del calendario feminista. A lo largo de estos cinco años, vimos como las movilizaciones de mujeres se convirtieron en actividades masivas, que en un principio no tenían una dirección clara, pero con el triunfo de Macri en las urnas, el Kirchnerismo rápidamente hizo pie en el movimiento de mujeres y tomo la batuta de las asambleas, documentos y organización en general.

En la actualidad, algunas cosas cambiaron. El kircherismo volvió a ser gobierno y ya no le interesa impulsar ningún tipo de acción que pueda molestar a Alberto y a Cristina, sus “feministas” más famosas apoyan un proyecto de legalización del aborto que nadie conoce y firman cartas, en nombre del movimiento feminista, apoyando la reestructuración de la deuda. La izquierda quedó sola en las asambleas y calles, pero organiza acciones según lo que hagan las K y no con una estrategia propia. Y como frutilla del postre, nos encontramos atravesando una pandemia mundial y, por el momento, la única forma de enfrentarla es respetando el aislamiento social preventivo y obligatorio.

Ahora bien, lo que no cambió es la violencia contra las mujeres. Al día de hoy, son miles de mujeres las que se encuentran en peligro en sus propios domicilios junto con sus hijos. Solo basta tener en cuenta que, incluso en tiempos normales, el actuar de la justicia es ineficiente en todo sentido y muchas personas teniendo denuncias hechas e incluso ordenes de restricción, permanecen en sus casas impunemente y siguen dañando a sus víctimas hasta llevarlas a la muerte. Debemos visibilizar esta realidad y exigir que sean garantizadas las condiciones de vida necesarias para que ninguna mujer corra doble peligro de muerte: una por el Covid-19 y otra por la violencia patriarcal. Queremos soluciones reales, basta de reforzar líneas telefónicas e imitar dispositivos como el barbijo rojo que no funcionó en ninguna parte del mundo. Es necesario exigir una lucha sistemática contra la violencia de género, primero desde el conocimiento: nadie sabe cuántas son realmente. Exigimos una “CONADEP” para que estudie el fenómeno y pueda ofrecernos una idea de su magnitud real. Queremos educación contra el sexismo y la violencia de género desde la infancia. Queremos un fuero especial para la resolución rápida de los casos. Un sistema de alerta y búsqueda temprana de las mujeres desaparecidas y una policía especialmente dedicada al tema.

A su vez, las obreras seguimos trabajando en cuarentena. Todas las que forman parte de las actividades esenciales como las que se quedan en casa haciendo teletrabajo, hacen malabares para cumplir con un trabajo que se volvió más intenso y seguir sosteniendo actividades de cuidado y organización del hogar. Pero también están las que no comen si no salen: aquellas que están en negro o desocupadas.

Muchas de ellas son las compañeras en situación de prostitución, en donde está en juego la subordinación del cuerpo femenino que se expone directamente a la violencia machista y al poder patriarcal. El movimiento feminista tiene la responsabilidad de exigir a la burguesía una solución más amplia: el problema central es la desocupación, por eso la prostitución de las mujeres obreras no se va a eliminar presentando proyectos. La lucha por la abolición de la prostitución tiene que superar el abolicionismo formal; debemos lograr la sanción del prostituyente, a la vez que exigir un subsidio general a la desocupación igual a dos canastas básicas para todas las mujeres obreras desocupadas. Las abolicionistas tenemos que convocar a las compañeras a organizarse para que las mujeres más pobres dejen de ser la prenda de cambio de las limosnas de los proxenetas.

Por último, en una sociedad como la nuestra, capitalista y patriarcal, la reproducción social de la vida es una responsabilidad individual que cae sobre los  hombros de las mujeres. A su vez, son las responsables de no solo de traer esa vida al mundo sino también de las tareas de cuidado. Mientras vivamos en ésta sociedad capitalista y patriarcal, que se lava las manos frente a un problema fundamental como es el de la reproducción social y lo deja como una responsabilidad individual de las mujeres, nosotras somos quienes decidimos si queremos hacernos cargo o no de llevar adelante esa tarea. Las muertes por abortos clandestinos son un crimen social perpetrado cotidianamente por el Estado contra las mujeres obreras. Para un estado burgués no legalizar el aborto no significa que no se realice. Las que cuentan con los medios económicos lo llevan a cabo en condiciones médicas seguras. Las otras nos exponemos a morir. Por eso no alcanza con la legalización, queremos que el proyecto de la Campaña, el del movimiento de mujeres, se convierta en ley. Por su carácter de voluntario y gratuito.

El 3J como todas las luchas feministas no son simples fechas conmemorativas, sino que se encuentran más vigentes que nunca. Si el patriarcado no entra en cuarentena y frente a la crisis profundiza sus síntomas, las mujeres salimos a gritar que:

  • El sujeto del feminismo somos las mujeres.
  • No queremos ni una muerta más por violencia patriarcal y machista.
  • Aborto legal, libre, seguro y gratuito.
  • ESI laica, científica, feminista y abolicionista.
  • Sanción para el cliente y el proxeneta.
  • Un subsidio para toda la desocupación igual a dos canastas básicas.
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