Las contradicciones del desarrollismo crítico-Julieta Pacheco

Julieta Pacheco (Grupo de Investigación de la Lucha Armada en los ‘70 – CEICS)

La crisis hegemónica abierta con el Cordobazo inaugura una etapa en la que la revolución se presenta como un horizonte posible. Resulta necesario, entonces, definirse políticamente. En este contexto, numerosas organizaciones nacidas en los sesenta ensayan distintos programas y estrategias para intervenir en esa coyuntura. Otras, no podrán responder a esta demanda, se disuelven y nutren las filas de uno u otro bando: los que apoyan o frenan la revolución socialista. El Movimiento de Liberación Nacional (MLN), con una larga trayectoria militante en los sesenta, se coloca dentro de este último campo. Este resultado no es arbitrario. Un recorrido por los planteos económicos y políticos formulados por el MLN ilustra las dificultades que manifestaron para avanzar hacia un programa socialista.

Desarrollistas

El desarrollismo tiene como principal referente teórico en la Argentina a Arturo Frondizi. Su planteo, era que la dependencia económica sólo podría superarse a través de un fuerte desarrollo de la industria pesada, como el acero, la petroquímica y la automotriz, revirtiendo las tendencias que se habían promovido hasta entonces. En este proceso, el Estado jugaría un rol central promoviendo un crecimiento integrado. En este esquema la explotación del petróleo jugaba un papel fundamental como insumo energético de todas las industrias.1 El núcleo central de militantes del MLN, Ismael Viñas, Susana Fiorito y Ramón Alcalde, se acercó a Arturo Frondizi en la segunda mitad de la década del ’50. Primero, participó de su frente cultural, en las revistas Política y Qué, luego apoyó su campaña presidencial y, finalmente, algunos de sus miembros, ocuparon, cargos en el gobierno.2 Ante el cambio de rumbo promovido por Frondizi cuando asumió, el grupo de Viñas lo siguió apoyando pero comenzó a manifestar fuertes críticas. Entre ellas a los dos hitos del frondizismo. Por un lado, la oficialización de la enseñanza universitaria privada y por otro la apertura de la economía a capitales extranjeros. Ambos procesos en simultáneo, desde su perspectiva, facilitarían una doble dominación: económica y cultural.3 Sin abandonar la perspectiva de la necesidad de desarrollar el capitalismo argentino, en noviembre de 1958, el grupo abandonó la UCRI desengañado por la claudicación de su líder. Así comenzaron una nueva etapa en la cual se acercaron a los partidos que en esa época estaban proscriptos, como el peronismo y el Partido Comunista. La consolidación de estas nuevas relaciones, solidificó al MLN como una nueva organización política. En este camino, al igual que Frondizi, sus integrantes pronto renegaron del desarrollo nacional de la industria pesada en pos de un proyecto productivo mercado internista “nacional y popular”.

Por la liberación nacional

Al principio de la década del ’60, el MLN se identificó cada vez más con el peronismo de izquierda que, en ese momento, se encontraba en proceso de construcción. Con este acercamiento y tomando como referente a John W. Cooke, el Malena, como se lo conocía popularmente, buscaba una mayor vinculación a la clase obrera, mayoritariamente peronista.4 Trataba de revertir el alejamiento del pueblo que arrastraban de su paso por la UCRI. Para Ismael Viñas el frondizismo no habría tenido una hábil conducción política y social capaz de granjearle el apoyo de la opinión pública, aun cuando la misma no expresara la adhesión orgánica al partido del gobierno.5 Asimismo, el MLN comenzó a relacionarse con el movimiento sindical. De este modo, se fue alejando de una posición que se basaba en el impulso de los grandes capitales nacionales para defender posiciones económicas y políticas identificadas con la promoción de los medianos y pequeños capitales, es decir los intereses de los sectores menos dinámicos de la economía argentina.6 A contrapelo, la economía argentina continuaba desarrollándose, a pesar de ciertos límites, de la mano de las grandes empresas, tal como lo demostraba la industria automotriz cordobesa. Esta tendencia, lejos de frenarse, será retomada por Onganía que asumió las banderas de la necesidad de promover el desarrollo industrial argentino. Para ello, en 1967, designó al ministro de economía, Krieger Vasena, principal motor de este plan.7 Mientras se agudizaban las contradicciones sociales que terminaron en la crisis del Cordobazo, el MLN mantenía su adhesión al desarrollo de fracciones de la burguesía nacional. Según Viñas, se diferencian de la mayoría de las organizaciones de izquierda que definían a la estructura agraria argentina como atrasada, feudal. Para ellos el agro argentino era capitalista y había una gran burguesía agraria que convivía con una mediana y pequeña burguesía Sin embargo, acordaban con ellas en que se mantenía la necesidad de luchar por la liberación de la dependencia imperialista. Sobre esta base sostenían que existía una burguesía local interesada en la liberación nacional.8 Estas definiciones empiezan a resquebrajarse en algunos miembros del MLN. Entre ellas las de su principal dirigente que, para la época del Cordobazo, considera que la liberación nacional era una tarea ya superada. Estos planteos condujeron a una serie de discusiones que culminaron en la disolución de la organización.9 La incapacidad del MLN para superar las limitaciones inherentes a la defensa de propuestas circunscriptas al campo burgués lo debilita para enfrentar las demandas políticas planteadas por la coyuntura.

