Los verdaderos productores

Marina Kabat

Taller de Estudios Sociales -CEICS

El obrero asalariado fue el único actor ausente de la protesta agraria. De todos los testimonios de participantes en los cortes sólo encontramos uno de un obrero rural, Sergio Barreto, 38 años maquinista de una cosechadora entrevistado por La Nación (30/03/08). Paradójicamente, su situación expresa claramente cómo sus intereses son contrapuestos a la de sus patrones: “Hace tres años ganaba 100 pesos por día; hoy son 70 porque, explica, ‘todo está más caro’”. A pesar de los crecientes ingresos de los pequeños y grandes capitalistas sojeros el obrero, en medio de la espiral inflacionaria, su salario en vez de subir, baja. Unos simples cálculos ilustran la importancia del trabajo asalariado en la producción agropecuaria argentina. Uno puede comparar los obreros rurales (1.300.000) frente a la mano de obra familiar Para ello, tomamos a los productores-socios y su familia descontando solo las personas mayores de 65 y menores de 14 años. Esto sobredimensiona el trabajo familiar, aún así, los trabajadores familiares son una minoría, mientras que los obreros rurales representan el 67% de las personas empleadas en actividades rurales. El 60% de los trabajadores rurales no tiene cobertura social. Es la segunda actividad con más accidentes de trabajo del país, sólo superada por minas y canteras. Durante el 2005 en el sector agrícola se notificaron 40.065 casos de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, sobre una población de trabajadores cubiertos de 310.747. Esta estadística sólo contempla los accidentes en la pequeña porción de trabajo en blanco. Como las condiciones laborales son peores entre los trabajadores en negro, la tasa de siniestros sería mucho mayor si se incorporaran los accidentes que estos experimentan. Como el caso de los 4 obreros chaqueños fallecidos en Santiago del Estero al ser aplastados por bolsas de semillas en el galpón donde dormían (cuencarural.com, 18/9/07) o los múltiples accidentes y muertes ocasionados en el traslado de los obreros rurales transportados en acoplados sin ninguna seguridad. La principal recomendación de la SRT para bajar los accidentes rurales es restituir “la cadena de responsabilidad solidaria en prevención de salud de los trabajadores”. Es decir que los titulares de las explotaciones que contratan servicios se hagan cargo de la integridad física los obreros tercerizados que trabajan para ellos.1 Los salarios pagados a los trabajadores en la soja o el maíz pueden ser algo más altos que los de otras actividades rurales, pero la productividad de estos obreros es muy superior y ésta es la base de las gigantescas ganancias del sector. Las nuevas técnicas así como el perfeccionamiento de la maquinaria han reducido a un mínimo la necesidad de mano de obra. Por empezar, la siembra directa (cultivo sin arar la tierra) ahorra todo el trabajo de laboreo previo a la siembra. Éste es un factor importante al tomar la decisión de optar por este sistema. En un estudio, un chacarero explicaba: “la soja prendió porque te ahorra mano de obra y si lográs tener un empleado menos, es un problema menos”. A su vez, la modernización de las sembradoras, año a año redujeron las necesidades de obreros. Una vía ha sido la ampliación del ancho de la sembradora: “Hasta 1997 trabajábamos con sembradoras de directa de 3,80 de ancho de labor, ese año incorporamos una de 9,20 m y desde el año pasado todas nuestras sembradoras tienen una capacidad de trabajo de 10,20 m.”.2 En la siembra se usan 3 personas por máquina, un maquinista y dos que pasan la semilla (uno la alcanza y otro la deposita en la sembradora). Antes, un cuarto obrero vigilaba que el grano cayera bien, pero ahora las nuevas máquinas vienen con sensores especiales que pueden ser controlados por el mismo maquinista. En la cosecha también se calculan 3 obreros por equipo. Lo que incluye una tercera persona que efectúa los relevos, dado lo prolongado de la jornada de trabajo. En la cosecha también el mayor tamaño de las máquinas va aumentando su productividad. En esta actividad interviene un gran número de camioneros. Algunos grandes contratistas tienen sus propios camiones y ofrecen todo el servicio; en otros casos se contrata empresas especiales. Pero no sólo hay aumento de la productividad sino también una extrema intensidad del trabajo: no hay sábado, domingos, ni feriados, se trabaja jornadas de 14 horas diarias. El contratista quiere amortizar lo más rápido posible su máquina y por eso no da descanso a sus obreros. El chacarero también está apurado, teme que la cosecha quede expuesta a mayores riesgos. El maquinista trabaja 8 a 10 meses, sin descanso y es considerado trabajador temporal. Pero la cantidad de días trabajados supera a la de un trabajador permanente que tiene fines de semana libres, vacaciones pagas y goza de feriados y un régimen de licencias adecuado. Podemos estimar en 9.088 obreros trabajando en estas condiciones en empresas contratistas radicadas en la provincia de Buenos Aires.3 Estos obreros corresponden a 5.000 empresas contratistas. En la medida que se calculan 15.000 empresas de este tipo en el país, podemos calcular que sólo 27.000 obreros son responsables de la mayor parte de los cultivos argentinos (70%). Ellos, por un salario de convenio de tan sólo 1.200$ mensuales, levantan las cosechas record. Quienes los explotan pretenden usurparles hasta su nombre, arrogándose para sí el derecho de llamarse “trabajadores del campo”.

Notas

1 www.srt.gov.ar

2 Bilello, G.: “Innovación productiva y empleo rural en la pampa argentina un estudio de caso de áreas mixtas”.

3 En base a RPSA 2002. Encuesta posteriores (EPSA 2004/2005 y 2006) muestran un crecimiento de la mano de obra, que es a su vez simultáneo a una reducción relativa del número de propietarios y socios contratistas.

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