Sacrificio de posiciones. La guerra comercial entre Estados Unidos y China


Nadia Bustos y Benjamín Yecora
Grupo de Análisis Internacional – CEICS

Las noticias sobre la imposición de tarifas a la importación de productos chinos recorrieron las prensas del mundo y dividió aguas al interior de la burguesía norteamericana. En este contexto, Trump se acomodó entre ganadores y perdedores para desarrollar su estrategia en etapas.

Primero, apostó persuadir a Xi Jinping para que aumente las compras de productos estadounidenses (fundamentalmente soja), elimine los beneficios a las empresas estatales y los requisitos para que las compañías extranjeras compartan información sobre la tecnología utilizada. El presidente chino se negó casi sin pensarlo, no había nada para ganar con ese acuerdo.

En consecuencia, Trump impuso a principios de junio un impuesto del 25% al ingreso de acero y aluminio chino al mercado norteamericano. En paralelo, lanzó una serie de propuestas para competir con la inversión china en el Indo-Pacífico, basada en la inversión privada estadounidense. Para ello, se sancionó la Ley de Construcción que establece una nueva corporación de financiación para que la industria privada financie obras de infraestructura en los países en desarrollo.

A principios de agosto, avanzó con extender el alcance de la medida arancelaria hacia otros productos, tales como metales, lubricantes, químicos y dispositivos electrónicos. Es decir, la mitad de los productos importados desde el país asiático. A esto se sumó la implementación de la ley FIRRMA de regulación de la inversión extranjera en Estados Unidos.

Esta vez, la burguesía china no se quedó de brazos cruzados: impuso aranceles del 25% para la importación de soja, carne de res, carbón, nafta, autos, motos y equipo médico. A su vez, postergó la aceptación de solicitudes de licencias de compañías estadounidenses en servicios financieros y otras industrias. En particular, se trata de industrias que Bejing había permitido abrir a competidores extranjeros.

La lista de afectados aumentó con el paso de los días. La primera en poner el grito en el cielo fue la burguesía agraria norteamericana, en particular, los productores de soja y carne de cerdo, quienes tendrán un encarecimiento de las exportaciones hacia su mercado más grande.

Estados Unidos tiene otras exportaciones importantes hacia China, entre ellas: motores de aeronaves y aviones (10% del total), autos (8,5%), circuitos integrados (5,7%), Productos farmacéuticos (9%). Por eso no es de extrañar, que una de las principales oposiciones venga de la Cámara de Comercio, la cual encabezó una ofensiva dentro del partido republicano, mediante la creación del grupo de lobby Defending Democracy Together con importantes aportes del dueño de eBay, Pierre Odmiyar.

El conflicto también tocó las puertas del fabricante de aeronaves Boeing. Si bien China eliminó las aeronaves de la lista de aranceles, la empresa tiene que competir con Airbus (Francia) por los contratos chinos. Si China beneficia a Airbus, podría haber más divisiones entre la Unión Europea y Trump.

A ellos se sumaron los hermanos Koch, dueños de Koch Industries, la segunda compañía privada más grande de los EE.UU. y los aportantes financieros más importantes del partido republicano. Los Koch catapultaron una cantidad importante de candidatos propios en todos los niveles de la administración y prácticamente tenían poder de veto en el partido durante los años de Obama. También hubo quejas de National Associations of Manufacturers, National Retail Federation, Consumer Technology Association, Freedom Partners (grupo de lobby conservador).

Esta oposición tuvo su correlato dentro del partido. Los senadores Bob Corker, Pat Toomey, Jeff Flake y Ben Sasse; Kevin Brady, el Presidente del comité de Medios y Arbitrios de la Cámara; Orein Hatch, Presidente del Comité de Finanzas del Senado; el líder de la mayoría del Senado, Mitch Mc Connel; Mitt Romney, ex-candidato republicano para la presidencia, y el portavoz de la cámara, Paul Ryan, intentaron encabezar la ofensiva. Sin embargo, el único esfuerzo conjunto fue la aprobación de un proyecto de ley no vinculante que otorga al Congreso más poder sobre las sanciones comerciales en pos de la seguridad nacional. Es decir, no pasó más que de una oposición discursiva.

Se podría haber esperado una mayor resistencia de los gobernadores de los Estados afectados, como Missouri, Illinois, Kansas, Nebraska, entre otros. Sin embargo, Trump buscó disciplinar a la tropa con la sanción de la Ley Agrícola, la cual combina el apoyo federal para los agricultores, incluido el seguro de cosechas e indemnizaciones si los precios de las materias primas o los ingresos caen por debajo de los niveles establecidos. Sumado a esto, renegoció los acuerdos de libre comercio con México, mientras impulsa nuevas producciones, como el acero, aluminio, carbón, níquel, cobre y cobalto.

