Ni Macri se anima a tanto: el embate contra las cátedras paralelas en Historia

En la reunión de Junta del Departamento de Historia del 19/9 se trataron dos temas relacionados con las cátedras paralelas: el llamado a concurso de un cargo de Adjunto para Historia Argentina III y la creación de la cátedra paralela de Historia Contemporánea, a cargo de Mariano Rodríguez Otero.

Hace unos meses, el Departamento de Historia lanzó el llamado a concurso para Historia Argentina III omitiendo indicar el cargo de qué cátedra se llamaba a concursar. Dado que hay dos cátedras y dos adjuntos, o sea dos cargos, se desconoce cuál de ellos es el que se quiere concursar. Si existen dos cargos y se abre un concurso en el que los dos docentes en actividad deben competir entre sí no hay que ser muy sagaz para ver cómo se implementa el ajuste.  Y de paso, si se puede se borra del mapa una cátedra paralela. Frente a ello, fue presentada una carta impugnando este llamado porque no respeta la reglamentación y la jurisprudencia judicial acerca de los concursos, que indican que debe aclararse la cátedra cuyo cargo está siendo concursado y el nombre del docente interino afectado por el concurso.

En su embestida contra las cátedras paralelas, la dirección del Departamento (Marcelo Campagno y Sergio Galiana) comenzaron a instalar la idea de que las cátedras paralelas no son cátedras sino, en el peor de los casos un simple curso y, en el mejor de ellos, un “desdoblamiento” de una materia, reduciendo todo el asunto a una cuestión organizativa. Con esto se oculta que las paralelas son una conquista del movimiento universitario por la democratización de la carrera para que existan programas diferentes para una misma materia, permitiendo una oferta plural de abordajes para que los  estudiantes elijan.

En la reunión del 19, Eduardo Sartelli, adjunto de la cátedra B, presentó una carta (que copiamos más adelante) denunciando esta posición de las autoridades del Departamento, avaladas por parte de la Junta, junto con la maniobra del concurso y el ataque a las paralelas como parte de un plan de ajuste.

Luego de leer la carta, una docente de la misma cátedra intervino denunciando las irregularidades del llamado a concurso y que el Departamento no podía desconocer la existencia de una cátedra que fue creada por resolución del Consejo Directivo de la Facultad. Galiana tomó la palabra para exponer la posición del Departamento con honestidad brutal. En defensa de la forma en que fue llamado el concurso (sin aclaración de la cátedra), Galiana expuso su particular visión acerca de que las cátedras paralelas no son cátedras. En más, explicó que para el Departamento las cátedras no existen… Según él, en realidad el Consejo Directivo no creó cátedras, sino que reorganizó las materias. Los docentes no serían docentes de una cátedra, porque ellas no existen, sino del Departamento. Más grave aun fue que Galiana dijo que en el concurso para Adjunto de Argentina III no podía especificar cuál de los dos cargos se concursaban porque, según él, esos cargos literalmente “no existen”. Según Galiana al no existir  una renta constituida para esos cargos, los mismos no existen. Es decir, como no hay rentas legítimas y los compañeros cobran rentas precarias, sus cargos no existirían. Esto equivale a decirle a cualquier trabajador contratado o precarizado del Estado que su empleo no existe, solo porque no se le ha pagado en blanco hasta ahora. Ni Macri se anima a tanto.

La primera batalla del Departamento contra las cátedras paralelas consiste en negarles su entidad de cátedras. Esto quedó más claro aun cuando se trató el caso de la cátedra presentada por Rodríguez Otero. Allí Campagno forzó a que se votara que  se trataba de  un desdoblamiento y no de una nueva cátedra. Por supuesto, no se trata de una cuestión semántica, sino de negar el contenido político de la existencia de cátedras  paralelas: un programa distinto basado en un enfoque teórico diferente.

La defensa de las cátedras paralelas contra este ataque es la defensa del movimiento por la democratización universitaria, movimiento que aún tiene pendiente varias conquistas como la discusión del plan de estudios de la carrera, la elección directa por voto unipersonal,  la regularización de todos los docentes y la aplicación del Convenio Colectivo de Trabajo, entre otras.

Llamamos a toda la comunidad a defender las cátedras paralelas contra los intentos de ajuste y de eliminación de las conquistas históricas del movimiento estudiantil y docente.

-Por el reconocimiento de las cátedras paralelas.

-Por la regularización en sus cargos de todos los docentes interinos mediante la aplicación plena de nuestro Convenio Colectivo de Trabajo

-Por la reforma asamblearia del plan de estudios

-Por la elección directa del Director de la carrera

Buenos Aires, 20/09/2016

Razón y Revolución


CARTA DE EDUARDO SARTELLI A LA JUNTA DE HISTORIA (19/9/16)

Buenos Aires, 19/09/2016

Sres/as. miembros de la Junta Departamental de la Carrera de Historia

Lamentando no poder estar presente en la reunión de esta tarde, por razones personales, me hago presente a través de ésta para refutar los dichos de miembros de la conducción del Departamento acerca de la naturaleza de la cátedra que presido.

