Mary Sánchez, burócrata carnera – Por Romina De Luca

Sobre la defensa macartista del Plan Fines II

Por Romina De Luca (GES-CEICS)

Mary Sánchez salió al cruce de nuestras críticas contra el Plan Fines II. No vamos a responder descalificaciones individuales o sus juicios “morales”, acción típica de quien mata al cartero por el mensaje. Con un macartismo admirable, afirmó que las críticas eran de un sector minoritario de izquierda, prejuicioso, mentiroso, aliado con la sociedad rural. De muestra basta un botón. Frente al cuestionamiento de uso político-partidario K que se hace de las sedes en el Plan Fines, respondió “que pongan una en el PO si quieren”. Como si ese fuera el meollo de la cuestión. Se nota que entiende poco del cuestionamiento y que su lógica punteril se extiende a todos los ámbitos de su actuación. Según ella, el Plan otorga derechos a una población abandonada a su suerte por el neoliberalismo. Ese régimen habría sido el encargado de desmantelar la educación de adultos. Las escuelas CENS no serían una posibilidad para los trabajadores, desocupados o padres de familia que no pueden asistir a clase cinco veces a la semana. En lo que refiere a la proliferación de sedes, agrega, que existen pocas escuelas, que a la mayor parte de la población le quedan lejos. La mentada “accesibilidad”. Coincidimos con ella en el señalamiento sobre la crisis gigantesca que atraviesa la escuela secundaria “común”. Nos oponemos a pensar que una escuela peor pueda ser la solución.

La defensa que del Plan hace Sánchez resulta falaz. Pareciera que no conoce las características de la educación de adultos “tradicional”. En primer término, porque supone que la población trabajadora no tiene alternativa en el sistema educativo formal. Falso. Fines II y la educación de adultos tienen la misma población destinataria: mayores de 18 años sin estudios secundarios. Por eso, una y otra disputan la misma matrícula. La mayoría de la población que asiste a las escuelas CENS para adultos trabajan. Es falso presuponer que el Fines II es la única vía de educar a los trabajadores. No es cierto que los CENS constituyan una estructura poco flexible. Valga de ejemplo el caso de la Ciudad de Buenos Aires. En CABA existen 91 escuelas CENS que funcionan en el turno mañana, tarde y noche. A menudo, un mismo turno posee dos franjas horarias (temprana mañana o media mañana). Miente Mary Sánchez cuando dice que la única posibilidad flexible la proporcionen los Fines II. En el mismo sentido, las escuelas CENS para adultos poseen dos modalidades de cursada: por ciclo o por asignaturas. Hay ahí una propuesta que contempla opciones de cursada diversas. Los CENS proporcionan orientaciones laborales del más variado tipo: salud, administración de empresas, informática, recursos naturales, relaciones del trabajo, acción social, en medios de comunicación, desarrollo de comunidades, entre otras.

Además, el régimen de asistencia es amplio, contempla regímenes especiales para padres de familia y mujeres embarazadas. Un porcentaje importante de CENS cuentan con guarderías, brindan clases de apoyo a través de diversos programas de fortalecimiento, que se utilizan incluso para asistencia sicológica y social.

Resulta  curiosa la mención a “problemas de accesibilidad”, distancias insuperables que deberían atravesar los trabajadores si quisieran estudiar en una escuela CENS. Lo cierto es que quien puede movilizarse hasta la Facultad de Periodismo de la UNLP para cursar en Fines II, bien podría hacerlo en las escuelas CENS de la misma ciudad. De hecho, sedes Fines II funcionan en las mismas escuelas CENS (lo que demuestra que la gente sí puede llegar a ellas) o bien en sus cercanías. Además, si el problema es la falta de escuelas, ese debería ser el reclamo y no hacer de miseria virtud. Ahora resulta que faltan escuelas y en lugar de pelear por más y más escuelas nos resignamos a arreglarnos con cualquier cosa. Mary Sánchez debería dejar su macartismo de lado y atender a los argumentos y al cuestionamiento. Aunque quien ha pasado del sindicalismo al carnerismo no puede aportar más argumentos que aquellos funcionales a la destrucción de la educación de adultos. El Fines II destruye la escuela pública. Indigna que quienes defienden este programa lo hagan en nombre de la clase obrera, de los “negros”, de los “pobres” y excluidos. Más triste aún, que los intenten convencer de que esta es la única educación que pueden tener.

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