Existen otros beneficiarios de estas medidas, como las automotrices. En particular, porque encarece la importación de autos eléctricos, los cuales aún no son producidos en el territorio nacional. Por otro lado, el acuerdo de libre comercio con México establece que el 75% del “contenido automático” (partes e instalaciones) debe realizarse dentro de los Estados Unidos o México y por trabajadores que ganen más de $16 USD por hora. Según el Departamento de Trabajo, el salario promedio por hora para un trabajador automotriz estadounidense es más de $22 USD por hora, mientras que en México, el promedio es de menos de $3.50 USD por horai.

En suma, Trump parece tener a la tropa bajo control. En el fondo, su política no es algo extraño en el partido, sino la expresión de una tendencia existente: una fracción que ve con buenos ojos la protección de la industria nacional. Este viraje puede verse a partir del endurecimiento de las posiciones del partido en torno a China de los últimos añosii. Sin embargo, lo que vimos hasta ahora no es más que la punta del iceberg. La guerra comercial tiene un trasfondo mayor que debe ser rastreado en el país asiático. 

Sustitución de importaciones a la asiática 

En varias notas explicamos el proceso de desaceleramiento chinoiii y en especial el agotamiento del modelo basado en las ventajas de tener una mano de obra barata. El ascenso salarial, producto del envejecimiento de la población, la incipiente organización del movimiento obrero chino y el surgimiento de otros países con costos laborales más bajos, obligaron a la burguesía china a tomar cartas en el asunto.

El desarrollo capitalista chino viene amenazando con lanzarse a una conquista más agresiva del mercado mundial. Hasta el momento, venía horadando el dominio norteamericano en forma más bien progresiva, pero manteniendo una relación de complementariedad. La pregunta era en qué momento iban a romper con esos acuerdos. Parece que es el momento. Sobre todo, porque el capitalismo chino tiene una ventaja adicional: la capacidad del Estado de ordenar un rumbo.

En el año 2015, el gobierno chino lanzó el programa Made in China 2025.iv Se trata de la primera parte de un proyecto de desarrollo que constará de tres etapas y se propone ser concretado en 2049. El objetivo principal reside en alcanzar el liderazgo en la producción industrial mundial antes del centenario de la República Popular China. Para ello se proponen desarrollar sectores industriales estratégicos, y pone especial énfasis en la innovación tecnológica. El problema aparece de forma muy clara si observamos la composición de las importaciones: las categorías que más peso tienen son productos eléctricos y mecánicos, junto con productos de alta y nueva tecnología.v A modo de ejemplo: existe una diferencia de 10 veces en la escala operativa entre la SMICvi (la compañía de la rama más grande de China) y las empresas líderes mundiales.

Uno de los aspectos de la dependencia tecnológica reside en los semiconductores, comúnmente conocidos como “microchips”, cuya mayor utilización es para teléfonos celulares y computadoras. La dependencia del exterior y en particular de EE. UU. se expresa en que el 84% de los semiconductores son importados. En 2017 China gastó 260 mil millones de dólares en este rubro, una cifra mucho mayor que el gasto en importaciones de petróleo crudo. A esto hay que sumar la utilización de internet en diferentes dispositivos de consumo masivo en el mercado chino, así como también en la producción de dispositivos electrónicos a nivel global: 40% de las ventas globales de smartphones, PCs, notebooks, tablets, corresponden al país asiático.vii

El diagnóstico realizado por el Consejo de Estado, en el documento del plan de desarrollo, sostiene que China debe modificar la cualidad del crecimiento, a través de aumentar la capacidad productiva del trabajo. Es decir, dar lugar a un crecimiento vía expansión de la plusvalía relativa. Las áreas que pretende desarrollar son: robótica, tecnologías de la información, autos de ahorro energético, bio-fármacos, dispositivos médicos de alta tecnología, equipamiento marítimo y barcos de alta tecnología, equipamiento energético (hídrico y nuclear), nuevos materiales (acero, materiales de construcción), maquinaria agrícola, equipamientos de aviación y aeroespacial y transporte ferroviarioviii.