En efecto, según llegó a mi conocimiento, el secretario del Departamento habría señalado que Historia Argentina III b no sería una cátedra paralela, sino el desdoblamiento o un curso especial de la cátedra Historia Argentina III. El dato es falso. Ninguna documentación hace ninguna alusión a tal naturaleza. Todo lo contrario, todas las comunicaciones que me han llegado desde el decanato de la Facultad, se dirigen a mí como la persona a cargo de la CÁTEDRA Historia Argentina III B (Sartelli), desde su misma creación. Eso ocurre así incluso con las designaciones del personal docente auxiliar. Por otro lado, a nadie escapa que la cátedra surgió como parte del proceso de lucha por las cátedras paralelas, de modo que pretender desvirtuar la realidad esconde una política contraria a dicho proceso.

Las cátedras paralelas surgieron en la carrera de Historia como parte de una revolución abortada, que incluía no solo nuevas perspectivas en el dictado de las materias y una renovación del personal docente, sino la transformación completa de la carrera y de su forma de gobierno. Ese proceso es el que llevó al intento de elegir las autoridades en asamblea sin distinción de claustros y al gobierno del departamento mediante el mecanismo asambleario. Esa transformación política era el marco necesario para encarar una profunda reforma de la carrera que resolviera problemas “históricos”: el atraso en la estructura, la carencia de formación científica y los obstáculos a la inserción laboral.

La estructura de la carrera de Historia es una de las más sencillas de toda la Facultad. Carece de todo tipo de especializaciones y ofrece una formación extremadamente pobre. El resultado es la continuidad de la estructura que heredamos de la dictadura. Es cierto que a una estructura asentada sobre todo en un “relato” político (la historia de los grandes hombres, los reyes y los presidentes) se le opuso otro “relato”, uno de tipo pretendidamente “social”. Pero ello no impidió que la carrera fuera un gran relato, que el alumno tiene que memorizar y escupir en los finales. El resultado es un egresado que no sabe nada: si quiere dedicarse a historia económica no tiene formación en economía; si quiere dedicarse a historia de la cultura, carece de toda preparación en semiología; y así con todo. La consecuencia de esta aberración la vemos en la aparición de ofertas que son mucho más atractivas para todo aquel que quiera pensar: sociología, ciencias políticas, letras, historia del arte, comunicación, antropología, cualquiera de esas disciplinas acerca al estudiante mucho más que la pobre carrera de historia. Mientras la historiografía mundial, de Annales a esta parte, ha revolucionado los contenidos de la investigación histórica, la carrera de historia se los ha entregado en bandeja a sus competidores.

En conclusión, han transformado la carrera en un profesorado malo. Malo porque es excesivamente largo como profesorado, porque no tiene ninguna composición pedagógica razonable y porque no se preocupa por validar un título que será calificado en las juntas de clasificación docente con la misma puntuación que el otorgado por un profesorado polirubro, que en tres años habilita a dictar tres o cuatro materias. En lugar de ofrecer un título competitivo y valorado, la conducción del departamento se preocupa por distribuir las migajas de una torta menguante en un conjunto que no hace más que crecer. Se impone, por lo tanto, una carnicería entre compañeros, una lucha feroz por casi nada.

Muy a pesar suyo, la carrera ha producido un material humano capaz de resolver ese problema y otros como el mencionado más arriba: abundan los historiadores de la economía, de la cultura, de las clases sociales, etc., etc. Bastaría con desplegar las especialidades necesarias. Dicho de otro modo, existe la necesidad y existe el material para resolverla. Frente a ello, ¿qué hace la actual conducción del Departamento? En lugar de retener ese material humano indispensable, lo expulsa. Declara que no hay “plata” y que muchos deben abandonar el barco, escudándose en el mecanismo más antidemocrático que se conoce, el “concurso”, en momentos en que la lucha gremial ha logrado poner sobre la mesa el problema de la carrera docente. Es obvio que quienes conciben el trabajo universitario desde una perspectiva neoliberal (no existe ninguna seguridad laboral que valga, no hay derechos adquiridos tras una vida de trabajo, etc., etc.) acusarán a quien esto escribe de querer eludir el concurso. A esos les recuerdo que debo ser uno de los docentes más “concursados” de la carrera, sino de la Facultad, casi siempre con jurados adversos y en contextos políticos desfavorables. No sé si todos los que se llenan la boca con el verso del “concurso” pueden decir lo mismo…

La peculiaridad de esta administración es la preparación de la expulsión antes del “concurso”: hay dos cátedras, debe quedar una. No importa aquí quién gana (aunque dados los mecanismos propios del “concurso” ya imaginamos el resultado), lo importante es que las cifras cuadren y que se gaste la mitad. Que ello profundice la crisis que arrastra la carrera, no importa: el barco se hunde, a tirar gente por la borda. Sorprende la similitud con la política dominante hoy en el país. No demos más vueltas: esto que Uds. hacen se llama AJUSTE. Tengan la honestidad de decirlo abiertamente en lugar de buscar subterfugios. Es más: dejen de hablar de democracia, ejercítenla. Sometan su política a un plebiscito. Un plebiscito abierto, sin distinción de claustros. Ahí, al margen de un sistema de representación feudal, de cara a los estudiantes y docentes, expliquen el ajuste que proponen y sométanse luego a los resultados de ese “concurso”.

Mientras tanto, hagan honor a la verdad: Historia Argentina III b es un cátedra paralela, no un desdoblamiento ni un curso. Repito entonces, que el concurso llamado sin indicación de cátedra carece de toda validez y esconde una política de ajuste.

Atte.

Eduardo Sartelli

Historia Argentina III B

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