La parálisis del PO ante la marcha por la libertad de Milagro Sala

0118_marcha_milagro_sala_liberacion_gEl Partido Obrero salió a acusar a todos los que participaron en la marcha por la liberación de Milagro Sala de convertirse en “furgón de cola del kirchnerismo”. Es evidente que hay organizaciones que así podrían definirse (como el PTS y el NMAS), pero, precisamente, no por haber ido al acto. El PO se olvida de que hubo una organización que estuvo y denunció la política de Milagro Sala allí mismo, en las barbas del espectro K, y por lo cual fue agredida verbal y físicamente por los organizadores. A diferencia, del PO, nosotros fuimos consecuentes con la defensa del derecho a la movilización y, también a diferencia del PO, no conciliamos con la política burguesa de la Tupac Amaru.

Luego de la detención, el PO exigió la inmediata libertad a Milagro Sala. Pues bien, si pide su libertad, debe movilizarse. ¿Desde cuándo un partido que se precie lanza una consigna y no es capaz de luchar por ella?  El argumento que movilizó también el kirchnerismo no cuenta. El PO fue a muchas marchas donde el placo estuvo monopolizado por lo más descompuesto de la burocracia sindical. Y está muy bien: no se puede confundir el reclamo con la dirección que lo lleva adelante. Lo que el PO no se da cuenta es que a Macri solo le interesa la represión de la protesta. Estamos ante un año que amenaza ser verdaderamente convulsionado. En ese contexto, se está utilizando una figura que ha perdido popularidad para llevar adelante un ataque en toda la regla sobre los derechos de los trabajadores. Un partido serio no puede ser paralizado en cuestiones tan elementales por la presencia de cuatro personajes sin ninguna base social real.

El PO dice que intentó montar un acto independiente. Pues bien, no realizó ningún llamado público al resto de las organizaciones. La izquierda en su conjunto podía convocar a un acto mucho más grande que el kirchnerista. Pero, otra vez, el FIT no tiene vida real. Está prácticamente muerto. Advertimos que iba a pasar y el PO tiene una gran responsabilidad sobre todo esto. Habida cuenta de cómo estaban las cosas, la cuestión de la hora era evitar un avance sobre las condiciones políticas de la clase obrera.

Sin embargo, lo curioso es que la negativa a luchar contra el avance del Estado no fue acompañada de una verdadera crítica y delimitación de la política de Milagro Sala. En su primer comunicado, el PO pide su libertad sin hacerle ninguna crítica directa. Se habla de “punteros” que ahora querría utilizar Morales, que se quiere quedar con cooperativas que cobran “la mitad del convenio de la UOCRA”. Es decir, una crítica indirecta: Morales quiere todo esto. No se dice directamente que Milagro Sala es una empresaria que se enriqueció creando empresas a lo largo del país, pagando salarios por debajo del mínimo legal, sin aportar ninguna carga social. O sea, los tiene en negro, trabajando jornadas de 12 horas. Tampoco dijeron nada, en ese comunicado, sobre su accionar represivo, ni sus negocios con la barra brava de Gimnasia y Esgrima de Jujuy. Es decir, fueron sumamente benevolentes.

Pero eso no es lo peor: en ningún momento exigieron que se la investigue por sus verdaderos crímenes contra la clase obrera. Su tibia e indirecta denuncia no tenía por objeto producir ningún hecho real. Tampoco denunciaron al Estado por ocultar todo este accionar. No ofrecieron un canal de lucha. No se propusieron enfrentar la política de Sala.

Razón y Revolución, en cambio, nombró públicamente todos sus verdaderos crímenes. Uno por uno. Explicamos que se trata de la expresión de la forma de comportamiento de una clase social: la burguesía. Y, lo más importante, exigimos que se investiguen los ataques económicos y políticos de Milagro Sala contra la clase obrera. No la Justicia, sino los propios trabajadores.

Por último, el PO tampoco fue capaz de realizar una delimitación de la política de Milagro Sala. En sus consignas pedía:

“que se preserven los puestos de trabajo en las cooperativas y su plena autonomía del estado. El control de los recursos debe volver a las bases de las organizaciones, con la elección y derecho de revocatoria de los delegados”

Es decir, quiere mantener las cooperativas en lugar de que los trabajadores pasen a planta permanente estatal. O sea, les niega el derecho a la estabilidad laboral, a las cargas sociales, a las vacaciones y la obra social. Quiere que “el control de los recursos vuelva a las organizaciones de base”. Pero esos recursos son los que obligaban a esos salarios miserables. En lugar de pedir que los trabajadores se organicen junto a sus compañeros estatales, el PO decide separarlos creando la figura degradante de la “cooperativa”.

Nosotros fuimos a la marcha para pedir la libertad de Milagro Sala. Más aún, fuimos la única organización que pidió la derogación del Código Penal de la figura por la cual se la procesó. Pero no fuimos simplemente a mirar, sino a intervenir: se señalaron uno a uno las fechorías de Sala. Junto a la libertad, exigimos una “Comisión obrera que investigue los crímenes de la Tupac Amaru”. Esa intervención nos costó una serie de agresiones que terminó con la violencia desatada por el Movimiento Evita contra nuestros compañeros.

En definitiva, el PO no supo delimitarse de Milagro Sala, ni en su caracterización, ni en el curso de acción. Esta incapacidad llevó los compañeros a paralizarse frente a la movilización. Asustados de la poca distancia política, decidieron poner distancia física.

La izquierda está convulsionada. No se trata de la caída del kirchnerismo, sino de una crisis que se  arrastra en una debacle que la creación del FIT no pudo detener (e incluso la potenció). La única forma de detener esta desorganización es la reconstrucción del FIT en un sentido político. Hay que organizar a todos los militantes y convocar un congreso que discuta y decida una intervención de conjunto. Y que queden afuera quienes tengan que irse. La atomización facciosa de la izquierda es un cáncer y acá están las consecuencias. Es necesario construir un Partido Único. La única clave de la victoria.

 

Razón y Revolución

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