Otro aspecto de este proyecto es la producción de robots para la automatización de la producción industrial. El año pasado, el número de robots industriales vendidos de fabricación China aumentó un 58% según estadísticas del gobierno. La automatización está retrasada respecto de otros países, ya que China tiene 68 robots cada 10 mil trabajadores industriales, mientras Corea del Sur tiene 631 robots cada 10 mil obreros industriales, el principal líder global en automatización. Singapur, Alemania y Japón, todos tienen mayor densidad de automatización que China. Para 2020 pretenden aumentar dicha densidad a 150 robots cada 10 mil obreros. Para lograr este objetivo, entre 2015 y 2018 el gobierno provincial de Guandong dio 943 mil millones de yuanes en subsidios a los industriales locales. En palabras de Ren Yutong, presidente ejecutivo de la Asociación de Robótica de Guangdong “China es la fábrica del mundo, y todavía hay millones de fabricantes que dependen de métodos tradicionales trabajo-intensivo”. Para que el gigante asiático mantenga su primer puesto como exportador mundial afirma que “cada fabricante chino tiene que empezar a reemplazar trabajo humano por robots debido a los crecientes costos de mano de obra y el envejecimiento de la población”.ix Si bien la posibilidad de automatizar toda la actividad industrial, y de producir localmente esos robots, no es algo que se logra de un día para el otro, China avanza en esa dirección.

En suma, hay una fracción de la burguesía que está reclamando una política más agresiva de protección con el objetivo de alcanzar la productividad media de la rama. De esta manera, los capitales vinculados a la producción de tecnología de punta salen beneficiados del financiamiento estatal y la promoción tarifaria. Sin embargo, los capitales que dependen de estos bienes intermedios para producir verán encarecer los costos. A pesar de ello, de lograrse el ambicioso plan, ubicará al gigante asiático en el lugar de potencia hegemónica dentro de unos pocos años. 

Un nuevo orden 

La pérdida de uno de los principales mercados de exportación, tanto para el caso chino como estadounidense, está llevando hacia una reconfiguración de las alianzas internacionales. China ya empezó con la búsqueda de nuevos mercados y la Unión Europea aparece como socio potencial. La UE es un destino importante, tanto de mercancías chinas, como también de capitales. A modo de ejemplo, en la primera mitad de 2018 el valor de las inversiones chinas en Europa fue de 22 mil millones de dólares, mientras que en EEUU fueron de 2,5 mil millones de dólares.

Sumado a esto, Alemania es uno de los principales afectados por las tarifas de Trump al acero, aluminio y automóviles. En términos de política internacional, China y Alemania comparten, además, el repudio al retiro de Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán y la posterior imposición de sanciones. Esto era un problema para Alemania y Francia, dado que varios de sus capitales tienen inversiones en suelo iraní. En particular, los afectados son: automotrices, bancos, líneas aéreas y compañías de energíax. Es por este motivo que se sumaron a la estrategia chino-rusa de continuar con el acuerdo nuclear.

Estos elementos parecen indicar que podríamos esperar un acercamiento entre China y la UE. Sin embargo, todavía existen ciertos problemas que obligan a mantener la distancia. En primer lugar, la UE quiere proyectarse como potencia mundial. Para ello está buscando unificar las fronteras dentro de la comunidad de países y centralizar la toma de decisionesxi. La segunda arista del problema chino es que Alemania quiere la igualdad de condiciones para todos los capitales y difícilmente en Bejing estarán dispuestos a llevarlo adelante.

Hay un elemento que impide a Alemania moverse en esta dirección y es la falta de resolución del problema de Reino Unido. Jean-Claude Juncker, Presidente de la Comisión Europea, quiere un Brexit duro, que no le permita a Reino Unido conservar el mercado europeo una vez que se efectivice la salida de la UE en marzo. Mientras tanto, las cámaras patronales alemanas se inclinan por un Brexit “suave”, es decir, manteniendo los acuerdos de comercio entre Reino Unido y el resto de la UE. Esta preocupación viene en particular de la Cámara de Comercio e Industria de Alemania (DIHK), que quiere tener al Reino Unido bajo control para que no dispute el mercado automotriz estadounidense. Estas preocupaciones tienen una base real: Trump declaró en varias oportunidades que se podría llegar a un gran acuerdo de libre comercio una vez que Gran Bretaña abandone la UE. Es decir, si Trump se propone obstaculizar el crecimiento alemán, podría haber una nueva alianza en ciernes.

Otro jugador a tener en cuenta en este mapa es Rusia. Este país tiene una alianza sólida con China y comparte el interés en el acercamiento a la UE. En particular, con Alemania, ya que provee el 40% del gas natural de este país y tiene proyectado construir una nueva tubería que conecte directamente ambos países sin pasar por Ucrania.xii En una reunión reciente entre Putin y Merkel, el presidente ruso pidió ayuda a Alemania para reconstruir la infraestructura siria y permitir el retorno de los refugiados. Es decir, que se conviertan en un aliado más de este bando.

