Son todos chorros

A comienzos del mes de agosto estalló un escándalo de negociados, coimas y matufias varias que mostró la verdadera cara de la clase que gobierna este país, la burguesía argentina, tanto desde el empresariado como de sus representantes políticos. Todo comenzó con algo que parecía menor, unos cuadernos marca Gloria garabateados en lapicera, de esos que muchos de nosotros usamos alguna vez en la escuela. Pero lo que allí estaba escrito fue revelador.

Comencemos repasando algunos nombres. Los cuadernos contenían anotaciones de Oscar Centeno, chofer de Roberto Baratta. Este último fue, durante el kirchnerismo, la mano derecha de De Vido, ex ministro de Planificación de Néstor y Cristina. Su tarea, revelaron los Gloria, era repartir bolsos con dineros de coimas que las empresas constructoras pagaban para que el Estado les adjudicara obras. ¿De cuánta plata estamos hablando? Unos 160 millones de dólares entre 2005 y 2015, plena “década ganada”. Ya sabemos quiénes son los que ganaron…

El lector puede pensar que se trata de un caso más de corrupción, de los que el país está plagado. Pero hay una serie de datos que muestran que estamos ante un verdadero salto de calidad. No se trata de empresarios de poca monta, como Lázaro Báez, que recorrieron en poco tiempo el camino de mendigos a príncipes. Todo lo contrario. Lo que este caso mostró es el involucramiento del empresariado de la gran obra pública.

Pensemos en las dos empresas que aparecieron públicamente apenas se desató el escándalo: Electroingeniería e IECSA. La primera, tenía una larga trayectoria en la construcción y mantenimiento de obras en Córdoba y luego, de la mano de Néstor, en el Estado nacional. IECSA, por su parte, era la firma de Macri, ni más ni menos (que luego le vendió a su primo… linda familia). Curiosamente, es una empresa que se benefició con muchos contratos durante el kirchnerismo (¿vio que no son distintos?). Y con la figura del arrepentido, ya están asomando otras tantas firmas que le sonaran bastante: Roggio, Techint, Supercemento, etc. Son los grandes popes de la construcción.

¿Qué nos enseñan, en definitiva, los cuadernos? Que nos gobiernan unos parásitos. Los políticos, que están todos enchastrados por las coimas, desde la presidencia hasta la intendencia más recóndita, desde Cambiemos al massismo, pasando por el kirchnerismo y tutti quanti. Porque el negocio de la construcción funciona así, con coimas. Todos ellos metieron la mano en nuestros bolsillos. También el empresariado que no solo nos explota, sino que nos vuelve a robar con sobreprecios que salen de las arcas del Estado. Otra vez, de nuestro bolsillo. Y también el poder judicial, que se le pasó todo este robo monumental que duró años y años. En definitiva, lo que queda claro es la inutilidad de la clase social que está detrás de todos ellos, la burguesía. Una clase explotadora y chorra. Ese es el verdadero rostro de la “burguesía nacional”.

¿Y que tenemos que hacer? Primero que nada, movilizarnos para que la crisis avance y se lleve puesto a todos. Todos los culpables se tienen que ir y tienen que quedar tras las rejas. De Cristina a Macri. Que se vayan todos. Necesitamos una investigación a fondo, que no puede ser hecha por quienes participaron del robo. Hay que averiguar por qué no se hicieron las obras inconclusas y cuántos fueron los sobreprecios de las que sí. Hay que abrir los libros de las empresas. Toda empresa encontrada culpable debe ser expropiada.

Hacen falta miles de obras públicas en todo el país. Los pueblos, los barrios se inundan. Poblaciones enteras no tienen gas. No hay rutas, faltan hospitales y estamos en una emergencia habitacional, con millones de argentinos viviendo en villas miserias o directamente en la calle. Esto pasa mientras las empresas amasan fortunas con la plata de todos estos perjudicados. Las tienen que administrar los trabajadores, para realizar un plan de obras públicas que realmente solucione los problemas de la población. La burguesía mostró su inutilidad, es hora que tomemos las riendas nosotros, los laburantes.

 

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