Por la revolución socialista

Las dos posiciones económicas defendidas por el MLN, a lo largo de su trayectoria, expresan el vaivén de una organización que va de la defensa de la gran burguesía a la pequeña, sin salirse nunca del campo burgués. Entrampada en este movimiento no puede ver que los problemas de la Argentina no se vinculan a la falta de un desarrollo capitalista, al tamaño de su burguesía o a su nacionalidad. Sus problemas son los del capitalismo a secas. En nuestro caso que sea chico y con un ingreso tardío al mercado mundial agregan características negativas a su desenvolvimiento y le impiden competir en varias ramas a nivel internacional.10 Por lo tanto, a pesar de su ruptura con la UCRI, el MLN avanzó muy poco en términos políticos. Sólo un programa que contuviera la defensa de los intereses del proletariado podía y puede impulsar la superación de las crisis nacionales. Su adhesión a un proyecto basado en la alianza con una fracción burguesa estructuralmente incapacitada para resolver los problemas de la sociedad argentina, constituyó su principal déficit y promovió el estallido de la organización cuando las tareas socialistas se hicieron presentes.

Notas

1 Arturo Frondizi escribió dos libros relacionados con este tema. En Petróleo y Política (Raigal, Bs. As., 1954), expone las bases de su programa. En 1963, escribe Petróleo y Nación (Transición, Bs. As., 1963), donde, frente a las acusaciones de “entreguista”, plantea que al asumir la presidencia se encontró con una situación real diferente a la de la teoría planteada en su primer libro. La realidad era que el Estado no se podía hacer cargo de la producción de petróleo porque no contaba con la capacidad fiscal para afrontarlo. De esta manera, habría priorizado la política de autoabastecimiento petrolero frente a la nacionalización del petróleo, permitiendo que sean los capitales extranjeros los que lo extrayeran.

2 Ismael Viñas asume como subdirector de la Secretaria de Cultura y Ramón Alcalde como Secretario de Educación de la provincia de Santa Fe.

3 Biblioteca Nacional, Archivo de Arturo Frondizi: Correspondencia de Ismael Viñas, 29 de agosto de 1958.

4 Correspondencia, op. cit.

5 Ídem.

6 Posteriormente, en 1968, estos sectores se reúnen en CGT de los Argentinos (CGT-A), dirigida por Raymundo Ongaro, que agrupa a jaboneros, textiles, vidrieros y prensa, entre otros. Mientras que la CGT Azopardo, bajo la égida de Augusto Timoteo Vandor, agrupa a las fracciones más concentradas del capital argentino, como la UOM.

7 Krieger Vasena toma importantes medidas económicas con respecto a los impuestos a la producción del sector agropecuario. Más sobre este tema se puede observar en el artículo de Dachevsky, Fernando: “El marxismo de Onganía”, en El Aromo nº 32, Año IV, octubre de 2006. También se implementa una serie de medidas contra el movimiento obrero, como la congelación por dos años de los salarios y la suspensión de la negociación de los contratos colectivos.

8 Correspondencia, op. cit.

9 Correspondencia entre Ismael Viñas y la autora, Miami, Estados Unidos, noviembre de 2007.

10 Este tema ya fue tratado en Sartelli, Eduardo: La plaza es nuestra, ed. ryr, Buenos Aires, 2007. Acerca de las ramas que logran inserción internacional ver Baudino, Verónica: “‘Agotados’. Las teorías del parasitismo empresario y las leyes de promoción industrial, 1962-1981”, en El Aromo nº 35, Año V, marzo-abril de 2007; “¿Todos podemos ser exitosos?”, en El Aromo nº 24, año III, octubre de 2005; “Esperando el milagro. La incapacidad de los subsidios para modificar las estructura exportadora”, en El Aromo nº 39, Año V, octubre-noviembre de 2007.

 

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