Gente en jogging. Entrevista a Agustín Mendilaharzu y Walter Jakob – Rosana López Rodríguez

A continuación, una entrevista a los directores de las obras que hemos reseñado. Allí, podrá observarse la formación de los autores y su concepción de la función del arte.

Rosana López Rodríguez
Grupo de Investigación de la Literatura Popular-CEICS

Desde sus inicios, El Aromo se ha preocupado por relevar el estado estético político del teatro argentino de producción reciente. Entre las últimas obras que incorporamos a este “catálogo” en marcha figuran Los talentos y La edad de oro, de Walter Jakob (WJ) y Agustín Mendilaharzu (AM). Presentamos aquí, entonces, un análisis de ambas obras y un fragmento de una entrevista a los autores.

Arranquemos por la presentación: ¿cómo se presentarían a sí mismos? ¿Cómo llegan a la actuación, al teatro?

WJ: Arrancamos en cine, los dos estudiamos cine en universidades diferentes, yo en la FUC, ahí en San Telmo y Agus, en Imagen y Sonido. Nos conocemos desde que nacimos, nuestras madres eran amigas. Tiempo después, Joaquín Bonet, amigo inicialmente de Agus y después mío, hijo de Osvaldo Bonet, le recomendó un taller de actuación que estaba haciendo con Javier Daulte.

AM: Tenía la sensación de que yo no podía seguir avanzando en mi formación como cineasta sin comprometerme más con el tema de la actuación. Y yo siempre le decía: “Mirá, me da un miedo terrible ir a un taller con gente en jogging…” (Risas)

WJ: Era muy diferente para el actor en esa época en que estudiábamos cine. No existía el teatro off como lo conocemos hoy; hoy día los chicos que estudian cine vienen a ver las obras y allí buscan actores. Al mismo tiempo, a mí me pasó que en la Universidad del Cine algunos amigos que filmaban cortos me hacían actuar.

AM: Creo que fue por el año 2000…

WJ: Sí… Fue espectacular porque no solo estábamos aprendiendo actuación y estábamos actuando, sino que la actuación estaba referida a un procedimiento de narrativa. Uno como actor debía entender cuál era el juego y el juego se tenía que jugar con los demás: no era tanto que tenía que buscar cosas dentro de sí mismo para actuar, sino que había que estar atento a lo que pasaba alrededor y cuáles eran las circunstancias dadas, y empezar a trabajar ahí. Y las consignas con las que trabajábamos eran muy estimulantes.

AM: Además, Daulte estaba haciendo en ese momento sus mejores obras, y probaba a veces con nosotros cosas que después veíamos en escena. Era muy impresionante.

WJ: Era la época en que estaba estrenando Gore y después Bésame mucho. Se estaba largando él a dirigir. Al año siguiente ya nos metimos en el taller de dramaturgia con Javier. Si bien mi maestro es Daulte, al mismo tiempo hay todo un aprendizaje previo, que tiene que ver con que nosotros éramos muy cinéfilos, estudiamos cine, vimos cantidad de películas. Yo creo que me formé más viendo películas que teatro…

AM: Sí, los dos; yo también.

¿Qué le debés al cine cuando hacés teatro?

WJ: Bueno, me parece que en nuestras obras se ve un poco eso. Hay una intención en la manera en que seguimos a nuestros personajes. Nos gusta el teatro de personaje, que sea un mundo… La idea del cine como una ventana a mundos posibles me fascina. A mí me gusta ir al teatro y olvidarme de que estoy adentro del teatro; no temo a la ilusión teatral como algo que nos aliena. Creo en las circunstancias dadas del teatro off, donde estamos yendo a ver obras en lugares muy pequeños, lograr que por un rato nos olvidemos que estamos en el teatro y viajemos a cualquier parte, tener el efecto de la ilusión teatral, que me parece tremendamente efectiva. Total, después se va a prender la luz y nos vamos a despertar todos en donde estamos. Los talentos no es la realidad. Es una ficción paralela a otra ficción que somos nosotros. Es un tipo de teatro que afirma que lo que no es teatro también es una ficción. Por eso mismo no tiene que preocuparse por mostrarse demasiado mimetizado, es particular. Lo particular tiene algo de único. Si es particular, qué importa si es naturalista, no naturalista…

AM: Ahí apareció lo de lo particular posible. Más que generar algo inventado de la nada o con una especie de extrañamiento agregado por el teatrista, encontrar algo extremadamente particular y al mismo tiempo posible. Encontrarlo en algún lugar…

¿Políticamente cómo se paran? Cuando hacen teatro y cuando no hacen teatro… si es que se puede separar.

WJ: Es un lío esto para mí porque pararse de algún modo es participar de una conversación que existe en el mundo. Entonces hay que estar muy informado para poder participar bien de esta conversación y yo soy un genio de la desinformación. Y, al mismo tiempo, creo que tomamos una elección haciendo este trabajo no solo como autores, sino trabajando en el circuito independiente en cine, teatro, yendo a actuar los miércoles a Silencio de Negras. Creo que nuestra acción política en la ciudad en la que vivimos es muy grande. Estamos tratando de generar un encuentro. Hacer teatro tiene que ver con encontrarse con alguien, compartir algo y llegar a alguien.

AM: Yo creo que tengo alguna respuesta mayor. En el contexto actual de revalorización de la militancia, tengo algo para decir en contra de eso. En una época a mí me enseñaron que había dos maneras de entender la palabra política. Y me parece que hoy la visión culturalista de la política se desprestigió, porque se cree que hay que hacer política de manera explícita, de lo contrario, no tiene valor. Yo tengo una productora de cine y trabajo en dos obras de teatro independiente, nosotros hacemos las cosas de una manera que me parece que tiene una fuerza política importante. En el teatro nosotros no establecemos jerarquías, cobramos todos el mismo puntaje, salvo cuando uno no viene a la función. Nosotros armamos y desarmamos la escenografía, le ponemos el cuerpo al laburo. Y me parece que con el trabajo que hacemos, con el trabajo de toda la comunidad teatral independiente, hemos logrado que en esta ciudad pase culturalmente algo que realmente es bastante único en el mundo y que es mirado por gente de teatro de todo el mundo con admiración.

WJ: Sabemos que también eso tiene que seguir ampliándose y un nuevo público tiene que acceder…

AM: Es algo que hacemos con un trabajo muy grande, tremendamente grande, no se imaginan lo fatigoso y comprometedor que es hacer eso y el poco rédito económico que tiene. Con la productora de cine lo mismo, nosotros trabajamos de una manera muy colectiva. El director cobra lo mismo que el camarógrafo… Después el mundo se encarga de no reflejar eso, que las películas las hacemos entre todos y que son producto de un grupo y no de un señor que se sentó a pensar, no de una persona en su torre de marfil digamos. A los periodistas les encantan los nombres de las personas, prefieren toda la vida hablar de gente que de grupos.

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