A este panorama hay que agregar que la relación con China se afianza cada vez más. El volumen de comercio entre Rusia y China alcanzó los 84 mil millones de dólares, en comparación con los 50 mil millones de dólares en el comercio entre Rusia y su segundo socio, Alemania. Rusia se convirtió, además, en el principal proveedor de petróleo de China en 2017. También proyectan completar a fines de este año la construcción de un nuevo gasoducto y, a partir de diciembre de 2019, Gazprom suministrará a CNPC (China National Petroleum Corporation) 38 mil millones de metros cúbicos de gas natural por año durante 30 años. China se está convirtiendo, además, en uno de los mayores inversores extranjeros directos de Rusia.

India aparece como un nuevo socio potencial para esta alianza, algo que Rusia viene intentando desde 2003 sin mucho éxito. Hasta el momento, lograron que los tres países establezcan consultas periódicas sobre cuestiones de Asia y el Pacífico y la participara en ejercicios militares antiterroristas en Rusia junto con Pakistán. India y Pakistán también se incorporaron a la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), una alianza para la cooperación en materia de seguridad y comercio.

Estados Unidos está metiendo presión para evitar esta alianza por distintas vías. El 21 de septiembre, la administración norteamericana sancionó a China por comprar aviones militares y misiles tierra-aire rusos. Estas compras habían sido afectadas por una ley de 2017, que condenaba la ocupación rusa a Crimea. También presionó a India para que no firme acuerdos de compra de armas a Moscú y lo haga con productores estadounidenses. A cambio, ofreció un acuerdo que le permite a India recibir equipos de comunicaciones de grado militar de los Estados Unidos, la expansión de las investigaciones vinculadas a la inteligencia artificial.

La consolidación del bloque chino-ruso tensó las relaciones entre Trump y Putin. A principios de agosto, Estados Unidos impuso nuevas sanciones sobre Rusia por la participación en el intento de asesinato del ex espía ruso Sergei Skripal y su hija. Las sanciones afectan a aquellos artículos que Estados Unidos exporta a Rusia, que podrían tener usos militares, las llamadas tecnologías de “doble uso” y Trump ya está recibiendo las quejas de varios republicanos que buscan aumentarlas. Estados Unidos también está tratando alejar a Corea del Norte de la órbita de Beijing. Para ello se llevaron adelante varias reuniones de negociaciones, donde se acordó reabrir la zona económica especial de Kaesong y recibir capitales surcoreanos. China no se quedó atrás esta disputa. Junto con el acercamiento a India, exploró acuerdos con Corea del Sur y Japón, sumados a los ya establecidos a través del plan Belt and Road.

Perspectivas 

China pasó a la ofensiva y cuenta con una alianza sólida con Rusia para disputar la hegemonía norteamericana a nivel mundial. En este contexto, la guerra comercial sirve de intento para recuperar esa posición, mientras impulsa un cambio en alianzas históricas. Alemania aparece como una potencia emergente con grandes posibilidades de tomar la delantera. Para ello, debe organizar el frente interno, disciplinando a los estados díscolos y logrando una unidad mayor al interior de la UE. Esto demandará poner a Reino Unido de su lado. A la vez, si el proteccionismo avanza, podemos acercarnos hacia una crisis de sobreproducción. Una variable que la burguesía china ya está contemplando en el futuro. Esto tendrá su correlato en el plano militar, ya que los conflictos militares también irán en ascenso. La región de la India e Irán, será, probablemente, uno de los escenarios más conflictivos.


Notas

ihttps://wapo.st/2ycTnSQ

iihttps://bit.ly/2IK1quo

iii https://bit.ly/2OdJVIV

ivhttps://bit.ly/2RAweSu

vhttps://bit.ly/2OPJmVo

vi Corporación Internacional de Fabricación de Semiconductores

viihttps://bit.ly/2PsId3f

viiihttps://bit.ly/2RAweSu

ixhttps://bit.ly/2QEWFWx

xhttps://bit.ly/2QCjKIF

xihttps://bit.ly/2yq2zm5

xii El proyecto Nord Stream 2 está proyectado para enviar gas natural desde Bovanenkovo en Rusia, hasta la costa alemana. Se estima que el proyecto estará finalizado para el año que viene, y suplirá los envíos de gas a través de Crimea.

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